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miércoles, 10 de abril de 2013

veracidad y verosimilitud

(etapa 18.13)
Ich weiß doch: nur der Glückliche Sí, ya sé: solo al que es feliz
Ist beliebt. Seine Stimme se le quiere. Su voz
Hört man gern. Sein Gesicht ist schön. se oye con gusto. Su rostro es bello.
(...)......................................................
(Bertolt Brecht, Schlechte Zeit für Lyrik Malos tiempos para la lírica)

El tiempo es ese buen señor que pone a mi alcance la oportunidad de desarrollar el potencial que está ahí (eso parece), en alguna parte de mi persona, y a la vez también es el maldito bastardo que me va robando la inocencia, o la ingenuidad, o ese toque de frescura de las cosas nuevas que aún no se han ajado por el mucho uso. Son las dos caras de lo mismo, es inevitable.
Digo esto por un flash de la memoria relacionado con lo que viene después. En una de esas pelis que se ven en la adolescencia, y de las que no se recuerda ni título ni argumento ni nada más que algún detalle suelto, unos tipos se las ingeniaban para implicar en un delito a alguien inocente. ¿Cómo lo hacían? Fácil: la historia estaba ambientada en un futuro no muy lejano, donde el desarrollo tecnológico llegaba a la edición de imágenes de vídeo en tiempo real. Cuando digo "futuro no muy lejano", me refiero al momento en que la vi. Ahora ya sería "pasado reciente". El asunto es que los tipejos esos ponían la imagen del que no había hecho nada en vídeos en que aparecía cometiendo ese delito que le querían encasquetar. Esas imágenes se publicaban a través de los medios de comunicación de masas (medios y masas, que controlaban como si se tratara de marionetas) y todo el mundo se creía la versión en que el pobre tipo aparecía como peligroso delincuente. Luego venía la persecución de las autoridades, las dosis de acción en este tipo de películas, pero también un final satisfactorio en que se hacía justicia. Final tan satisfactorio como improbable.
Bueno.
Pensaba yo al ver todo esto con mis ojos cándidos, aquellos que el tiempo se llevó y me cambió por otros más taimados, que qué hijos de p... eran esos tipejos que lo trampeaban todo. Y qué asco de sociedad, esa del futuro que retrataba el film, en que la gente era tan manipulable por los mentirosos medios de comunicación.
Já.

Allá por los ochentas, parafraseando el poema de Brecht, "Golpes Bajos" cantaban que eran malos tiempos para la lírica. Si lo eran en los ochentas, cómo lo están siendo pasada la primera década del nuevo milenio...
Y si lo son para muchas cosas, también para las noticias. Ya no sé quién controla los medios de comunicación. Poderes, mafias, intereses ocultos o manifiestos... La irrupción de internet no ha aclarado el panorama. Los usuarios han (hemos) contribuido en buena medida en esa tarea de llenar todo de ruido. ¿Cómo escuchar algo con claridad en medio de tanto estrépito? Solo armándose de paciencia y buscando hasta debajo de las piedras. De lo contrario, lo más fácil es que suceda que alguien cuele un montón de trolas en medio de otras verdades.
Digo que es fácil, porque el viejo principio del ministro de propaganda nazi sigue funcionando: "Repetid una mentira miles de veces hasta que la convirtáis en una verdad". Y estamos en el boom de las campañas virales, de las cadenitas que se reproducen como churros, sin análisis ni cuestionamiento. Con todo tan polarizado, con tantas filias y fobias desplegadas en el ambiente, hay cosas con apariencia de verdad que pueden ser esparcidas a los cuatro vientos y que gozarán de gran aceptación entre millones de partidarios. Lo demás es esperar a que estos hagan su labor de siembra hasta que lo verosímil se haya convertido (¡sin serlo!) en veraz.
Pero hoy en día, ¿quién distingue lo veraz de lo verosímil? Ahí está el reto.
Si le ponen empeño, puede que sea un reto solo superable por aquellas personas realmente honestas, aquellas personas para las que una ideología no es lo mismo que una venda en los ojos o unas gafas con lentes de colorines.

lunes, 11 de marzo de 2013

tiempos modernos

(etapa 13.13)

Nunca se han vivido tiempos de tanta libertad y nunca como antes se han organizado tan numerosas y multitudinarias manifestaciones y protestas contra la opresión.
Nunca estuvo la medicina tan avanzada y nunca hubo enfermedades tan extrañas como las que aquejan ahora a las personas.
Nunca hubo una expectativa tan alta de vida y nunca se ignoró, hasta el punto de malograrla, qué sentido darle a todos esos años ganados.
Nunca hubo tantas personas ricas y nunca hasta la fecha los pobres han sido tantos y tan extremadamente pobres.
Nunca se dio tanta importancia al trabajo como medio para la realización personal y nunca el desempleo fue un asunto tan angustioso.
Nunca se tuvieron viviendas así de lujosas y nunca se padeció tanta ansiedad por tratar de no perderlas.
Nunca ha vivido tanta gente en el planeta como hasta ahora y nunca se tuvo tal sensación de soledad.
Nunca la sociedad de consumo fue tan persuasiva en sus propuestas y nunca se alcanzó semejante nivel de insatisfacción entre los consumidores.
Nunca como en estos tiempos se buscó tanto la manera de explicar el mundo y nunca el mundo ha resultado tan absurdo en su disparatado derrotero.
Nunca se ha dispuesto de tantos sistemas para estar comunicados y nunca se han tenido tantos motivos para la incomunicación.
Nunca se buscó la paz con este intenso ahínco y nunca hasta los últimos tiempos ha habido tantos muertos en tantas guerras.
Nunca comprenderé el tiempo en que vivo.

sábado, 1 de septiembre de 2012

el 22 de noviembre es santa cecilia

(área de descanso nº 194)
"Por otra parte, ahora ya no sé quién de ellos estaba en lo justo: cuando han pasado muchos años, el fuego de las pasiones se extingue, y con él lo que creíamos que era la luz de la verdad. ¿Quién de nosotros es todavía capaz de decir si tenía razón Héctor o Aquiles, Agamenón o Príamo, cuando luchaban por la belleza de una mujer que ahora es ceniza de cenizas?"
(Umberto Eco, "El nombre de la rosa")

Santa Cecilia, patrona de los músicos. Aunque quien ha dado el cante esta vez ha sido otra Cecilia. Está en los medios, allá donde se mire. La extraña noticia ha corrido como reguero de pólvora, extendiéndose inexplicablemente por los cuatro costados del mundo.
No es Cecilia la protagonista principal, sino su "obra maestra", esa restauración de un fresco en la iglesia del Santuario de Misericordia de Borja, en la provincia de Zaragoza. Una vez más, el autor a la sombra de su creación, que termina devorando al demiurgo que la trajo al mundo.
La dichosa "restauración" es un tema recurrente en muchas conversaciones que animan lo anodino y deprimente del panorama informativo en estos días. No es algo que se busque, sale solo. Por ejemplo, el otro día, con amigos y después de cenar, entre un mar de risas. Es que, lo siento, pero cada vez que me imagino el Ecce-Homo-restaurado me da la risa floja. Y no lo entiendo. Me recuerda un poquillo (y salvando el abismo de diferencias, pero, como diría si se tratara de personas que no se acaban de parecer del todo, me tiene un ligero aire a...) El grito, de Edvard Munch. Lo ves ahí, con sus oscuros ojos alienígenas, la atormentada expresión, una boca que es un desgarro oblicuo, cabellera y barbas que más parece que el Ecce Homo tuviera un shapka-ushanka bien calado en la cabeza y una bufanda rodeándole el cuello...  y ¿cómo no tomarlo por un retrato expresionista? Qué diferente de la figurativa (y también vulgar e insulsa) obra original de Elías García Martínez.

No es tanto la pintura lo que me da la risa, sino las circunstancias que han rodeado el despropósito, la comparación, el antes-y-después, lo rocambolesco, lo arraigado de la peripecia en la idiosincrasia nacional, el poco sentido del ridículo, el atrevimiento de la ignorancia, el sentido de lo artístico, el misticismo en alpargatas, el toque surrealista, los rostros ojipláticos, la indignación a destiempo, tarde, mal y a rastras... e incluso la disparatada cantidad de reacciones que una noticia absurda ha provocado en la faz de esta canica rodante por el cosmos proceloso. Sus risas también me dan risa.
Un famoso presentador de un programa humorístico extranjero pronuncia con cierta dificultad y acento característico el nombre de la "artista" española: Se-sí-lia Gui-mé-nes, mientras su numerosa audiencia ríe a causa de la noticia. En un diario de la India, en las noticias de la televisión rusa, en una revista australiana, en un late night estadounidense, en una viñeta de un ilustrador chileno... se han estado vertiendo imágenes y palabras sobre un asunto ocurrido en una remota comarca aragonesa que a duras penas serían capaces de localizar en un mapa. El tema ha dado también para que un montón de parodias hayan copado redes sociales como twitter o facebook. La blogosfera no se ha quedado atrás a la hora de dar cuenta de la "restauración".
¿Quizás es que esté pasando algo extraño con las noticias? Puede que solo sean unas ganas irresistibles de reírse después de tanto palo. Hacía falta alguna zanahoria que echarse a la boca. O unas carcajadas que salieran de ella.

