domingo, 20 de enero de 2008

un mesías de occidente en la guerra fría

(24ª parada)
"Procuraré con diligencia que, después de mi partida, podáis tener memoria de estas cosas en todo momento".
(2ª Epístola de San Pedro, cap. 1: 15)

Se le ha llamado “rey de los juegos” y “juego de reyes”. Términos como: defensa india de rey; gambito Evans; defensa Grünfeld; apertura inglesa, española; defensa francesa, Caro-Kann, nimzoindia, siciliana, Keres; gambito de dama declinado; variante Merano de la defensa semi-eslava, y un interminable etcétera son más o menos habituales en los comienzos de las recias batallas que tienen lugar en sesenta y cuatro escaques blancos y negros. Es ajedrez. Un juego complejo: se estima que con 64 casillas y un total de 32 piezas al inicio, el número de posibilidades que pueden lograrse (número de Shannon: 10^120) excede el número de átomos que se estima que existen en el universo (entre unos 4×10^78 a 6×10^79, por favor, que alguien me diga quién ha sido el 'sobrado' al que se le ha ocurrido contarlos).

Es un juego de guerra que se supone originario del valle del Indo, en el siglo VI de nuestra era. Entonces era chaturanga (o juego del ejército), para cuatro jugadores, pero rápidamente difundido por las rutas comerciales llegó a Persia, de ahí al imperio bizantino y se siguió extendiendo por toda Asia. Los árabes adoptaron este juego con gran entusiasmo, al punto que estudiaron y analizaron en profundidad sus mecanismos, escribieron numerosos tratados sobre ajedrez y desarrollaron el sistema de notación algebraica. El juego llegó a Europa entre los años 700 y 900, a través de la conquista musulmana de la península Ibérica.

Hay anécdotas curiosas de esta etapa. Por ejemplo, aquélla que nos cuenta cómo Ibn-Ammar (el amigo y consejero del rey-poeta taifa de Sevilla Almutamid), hombre muy inteligente y culto además de excelente rapsoda, fue enviado por su señor al campamento de Alfonso VI de Castilla, que había invadido el reino sevillano. Se presentó ante el castellano llevando un ajedrez con figuras de ébano y oro. Alfonso, gran aficionado a este juego, no pudo resistir el desafío del musulmán. Las condiciones de Ibn-Ammar fueron: se juega una partida y si gana Alfonso, suyo será el fantástico tablero con sus piezas; pero si el vencedor es el árabe, el rey cristiano deberá concederle una petición que le haga. Después de pensárselo un tiempo, Alfonso acepta y comienza la partida, que durará tres días. Al final, Ibn-Ammar da “jaque mate” (castellanizado de al-shah-mat, “el rey ha muerto”) y vence al sexto de los alfonsos. La petición fue: el castellano saldrá con sus tropas fuera de las fronteras de Almutamid y durante un año no podrá invadirlas. El rey Alfonso cumplió su palabra, dio la orden de retirada a sus tropas y durante un año no molestó a los sevillanos.

La expansión del ajedrez no conoce límites. En las excavaciones de una sepultura vikinga hallada en la costa sur de Bretaña se encontró un juego de ajedrez, y en la región francesa de los Vosgos se descubrieron unas piezas del siglo X, de origen escandinavo, que respondían al modelo árabe tradicional. Durante la Edad Media, fue en las penínsulas Ibérica e Itálica donde más se practicaba. Se jugaba de acuerdo con las normas árabes descritas en diversos tratados de los que fue traductor y adaptador el rey Alfonso X el Sabio. A partir de aquí, la progresión y evolución de este juego lo ha llevado hasta donde ya sabemos. Durante los siglos XVIII y XIX cuando el ajedrez, que había sido hasta entonces el juego predilecto de la nobleza y la aristocracia, pasó a los cafés y las universidades, su nivel mejoró de manera notable. Comenzaron a organizarse partidas y torneos con mayor frecuencia, y los jugadores más destacados crearon sus propias escuelas.

Y aquí tenemos esta compleja combinación de entretenimiento, arte y ciencia. Desde muy jovencito me enganchó este juego, por la facilidad de producir combinaciones de gran belleza con escasos medios. Recuerdo cuando empecé a practicar, que veía tableros y movimientos de fichas por todas partes y trataba de organizar en mi mente aquel baile interminable de figuras. Al final, la cosa cobraba sentido. También recuerdo, con ese pelín de nostalgia, que fue la primera cosa en que superé a mi padre (¡el inevitable relevo generacional!) y pasé de ser el sparring de nuestras partidas a sentirme eludido por alguien que quería evitarse otra derrota. Llegué a admirar las partidas de los grandes genios del ajedrez: partidas memorables de jugadores no menos memorables. Entre mis favoritos estaban Mikhail Tahl y el “campeón sin corona” David Ionovich Bronstein (alguna de sus partidas me ha erizado el pelo), pero qué decir de Kasparov, Alekhine o, sobre todo, de Bobby Fischer.

