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lunes, 24 de septiembre de 2012

to everything there is a season

(adentrándome en las nieblas otoñales)

Turn! Turn! Turn! by The Byrds on Grooveshark

"Cada cosa tiene su tiempo y todo lo que se quiere bajo los cielos tiene su hora". Lo escribió el sabio Salomón en el Kohelet y está sonando (si le has dado al play) en la versión melódica de The Byrds. El tiempo es limitado, y por eso hay que saber aprovecharlo bien para dedicarlo en cada oportunidad a lo que corresponda. La vida será quien vaya mostrando qué es lo que toca hacer en cada momento.
Y después de descartar docenas de comienzos para iniciar este post, me he quedado con el que acabas de leer. El resto serán solo para mí.

No es fácil escribir un post de despedida. No lo es para mí, quiero decir. Tengo grabadas en el cerebro esas imágenes de despedidas en que se agitan pañuelos al viento. ¿Por qué pañuelos? Es lo que se tiene más a mano después de enjugar alguna lágrima furtiva. A ver... no quiero ponerme melodramático, porque va a resultar ridículo. Después de algo más de cinco años publicando a ritmo de tortuga (lo sé: empecé mencionando a Esopo, allá en el 2-mil-7 y eso que se me ha pegado), apenas he descansado un par de meses en 2-mil-8. Me toca ahora tomarme todas esas vacaciones que he ido acumulando con el paso de los años.
Es decir, que no es una despedida definitiva, sino un hasta que volvamos a vernos, y cuento con que volvamos a vernos. Mientras tanto, quizás publique en alguna ocasión aislada: a veces arde un fuego tan intenso en el interior, que hay que ponerle algún tipo de válvula para que salga al exterior y no acabe consumiéndolo a uno. La escritura puede servir perfectamente. Pero no será algo ni mínimamente programado, estaré muy ausente.

La decisión no surge de un impulso, sino que llevo unas semanas meditándola. Creo que se ha notado en lo abandonados que tengo los blogs amigos (apenas los estoy visitando últimamente y es algo que me disgusta, pero...) o incluso en la falta de frescura que se estaba empezando a sentir en este.
Es el momento de descansar aquí. Y cuando digo "aquí", me refiero a mi experiencia 2.0, ahora que la 1.0 requiere de mi presencia prácticamente a tiempo completo. Mi otro blog, ih8mondays, también se despide hoy mismo (un lunes, por supuesto), después de un viaje de 71 semanas en 71 imágenes.
Pero volverá.
Volveré.

No tengo muchas cosas más que decir. Solo expresar mi profunda gratitud por todo lo recibido hasta ahora. Esto lo comprende quien lo vive, así que no es necesario que les cuente a otros blogueros en qué consiste esa experiencia. Lo sabes porque también lo estás viviendo, ¿no es cierto?

Y nada más. Solo un último detalle. Algo paradójico. Este fin de semana, una muy buena amiga compartía conmigo una canción que ha llenado mi cabeza bastantes horas, hasta la escritura de este post. Y va a servir como despedida (prácticamente solapándose con Turn! Turn! Turn!), aunque la letra diga todo lo contrario a las palabras que se dirían en una despedida:

I don't have to leave anymore
What I have is right here
(...)
I am yours now
So now I don't ever have to leave

viernes, 10 de agosto de 2012

casi un soplo

(parada con algo que celebrar)


Taitantos.
Para ser exactos, según mi deneí, hoy llego a 43. Como el nombre de aquel licor, que no he probado en mi vida. De pequeño, cuando veía el anuncio publicitario en la tele, me hacía gracia pensar en esa coincidencia: los años y el licor. Algún día, yo tendría 43 añazos. ¿Cómo sería yo con esa edad? ¿Cómo sería el mundo? Qué lejano me quedaba todo aquello...
Era de esperar que me olvidara del asunto con el paso de los años. Y lo olvidé. Hasta que un día como el de hoy, de repente, el recuerdo despierta de su hibernación de lustros, en la zona del subconsciente, y se pone a llamar a la puerta de la zona consciente de mi mente.
Qué tontería traer a colación todo esto ahora. Sin embargo, quizás sea el sino de los tiempos: llegan días en que toca repasar la lista. Hay una especie de interruptor dentro del cerebro que salta automáticamente para proceder al examen. A veces, con asociaciones tan estrambóticas como esta. Y la cuestión es: ha pasado todo este tiempo, ¿y qué has tachado en la lista?
¿Has plantado un árbol?
¿Has escrito un libro?
¿Has tenido un hijo?
...
¿Has cumplido ciertos objetivos, has alcanzado ciertas metas, te has dado estabilidad en ciertas áreas?

Yo no sé si asustarme o qué.
Dejémoslo en que he plantado varios árboles. Vale. Pero poco más que eso.
Puede que sea un insensato por haber llegado hasta aquí con tan  poco conseguido. Puede que haya desperdiciado muchos años dando vueltas sin rumbo definido mientras el común de la gente tiene muy claro adónde quiere ir y que debe dirigirse hacia allí sin demora. Y así consiguen sus metas y atiborran el currículum vítae con montañas de logros. Y cuanto más joven seas con mucho logrado, tanto mejor. Puede que yo esté muy a la deriva.
Puede ser...
Pero el día que tenga la sensación de que no hago sino seguir las indicaciones de una maldita lista que a estas alturas ya no sé ni cómo se ha llegado a escribir, voy a cruzar los brazos y me voy a quedar sentado hasta que me convierta en ceniza.

La lista creo que la voy a tirar a la basura. Me voy a permitir esta inconsciencia. Es mi vida, y es algo mucho más grande y significativo que cualquier lista escrita en un trozo de papel, en un tiempo en que no sabía ni quién era ni qué camino debía tomar para encontrarme a mí mismo. Además, reivindico mi derecho a equivocarme, a utilizar el método de ensayo-y-error cuando quiera, a reescribir lo que me apetezca reescribir en cada recodo o encrucijada del camino, a sorprenderme con lo que me deparen las vicisitudes de este transitar sin un programa que cumplir.

Terminaré este post con algo que resume mi sentimiento de hoy, de ahora. Es algo que ya conocía, pero aprovecho la oportunidad para renovar su contenido. Mismo mensaje, nuevas circunstancias.
Los haikus son unas pequeñas joyas de la literatura, esto es sabido. "Una mera nada, pero inolvidablemente significativa", escribió al respecto el literato inglés Reginald Horace Blyth, gran devoto de la cultura japonesa. En tres sencillos versos de diecisiete moras (o sílabas), repartidas en cinco, siete y cinco, el autor expresa su pasmo por algún detalle contemplado en la naturaleza. Con sencillez y humildad, un poeta revela el asombro que le produce la belleza percibida que tiene a su alrededor, muestra las ilustraciones y lecciones que se pueden aprender de la vida cuando se abren los ojos incluso a lo más pequeño, a lo cotidiano. En poco más de un minuto, el siguiente vídeo-haiku relata mis sensaciones ante el revoloteo de una diminuta y juguetona semilla de diente de león, una pelusa sin importancia, que puede ser una representación de mí mismo. Es un boceto de la breve (y a la vez increíblemente persistente) aventura de esa brizna en un vuelo loco que, algún día, quizás, la lleve a un sitio donde germinar. Mientras, de momento, sigue viajando. Otro año más.

miércoles, 30 de mayo de 2012

almas gemelas

(área de descanso nº 182)
Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
(Pedro Salinas, "La voz a ti debida")