¡Qué parecidos pueden ser los ancianos y los niños! En su ingenuidad, ellos esperan que el resto del mundo aprecie las buenas intenciones que animan sus actos. A mí me pasó de niño. Una tontería sin importancia, pero también relacionada con afán pictórico. Los ingredientes: un verano en el pueblo de mi madre (también en la provincia de Zaragoza) con mucho tiempo que gastar y un peirón algo descuidado (en fotos más recientes lo he visto muchísimo más atendido que antaño: incluso han llegado a decorar la parte inferior con piedra y azulejos), en un ensanchamiento de una calle muy cerca de la casa, con el encalado casi desprendiéndose y su par de fuentes, una a cada lado. Se me ocurrió decirle a la vecinita qué le parecía la idea de mejorarlo un poco, pintando algo alegre con unas ceras de color. Nada de pinturas que aplicar con brocha o espray, lo nuestro iba a tener una pinta mucho más colegial, no porque lo hubiéramos decidido así, sino porque era lo que teníamos a mano y no se nos había ocurrido otra cosa. Empezamos con entusiasmo, pero la obra era ardua. Y una vez empezada, no parecía serio dejarla sin terminar. En varios días, pintamos guirnaldas multicolores, grupos florales y no sé cuántas cosas más. Todo precioso. Nos lo parecía, al menos. Hubo personas que miraron y no dijeron nada, pero a los pocos días recuerdo que me cayó una gran bronca por vandalismo. O algo así. Y algún día después, la obra que tanto nos había costado terminar era tapada por un nuevo encalado que dejaba el peirón blanquito e impoluto. Me pregunto si aquel verano alguien se hubiera preocupado de ese peirón en el caso de que estos chavalillos-gamberretes-con-muy-buenas-intenciones no le hubieran metido mano.
Quizás el fresco de la iglesia borjana, esa obra hecha en un par de horas sobre un muro no tratado y que presentaba un aspecto lamentable, recibía la misma atención que el peirón desconchado, hasta que una octogenaria se decidió a perpetrar una extravagante restauración. A partir de ese momento se habla de atentado contra el patrimonio, aunque unos días antes ese mismo patrimonio lo estuvieran barriendo del suelo, con escoba y recogedor.

No sé cómo se debió de llegar hasta ahí, pero imagino alguna conversación como esta:

- Cecilia, hija mía -comienza el cura-, ¿qué te parece si mañana te traes tus pinceles y tus pinturas, tú que eres tan habilidosa, y con esa maña que Dios te ha dado le metes un repasico a la talla de San Bartolomé, que tiene una rozadura en un costado?
- Ay, padre, claro que sí -responde la voluntariosa Cecilia-. Mañana mismico me pongo con ella.

Y así con varias piezas de la iglesia.
En su afán restaurador, un día, la buena de Cecilia descubre que el Ecce Homo también necesita un buen repaso, que se le está cayendo toda la pintura. Y como (supongo que alentada por el cura, algún parroquiano y también por su propio orgullo servicial) ya se está gustando en esa labor de conservadora de la imaginería de la cristiandad, la señora no necesita más permiso que su disposición desinteresada para hacer las cosas. Pero tampoco lo hace clandestinamente, porque no tiene por qué esconderse cuando sus intenciones son inmejorables. Como los niños que pintan flores en un peirón del pueblo. Estas cosas se hacen a la luz del día, aunque los-que-en-el-momento-vieron-y-callaron luego pongan el grito en el cielo o nieguen su conocimiento de los hechos o su responsabilidad en el lío posterior.

Aguante, señora Cecilia, aguante. Reconozco que tiene que ser muy difícil pasar del anonimato más absoluto, en la cotidianidad de su pequeño pueblo, a ser la starlette en las noticias del mundo entero. ¡Cuánta presión, señora Cecilia! De haberlo sabido, quizás hubiera registrado esa imagen que ya se ha paseado por todo el orbe y ha sido reproducida con frenesí. ¡Qué cantidad de royalties se ha perdido de cobrar, con la SGAE de su parte! ¿Y cómo hubiera podido saber el mismísimo Elías García que su insignificante obra (ahora cubierta por la "restauración") la verían hasta en las antípodas? Ni soñarlo siquiera.
Aguante un poco más, señora Cecilia, porque en este loco mundo todo pasa a velocidad de vértigo. Unos pocos días más y cualquier otra tontería mediática habrá eclipsado a su Ecce Homo reloaded. Incluso es muy posible que el día en que celebre su próximo santo, el 22 de noviembre, el de la patrona de los músicos, suenen otras trompetas lejanas y ya apenas esbocemos una leve sonrisa si llegamos a recordar su trastada veraniega.

lunes, 2 de julio de 2012

yo no quería, pero

(parada por embotellamiento... ¡hala! ¿qué hace ahí toda esa gente?)

Me había dicho a mí mismo que no escribiría sobre el tema, pero no sé cómo hago para acabar traicionándome de esta manera. En fin, para eso está un blog: para soltar lastre mental, entre otras cosas. Toda la Eurocopa sin mencionar el asunto y ahora que ha terminado, ¡zas! post futbolero-eurocopero.
Vaya por delante que de fútbol no me apetece comentar casi nada. Empiezo a sentirme excluido de esa cosa. Me pasa lo mismo que con el ciclismo hace años: cuando las crónicas de ciclismo se empezaron a parecer más a noticias de hospital y laboratorio que a noticias de deportistas y bicicletas, se cortó de raíz mi afición por todo aquello. Ahora con el fútbol me empieza a pasar otro tanto, por otros motivos. Me resulta aburrido el estilo que se ha impuesto como el aceptado por la mayoría (en juego, pero también en impacto mediático, tipo de periodismo, comportamiento de aficiones, etc). Ya sé que no hay que hacerles caso a las mayorías. En la Edad Media, la mayoría sostenía que la Tierra era plana, pero eso no hizo más llano al planeta ni un poquito. Las mayorías no tienen por qué sostener las posturas más veraces y, en materia de gustos, ni siquiera existen ese tipo de posturas... Lo que pasa es que me cansa tener que discutir y justificar mis gustos en algo que se supone tenía que ser divertido, pero acaba siendo una pugna para ver quién sostiene la mejor mentira de todas. Me cansa.
El fútbol es un deporte físico al que me aficioné hace muchos años. Admiré la nobleza en el campo del estilo inglés, a la vez que detesté a sus hooligans. Me gusta el fútbol vibrante, físico, atlético, incluso vertiginoso, sin fingimientos, con calidad y que se juegue deportivamente. Ahora el estilo que impera es el de posesión hasta que se duerman los más insomnes. Es curioso que en otros deportes físicos como el baloncesto o el balonmano, se castigan las posesiones muy prolongadas con final de tiempo de posesión o pasividad, respectivamente, y el balón es para el equipo contrario. Se busca la máxima actividad, no cansar al rival por aburrimiento. Al final, en un partido de fútbol de 90' solo unos 15 de ellos han sido algo interesantes (en el mejor de los casos) y el resto, tiempo de relleno. Las cinco sextas partes de relleno, qué exceso. Bueno, esta es mi opinión. La mayoría opinará otra cosa y no lo pienso discutir.

De lo que quería hablar (como decía antes de soltar este párrafo-ladrillazo y demostrando, por tanto, poca coherencia) no es de fútbol, sino de otras cosillas a propósito de esta Eurocopa. Ha habido de todo. Por ejemplo, me reafirmo en la satisfacción de que nuestro himno nacional no tenga letra. Después de escuchar cómo los futbolistas italianos perpetraban su himno antes de la final (Buffon con los ojos cerrados y a pleno pulmón, qué espectáculo, qué forma de desafinar, qué tromba de agua pudo haber caído sobre Kiev), creo que es la mejor opción: me alegré de que los nuestros no se vieran obligados a vencer en esa demostración de patriotismo facilón, gritando como posesos una letra inflamada mientras sonaba el clásico chunda-chunda. Bueno, minucias.
Quizás lo más gordo se ha cocido después de la final, con las redes sociales enfrentadas entre los alegres y bulliciosos celebrantes del triunfo, por un lado, y por el otro quienes los acusan de frívolos en medio de una situación político-económico-social desesperante. Y quizás me ha chocado mucho el extremismo con el que afrontamos estas cosas. Me explico: ¿por qué mezclar dos asuntos que no tienen nada que ver? Ni los que han celebrado el triunfo de la Selección son una banda de irresponsables a quienes no les importa el momento que nos toca vivir, ni los que han pasado del evento futbolístico son unos amargados que no saben divertirse (y seguro que lo han hecho con un libro, una película, un concierto o lo que hayan preferido). La clave está en la palabra divertirse o diversión. Porque "divertir" es apartar, desviar, alejar, dirigir la atención momentáneamente hacia otros intereses con el fin de lograr algún tipo de alivio. Es una necesidad y más cuando más aprietan las circunstancias. Es tomarse un respiro para volver a la carga con más fuerzas. No es preciso que estemos martirizándonos todo el tiempo y agotando nuestras energías sin sacar nada en limpio.
Me parecería de mal gusto, por ejemplo, presentarme en medio de un banquete de boda, mientras todos los invitados están dando cuenta de un suculento menú, y ponerme a repartir fotos de desnutridos niños africanos, famélicos y devorados por las moscas. ¿Es que esa realidad no existe mientras se celebra el banquete? Claro que sí. Pero, ¿es necesario destrozar una celebración para recordarlo en ese preciso instante? No lo creo. Eso se piensa antes, siendo más austero en la preparación y donando la diferencia para esa causa, o después, remangándose y trabajando por quien lo necesite. Pero hay un tiempo para cada cosa.
Otro tema es que los que celebran esta victoria futbolística, decidan ahora no bajar de la nube en varias semanas, viviendo ahí arriba en una ficción. Eso no ayudaría. Pasado el divertimento, hay que volver a la faena. Que cada cual tome sus ejemplos. Alguien se fijará en estos triunfadores (niños mimados y millonarios para unos, deportistas de éxito no regalado para otros), otros elegirán otros modelos. Perfecto. Pero manos a la obra.