(Richard Feynman en acción)
Tengo la manía de trasladar lo que aprendo de lo microscópico al mundo macroscópico. Estudiar la Física de partículas es una oportunidad de oro para hacerme con una comprensión un tanto distinta de lo que puedo ver a diario. Encajar las piezas es entretenido. No trato de obtener razonamientos incuestionables, leyes o explicaciones ortodoxas, pero sí me divierto comprobando que, compuestos como estamos de fermiones que juegan con bosones (valga la simplificación), nuestro comportamiento debería parecerse en algo al de esos pedacitos de materia que somos y nos rodean por doquier. Es una abstracción que puede ser gratuita, pero no me importa. A fin de cuentas, me ayuda a entender mejor lo que voy aprendiendo de ese misterioso universo invisible a simple vista.
Así, cuando pienso en el principio de incertidumbre de Heisenberg, me vienen a la cabeza comportamientos en que la influencia de alguien que solo observa acaba alterando la actuación de otros. El experimento del gato de Schödinger me hace reflexionar acerca de la conveniencia de lanzarse a la acción, de aventurarse, cuando se necesita una respuesta concreta y no la eterna indefinición. También, ciertos estados cuánticos me recuerdan la contradicción de los seres humanos, sus cambios de parecer, sus dudas, sus absurdos procederes... Bueno, y así con todo.
.
"Creo que puedo afirmar con seguridad que nadie entiende la mecánica cuántica", dijo en una ocasión Richard Feynman. Me quedo más tranquilo si él lo dice, pensaba que solo era cosa mía. Nadie entiende la mecánica cuántica, nadie entiende a las personas. Empero, hay partes de la Física algo más comprensibles y también sirven como buenas fuentes para extraer paralelismos. ¡Qué decir de la Termodinámica, con sus entalpías y sus entropías! Precisamente, reflexionando en un vídeo de Feynman en que habla del fuego (y de más cosas), me dio por pensar en eso de las almas gemelas. La primera vez que alguien me habló de las almas gemelas, me quedé como si hubiera leído en el diario cómo funciona la caja de cambios del Ford-Lotus. En fin. No parece complicado, pero es como asomarse una vez más a un mundo de partículas subatómicas con vida propia. Pienso que debe de ser tal como dice Feynman: él habla de lo físico y yo lo traslado a lo mental y emocional. En principio, y no sé ni el cómo ni el cuándo ni el porqué, esas "almas" estuvieron unidas de algún modo o comparten una forma de relacionarse íntimamente. Luego, por esas cosas de la vida, se fueron cada una por su lado aunque manteniendo, sin ni siquiera ser conscientes de ello, una mutua fuerza de atracción, el deseo de permanecer siempre unidas, a pesar de las distancias y los vacíos. Y de nuevo, superados los obstáculos por el efecto de cierta chispa, la unión se hace finalmente inevitable e intensa, como debería haber sido desde el principio. Sigo sin entenderlo del todo, pero me parece fascinante. Un día, te encuentras con alguien, empiezas a conocer a esa persona y te das cuenta de que algo en el interior está vibrando en la misma frecuencia. Entonces, ya nada puede detener el proceso...

Recomiendo echarle un vistazo al vídeo enlazado a continuación, porque Feynman lo explica de modo genial (el fenómeno físico, lo de las almas gemelas es cosa mía).
¡Ah!, la parte en que viene a decir algo así como que un árbol encierra dentro de su materia un sol en miniatura... uf, es algo insuperable. ¿Hay mejor forma de describir los trasiegos de materia y energía?
Me vuelven loco estos físicos que hablan como poetas.

lunes, 19 de diciembre de 2011

cuando la ambición supera los límites

(área de descanso nº 163)
"Lo llamaron 'alivio', pero era mucho más que eso. Le pusieron docenas de nombres: 'Ley de Recuperación Nacional', 'Administración de Obras Públicas', 'Cuerpo de Trabajos Civiles'... pero todo se resumía en una cosa: Por primera vez en mucho tiempo, alguien se preocupaba por los demás. Por primera vez en mucho tiempo, nadie estaba solo".
(narración en off, correspondiente a los años de recuperación económica posteriores a la crisis de 1929, en el film Seabiscuit)

Hace mucho tiempo que perdí contacto con un amigo. Ya no sé cuál es su paradero. Pero siempre lo recordaré por una anécdota que nos contó a su vuelta de África. Se marchó una temporada como voluntario en una ONG para trabajar en proyectos de desarrollo en Burkina Faso. Decía que había una cosa que le impresionaba cada día, día tras día: él dejaba por las noches su calzado deportivo en la ventana del lugar que le habían asignado como alojamiento y, cuando lo recogía por las mañanas, se encontraba a una nutrida tropa de niños de la aldea admirando aquel par de zapatillas.
No se volvió con ellas. No porque se las robaran o desaparecieran misteriosamente, sino porque decidió regalarlas antes de marchar. Por lo que lo conozco, sé que no fue un acto que sirviera para acallar su conciencia a la vez que resultara generoso. Él ya es muy generoso, no necesita andarse con demostraciones para la galería. Por su relato, se adivinaba que era más bien una consecuencia del desprendimiento.
"¿Para qué quiero yo tantas cosas? No las necesito", se le escapaba de cuando en cuando.
De vuelta al hogar, ahora parecía vivir incómodo en su propio país, hostigado por tantos objetos estrafalarios e innecesarios.

Y seguro que tenía (tiene) mucha razón. Absorbidos por el medio, es más difícil captar la verdadera medida de las cosas: Entre ricos, uno se siente indigente, que carece de todo, y convierte cada cosa superflua en esencial. Entre pobres, se valora cada pequeño detalle, se considera uno un magnate que flota sobre la abundancia, y tantas cosas que parecían básicas ahora se ven como lujos o prescindibles. Empero, suele faltar el equilibrio: la ambición en su justa medida, un motor para la prosperidad y el progreso de todos, nunca una fuerza oscura que empuja (aunque sea indirectamente) a la rapiña y el saqueo de los demás.
En muchas ocasiones, creo que Occidente (entiéndase la palabra: el estilo de vida de Occidente) tiene una venda en los ojos. Rodeado de pobres, se siente pobre. Pero porque no ve lo que le rodea, o no quiere verlo, o le parece que sus agobios y desvelos son provocados por descomunales problemas que debe resolver para su supervivencia. Y no es así. Pero es el precio de la ambición desmedida.

En el film La lista de Schindler, después de haber invertido toda su fortuna en proteger a un buen número de judíos del exterminio organizado por los nazis, se lamenta al final Oskar Schindler por el hecho de haber conservado un vehículo o una valiosa insignia que pudieran servir para el rescate de más vidas. Y es él mismo, ya despidiéndose y provocando cierto estupor en quienes acaba de rescatar (después de todo cuanto había hecho y arriesgado, ¿todavía estaba en situación de reprocharse algo?), Schindler en persona, quien reconoce que ha sido la vanidad lo que le impidió actuar incluso con mayor desprendimiento. Conmueve ver cómo alguien llega tan al límite. Y, sin embargo, acierta denunciando a la vanidad.
Comentaba Annie Leonard en su conocido vídeo (no me canso de enlazarlo en este blog) La historia de las cosas, The Story of Stuff, que esa flechita dorada del consumo (que es, a fin de cuentas, el motor de todo el sistema) se alimenta de nuestra vanidad, nuestro deseo o necesidad de mostrar a los demás una corteza que sea reveladora de un estatus lo más elevado posible, influencia, poder... También, la vanidad de la autogratificación, que nunca da satisfacción completa y nos tiene girando en una especie de rueda-de-jaula-de-roedores que nos desgasta sin proporcionar felicidad. Qué subidón nos da cada vez que estrenamos algo y qué poco dura. Podría decirse que es parecido al efecto de una droga. Nuevo coche, nuevos zapatos, nuevas ropas, nueva vivienda, nuevos muebles, nuevos electrodomésticos o equipos electrónicos... Y todo queda obsoleto en poco tiempo. Se esfuma la sensación y hay que volver a alimentarla, gastando en pequeñas tonterías lo mismo que podría alimentar a familias enteras durante mucho tiempo.

Vanitas vanitatum omnia vanitas... Y toda esa vanidad aprieta aún más la venda que llevamos puesta en los ojos. Para no ver.
Y las distancias siguen aumentando.
Aquí, nosotros hablamos de crisis y en lejanos lugares mueren por cientos de miles...
Y nosotros podremos seguir hablando indefinidamente de nuestras terribles crisis de niños ricos.