¡Ah! y, por cierto, me parece muy bien que haya tanta gente que exalte a los manifestantes como modélicos (en plan: bien por los manifestantes, mal por los celebrantes que no salen en la misma cantidad cuando hay que protestar), pero hay algo que falla en esto. Es solo una reflexión. Se ha dicho mucho que los políticos actuales están dilapidando todos los logros que alcanzaron y debemos al activismo de nuestros abuelos. Pero resulta que nuestra clase política, esta que tanto daño está haciendo (y algunos son hijos de aquellos abuelos), se nutre principalmente de los manifestantes de mayo del 68. La manifestación no es la panacea si luego todos los ideales por los que se lucha se pierden en el olvido de la comodidad, las satisfacciones, la complacencia, los halagos, la indolencia y los dispendios. Habrá que tenerlo en cuenta para no ser tan olvidadizos como los que nos han precedido.

El camino de la excelencia es arduo. Un grupo de futbolistas ha cumplido sus objetivos por ese caminito y pasando de ciertas críticas (más destructivas que constructivas). Al resto no nos sirve de nada lo que ellos hayan conseguido para sí mismos, quizás solo un ejemplo, una alegría efímera, una diminuta dosis de ilusión y poco más. Por eso, ahora nos toca a nosotros estar a la altura de las circunstancias. Es nuestro partido.

miércoles, 23 de mayo de 2012

los platos rotos

(a cubierto, esperando que escampe... -y no escampa-)

En un principio, Dios creó los cielos y la tierra. Así comienza Moisés el relato del Génesis. Y a las pocas líneas ya tenemos al ser humano tal y como lo conocemos: un sujeto adicto a la autojustificación, a eludir responsabilidades y a cargar las culpas sobre espaldas ajenas. Menudo diálogo:
- ¿Has comido del fruto que te dije que no comieras?
- ¿Quién? ¿Yo? Hemmm... bueno, pero la culpa es de la mujer que creaste, que fue la que me persuadió...
- ¿Quién? ¿Yo? Esto... ejhemm... pero la culpa es de la serpiente que creaste, que fue la que me incitó...
Imagino que la serpiente acabaría hablando por los humanos y confirmando las sospechas: tienes la culpa de todo por habernos creado a todos. Y así se resuelve el tema. Luego, a esto lo llamamos "libertad". Media verdad. Si la libertad es lo que me permite hacer lo que me venga en gana, también es cierto que esa misma libertad es la que me obliga a asumir las consecuencias que deriven de mis acciones.

Pienso en estas cosas cada vez que asisto, una vez más, a la actualización de la antigua historia. Moisés debía de ser un visionario. Jugamos a la pelota, rompemos el cristal de la ventana de la señora Paca, y le echamos la culpa a Juanito porque ha sido el último que ha tocado el esférico criminal. Los demás ponemos cara de santitos, de no haber roto un plato en la vida.
No sé si fue Napoleón o si fue JFK quien dijo (y da bastante lo mismo quién lo dijera, porque estas frases van de boca en boca y se le acaban atribuyendo a quien mejor nos parezca): El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano. Así que cuando las cosas van bien es porque somos (¡soy!) la repera, pero cuando van mal es porque hay unos cuantos malnacidos que nos están haciendo la pascua al resto. Y si le preguntáramos a esos malnacidos qué rayos están haciendo, seguro que nos dicen que las cosas van mal porque otros se lo han cargado todo. Preguntando a los otros, nos indicarían que otros otros son los responsables, y así seguiríamos sin poner fin a la cadena de presuntos culpables...
Cuando ignorábamos lo que era la escasez o las privaciones y vivíamos a todo trapo burbujil y burbujeante, engatusados por la abundancia, los lujos y las comodidades, no abríamos la boca aunque ya se estaba gestando la debacle. Ahora decimos que estamos retrocediendo en el tiempo, que nuestra forma de vida será la de hace décadas. No lo creo. Hay formas de entender la vida que ya hemos asumido firmemente y que no veo posible que retrocedan (pensemos, por ejemplo, en el papel de la mujer en el hogar hace unas décadas, en la irrupción de nuevas tecnologías, avances científicos... y cómo eso ha transformado nuestra cotidianidad, etc). No creo que estemos abocados a un retroceso en el tiempo, sino a un desplazamiento en el espacio: cada vez somos más sureños. Es como si, según las previsiones más sombrías de los agoreros de turno, Grecia, Portugal y España viajaran hacia regiones subsaharianas del siglo XXI. De cumplirse, quizás ahora nos toque comprobar a nosotros, a quienes nos hemos acostumbrado a vivir sin que nos falte de nada, cómo se vive en regiones paupérrimas del mundo en que faltan tantas cosas esenciales. Regiones extensas que, mira por dónde, también existen, aunque en numerosas ocasiones las hayamos ignorado con nuestra visión de nuevos ricos. Puede ser dramático. Pero sobreviviremos de todas formas. Los subsaharianos lo hicieron mientras aquí se vivía lujosamente. Quizás haya quien entienda que la solución será emigrar al "norte", pero tampoco será este un remedio a largo plazo, porque el norte se irá tiñendo de sur a medida que el flujo migratorio lo vaya colonizando.
Mientras tanto, seguirá el bombardeo sistemático de malas noticias, primas de riesgo, recortes y tomaduras de pelo...

Sinceramente, ya estoy más que harto. Sobre todo de señalar con el dedo. Las cazas de brujas me aburren. El problema no está ni en fulanito ni en menganito. Está en el ser humano en general: es un defecto estructural. Los humanos nacen pensando que son el centro del mundo (¡yo!, ¡mío!) y cuando crecen olvidan muchas cosas importantes pero siguen recordando que son el centro del mundo y así se comportan el resto de sus vidas. Algunos procuran no olvidar todo lo importante y eso les ayuda a tener presente que en el mundo hay más personas, animales y cosas aparte de uno mismo. Pero el panorama es desolador. Cuando el barco se hunde, todos gritan ¡sálvese el que pueda! y ¿quién conoce a quién? Si juntas a un montón de humanos en un mismo sitio, habrá problemas, sí o sí. Quien haya asistido a una reunión de comunidad de vecinos (por ejemplo), comprobará fácilmente que la principal diferencia entre "vecino" y "mezquino" es solo cuestión de consonantes, ¡qué pavoroso desfile de egoísmos! Si juntas a un montón más grande de humanos (miles y miles de comunidades de vecinos bajo una misma bandera), el problema será qué sistema político deberán elegir para gobernarse. Porque si es un sistema que tenga en cuenta que el ser humano es malo por naturaleza, será algo muy rígido para sobrellevar la peligrosa selva de gentes que recelan unos de otros, y donde se respirará una atmósfera muy pesada. Y si es un sistema que suponga que el hombre es bueno por naturaleza, la ingenuidad de los gobernantes acabará permitiendo todo tipo de abusos hasta que sobrevenga el caos. Hay un fallo estructural que impide el buen funcionamiento a la larga. Es más, si se pudiera resetear la situación actual, tengo pocas dudas de que en unos siglos volveríamos a llegar al mismo punto: aumentarían las desigualdades, crecerían las injusticias y nos explotaría todo en la cara. Otra vez. Nos hemos empeñado en no asumir que somos como un animalillo metido en una jaula. El animal crece y crece, pero la jaula es siempre la misma. Hay un momento en que el animal corre el riesgo de morir oprimido por los propios barrotes de la jaula, en una especie de extraño suicidio provocado por un engorde irracional y desmedido.

Si creo que las cosas son así, de nada me sirve quejarme, hay opciones más importantes y más eficaces que puedo llevar a cabo. Si has pensado que soy muy pesimista o que estoy matando la esperanza, te digo que te equivocas. También sé citar a los grandes hombres. Mahatma Gandhi dijo: "Sé el cambio que quieras ver en el mundo". La esperanza no muere si tú eres la esperanza, el optimismo no muere si tú eres el optimismo. Siempre habrá una oportunidad para lograr el cambio, aunque ese cambio solo sea un enfoque distinto para ver las cosas. La chispa que pone en marcha todo el motor.
Es muy posible que este mundo que conocemos se vaya por el desagüe. Visto lo visto, no parece una gran pérdida. Es tan mejorable... Así que se puede hacer algo más que lamentarse. Que cada cual decida. Buena suerte.