"El mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos,
pero siempre será demasiado pequeño para satisfacer la avaricia de algunos".
(Mahatma Gandhi)

sábado, 10 de diciembre de 2011

no pensar

(entre paradas, etapas, descansos, repostajes... con este ya son 200)

(tranquilos todos: creo recordar que al final gana el combate, como era previsible)

En apariencia, descabellado consejo: "no pensar".
Quizás (y a priori) lo que se necesita en cualquier caso es mayor reflexión y más pensamiento, que sirva como motor de un curso de acción responsable y certero. Sin embargo, el consejo es no-pensar.

Samuráis. Hace 100 saltos, era un rōnin el que ocupaba el espacio. Y aquí sigue en tránsito, eso no ha cambiado. Pero, para variar, una de samuráis, ¿por qué no?
Vuelvo al no-pensar. Parece cierto que el momento (único e irrepetible, como cada uno) acaba escurriéndose por el desagüe del tiempo y así se pierde para siempre, cuando se lo asfixia entre densas nubes de pensamientos pasados y futuros. ¡Es tan intangible el presente! Avanza hacia el futuro para ser pasado en un suspiro...
¿Cómo se puede vivir un instante tan singular? ¿Qué referencias se tienen?
Tanto vértigo de lo extraordinario me lleva la vista hacia atrás o tan adelante como pueda. En la brecha abierta entre lo pasado y lo por venir, en el abismo de presente, me sujeto a las amarras de lo único que no existe: el no-aquí y el no-ahora. ¿Y no es esto más insensato que no-pensar?
Es posible.

Agotado, entrada la noche y ya tendido en la cama, intentando reposar al fin del día fatigoso, solo pienso que ya no quiero pensar más.
Respirar tranquilo. Sorber el hálito del segundo fugaz. Mandar a paseo al martillo y al yunque que forjan la preocupación, con su insoportable golpeteo. Quedar absorto en la oscuridad. Ver la luz. Imaginar la caricia del camino en los pies. Volar sin alas. Y no pensar.

martes, 6 de diciembre de 2011

las raíces del futuro

(área de descanso nº 162)
"Donde hay educación, no hay distinción de clases".
(Confucio)

Puedo ahora caminar sobre una franja de arena húmeda y compacta. El mar se ha retirado y no la volverá a cubrir hasta dentro de unas horas. Es asombrosa esa obediencia ciega del mar, que en un vaivén de olas juguetonas no se atreve a rebasar el límite establecido. Sorprende esa domesticación de las aguas, inducida por un astro lejano y que ni siquiera se muestra en estos momentos.
Igual de fascinante es que nuestro planeta parezca estar unido con una larguísima cadena elástica a una estrella, en cuyo invisible pozo gravitatorio permanece atrapado, girando más próximo o más distante, aunque sin desencadenarse en ningún momento.
Empero, ninguno de estos obedientes comportamientos son comparables al firme caminar de quien lo hace en libertad, sabiendo los cómos y los porqués. Ahí descubro la cúspide de la maravilla.

Llevo unos días con una frase en la cabeza. Surgió casualmente en el curso de una conversación, y dice algo así:
Todo el mundo piensa en dejar un mejor planeta para nuestros hijos, cuando lo que deberíamos hacer es dejar mejores hijos para el planeta.

Creo que no es posible expresar de otra forma y con tanto acierto varias cosas importantísimas a la vez.
Por ejemplo: que es absurdo preocuparse por el planeta si no nos ocupamos antes de las personas.
Por ejemplo (otra frase): que, como dijo Lao-Tsé, si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada; si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida. Y el planeta es un legado que pasará de mano en mano, esperemos que mucho más allá de las de nuestros hijos.
Por ejemplo: que solo una generación separa siempre a la civilización de la barbarie.
Por ejemplo: que la educación es el camino arduo, el lento pero el seguro, el que funciona de verdad, el que está lleno de sentido y responsabilidad, y que los atajos suelen ser el refugio de los chapuceros.
Por ejemplo: que la verdadera educación no es un amaestramiento, sino el desarrollo armonioso de todas las facetas y capacidades de una persona, para llevarla a ser lo mejor que puede llegar a ser.
Por ejemplo: que las raíces del futuro están en las plantitas que crecen hoy, y esas plantitas son nuestros pequeños.
Por ejemplo: que ya va siendo hora de que distingamos las causas de las consecuencias, y de que no confundamos el orden natural de las cosas.

Y se podría seguir así un buen rato. Pero no es plan.

Solo terminar diciendo que una de las formas más efectivas en que se aprende es por imitación. Por eso, pasan los años y acabamos soltando esa frase (frustrante o balsámica, según los casos) ¡cada vez me parezco más a mis padres! Y eso que nos pasamos tanto tiempo tratando de evitar sus defectos o fracasando cuando intentamos copiar sus virtudes. Pero los genes y el aprendizaje reclaman esa cosecha.
Sin embargo, si el paso del relevo se produce de una forma tan sencilla, entonces esto puede ser una buena noticia. ¿O acaso no es una buena noticia saber que algo tan trascendental simplemente comienza por uno mismo?

miércoles, 2 de noviembre de 2011

criticando, que es gerundio

(área de descanso nº 155)
"En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos poco, porque gozamos de una posición que está por encima de los que exponen su trabajo y a sí mismos a nuestro criterio. Nos regodeamos en las críticas negativas, que son divertidas de escribir y de leer. Pero el hecho más amargo que debemos afrontar los críticos es que, a la hora de la verdad, cualquier producto mediocre tiene probablemente más sentido que la crítica en la que lo tachamos de basura".
(Anton Ego, crítico gastronómico en el film de animación "Ratatouille")

Quizás sea una mala costumbre bastante habitual, pero suele ocurrir que las acepciones peyorativas de los términos son las que acaban apropiándose de la identidad de numerosas palabras, tal vez entre las más interesantes. ¿Qué decir de la palabra de origen griego "crisis" (κρίσις, que a su vez procede del verbo κρίνειν: juzgar, separar, decidir) y de muchos de sus derivados? Es una cuestión ya comentada en este blog.

Cuando pensamos en crisis o en crítica, es raro que nos refiramos a algo distinto que a una situación angustiosa (en el aspecto que sea: económico, social, político, psicológico, clínico, personal...) o al feroz despelleje que le dedicamos a otras personas o que otras personas nos dedican. Y es igual de raro que adivinemos el parentesco entre palabras como estas dos citadas y criterio, por más que el parecido familiar (su idéntica raíz) las delate. Será porque nos hemos acostumbrado a que las personas que más "critican" son las que menos criterio demuestran. Será porque a veces llamamos "criticar" simplemente a soltar valoraciones con escasa profundidad de análisis, muy vacías en sí mismas, o destinadas particularmente al desahogo de quien las dice y el perjuicio gratuito de quien las recibe. Sea como fuere, este abuso ha degenerado en una mala concepción de la crítica y, como asevera Anton Ego (aunque sea un personaje de ficción), las críticas negativas producen más placer a quien las emite y a quien no las padece, aunque terminen destrozando a sus destinatarios.

Entonces, ¿qué se necesita para criticar? Pues eso dependerá de qué tipo de crítica se quiera hacer. Para una buena crítica de Arte, por ejemplo, se me ocurre que el crítico deberá demostrar conocimientos apropiados; haber entrenado debidamente su capacidad de análisis e interpretación de las obras; saber relacionar tendencias y encajar con maestría cada cosa en su lugar; poner aparte, si fuera posible, filias y fobias personales en busca de mayor objetividad (o evitando la ofuscación); no venderse al mejor postor, etcétera. Si lo que se quiere criticar son actitudes o comportamientos ajenos, aquí la prudencia se impone. Recomiendo aplicar ese viejo dicho de los indios chéroquis (también lo he visto adjudicado a los siouxes): "Antes de juzgar a tu hermano, camina tres lunas con sus mocasines" ...a ver si después de eso sigues pensando lo mismo, les faltó añadir, dando por supuesto lo fácil que es deducir tal consecuencia. Teniendo en cuenta que el propósito de la crítica es mejorar una situación (que sea susceptible de mejora, claro está) después de haber realizado el análisis correcto de la misma, qué menos que ser sumamente cuidadoso en cada detalle y no precipitar conclusiones.
Ahora bien, si lo que se pretende es realizar una crítica ligera y destructiva, torpe y lenguaraz, infame e inútil, entonces es necesario prescindir de todo tipo de cuidado y discreción. A cambio, añádase despropósito, mala uva, envidia (si fuera preciso) y necedad en proporciones a gusto del crítico. Pero, eso sí, sabiendo que toda esta acción destructiva puede degenerar en una reacción en cadena que, como en una guerra termonuclear a gran escala, destruiría incluso a los que hubieran lanzado la primera ojiva atómica o, siendo menos catastrofistas, que quizás exista la espada afilada de una justicia kármica para cortar las lenguas malas.


Montserrat Figueras & Hespèrion XX (director: Jordi Savall)
Entremeses del Siglo de Oro - Lope de Vega y su tiempo: 1550 - 1650.

Corten espadas afiladas
lenguas malas.

Mañana de San Francisco
levantado me han dicho.
Corten espadas afiladas
lenguas malas.

Libérame, Domine a labiis yniquis
et a lingua dolosa.
Lenguas malas.

Levantado me han dicho:
que dormí con la niña virgo.
Lenguas malas.

Beatus vir qui timet Dominum
un mandatis ejus volet nimis.
Lenguas malas.

Corten espadas afiladas
lenguas malas.

miércoles, 26 de octubre de 2011

enemigos

(área de descanso nº 153)
"Elige bien a tus enemigos porque, tarde o temprano, acabarás pareciéndote a ellos".
(Jorge Luis Borges)

Uno de los piques más célebres del llamado Siglo de Oro de la literatura española fue el que enfrentó al madrileño Francisco de Quevedo con el cordobés Luis de Góngora: el peso pesado del conceptismo contra el peso pesado del culteranismo. Dicho de otro modo: paradojas y elipsis versus hipérbatos y ornamento en abundancia. Si tuviera que elegir bando, me quedaría con el de don Francisco. No despreciando algunas brillantes obras de Góngora, he de reconocer que el estilo ágil y agudo de Quevedo me resulta más agradable. Empero, esta batallita no se peleó solo con palabras.
Góngora tuvo dos ilustres enemigos literarios declarados: Lope de Vega y el ya nombrado Quevedo. Pero qué diferencia entre ambos. Por un lado, aunque Lope creía que la poesía debía ser de fácil comprensión para el lector y eso le llevaba a tomarle el pelo al retorcido poeta cordobés, también es cierto que admiraba a Góngora. "Canta, cisne andaluz, que el verde coro del Tajo escucha tu divino acento", llegó a escribir en referencia a su enemigo, a pesar de haber recibido de él piropos como este: "con tus versos cansas aun a Job". Por otro lado, la actitud de Quevedo era bien distinta. La lucha enconada no se limitó a darle palos con las letras (incluso denunciando sus orígenes de cristiano nuevo, le había dedicado esta perla: "Yo te untaré mis versos con tocino / porque no me los muerdas, Gongorilla"), sino que lo llevó a un terreno todavía más personal. Por ejemplo, con premeditada mala voluntad, Quevedo llegó a comprar la casa de Góngora en Madrid (a la muerte de Felipe III, el poeta cordobés se encontraba en graves dificultades por la caída de sus rentas y las enormes deudas de juego que había contraído) y don Luis, enfermo, se ve obligado a abandonarla. Y no se queda ahí la faena, sino que la compra de la casa fue comentada por el propio Quevedo con estos versos insultantes: "...Y págalo Quevedo / porque compró la casa en que vivías, / molde de hacer arpías; / y me ha certificado el pobre cojo / que de tu habitación quedó de modo / la casa y barrio todo, / hediendo a Polifemos estatíos, / coturnos tenebrosos y sombríos, / y con tufo tan vil de Soledades, / que para perfumarla / y desengongorarla / de vapores tan crasos, / quemó como pastillas Garcilasos: / pues era con tu vaho el aposento / sombra del sol y tósigo del viento". Pero no conforme con todo esto, todavía tuvo tiempo Quevedo de escribirle un epitafio, aunque Góngora aún no había muerto:
Este, que en negra tumba, rodeado / de luces yace muerto y condenado / vendió el alma y el cuerpo por dinero / y aún muerto es garitero... / La sotana traía / por sota, más que no por clerecía; / hombre en quien la limpieza fue tan poca / (no tocando a su cepa) / que nunca que yo sepa, / se le cayó la mierda de la boca. / Este a la jerigonza quitó el nombre, / pues después que escribió cíclopemente, / la llama jerigóngora la gente... / Fuese con Satanás culto y pelado: / ¡mirad si Satanás es desdichado!

Después de tales ensañamientos, uno se pregunta si merece la pena tener enemigos con los que comportarse como un auténtico canalla, capaz de las mezquindades más abyectas. Para sacar lo peor que hay en uno mismo y multiplicado, mejor dedicarse a otra cosa ...y que los enemigos se busquen la vida por su cuenta.
Cierto es que muchas veces no hay oportunidad de elegir a los enemigos (como sugiere Borges), sino que te vienen dados como por sorteo. Lo que sí se puede hacer es tunearlos. Y, después de un buen lavado de cara, la tarea de enfrentarlos resulta mucho menos dramática y de una facilidad asequible para el ánimo de los días corrientes.

Ejemplo de esto último puede ser la experiencia de Georges Remi, es decir, Hergé (que es como se leen las iniciales de su nombre en orden inverso: R. G.). Desde que leí algunas entrevistas al creador de Tintín y empecé a conocer más de su vida personal, me ha parecido que fue Hergé un espíritu atormentado por una larga historia de concurrencias... Los años adolescentes de boy-scout, la influencia del padre Norbert Wallez, la amistad de Tchang Tchong, la ocupación nazi de Bélgica, las sospechas de colaboracionismo, la lucha contra el espíritu de suficiencia burguesa y "belganista"... Tintín es el héroe que Hergé quizás deseó encarnar. Se inspira para dibujarlo en su hermano (menor que él y con quien apenas tuvo contacto) y lo pone en el mundo como un quijote enfrentado a molinos de viento. Sus enemigos son los enemigos de Hergé. Pero esta constante lucha en el barro, contra los mismos villanos en su horrible plenitud a lo largo de numerosas viñetas en un buen número de álbumes, se cobra su precio y termina por explotar en un momento determinado. Hergé atraviesa una verdadera crisis personal, llena de sueños blancos, como si fuera una nostalgia de la pureza. Comienza a dibujar Tintín en el Tíbet (blanquísimo de tanta nieve, a la vez que un canto a la amistad de su amigo Tchang) con muchos problemas. El mismo Hergé relata que tuvo que acudir al médico suizo Ricklin, discípulo de C. G. Jung, quien le aseguró que no le sería posible terminar su trabajo. "Usted debe exorcizar sus demonios, sus demonios blancos", le había dicho Ricklin. Y la forma que encontró Hergé para lograrlo fue comportarse como el boy-scout que había sido y llegar hasta el final de la crisis con mucho esfuerzo. Después de esto, se entrega a un álbum de tranquilidad, Las joyas de la Castafiore, para luego lanzarse a la liquidación definitiva de sus enemigos. En Vuelo 714 para Sidney, queda reflejada esta "toma de conciencia". En el curso del relato, los temibles villanos Rastapopoulos y Allan Thompson, quienes personificaron todos los males del universo de Hergé, quedan retratados como poco más que unos pobres diablos. De tan grotescos, dejaron de impresionar al autor. Los "malos" habían sido desmitificados. En definitiva, resultan ridículos, lastimosos, apabullados sin piedad. Y una vez desenmascarados, los "terribles" parecen algo más simpáticos: son unos piratas, pero unos pobres piratas.
Un necesario ajuste de cuentas para gozar de paz interior. La forma de sacudirse el barro de los zapatos después de un transitar tan penoso.