It's The End Of The World As We Know It by REM on Grooveshark
Es el fin del mundo tal como lo conocemos... y me siento bien.

domingo, 1 de abril de 2012

las cenizas y el fénix

(recordando un paisaje)
Sur ta si petite planète, il te suffisait de tirer ta chaise de quelques pas. Et tu regardais le crépuscule chaque fois que tu le desirais...
- Un jour, j'ai vu le soleil se coucher quarante-trois fois!
Et un peu plus tard tu ajoutais:
- Tu sais... quand on est tellement triste on aime les couchers de soleil...
- Le jour des quarante-trois fois tu étais donc tellement triste?
Mais le petit prince ne répondit pas.
(Antoine de Saint-Exupéry, Le Petit Prince, c.VI)


Aquello fue amor a primera vista, sin duda.
Era octubre de 1986. Aprovechando una fiesta local, un grupo de amigos pensamos que sería una gran idea pasar la jornada pegándonos una buena caminata en algún lugar lejos de la ciudad. El paraje elegido fue el de las fragas del Eume. Yo nunca había estado allí, ni siquiera había oído hablar del sitio antes de ese momento (prácticamente recién llegado al nuevo destino vital), y me pareció bien una aventura en terra incognita. Así que, en aquella mañana, tomamos un tren que nos llevó de Coruña hasta Pontedeume. Llegados a la estación de Pontedeume, comenzó nuestro día de caminar y caminar rumbo al monasterio de Caaveiro, situado en el corazón de aquellos bosques. Inolvidable excursión, con instantes de refrigerio (a base de bocatas) reposando en las ruinas del monasterio. Caminamos decenas de kilómetros, ida y vuelta, en que mi ser entero se fue impregnando con las esencias de un lugar realmente maravilloso.
Numerosas veces he vuelto a aquel locus amoenus, buscando paz, buscando sosiego, buscando reposo, buscando maravillarme una vez más. Y siempre he encontrado lo que buscaba. Me he hecho árbol, agua del río, puente, piedra de monasterio, roca en el camino, aire fresco. He leído páginas y páginas mientras recorría los senderos. He grabado en mi retina y en mi mente las singularidades de aquel paisaje, su personalidad, sus formas, su luz, sus sonidos. Incluso he plantado algún árbol en medio de aquellos otros árboles. En realidad, me acabé plantando a mí mismo en medio del fascinante bosque, me hice parte de todo aquello. Lo sé, porque en ocasiones sigo sintiendo la llamada desde lo lejano. Una vez que puse mi pie allí, ya nunca me fui del lugar. Algo de mí permanece ya para siempre en este verde hábitat.

Cada vez que el fuego ha incinerado parte de esos bosques, se retuercen mis tripas con el dolor abrasador de la hermandad calcinada y arde también dentro de mí una rabia incontenible contra la estúpida furia pirómana. Malditos intereses, maldita insensatez, maldita locura destructiva.
Ayer, volvieron las malas noticias. Muy malas. Un incendio de enormes proporciones está devastando las fragas del Eume. Un incendio provocado, otra vez. Las crónicas hablan de 750 hectáreas arrasadas, según las estimaciones provisionales. 750 hectáreas... Imagina la superficie de una vivienda de 100 m², y entonces estaremos hablando de 75.000 viviendas una a continuación de otra. Todas esas viviendas, llenas de recuerdos perennes, de experiencias atesoradas, de días espléndidos, de enormes deleites... todas ellas sacrificadas al fuego por la acción de un puñado de desaprensivos.

Hoy me faltan palabras y me sobra tristeza y enojo. Siento como si hubiera perdido para siempre una parte de mí mismo. Ese macroorganismo, aunque se comportara como un ser cambiante (como todo ser vivo, natural), llegó a ser familiar para mí, una presencia constante. Fui conociendo las cortezas de sus árboles, la altura de sus copas, el murmullo de sus aguas, el reflejo de la luz en la tierra, el musgo y los líquenes sobre las rocas, el olor del aire... Quizás todo eso ya solo sea un recuerdo.
Cuando solo veo cenizas, quiero creer que resurgirá el Fénix, pero ahora no soy capaz de verlo. Me nubla la humareda desprendida por un fuego que todo lo abrasa en su frenético avance, un fuego que no comprende que hay cosas sagradas que no debería atreverse a lamer con sus ardientes lenguas.
Hoy estoy muy triste. Ni cuarenta y tres puestas de sol servirían...

"Si desaparecieran todos los insectos de la tierra, en menos de 50 años desaparecería toda la vida.
Si todos los seres humanos desaparecieran de la tierra, en menos de 50 años todas las formas de vida florecerían".
Jonas Edward Salk (Nueva York, 28 de octubre de 1914 - La Jolla, 23 de junio de 1995)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

rorschach

(área de descanso nº 160)

- Veo un mercado. Pero un mercado de esos que oprimen a la gente, de los que controlan a los gobiernos. A ver... no me refiero al mercado de mi barrio, ese no. Ahí están Remigio el pescadero, que siempre me ha parecido buena persona y me tiene reservados los mejores ejemplares, porque nos conocemos de muchos años y ya sabe lo que me gusta. Bueno, y no quiero olvidarme de Manolita la frutera, gran mujer, que ahora tiene que cuidar a su madre, que ya está muy mayor. Y que sigue sacando adelante a sus cuatro hijos, a pesar de que el golfo de su ex-marido hace todo lo posible para no pasarle la pensión. ¡Y en estos tiempos que corren!
Pero no, no, no. No me refiero a ese mercado. Me refiero a esos otros mercados, que no sé muy bien lo que son, pero todo el mundo habla mal de ellos. Claro, estarán llenos de ladrones y de toda esa gentuza que se aprovecha de los demás y que solo piensan en hacerse ricos ellos a costa de dejar en la pobreza a las personas que se han partido el espinazo para salir adelante con el sudor de sus frentes, como Manolita y como Remigio, que ellos no serían capaces de hacerle daño ni a una mosca.
Yo no sé de qué pasta están hechos esos banqueros y especuladores sin entrañas, que venderían a sus propias madres por cuatro perras. Y tampoco sé qué hace exactamente un especulador, pero es que oigo la palabra y ya me suena mal. Nada bueno puede hacer alguien que se llame especulador. Es que, vamos a ver, ¿hay derecho a que echen de su casa a una pobre anciana que no tiene de qué vivir? ¿Dónde se ha visto eso? Yo no sé cómo lo permiten. Pero, claro, si los que mandan están dominados por gente sin corazón, ¿qué puede esperarse?
Y vayámonos preparando para lo peor, que ahora no te pongas enfermo, que a ver con qué pagas las medicinas y los tratamientos. Si va a ser mejor morirse. No hay dinero que llegue para nada, cada vez se cobra menos y cada vez las cosas son más caras. En el mercado, está todo por las nubes. En el mercado del barrio, quiero decir ahora. Pero la culpa de que el mercado esté así es de los otros mercados, de los que están llenos de ladrones de guante blanco y sinvergüenzas con traje. Que no sé ni qué venderán en esos mercados. Pescados y fruta me supongo que no.

- ¿Pero todo eso le dijiste?

- Pues sí. Y más que le hubiera dicho, pero no me dejó seguir. Es que de tanto escuchar las noticias se me van quedando estas cosas y ya no pienso en nada más. Oye, que no hay nada como informarse bien. Porque, la verdad, lo que yo veía en el dibujo era como la pelvis de un esqueleto o algo así. Pero eso no quiere decir nada. Bueno, sí, que nos vamos a quedar en los huesos por culpa de los dichosos mercados. Ya lo verás, ya.