Enemigos. Ahí estarán: porque ellos decidieron serlo, porque no soy capaz de asumir cuán parecidos somos en realidad y los considero una amenaza... Por cualquiera de estos o de otros motivos, pero ahí están.
Ahora queda atreverme a fumar con ellos la pipa de la paz, como en ESTE VÍDEO de Paul McCartney.
O dejar claro que tendré como enemigo a quien decida tenerme como enemigo a mí (tal y como lo cantan The Waterboys).


Mira, mira: en plan "me estás buscando ...y me vas a encontrar" xD

jueves, 15 de septiembre de 2011

la otra invasión z

(área de descanso nº 147)


No sé ni cómo describir este horror repentino...
Los zombis ya están entre nosotros. Eso sí: no son agresivos, no atacan, no hacen ruido. Los puedes dejar en una silla sentados y te puedes olvidar de ellos el resto del día (es recíproco). Unas joyas.
La invasión comenzó poco a poco, desde los sujetos más tecnofanáticos (acuñemos nuevas palabras, que tiemble la Real Academia), pasando por los enterados, los que siempre están a la última, los esnobs (estos no se pierden ninguna oportunidad de ser infectados por lo que sea), hasta llegar a cualquier individuo fácil de ser captado por la plaga. Y ahí los tienes: desvanecidos en su propio mundo, ajenos a todo lo que sucede a su alrededor...

El viernes pasado fui testigo de un espectáculo que me hizo tomar conciencia de que el problema puede ser de altos vuelos. Nos encontrábamos unos amigos celebrando el cumpleaños de B. Pero, de repente, comprobamos que algunos de los presentes habían caído en un trance que los mantenía apartados del resto de las conversaciones, de las risas, del jolgorio. Incluso habían dejado de comer y de beber. Mantenían los ojos perdidos en una diminuta superficie brillante y los dedos golpeteando la delgada cajita que sostenían en sus manos. Allí mismo, aifones y blacberris en ristre, habían sucumbido al hechizo de la llamada zombi.
Así permanecieron por horas, con escasos intervalos en que retornaban a una lucidez pasajera (demasiado pasajera).
Afortunadamente, pude comprobar que esos arrebatos zombis no anulan todas sus capacidades:
Mantienen la facultad de farfullar alguna frase medio coherente mientras teclean. También son capaces de caminar (aunque sea arrastrando los pies y a ritmo muy lento) al tiempo que permanecen con la mirada y las manos ancladas en sus maquinitas. Pueden obedecer alguna muy sencilla orden, siempre que se emita de la forma más estructurada, clara y precisa que sea posible (y si es con un volumen de voz elevado, tanto mejor).

En fin... no sabemos si se encontrará una cura para la plaga. De momento, más personas van cayendo contagiadas por esta peculiar invasión Z. Pero quién sabe si un día, antes del hallazgo de ese remedio milagroso, no seré yo mismo a quien le toque vivir como un zombi más, desleído en un mundo de bits, un mundo obsesionado con las telecomunicaciones pero que ignora el valor de las pericomunicaciones...

Hubo un tiempo feliz en que yo tuve amigos. Hablaba y reía con ellos.
Quizás algún día vuelvan, como las oscuras golondrinas.

miércoles, 17 de agosto de 2011

canción con ventana

(área de descanso nº 143)

(cuatro viñetas de la versión en castellano de "Astérix y los Godos")
La primera vez que escuché eso de "canciones con ventana" fue (creo recordar) en el programa de radio La gramola, de la emisora M80. De esto hace ya bastante tiempo. Me gustó la expresión. Viene a sugerir que hay canciones que son como una ventana a nuestros recuerdos. Escuchamos las notas y eso nos transporta por arte de magia a la contemplación de un paisaje recurrente que está ya indisolublemente asociado a la melodía. Generalmente, son buenos recuerdos, experiencias que nos han marcado o momentos que llevamos en nuestro equipaje vital de forma permanente, aunque no sepamos el motivo.
Por casualidad, hace unos días volví a escuchar una canción que ya tenía olvidada, y descubrí que era de las que tienen ventanita incorporada para asomarse a otro lugar en otro tiempo. Es una canción del grupo Olé Olé (del momento en que Vicky Larraz dejó el grupo y la cosa fue derivando con los años a una especie de Marta Sánchez y sus mariachis), titulada Lili Marleen y que está basada en un antiguo poema de un soldado alemán. Al oírla, recordé los días en que la familia nos vinimos a vivir a Coruña, las varias mudanzas, las cajas llenas de cosas, la novedad de un destino lejos de mis amigos de toda la vida y de mis años adolescentes, la lluvia y el cielo gris, los nuevos olores de una humedad que todo lo impregnaba... en definitiva, etapa de cambios drásticos. Nada que ver con la letra de la canción, sino con lo vivido en los días en que esa canción estaba en el aire.

La canción en sí también tiene su propia historia, mucho antes de convertirse en la versión pop ochentera que acabo de mencionar. El soldado Hans Leip había escrito un texto para recordar a su novia, allá por los años de la Primera Guerra Mundial, como despedida después de ser enviado al frente ruso. Pero fue en 1937 cuando el compositor Norbert Schultze puso la música al poema de Leip, titulado Das Lied eines jungen Soldaten auf der Wacht ("La canción de un joven soldado de guardia"). Sin embargo, esta canción (que recibió otro título distinto al actual: Das Mädchen unter der Laterne, "La chica bajo la farola") no tuvo ningún éxito remarcable en los días inmediatos a su lanzamiento. Pasados los años y entrada la Segunda Guerra Mundial, las cosas cambiaron.
En la primavera de 1941, apenas conquistada Belgrado por los nazis, el Alto Mando alemán ordenó reparar las estructuras de la que había sido la radio yugoeslava y reforzar las instalaciones. Rápidamente, la estación de Radio Belgrado se hizo una de las más potentes de Europa y fue destinada exclusivamente a transmitir programas en lengua alemana, para los soldados del Tercer Reich en todas partes, desde el norte de África hasta Noruega, desde la Unión Soviética hasta los Pirineos. En Radio Belgrado, una tarde, alguien escogió distraídamente un disco (había sido llevado hasta allí por un oficial del Afrika Korps destinado a Belgrado, después de que la balada fuera adoptada, por el éxito que tuvo entre los soldados de Rommel, como canción de la compañía) pero que hasta entonces no había llamado la atención de nadie en la emisora. Era una de tantas canciones inspiradas en la guerra, pero no estaba seleccionada en el grupo de las escogidas por el programa destinado a elevar la moral de la tropa, transmitido todas las noches a la hora de mayor audiencia. Esta canción tenía, en efecto, poco de heroico y mucho (demasiado) de nostálgico. Su título ya era Lili Marleen y contaba la historia de una muchacha esperando bajo un farol ante un cuartel, y de la ilusión de un soldado de poder estar un rato con ella. La cantaba Lale Andersen, una cantante de voz débil, un poco ronca, más de cabaret que de canción de amor. El éxito de Lili Marleen fue inmediato. Avalanchas de cartas inundaron Radio Belgrado y todas las otras estaciones alemanas solicitando que transmitieran otra vez esta canción que había impresionado la fantasía de tantos jóvenes solos y lejos de casa. Pronto el fenómeno llamó la atención del Ministerio de Propaganda, y el mismo Goebbels quiso escuchar la canción. Su sentencia fue negativa: la canción solo podía influir desfavorablemente sobre la moral de los hombres y por eso debía ser eliminada del repertorio destinado a las tropas. No obstante, las protestas fueron tantas que no fue posible prescindir del disco. Radio Belgrado llegó al punto de transmitir Lili Marleen todas las noches a la misma hora (a las 21 horas 57 minutos, como cierre de su programación) y Lale Andersen, con voz que parecía venir del más allá, fue la cantante más famosa de Alemania: la chica con la que todas las noches un soldado alemán tenía una cita.
Pero Goebbels llegó a descubrir que la Andersen tenía rastros de sangre judía en sus venas y utilizó ese descubrimiento para hacer que, a través del prejuicio, sus admiradores le volvieran la espalda. Ella lo pagó demostrando cada vez más abiertamente sentimientos antinazis.
El éxito de Lili Marleen no fue solo un fenómeno entre los soldados alemanes. La potencia de la emisora de Radio Belgrado permitía que también los soldados aliados escucharan la canción y terminaran por adoptar la melodía al otro lado del frente. ¡Qué sorpresa para los soldados alemanes cuando escuchaban tararear la canción de Lale Andersen a los prisioneros aliados!

Ahora que veo la versión de Olé Olé, me parece que todo ha envejecido demasiado rápido. O que algunos hemos nacido en el Pleistoceno...

miércoles, 10 de agosto de 2011

cubo sobre cubo

(área de descanso nº 142)


El japonés Kunio Kato es el autor de una interesante y hermosa metáfora visual galardonada con el Oscar 2009 al mejor corto de animación. Segundo Oscar para la animación nipona, tras "El viaje de Chihiro" de Hayao Miyazaki, en 2002. Esta deliciosa obra de Kato, que competía con la favorita "Presto" de Pixar, resultó finalmente vencedora. Ya el año 2008 había supuesto para ella una generosa cosecha de premios en distintos festivales especializados, desde el Annecy International Animated Film Festival (el corto de Gobelins titulado Garuda y que mencioné hace unas semanas sirvió de promoción para esta edición en concreto) hasta el Hiroshima International Animation Festival, entre otros. Premios merecidos, sin duda.
"La maison en petits cubes" (título del corto en cuestión) es una emotiva historia sobre la memoria y la vida que no solo difiere de las obras del sensei Miyazaki en su extensión, sino también en el estilo, mucho más parecido a la animación de Europa oriental que al anime japonés. Este cortometraje, casi artesanal, a grafito, es como una poesía que resume sentimientos y valores fundamentales en imágenes de trazos que se desdibujan y nos cuentan historias universales y profundas acerca de cómo se vive y cómo se muere, porque el ser humano es algo muy curioso, en palabras del propio Kato.
En la metáfora que plantea el corto, un anciano vive rodeado por las aguas en un panorama de catástrofe provocada (posiblemente) por el calentamiento global. Pero como en toda metáfora, los elementos tienen múltiples lecturas y las que vamos descubriendo a medida que avanza el relato son más intensas que las iniciales. En la historia, el futuro es hoy, el desastre es hoy, pero igualmente la vida también es hoy.
Sin destripar más antes de ver el corto, solo decir que el título la casa de los cubos sugiere que la vida es un juego compuesto de distintas piezas, cada una de ellas rellenas de acontecimientos, de momentos con fecha de caducidad y que se van sucediendo en etapas. Cuando llega el momento del cambio (provocado por la simbólica subida del nivel de las aguas) se ocupa un nuevo cubo, dejando vacío el anterior y llevándose consigo al nuevo los avatares que nos sirvan para ese juego que continuará a lo largo de la vida.

Quizás la reflexión en el poema visual de Kato me ha parecido la forma más apropiada de celebrar mi tránsito a un nuevo año (como la simbólica inauguración de un nuevo cubo) en este día de aniversario.

viernes, 15 de julio de 2011

se acaba el cuarto, comienza el quinto

(área de descanso nº 138)
···············- ¡Oh, sorpresa, ha vuelto!
···············- No, no he vuelto todavía. Pero dejé los deberes hechos antes de irme (¡ventajas de las publicaciones automáticas!)
···············- Y entonces, ¿a qué se debe esta irrupción automática?
···············- Solo fíjate en la fecha y ahí encontrarás el motivo.

Garudā es un ave mítica, un enorme pájaro semidivino en el hinduismo. En el Mahābhārata se cuenta cómo los dioses se amedrentaron con el fulgor que desprendía todo su plumaje y lo reconocieron como uno de los suyos, llamándolo Fuego y Sol. También lo hicieron su mensajero (a la manera de un Hermes griego o un Mercurio romano), a la vez que es el vehículo alado de Vishnú.
Pero aún queda algo interesante. Más al oriente, Garudā aparece en versiones particulares del mito del ave Fénix, un pájaro que, consumido por el fuego, vuelve luego a resurgir de sus propias cenizas. Hermosa figura, hermosa metáfora. Y muy fecunda en significados y aplicaciones diversas... ¿Cómo no sentirse identificado en alguna ocasión con un ser que vuelve a rehacerse a sí mismo, que renace con más esplendor una vez superada la prueba de fuego?


Gobelins, l'école de l'image, es un centro de formación dedicado a las artes visuales y radicado en París, cerca del Barrio Latino. Su Departamento de Cine de Animación le ha granjeado merecida fama a nivel internacional. Para el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy de 2008 (precisamente, la misma edición que también citaré otro día a propósito de un vídeo que quisiera compartir), la escuela de imagen Gobelins elaboró el corto (¡y tan corto! solo dura 1'16'' ...y sin los créditos se queda en apenas unos 45'') que puede disfrutarse a continuación. Una joyita audiovisual en que, metafóricamente, se cuenta cómo un muchachito emprende la persecución de sus sueños. Me ha parecido una forma ideal de celebrar aniversario bloguero. Sí, hoy, 15 de julio, ya son 4 años viajando... Encontrando tantas razones para seguir como un ave Fénix que renace de sus cenizas. Y siguiendo con ilusión a toda aquella gente brillante de quien se puede aprender, por ejemplo, que existe una forma de contar las antiguas leyendas con tal elegancia, sencillez y belleza que resultan cautivadoras.

...por cierto, gracias Aurora, porque este corto lo vi por primera vez en tu blog ;D

viernes, 1 de julio de 2011

4'33''

(área de descanso nº 136)

En el año 1952, el influyente y vanguardista compositor estadounidense John Cage ideó una peculiar composición musical. Su título es 4'33'' (four minutes, thirty-three seconds) y se trata de una obra en tres movimientos que puede ser interpretada por cualquier instrumento o conjunto instrumental.
Quien lo desee, puede escuchar esta pieza en (por ejemplo) el siguiente vídeo, que además de la obra propiamente dicha contiene una presentación-introducción y una despedida-conclusión:


¿Una tomadura de pelo? Quizás sí, quizás no.
Si parece serlo en apariencia, creo que no lo es en su contenido más profundo.
En el supuesto silencio de esta obra se encuentra el regalo de una forma distinta de escuchar en medio de un mundo excesivamente intoxicado de ruido y frenesí... ¿Acaso durante esos poco más de 4 minutos y medio no se escucha nada? Si uno afina bien, puede oír una multitud de sonidos "residuales": ruidos del exterior, el ambiente más inmediato, la propia respiración y el ritmo cardíaco... incluso los propios pensamientos. Cada espectador escuchará algo distinto y será distinto (lleno de percepciones y sensaciones particulares) en otras ocasiones en que se vuelva a escuchar esta obra.

Cada vez cuesta más que se respete un minuto de silencio en algunos actos (por ejemplo, en estadios deportivos): o empieza inmediatamente el runrún del público o se acorta deliberadamente el tiempo y queda en un minuto simbólico, para evitar que a alguien le dé un síncope por la falta de ruido y sobredosis de sosiego y reflexión. Es, una vez más, la demostración del horror vacuii, bastante inexplicable (pero constatable en muchas personas) cuando ese vacío significa quedarse a solas con uno mismo.
Resulta sorprendente que incluso en este tipo de obras se evite ese total vacío. Un "Tacet" como única palabra en la partitura de 4'33'' o un ingrávido cuadrado blanco sobre un fondo blanco en la obra suprematista de Malevich de semejante título.