martes, 15 de noviembre de 2011

última edición

(área de descanso nº 158)
Catherine's Freedom by Robyn Miller on Grooveshark

La Tierra ya no es plana ni todo gira a su alrededor: Sigmund Freud asegura que el sexo ha ocupado ese lugar... En la despedida de su Armada, el monarca Felipe II se muestra optimista: "Si no caneamos a los ingleses, me hago luterano", ha dicho entre el alborozo y las risas de la concurrencia... Iósif Stalin: decidido a abandonar su cargo y convocar elecciones en la URSS, ante el inminente final del conflicto europeo... 500 millas de Indianápolis: los neutrinos a punto de batir la supremacía de los fotones... Tras el incidente de Bosworth, Ricardo III demanda a la compañía local de taxis, exigiendo una indemnización de cuatro millones de libras... Johannes Gutenberg estudia aceptar la suculenta oferta de Epson y abandonar su relación con Hewlett Packard... Crónicas de Manhattan: Eva arroja la manzana, golpea en la cabeza de Isaac Newton, rebota y es atrapada por Steve Jobs, quien le da un mordisco para luego colocarla sobre la cabeza del hijo de Wilhelm Tell... Ajuste de cuentas en la costa de Turquía: Héctor mata a Patroclo, Aquiles mata a Héctor, Paris mata a Aquiles, pero las autoridades no llegan a tiempo para detener al joven... El Cuerpo de Mosqueteros de la Guardia nombra director de recursos humanos al soissonneais Alexandre Dumas... El físico Erwin Schrödinger anuncia la próxima apertura de su caja después de la gran presión ejercida por la Asociación de amigos de los gatos de la ciudad de Graz... Técnicos bizantinos han contrarrestado el efecto del virus informático lanzado por hackers otomanos y que amenazaba sus sistemas de defensa: se prevé un aplazamiento indefinido del efecto renacimiento... Después de desechar el cilindro y la esfera, las obras del panteón familiar del monarca egipcio Zoser comenzarán el próximo mes, de acuerdo a las declaraciones de su arquitecto Imhotep... Derbi de Kentucky: contra todo pronóstico, se proclamó vencedor Marengo, por delante de Bucéfalo y Babieca, con Pegaso y Caballo-de-Troya descalificados por conducta antideportiva... El rey Midas dona su mano a la Sociedad Alquímica Internacional... El representante de Laika afirma que solo unos flecos en el contrato son el último obstáculo para concretar su fichaje por la NASA... El Ministerio de Sanidad Azteca muestra su satisfacción por el galardón que ha recibido el Tenochtitlan Medical Center, al encabezar el ranking mundial de trasplantes de corazón... Información bursátil: tras la feroz campaña publicitaria emprendida por la firma Ulises & Associates, la naviera Ítaca Transmediterránea S.A. duplica el valor de sus acciones... Ola de vandalismo: sigue abierta la investigación sobre el paradero de dos individuos que en el día de ayer provocaron graves destrozos en un molino de viento situado en un lugar de La Mancha cuyo nombre no ha sido facilitado a esta redacción...

Y yo sigo, un día más, sin tener noticias tuyas...


domingo, 11 de septiembre de 2011

diez años, once ese

(parado diez años después)

El 9, el 11 y la S han quedado para siempre como una huella sobre la piel de la humanidad. Es el símbolo de la cicatriz real que pervive en Manhattan 10 años después. Que a su vez es una representación de otra cicatriz más amplia y de dimensiones que nos sobrepasan...
Parece inevitable que la sola mención del jeroglífico 11S evoque la imagen de dos enormes chimeneas prismáticas humeando hacia el cielo neoyorquino, o que vuelva a traer a la memoria la estampa de dos esbeltas torres con una bola de fuego maclada en ellas. Puntos comunes a los que confluye la memoria colectiva. Y para la misma imagen, una gran variedad de sensaciones.

Dejaré los análisis para quienes correspondan. Me conformo con la reflexión personal, silenciosa, para mis adentros.
Ya no puedo decidir si el mundo ha cambiado mucho o poco desde ese hito en el año 2001. Ya van demasiadas vueltas de tuerca (algunas hasta pasarse de rosca) hablando de seguridad global, conspiraciones y teorías sobre conspiraciones, hechos o hipótesis, estrategias y nuevos órdenes mundiales. ¿Quiénes éramos antes del 11 de septiembre de 2001? ¿Quiénes somos después? ¿Realmente ha habido tanto cambio o, en esencia, sigue sin haber nada nuevo bajo el sol?

Pienso en mí mismo. Dónde estaba y con quién estaba aquel día, hace una década. Y dónde y con quién estoy diez años después. El impacto terrible de lo sucedido aquel día me ha permitido fijar en la mente detalles que, de otra manera, se hubieran diluido con los años. Pero ahora ya no es posible que se desvanezcan. Ahora tengo una instantánea del pasado (con personajes, emociones y pensamientos) con la que poder contrastar mi presente. No alcanzo a ver cómo se ha transformado el mundo en una década, pero sí puedo constatar cómo he cambiado yo en ese tiempo.

Cuando pienso hoy en el 11S, diez años después, rememoro una sobremesa en una salita con dos personas que ahora ya no están.
Visualizo esa presencia (que ahora es ausencia) mezclada con el estupor de la retransmisión en directo de algo que estaba sucediendo en otro lugar lejano y que no era capaz de asimilar. La imposibilidad de huir hacia otro tiempo, estando anclado en este (es decir, en aquel).
Nada más.

Y eso es todo lo que tengo que decir sobre el once ese.


martes, 14 de junio de 2011

pasará...

(parada luctuosa)

(te propongo esta canción como fondo sonoro)


Hace unos cuantos años, me contaron una historia que, aproximadamente, decía algo así:

Un monarca de un antiguo reino llamó un día a los sabios de la corte para darles un encargo.
- Quiero grabar en mi anillo un mensaje que me ayude a superar los momentos difíciles de la vida, pero que también me haga reflexionar en los momentos de prosperidad.
Durante todo un año, este tema ocupó a los sabios. Pensaron y debatieron, pero no pudieron encontrar el mensaje que respondiera al encargo real. Y se vieron en la situación de tener que dar cuenta de su fracaso al monarca.
Empero, en última instancia, un anciano sirviente de la familia real, conocido por su devoción, intervino diciendo que tenía la frase apropiada para esos dos momentos tan dispares.
Finalmente, el rey sorprendido leyó en su anillo: "TAMBIÉN ESTO PASARÁ".

Extraña historia. No dejamos de hablar de la importancia del presente, pero aquí obtenemos una moraleja bien distinta: la de buscar refugio en tiempo futuro. ¿Acaso poseemos algo más que este instante que cruza raudo a través de la cortina espaciotemporal? No hay nada fuera del presente que podamos poseer. Desde el tiempo presente construimos un pasado que ya no nos pertenece y un futuro que no sabemos si llegará a pertenecernos.
Hay circunstancias en la vida, no obstante, en que desearíamos desplazarnos dando un fuerte tirón a esa línea del tiempo, como si de un cordón de días de tratara, para llegar a un punto en que la cruel intensidad del presente se transforme en un tenue recuerdo del pasado.
Esto que tanto te aflige también pasará...

No puedo creerlo. No puedo creer que un pensamiento tan endeble pueda servir como consuelo a los padres de Tamissa. Ellos están completamente desconsolados y para ambos no es momento de palabras. En sus ojos arrasados por las lágrimas, incluso los interrogantes se diluyen en un vacío en que no caben palabras. No hay preguntas ni respuestas. Solo dolor. ¿Pasará?
Menguará, sí. Pero nunca pasará.
Desde que venimos a este mundo, vamos creciendo en la compañía de una idea inexorable: los padres no sobreviven a los hijos. Esa es la norma. Por doloroso que sea, son los hijos quienes despiden a sus padres, con el testigo recibido de ellos en las manos. En cierto modo, los hijos vamos adquiriendo la programación para ese trance. Los vemos envejecer, contemplamos su declive sin poder hacer nada más que asumirlo. Hasta que llegue el día.
Nunca al revés. Nunca unos padres se hacen a la idea de que sobrevivirán a la trayectoria de la flecha que un día lanzaron al cosmos. Esa flecha debe seguir volando libremente su propio camino aun cuando ellos ya no estén aquí para contemplar su devenir...

Pero hoy no ha sido así. Unos padres fueron golpeados incluso con mayor severidad que la del mortal impacto recibido por su hija, arrebatada prematuramente. Ellos sobrevivieron, ella no. Tamissa fue atropellada junto a su novio en la noche coruñesa por un conductor ebrio. El novio queda herido, ella muere en el acto, el conductor intenta darse a la fuga pero es detenido por la policía. El diario, con la distancia requerida y frialdad acostumbrada, da la noticia en la mañana.
Antes, los padres reciben el mazazo que los deja casi muertos.
¿Pasará?

En su página de facebook, Tamissa sigue sonriendo como si nada hubiera sucedido. Allí nos cuenta de sus 23 años, de sus ilusiones, nos dice que tiene una relación y unos cuantos ciberamigos. El sol sigue saliendo en internet. Tamissa se ha llevado con ella la clave de acceso que perpetúe su estancia en la red. Se la ha llevado para que podamos seguir soñando, para que sigamos creyendo que, mientras ella nos sonría desde su página, no debemos abrir los ojos a la pesadilla. Quiere que creamos que todo va bien...
Seguirá sonriendo hasta que los malos tiempos pasen. Sonreirá para siempre.

Buen viaje, amiga.

domingo, 17 de abril de 2011

lenguas muertas

(área de descanso nº 125)

Isidro Velázquez y Manuel Segovia son dos ancianos que viven en la pequeña comunidad mejicana de Ayapan, en Jalpa de Méndez, en el estado de Tabasco. Isidro y Manuel se han convertido en cómplices de un asesinato muy particular que, de alguna manera, decidieron perpetrar hace algún tiempo. Lo más curioso del asunto es que estas dos personas no se dirigen la palabra. Y precisamente en este hecho radica el crimen en sí.

Hace unos días, leía la noticia de que el idioma ayapaneco, una de las 364 variantes lingüísticas de Méjico (casi tantas como días tiene el año), acaba de engrosar la lista de lenguas muertas porque los dos únicos hablantes que quedan de dicha lengua (Isidro, de 69 años de edad, y Manuel, de 75) están enfadados entre sí y, pese a vivir a escaso medio kilómetro uno del otro, ya no se hablan por un desencuentro cuyo origen se ignora. Manuel había explicado al Instituto Nacional de Lenguas Indígenas que a mediados del siglo XX eran casi 8.000 las familias ayapanecas que hablaban la lengua, pero con la construcción de la carretera Villahermosa-Comacalco la migración de estas familias hacia poblaciones mayores y costumbres distintas ha sido el principal motivo de la progresiva extinción de la lengua que hablaban. Han sido absorbidos por un ambiente más globalizador.
Es sorprendente la forma en que un patrimonio cultural puede llegar a extinguirse. Si me preguntan, se me pueden ocurrir muchas formas, desde todo tipo de invasiones (ya sean culturales o movidas por otros intereses más pedestres) hasta un abandono del testigo (algo menos estridente pero con idénticos resultados). Lo que nunca se me hubiera ocurrido es que una situación tan poco épica y tan de andar por casa como la de Isidro y Manuel pudiera provocar la extinción de una lengua hablada.

En fin, son cosas que pasan. Si mi vecino del piso de abajo y yo habláramos la misma lengua y nadie más en el mundo la conociera, estoy seguro (muy seguro) de que ese raro idioma también correría un riesgo elevadísimo de extinción. Una lengua existe porque es un soporte valioso para una comunicación que se desea y se convierte así en vehículo de experiencias, conocimientos y cultura. Si no hay deseo de comunicarse no hace falta ninguna lengua. Pero si existe la necesidad de abrirse y extenderse hacia otras personas, tal como se propaga el fuego en los incendios, con ese ímpetu tan difícil de sofocar, entonces sucede que incluso sin una lengua se llega a cumplir ese propósito. La comunicación aprende a superar las barreras y se abre camino aun con los medios más escasos.
Me viene a la memoria haber recurrido en alguna circunstancia incluso al dibujo para poder mantener una conversación con otras personas con las que no tenía ningún idioma en común. Manteles de papel en una sobremesa, libretas o servilletas de cafetería han sido el soporte material de más de una charla que ha surgido espontáneamente. De la misma manera que si jugáramos al Pictionary y ayudados por ese valioso recurso del lenguaje no verbal, se conseguía que las ideas de uno fueran cobrando sentido en la mente del otro. A fin de cuentas, las expresiones de tipo artístico son también otro imprescindible soporte cultural que puede ser utilizado (de hecho, es utilizado con bastante frecuencia) como forma de comunicación entre dos o más personas.

Y volviendo al asunto de las repercusiones que tienen las disputas no resueltas, es cierto que resulta algo llamativo cuando se alcanza el extremo de acabar matando una lengua, porque esto es algo que no sucede todos los días. Pero también se pueden matar muchas más cosas, de menos calado en el acervo colectivo, aunque igual de trascendentes en lo personal. Se matan áreas de la memoria, se liquidan tradiciones, se pone fin a abrazos y achuchones, se terminan sonrisas, se acaban los gestos, se marchitan complicidades... y también se extinguen palabras inventadas, vocabularios de una relación exclusiva, expresiones que nunca ocuparon su lugar en un diccionario, que nunca pertenecieron a ninguna lengua, pero que eran parte del idioma en que dos personas se entendían a la perfección.

domingo, 30 de enero de 2011

sumando gotas

(área de descanso nº 114)
"No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo reposa en el seno de los necios".
(Sefer Kohelet, cap. 7: 9)
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Hay días en que, de repente, no sé por qué me siento como si fuera un atleta que corre los tropecientos metros vallas, pero que acaba lastrado arrastrando todas las vallas con el cuerpo. Es una imagen bastante cómica, más propia de un chiste que de la realidad, por supuesto. Pero ya digo que es sólo una sensación. El sentimiento puede no ser tan gracioso cuando se vive en primera persona (excepto que uno tenga el sentido común de pararse un rato, darse cuenta del papelón y reírse un poco de uno mismo para desangustiar, ejercicio que resulta bastante beneficioso) y lo que viene a ponerlo en evidencia suele ser alguna pequeñez, algo sin importancia. De ahí la sorpresa: ¿acaso una menudencia insignificante tiene tanto poder como para provocar un rapto emocional?
Daniel Goleman comenta en su conocido y recomendable libro Inteligencia emocional que es al psicólogo Dolf Zillmann a quien debemos, después de concienzuda experimentación, el conocimiento de la anatomía de la ira. Es cierto que el abanico de sentimientos que podemos tener es amplísimo y variado, pero el mecanismo de la ira puede ilustrar bastante bien cómo es la cosa esta de ir arrastrando vallas hasta que es una diminuta piedrecita en el camino la que le acaba transportando a uno a un frenesí de emociones. Dice Zillmann que el detonante universal del enfado es la sensación de hallarse amenazado, ya sea físicamente o también (como ocurre más a menudo) por otro tipo de amenaza simbólica para nuestra autoestima o nuestro amor propio. Estas percepciones son la que provocan una respuesta del sistema límbico con un doble efecto sobre el cerebro. Por un lado, está la secreción de catecolaminas: descargas puntuales de energía que se mantienen solamente por varios minutos y que sirven para preparar al cuerpo, a la espera de que nuestro cerebro emocional decida cómo reaccionar ante la amenaza. Pero, por otro lado, también hay una respuesta más duradera: una excitación adrenocortical, activada por la amígdala, que puede perdurar durante horas (o incluso días) y que mantiene al cerebro emocional hipersensible y predispuesto a que futuras reacciones se produzcan con gran celeridad. Es esta hipersensibilidad difusa la que explica por qué la mayoría de las personas parecen más predispuestas a enfadarse si ya han sido provocadas previamente, del mismo modo que es la que está presente de forma más continuada en los temperamentos iracundos. Además, el estrés también genera una excitación adrenocortical que favorece el descenso del umbral de irritabilidad. Hay días sobrecargados en los que la más nimia tontería puede hacernos montar en cólera, abatirnos en la melancolía, llenarnos de tristeza...

En lenguaje corriente, le decimos la gota que colma el vaso. Sería ingenuo pretender que las cosas se construyen siempre desde cero, como en una tabula rasa, obviando el equipaje que se lleva encima, el camino recorrido, el barro pegado al calzado, las experiencias previas... Aunque no siempre el vaso tiene que estar colmado de rayos y truenos. También hay una visión en positivo. Decía Isaac Newton que si había logrado ver más lejos es porque estaba sentado sobre los hombros de gigantes. Una idea que se remonta, en el siglo XII, a Bernardo de Chartres (su discípulo, Juan de Salisbury, escribió en el Metalogicon: Dicebat Bernardus Carnotensis nos esse quasi nanos, gigantium humeris insidentes, ut possimus plura eis et remotiora videre, non utique proprii visus acumine, aut eminentia corporis, sed quia in altum subvenimur et extollimur magnitudine gigantea; es decir, en esencia: Somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no por alguna distinción física nuestra, sino porque somos levantados por su gran altura) e incluso en el siglo VI al gramático latino Prisciano. Siempre a hombros de gigantes, de los que vivieron detrás de nosotros, antes que nosotros. ¿Quiénes habrían sido, si no, Pablo Picasso, Jonas Salk o Marie Curie?

Quien demuestra que no conoce mucho de gotas que colman vasos y cosas por el estilo (o, al menos, así lo parece) es nuestro ministro de Industria y sus cafés de Starbucks.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

el año de la amapola

(área de descanso nº 108)
"...iam pridem, ex quo suffragia nulli uendimus, effudit curas;
nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet
atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses".
(Juvenal, Sátira X)

Para la cita del comienzo, estaba en la duda entre la de arriba de Juvenal (¡ay, esas tres palabras finales... tan conocidas y repetidas!) y otra de Karl Marx, no menos conocida y repetida: "[La religión] Es el opio del pueblo" ([Die Religion] Sie its das Opium des Volkes). Ambas me sirven de igual manera. La elegida ha sido la de Juvenal, porque de citar a un Marx siempre he tenido debilidad por Groucho.
Hay coincidencias evidentes que a cualquiera le resultarían difíciles de pasar por alto, además de otras más sutiles o rebuscadas. Por ejemplo: en la alemana Tréveris, ciudad natal de Marx (Karl, no Groucho) a la que los romanos llamaban Augusta Treverorum, se celebra cada año un prestigioso festival romano con el nombre de Brot und Spiele (que en latín se diría panem et circenses). Pero no se trata de hilar tan fino, voy ya con el meollo del asunto.