Es muy posible que le sobre ruido a nuestra existencia. La vida moderna tiene exceso de decibelios y nuestra salud (física y mental, demasiado interconectadas) se resiente con el abuso.
El verano está recién estrenado (en el hemisferio norte, claro) y suele ser una época bulliciosa. Como contrapartida, las vacaciones permiten jornadas más llenas de relax. Pienso que la recomendación de escuchar de vez en cuando este 4'33'' no vendría tan mal. Hoy estrenamos mes e inauguramos también el último semestre de un año que discurre veloz. Pero siempre tenemos la oportunidad de deleitarnos con el paso de nuestros 273 segundos de sosiego.

Bueno, y no hay que preocuparse de que la SGAE quiera cobrarnos por tararear la obra de Cage por la calle o en la ducha.
¡Qué alivio!

jueves, 2 de junio de 2011

conformistas por naturaleza

(área de descanso nº 133)


conformar
(Del lat. conformāre)
1. tr. Ajustar, concordar algo con otra cosa. U. t. c. intr. y c. prnl.
2. tr. Dar forma a algo.
3. tr. Econ. Dicho de un banco: Diligenciar un cheque garantizando su pago.
4. intr. Dicho de una persona: Convenir con otra, ser de su misma opinión y dictamen. U. m. c. prnl.
5. prnl. Reducirse, sujetarse voluntariamente a hacer o sufrir algo por lo cual se siente alguna repugnancia.
6. prnl. Darse por satisfecho.
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Vivimos creyéndonos nuestras propias ilusiones [1]. Bueno, no. No nuestras propias ilusiones, sino las de la manada, que tampoco tendrían por qué ser las nuestras. Lo serían en el hipotético caso de que pudiéramos elegir exclusivamente por nosotros mismos, de forma voluntaria y consciente partiendo de cero, lo cual no tiene sentido si consideramos que nacemos absolutamente dependientes y que nuestra naturaleza es indiscutiblemente social. Y aunque en principio no son nuestras por elección (sino por una imposición de la que no somos conscientes), nos hemos conformado a/con ellas con absoluta naturalidad, al punto de que nos resulta dificilísimo cuestionarlas.

La tendencia natural es la de creer que hemos elegido el camino por nosotros mismos, pero cada vez soy más pesimista realista al respecto: el grupo en el que comenzamos nuestra andadura, por el simple azar de la vida (así son las cosas: nadie elige cómo ni dónde nace, ni otras circunstancias de sus primeros años), es el que ha puesto en nosotros el guión básico de nuestra particular cosmovisión, que se irá completando con matices. Apenas matices. Elegiremos a partir de entonces pertenecer a aquellas manadas en que sintamos que nuestra estructura mental no deberá experimentar grandes cambios. De lo contrario, tendríamos que transformarla dolorosamente según otros patrones. Por eso, escucharemos lo que ya deseamos escuchar (que es lo que encaja en esa forma prediseñada), leeremos lo que ya deseamos leer (que es lo que encaja en esa forma prediseñada), etc etc... y, por el contrario, rechazaremos todo aquello que no encaje en esa forma prediseñada. Nuestras gafas para ver la vida tienen un color determinado y nuestras visiones estarán teñidas por ese color.

Una manada presionará siempre para que adoptemos sus colores propios y, por más que violente nuestras entrañas, si nos encontramos atrapados en esa manada, no nos quedará más solución que hacer de sus colores los nuestros. Por esto nos resulta tan difícil cambiar de manada (y de opinión): porque nos exponemos a la desagradable experiencia de ver removidos todos los moldes en que nuestra mente ya ha encontrado acomodo. Es más fácil seguir manteniendo una idea antigua, aunque no funcione (si nos demuestran lo errada que está, lucharemos contra esa demostración con uñas y dientes), antes que reemplazarla por una nueva que sea correcta pero contraria a nuestra cosmovisión. Más fácil ...y más necio.

Sin embargo, sucede en la vida (puede suceder) que un balonazo [2] en las gafas destroce las lentes de colores que llevamos delante de los ojos y quedemos así expuestos a una distinta visión de las cosas, sin la distorsión con que siempre las habíamos visto. Un fogonazo de objetividad. Esto solo puede suceder, empero, lejos de la presión de la manada, que siempre volverá con unas gafas nuevas a imponer su visión oficial del mundo y su particular enfoque. Una vez más, la subjetividad grupal poniendo freno a visiones más (nunca completamente) objetivas.
Esa anulación de la subjetividad personal por la subjetividad grupal fue demostrada en el experimento de Asch (un interesante vídeo acerca de este experimento puede encontrarse AQUÍ), al tiempo que el experimento de Milgram nos da las evidencias de hasta qué punto el individuo puede llegar a obedecer ciegamente a la autoridad de la manada. Evidencias que resultan muy difíciles de negar, aunque pocas veces asumimos que este es el telón de fondo de muchas de nuestras actitudes y creencias más arraigadas.

No quiero robarte más tiempo con palabras. Pero si tienes 10 minutos para dedicarlos al siguiente vídeo, te garantizo que será tiempo bien empleado. Las conclusiones de la parte final pueden animar a interesantes reflexiones que siempre son necesarias. Cualquier momento (y sobre todo los más convulsos) es tiempo de cuestionar con rigor el grupo al que pertenecemos y no asumir sus  directrices por más correctas que, en apariencia, se presenten ante nosotros.

vídeo con audio en inglés y subtítulos en castellano (por defecto)
si no se pueden ver los subtítulos, hay que activarlos en el botón "subtítulos"
(en la barra inferior del reproductor de vídeo, en la parte derecha)

[1] "ilusión" en el sentido más inmediato de la palabra, es decir: "concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos".
[2] aunque "balonazo" suena a un impacto que sucede en un momento determinado, puede tratarse también de una acumulación de momentos, un despertar motivado por experiencias sucesivas que nos hacen cuestionar las "verdades" de la manada.

miércoles, 20 de abril de 2011

siete fisuras de veintiuna palabras y una fractura sospechada

(área de descanso nº 126)


EN mi interior podría encontrar la felicidad, así me lo hicieron creer. Pero ¿de qué me sirve si tú no estás?

***

TU presencia se hace ausencia, tus manos cada vez más transparentes, tus labios inmateriales, el calor de tu cuerpo acaba extinguiéndose.

***

MIRADA de Casandra: contemplo en tus ojos la catástrofe que se avecina, aunque nunca seré capaz de creer su fatal predicción.

***

ESTOY confuso cuando dices "nos amamos", porque ignoro si me hablas en presente o si lo haces en pretérito perfecto simple.

***

LEYENDO la historia de las Edades Oscuras, he comprendido que sin tu luz ya solo me queda habitar un permanente Medievo.

***

UN pedestal fuiste construyendo bajo mis pies y al retirarlo ahora siento que me estás dejando caer en un abismo infinito.

***

ADIÓS es la palabra que me grita tu bandera blanca de rendición cuando la agitas como un pañuelo en una despedida.
.

domingo, 27 de marzo de 2011

largo adiós

(área de descanso nº 121)
"Navegamos en un mar amplio, siempre inciertos y fluctuantes, suspendidos de un extremo al otro.
Cada lugar en el cual pensamos echar el ancla y detenernos vacila y nos abandona, y si lo seguimos escapa a nuestra tentativa de posesión,
se escurre entre nuestras manos y se aleja huyendo eternamente.
Nada está quieto para nosotros. Es la condición natural y, todavía, la más contraria a nuestras tendencias.
Ardemos del deseo de encontrar un lugar estable y una última base segura para edificar una torre que se eleve al infinito,
pero nuestros fundamentos se agrietan y la tierra se abre bajo nuestros pies hasta los abismos más profundos".
(Blaise Pascal, "Pensées", nº 72)

A ti, que no sé si te acuerdas de que te quiero, pero al menos sí sé que lo intuyes.