Si cada año nos deja algo que guardar en la maleta de la memoria colectiva, me pregunto qué nos deja a los españolitos-de-a-pie el casi agotado 2-mil-10. No me refiero a cada uno de nosotros, porque cada cual se llena la maleta con sus propias vivencias, las que son realmente importantes en un círculo más íntimo. Pero, como miembros de un círculo algo menos íntimo al que llamamos España, ¿qué meteremos en esa maleta de recuerdos comunitarios?
Yo no lo sé, pero algo intuyo. Se ha hablado mucho de ello... Incluso en el mensaje de Navidad del Rey se mencionó el triunfo de la Roja en el Mundial de fútbol de Sudáfrica. Esto lo sé porque lo he leído en algún sitio, no es que sea devoto de los mensajes navideños de Su Majestad ("Su" de él). Motivos tengo. Una institución como la monarquía me parece algo bastante retrógrado en una sociedad del siglo XXI y más propia para alimentar chismorreos de la prensa rosamarillenta que para ser útil a la ciudadanía, si hablamos en serio. Además, algo tan soporífero como ese mensaje no debería emitirse tan temprano... uno corre el riesgo de perderse la cena de Nochebuena entre ronquidos.
Pero a lo que iba: de 2-mil-10 nos quedaremos después de todo con el triunfo del equipo de fútbol que lleva el escudo de la RFEF (con la "E" de España, para que saquemos pecho por el mundo, nos sugieren). Que sí, que vale, que nos hemos alegrado con este triunfo, pero nos lo han vendido de forma diferente a lo que de verdad es. Se han cansado de decir que esto era un empujón para ir pa'lante con decisión, el toque de moral que nos permitiría sacudirnos no sé qué complejos, el detonante de una nueva forma de encarar las cosas, el primer triunfo de una serie de muchos... Pero, sinceramente, creo que lo que se insistía en hacer colar como un estimulante no era sino un analgésico. Mientras los de rojo daban patadas a un balón, el gobierno nos anunciaba una serie de recortes sociales. Como guinda, ahora que se acaba el año, nos atizan una subida del 9'8% en los recibos del consumo eléctrico ...y esto por citar algo. En fin, y todos más contentos que unas castañuelas porque unos niños mimados que parecen vivir al margen de la realidad han ganado una competición deportiva. Esto no es nuevo: en las antiguas civilizaciones, a quienes participaban y resultaban victoriosos en juegos olímpicos y eventos por el estilo (siempre dedicados a las divinidades) se los recibía en sus lugares de origen como semidioses. Y, ahora, estos son nuestros dioses y los estadios nuestros templos, no es algo casual, viene de lejos. Decía Marx (Karl, no Groucho) en 1844, en Kritik des hegelschen Staatsrecchts: "La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo". Ahora, cambien ustedes solitos "religión" (y sus derivados) por "fútbol" (y sus derivados correspondientes) en la cita anterior y díganme si cambia su sentido más profundo. ¿A que no?

Bueno, para rematar la faena, los de Nike (y disculpen ustedes la publicidad gratuita) se han lucido un pelín con un spot como este (lo de "se han lucido" es un posible juego de palabras de no muy buen gusto):

"Trabaja y esfuérzate -nos exhortan tres de los dioses de nuestro creciente panteón-, con humildad y con respeto, lucha contra la oscuridad. Sé la luz que dicen que hemos perdido". Y el texto final apostilla: "Brilla. Ilumina tu país".
Que sí, majetes (ejemmm... perdón, quiero decir excelsos señores nuestros), que ya brillamos todo lo que podemos y nos dejan. La luz no la hemos perdido, sólo tenemos que pagarla más cara. Y como es cuestión de energía, si ya dábamos el 100% de nuestras energías en esta lucha contra no sé qué o quién (si sé, pero digo que no sé), ahora tendremos que dar el 109'8% de nuestras energías, para que no se diga. De paso, seguiremos leyendo y escribiendo blogs y nos costará un 9'8% más, pero no pasa nada, que para eso estamos. Lo importante es que la Roja ha ganado y todos somos muy felices y tenemos el ejemplo de unos chavales que con su esfuerzo han ganado unos sueldos multimillonarios, unas primas de escándalo y una copa dorada muy chula. Todos podemos tratar de imitar esta hazaña [fin del ironic mode].
Y, si no, a seguir viviendo la cruda realidad bajo los efectos de esta adormidera roja que tan bien le viene a los gobernantes (¡qué listo eras, Juvenal!). No seamos cenizos y no pensemos tanto en el poco halagüeño futuro que llega de la mano de 2-mil-11. Ya dijo Marx: "¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?" (esta vez, la cita sí es de Groucho).

En momentos como estos, a quienes envidio un montón es a los chilenos. Ellos tendrán un rescate de mineros para guardar en la maleta de este año. No es que envidie las catástrofes, sino el modo de superarlas. Y, olé por vosotros, amigos chilenos, en un año en que vuestro país sufría una devastación terrible a golpe de terremoto, todavía os ha quedado la fuerza precisa para subir a los vuestros hasta arriba y la energía necesaria para iluminarnos a todos con un rescate de esos que tocan la fibra.
No habéis ganado el Mundial de fútbol ...ni falta que os ha hecho.

domingo, 28 de febrero de 2010

la tormenta perfecta

(sin parada)


Así paso hoy por close2u: sin parada y raudo como el viento que sopló en algún momento de ayer en esta ciudad. La prometida "tormenta perfecta" fue decepcionante como tormenta, pero se lo disculpamos en aras de la seguridad personal y material (que, a fin de cuentas, es lo más importante en estos casos). Para haber estado pintados en rojo en el mapa de las alertas, lo que puedo decir es que, en la ciudad de A Coruña, el temporalazo se vivió como un día normal de viento y lluvia, pero un poco más fuerte... En otras partes, no lo sé. Quizás es que estemos ya muy acostumbrados a ser regados por todas las cisternas habidas y por haber en las capas bajas de la bóveda celeste y a ser azotados por la ira de Eolo y todos los Anemoi, y por eso la cosa podría haber transcurrido como un simple día más. Con mucha alarma, eso sí, que uno no las tenía todas consigo a la hora de poner un pie fuera de casa (no fuese a ser que...).
Le quedan a este que escribe algunas impresiones. Una de ellas es que los ¡que viene el lobo, que viene el lobo! suelen tener el efecto contraproducente de que, al final, el cánido siempre acaba devorando pantorrillas aprovechando el despiste del convertido en imprudente crónico y, otro día que avisen tanto, hará caso rita-la-cantaora y habrá que ir a recogerme del curuto de la Torre de Hércules (si no más lejos). Otra cosa para tener en el coco es visualizar el tremendo equipo de asesores de imagen que debe de trabajar para el servicio de meteorología. Yo nunca he entendido cómo un espacio en los telediarios como el de "el tiempo" le ha podido arrancar a mi madre tantos chsssssss ¡silencio, que van a echar "el tiempo"! (¡como si, en plan adivino, que es lo que a veces parece, fueran a "echar las cartas"...! pero ella tampoco entiende que yo le preste atención a la sección de deportes, así que estamos empatados a uno). Volviendo a los asesores de imagen, ya me dirás, si no, a quién se le habría ocurrido ponerle un nombre como *ciclogénesis explosiva* a la cosa esta. Cuanto más desconocido, más pavoroso. El miedo a lo incógnito, ya se sabe. Peroooo... un poco estrafalario sí que es, ¿no crees?

Pues nada, pasó la cosa. Ya se respira absoluta normalidad en otro insulso domingo más. Fue divertido recibir llamadas de mi madre para decirme, desde Castellón, el tiempo que me estaba haciendo en Coruña. Y discutiéndome lo que yo mismo veía con mis propios ojos desde la ventana de mi casa. ¡Qué poder de convicción tienen los meteorólogos, pardiez! ¡...más que los propios hijos! Lo mejor es saber que alguien desde lejos piensa en ti y se preocupa por ti. Enternecedor gesto, en cualquier caso.
Y también me queda en la memoria la sensación que tuve la víspera del temporalazo. Hubo un momento después de anochecer, con la amenaza pendiendo sobre nuestras cabezas, en que se hizo la calma absoluta: ni una brizna de aire, ni una hoja de los árboles que se moviera en absoluto, ni un ruidito por el viento... Parecía la calma que precede a la tormenta, el principio del fin, el preámbulo de la hecatombe... Con la angustia de que, cuanto mayor fuera la calma, más terrible se esperaría después a la tormenta, en matemática proporción inversa. Nunca una sensación que contenía tanta serenidad en sí misma me había parecido tan terrorífica. Esa calma era la mismísima negación de la calma.
Pero, en fin, como dicen nuestros vecinos franceses: bien está lo que bien acaba.

domingo, 12 de julio de 2009

de las uniones y de las fuerzas

(76ª parada)
"El pequeño vendrá a ser por mil, y el menor, un pueblo fuerte".
(Libro del profeta Isaías, cap. 60: 22)