Me abrazas, mi amor, pero en ti solo veo el rostro de una desconocida. Me llevas de la mano por plazas y calles llenas de extraños que sonríen (¿por qué sonríen?) y saludan desde lejos con un vaivén de sus palmas (¿por qué saludan?).
Edificios desolados, fotos veladas, estatuas derretidas.

Subo hasta el sótano, bajo las escaleras que me llevan al desván... abro cada puerta, para aparecer en lugares insospechados. Y tú no estás en ninguno de ellos. Vuelvo a hacer girar la ruleta. No sé quién cambia las cosas de sitio cada día, es alguien infatigable. Se esmera, no descansa.
Por fin, encuentro mi caja de herramientas y saco un martillo. Lleno de clavos la pared para colgar retratos, pero no sé quiénes son los retratados. Lo hago de todas formas, mi amor, porque sé que te gustan y los contemplas con cariño.
Salgo a comprar algo que has dejado encargado. Abro mi cartera y allí estás. Tantos años conmigo y aún no he quitado de ese apartado transparente la foto de la modelo (cuyo nombre ignoro) que venía en ella cuando me la regalaste, para que nunca te olvidara, mi amor. A fuerza de verla, ya me resulta incluso familiar. Cuántas imágenes distintas para una misma persona.
Me siento a la mesa. Un puzzle está a medio terminar. Faltan los rostros, una vez más. Cuerpos sin cara. Busco, mi amor, pero no encuentro las piezas que faltan. ¿Deberían estar aquí, con las demás, verdad? ¿Por qué no están, mi amor?

Me desespero... Ya no me acuerdo de que olvido. Ya no me reconozco cuando hablo conmigo mismo.
Ya no sé si prefiero estar perdido sin saberlo, abandonado a mi deriva, o encontrarme conscientemente náufrago en la inhóspita isla (cada vez más inhóspita) en que alguien vuelve a despertarme otra vez de mi sueño sin memoria. Isla sin ley, donde se me priva incluso de la capacidad de perdonar, puesto que no recuerdo las ofensas ni sé a quién tuve por enemigo.
El cuerpo y el espíritu se van disociando, mi amor, hasta que no queda ni lo uno ni lo otro.

Hablo con los vivos. Pero debo de estar confundido, porque cuando les llamo por su nombre son ellos mismos los que me dicen que a quienes nombro murieron tiempo atrás. Los presentes me dicen que hablo de ausentes. Pero son ellos mismos. Lo sé. Creo que lo sé.
Empiezo a comprender que se han confabulado para gastarme una broma pesada, mi amor. Pero soy paciente. En algún momento romperán ellos la coartada, se les escapará un guiño, se mirarán furtivamente, olvidarán algún detalle, se descubrirá su juego. Reirán ellos por el descuido y entonces reiré yo también, mi amor, por haberlos pillado finalmente. Y así obtendré mi triunfo. Reiremos todos y se acabará la pantomima.



"What is that?" (Τι είναι αυτό) de Constantin Pilavios, 2007

lunes, 7 de febrero de 2011

el país extranjero en que todos vivimos

(contemplando el paisaje)

Para mucha gente, la Ciencia es como un país extranjero. No entienden el idioma, no entienden la cultura... y necesitamos embajadores para explicar lo que hacemos, cómo influimos en la sociedad. Pero también al revés. No se trata de explicarle la Ciencia a la gente de manera dogmática y esperar que la entienda, sino que hay que entablar un diálogo para saber cuáles son las preocupaciones del público y qué es lo que no queda claro.
Marcus Du Sautoy (matemático, catedrático de Comprensión pública de la Ciencia, en la Universidad de Oxford, U.K.)
Fragmento de una entrevista de Eduard Punset, en Redes.

El programa-entrevista completo, AQUÍ.

Cuando nacemos, aprendemos poco a poco a hablar la lengua del país en que vivimos. Y lo hacemos aunque no sepamos ni leerla ni escribirla. Eso viene después, si hay oportunidad para el aprendizaje, y con interés y dedicación. Lo cierto es que, del mismo modo, desde los primeros años de vida vamos adquiriendo habilidades científicas, a pesar de ser analfabetos para expresarnos en el lenguaje de la ciencia: las matemáticas. Pero con interés y dedicación...

Nuestras habilidades científicas son muy variadas y se muestran, por ejemplo, en nuestra capacidad de apreciar la belleza natural e incluso de fabricarla artificialmente. También en nuestro dominio práctico de nociones de geometría y de aritmética, en nuestro método de razonamiento, en las deducciones a partir de hechos observables, en el modo en que aplicamos conceptos estadísticos para obtener conclusiones, en la forma de descubrir nuevas realidades... y todo ello hecho con una naturalidad asombrosa. Hay quienes dicen que no podrían vivir sin música. Están reconociendo que no pueden vivir sin la base científica que la sustenta, porque nuestro gusto por el ritmo y la melodía también pertenecen a este campo y son expresables matemáticamente.
Sucede, cuando hablamos de naciones, que se puede no ser un político profesional o parte del gobierno o de otras instituciones nacionales, pero (aun así) conocer suficientes cosas del propio país y su cultura. Igualmente, sin ser científicos profesionales, como meros diletantes en la materia, se puede llegar a aprender diversos entresijos de la ciencia, el propio lenguaje científico, multitud de aplicaciones directas de base científica... A fin de cuentas, no hay más que abrir los ojos a lo que nos rodea, al cosmos completo, para percibir que la oportunidad de aprendizaje es la misma que la que tendría un recién nacido, quien llegará a dominar suficientemente la lengua del lugar en el que habite los próximos años de su vida.

¡Vaya! No me gustan este tipo de reduccionismos en que todo lo que podemos experimentar queda relegado a un solo campo de lo conocido, pero tampoco puedo obviar que tantas y tantas cosas vividas a diario son expresables en lenguaje matemático: el lenguaje de la belleza y el lenguaje de lo preciso, un lenguaje universal. Puede ser fascinante contemplar lo cotidiano desde una nueva perspectiva, más completa. Nos están reservadas grandes dosis de asombro si nos damos a la tarea de escudriñar lo ordinario con lente científica, con total libertad. Un mundo nuevo, distinto, puede aparecer ante nosotros en el mismo lugar en que estaba el de toda la vida, ese país extranjero en el que siempre hemos vivido y cuya lengua y cultura no hemos dominado lo suficiente.

Y si un fragmento de una entrevista dio inicio a este post, será otro fragmento de otra entrevista (esta, de 1981) el que lo concluya. De forma magistral, Richard Feynman nos hace ver que esa típica división del conocimiento en "ciencias y letras" no deja de ser algo tan artificial y en tantas ocasiones absurdo, como ponerle puertas al mar.

Tengo un amigo artista con el que a veces no coincido en cierto punto de vista. Cuando sostiene una flor y me dice que la flor es algo bello, estoy de acuerdo. Sin embargo, me dice que él, como artista, puede apreciar su belleza, mientras que yo, como científico, probablemente no encuentro ningún atractivo en ello. Y pienso que, realmente, habla a lo loco. La belleza que él ve la podemos ver los demás, aunque tal vez no la describamos con tanta exquisitez y finura. Sin embargo, yo veo mucho más que él en una flor. Imagino las células vegetales y sus complejidades, que también entrañan belleza. No solo se trata de la belleza en la dimensión que capta la vista, sino que se puede ir mas allá, hacia la estructura interior.
Por ejemplo, el hecho de que los colores hayan evolucionado para atraer a los insectos significa que los insectos pueden apreciar el color. Y entonces se crea la pregunta: ¿El sentido de la estética también lo tienen las formas de vida menores de la naturaleza? ¿Por qué razón les resulta estético? Toda clase de interesantes cuestiones de la ciencia que no hacen sino sumarle misterio e interés a la impresión que deja una simple flor, no entiendo en qué manera podrían restárselo.