- Fíjate en ese chavalín de ahí…
- ¿Cuál?
- Ése, el que lleva la camiseta del *****.
- ¿Y qué pasa con él?
- Nada. Fíjate el nombre que lleva a la espalda. ¿A quién pretende engañar? Jajajaja Y, sin embargo, me he fijado en que se mueve como él, intenta jugar con su mismo estilo, incluso gesticula como él y hasta protesta como él… Pero no entiendo por qué, en lugar de poner su propio nombre y aspirar o conformarse con un estilo propio, ha preferido adherirse a uno ajeno. Y, además, teniendo que pagar unos cuantos euros por haber elegido precisamente esa camiseta…
- Nada nuevo. Sobre la afición de los seres humanos a hacerse ídolos de cualquier cosa que les impresione, qué te voy a contar.
- Ya, claro.
- Y, luego, también está esa otra costumbre de devorar todo aquello que se desea alcanzar, como hacían algunos antiguos guerreros con los cuerpos de sus enemigos para conseguir apropiarse de su fuerza y poderes… Ellos practicaban el canibalismo ritual, pero como este chaval no puede zamparse a su ídolo, pues trata de absorberlo por otros medios: se viste como él, actúa como él… la finalidad es la misma. Este mocoso se comporta como aquellos guerreros que te digo, porque piensa que adoptando su identidad puede llegar a convertirse en algo parecido a su estrella.
- Aquí creo que estás forzando un poco la nota.
- Es posible. Pero el subconsciente de la humanidad está tan lleno de cosas extrañas que puedo permitirme la licencia. Mira, por ejemplo, cómo se sigue vendiendo la carne de los toros que se sacrifican en las corridas. A mí me parece una aberración. No creo que, después de haber sido maltratado hasta morir, la carne de ese bicho sea muy apta para el consumo. Estará envenenada por las toxinas que habrá generado el propio animal a causa del terror y de la agonía que se le ha provocado hasta su último aliento.
- No encuentro la relación.
- Bueno, supongo que ancestralmente esa carne se comía para asimilar la fuerza del toro y reafirmar la superioridad del hombre sobre el animal, como si también fuera un guerrero. ¡Bueh, una superchería…!
- ¿Y qué quieres, que la tiren?
- Y yo qué sé… Que hagan lo que quieran con ella. Pero yo no me la comería. Además, aborrezco las corridas de toros.
- Yo también. Pero eres tú el que ha sacado el tema.
- Vale. Pues rebobino… A propósito, fíjate en el chaval: apenas lo han tocado y mira el teatro que está haciendo en el suelo jajajaja ¿A quién me recuerda?
- Oye, ya que ha salido antes el tema de las camisetas y los jugadores de fútbol, ni te cuento las polvaredas mediáticas que se están levantando últimamente con el asunto este de los fichajes, los jugadores, sus precios y sus salarios…
- ¿Por?
- ¡Por qué va a ser, hombre! Por la burrada de millones que se están gastando en fichar a unos tíos que no hacen más que pegar patadas a un balón.
- Sí, una tontería como cualquier otra. Lo que no entiendo es por qué afectan unas tonterías desproporcionadamente más que otras.
- Bueno, ya. Pero porque haya otras cosas indignantes, eso no quiere decir que esta otra no lo sea también.
- Sí, claro. Pero se insiste mucho en esto en concreto, mientras que no deja de ser un mirar para otro lado.
- No te entiendo.
- Es como cuando intentas que un gato mire algo: tú señalas ese algo con el dedo, pero el gato nunca mira a lo que señala el dedo. El gato se queda mirando la punta del dedo. Pues aquí sucede lo mismo.
- Una vez más, consigues que me pierda en tus razonamientos…
- A ver si consigo explicarme… pero, por favor, no te quedes mirando la punta del dedo.
- Já-já, muy-gra-cio-so…
- Jejeje Es brooooma, no te enfades. Te cuento: ahora parece como si los culpables de la situación económica internacional fueran los clubes de fútbol. Bueno: algunos clubes de fútbol, que gastan montones de dinero que deberían destinarse a otros fines.
- Y esto último es cierto, ¿no? A veces pienso que es una completa injusticia que los bancos presten dinero para fichajes, pero no lo presten para permitir el desarrollo de pequeñas y medianas empresas, por ejemplo.
- Y si eso es una injusticia, ¿quién es el responsable de esa injusticia?
- Pues no sé… Los bancos, los clubes de fútbol…
- Apunta más a la base.
- ¿Quiénes?
- Empieza por los aficionados. ¿Cómo crees que se pagan esos fichajes? Ahí tienes una muestra: mira esos críos con esas camisetas. Y eso es sólo la punta del iceberg. Es curioso que se critique hasta la saciedad algo en lo que tantos y tantos acaban participando… ¿No es una contradicción?
- Oye, que a mí el fútbol tampoco me va mucho y tengo que sufrir las consecuencias de esta situación.
- Eso es lo de menos. Que te guste o no el fútbol, quiero decir. Sus tentáculos cubren una muy extensa superficie: medios de comunicación de masas, publicidad, merchandising, nuevas tecnologías… Al fin, todo líder de masas ha descubierto que una de las claves para alcanzar un progreso en la dirección que se desee está en que la unión hace la fuerza. Esto en manos de un buen líder, que ha entendido en qué consiste el verdadero liderazgo, es una pasada. Pero el mismo principio puesto en manos de un líder que sólo busca su propio provecho o el de sus favoritos es una desgracia.
- ¿Por?
- No tienes más que fijarte en cómo temen los dictadores al poder que hay en cada persona. Su primer objetivo consiste en anular ese poder, arrancando de cada individuo sus libertades intrínsecas, sus derechos innatos… La unión de todos esos (en apariencia) pequeños poderes acaba resultando ser un poder extraordinario. Pero en democracia también se puede intentar controlar el poder de las masas, a la manera de los peores tiranos.
- ¿Cómo?
- Si piensas un poco, se te pueden ocurrir unas cuantas maneras… No voy a insistir por ahí. Pero hay una clave común: a mí se me ocurre que con un pequeñito pellizco que se extraiga de cada uno, se puede llegar a alcanzar un total descomunal al servicio del poder. Mira, volviendo al caso del fútbol: si durante todo un año, la media de lo que se ha gastado un aficionado de un club de fútbol en asuntos relacionados con su club llegara a los 10 euros (un día, compras un partido en pago-por-visión… otro día, vas al estadio… otro día más, compras una bufanda o una camiseta…) y si ese club es tan poderoso que cuenta con (pongamos un número) diez millones de aficionados en todo el mundo, las matemáticas no engañan cuando me dicen que todos los aficionados han aportado cien millones de euros a las arcas del club en ese año. Vale, los números están puestos sólo como ejemplo… Es una forma facilona de contar las cosas, la realidad es algo más compleja: habría que descontar gastos, por ejemplo. Pero el principio es el mismo.
- Ya, pero cuando aprieta la crisis económica, la gente no está para gastar el dinero en estas tonterías.
- ¿Tú crees? Yo pienso que es todo lo contrario. Cuando las cosas van mal, la gente lo que quiere es gratificarse con esas tonterías que le sacan de una penosa realidad. Esto es lo triste del asunto.
- Bueno, me recuerda eso que leí en una ocasión que un típico indicador de tiempos de crisis económica es el aumento en las ventas de lápices de labios.
- Cierto. No sé si se conoce la relación entre una cosa y la otra, pero siempre parece cumplirse esa correspondencia. ¿Será una válvula de escape? Bien, pues los panem et circenses que valían para los romanos siguen valiendo para los que vivimos después de la caída del Imperio Romano.
- No hemos cambiado nada, ¿eh?
- Parece que no. La publicidad, por ejemplo, nos enseña a despreciar el valor de las cosas pequeñas… Quiero decir: que nosotros, consumidores, despreciemos el valor de lo ínfimo, para que las empresas a las que promocionan vayan amasando la suma de esas pequeñeces hasta obtener beneficios gigantescos. ¡Ellos no desprecian nada!
- ¡Uy, sí! Mucho me cabrea la típica frase: “por un miserable euro…”, o esas otras en que te dicen: “por sólo quince (por ejemplo) euros al mes…”. Y lo dicen con todo el morro del mundo.
- Sí, “sólo”. Pero tú multiplica y verás. Hay compañías que hasta parecen aprovecharse de ese desprecio por lo pequeño. Te estafan una mínima cantidad por un aparente error, descuido o lo que sea, de modo que tú no estés dispuesto a pelear por tan poca cosa. A ver quién está dispuesto a mover cielos y tierra para recuperar “un miserable euro”. Pero si consigo birlar un euro a un millón de pardillos me encuentro con la jugosa cantidad de un millón de euros. No es mal pellizco, ¿eh? Pues el mecanismo es siempre el mismo.
- Así se acaban pagando los fichajes de fútbol y cualquier cosa.
- Cualquier cosa que quiera la mayoría de la gente. Lo que se esté dispuesto a financiar es lo que será financiado. Es así de simple.
- Imagina, entonces, que una mayoría de la gente estuviera dispuesta a dar sus “miserables” 10 euros para otras causas, como apadrinar a niños de países subdesarrollados, o a construir infraestructuras para lanzar el progreso de zonas pobres, o a mejorar las condiciones de los más desfavorecidos…
- Sí, y luego voy yo y me despierto.
- Oye, no te burles, que lo digo en serio.
- Sí, y yo. Mira ahí, en la cafetería del parque. Está hasta arriba, como siempre. Y luego dicen que hay crisis. Já.
- Bueno, que la gente tiene derecho a tomarse un cafecito o una cervecita sin estar pensando siempre en los grandes dramas de la vida.
- Ya… y, mientras tanto, delante de la cerveza, a arreglar el mundo sin arrimar el hombro… que es más fácil criticar y protestar que arremangarse. Es más sencillo echarle las culpas al fútbol, a las multinacionales o a lo que sea, antes que reconocer que esos grandes enemigos no hacen más que recolectar las fuerzas que nosotros les entregamos voluntariamente.
- O inconscientemente.
- Vale. No cambia las cosas.
- Pues no.
- Mira: el chaval ya está otra vez retorciéndose en el suelo…