No suelo escribir en este blog movido por los últimos sucesos de actualidad, pero en este caso voy a hacer una excepción. Precisamente, a propósito de Fischer. Ayer me enteré de su fallecimiento. La historia personal de Robert James Fischer es de lo más complicada. Nacido en Chicago el 9 de marzo de 1943, fue de esos niños que han tenido que padecer una infancia difícil y de abandono, criado sin padre en un ambiente de grandes penurias económicas. Al fracasar el matrimonio Fischer, Bobby (de la mano de su madre y de su hermana) tuvo que trasladarse a los 2 años de edad a Brooklyn, New York. Allí, su hermana Joan le regaló un pequeño tablero con instrucciones para que se entretuviera y no diera la lata en casa. Tenía 6 años y así empezó su carrera ajedrecística: aprendiendo en solitario con su tablero y el manual de instrucciones. No es algo que se ajuste al estereotipo del típico jugador de ajedrez. A los 8 años jugó una partida importante y perdió. Se trataba de una sesión de simultáneas contra el maestro Max Pavey y fue derrotado en sólo 15 minutos. Pero, a partir de ahí, apasionado sin límites por el ajedrez, abandonó la escuela primaria y comenzó a deslumbrar al mundo del tablero. No había sido considerado un niño prodigio (a pesar de su desmedido cociente intelectual, entre 181 y 184, superior incluso al de Albert Einstein), sino que su genio despertó en la adolescencia. Y, aunque no se graduó en el instituto, su madre logró que John W. Collins, tutor de reputados ajedrecistas, le aceptara como alumno. Eso fue en 1956. En el 57, con 14 años, ya era campeón de Estados Unidos. En agosto de 1958 (con 15 años) llegó a ser el jugador más joven en lograr el título de Gran Maestro al ganar el Interzonal de Portoroz y clasificarse para el Torneo de Candidatos al título mundial. Decidió convertirse en jugador profesional, aunque, por aquel entonces, el ajedrez no daba para vivir. Pero a Fischer le daba igual.

Además de ser un jugador de talla excepcional, el ascenso de Fischer en el panorama ajedrecístico fascinó al mundo por otro motivo. Desde la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética había convertido al ajedrez en una bandera de su supremacía intelectual y moral sobre el capitalismo. Además de los escenarios habituales de la guerra fría, el deporte (la competición en general) era un espacio perfecto para establecer jerarquías entre dos modelos opuestos. Y en el ajedrez, la situación pintaba inmejorable para los soviéticos: su distancia era de años-luz frente al resto de países, en especial de los occidentales. El ajedrez era el auténtico opio del pueblo soviético, su religión particular.

En este ambiente y después de varios fracasos en el torneo de candidatos, Fischer denunció (a través de un polémico artículo publicado en Sports Illustrated) algo que muchos comentaban en privado pero que no se atrevían a hacer en público: las maniobras de los jugadores soviéticos, al amañar las partidas que disputaban entre ellos para perjudicar a los jugadores occidentales. La Federación Internacional (FIDE) cambió el sistema de competición de liga por el de eliminatoria y Fischer volvió a participar en el ciclo del Campeonato del Mundo. En 1972, con unos asombrosos resultados que comenzaron en el Interzonal de Palma de Mallorca dos años antes y asombrosas victorias ante el ruso Mark Taimanov (6-0), Bent Larsen (6-0) y Tigran Petrosian (6,5-2,5), consiguió enfrentarse al campeón Boris Spassky en el "match del siglo". El torneo se celebró (casi no llega a disputarse por las reivindicaciones económicas de Fischer) en Reykjavik, Islandia, en medio de la otra batalla: Era algo más que un simple enfrentamiento deportivo. Era el desafío del genio estadounidense al monopolio soviético. El momento álgido que vivía la guerra fría permitió que, una vez más, la política invadiera el mundo del deporte. Por eso, aquel enfrentamiento acaparó la atención mundial durante varias semanas. En medio de este clima paranoico, dos maneras de entender el mundo se enfrentaban en Reykjavik. A veces, la historia se escapa de los designios de sus protagonistas y aquél fue el caso. En una pequeña habitación, Fischer y Spassky libraron un duelo a escala de la gran partida por el dominio del mundo que mantenían los Estados Unidos y la URSS. El duelo ajedrecístico coronó campeón al americano. Tenía 29 años. El mérito de la victoria es que Fischer peleó en solitario. El talento individual de un genio (para casi todos los expertos el mejor jugador de la historia) y una asombrosa capacidad de trabajo habían podido con cuatro décadas de hegemonía de un imperio. Porque Fischer preparó la partida solo, sin ayudas, mientras que todo el mundo del ajedrez en la URSS (y lo que ello conllevaba) se volcó en ayuda de Spassky.

El triunfo sobre Spassky fue el comienzo del fin para Fischer y supuso la retirada prematura de este genio del ajedrez. Habiendo elevado en aquel verano de 1972 la figura del ajedrecista a una popularidad comparable a la de una estrella de cine o un grupo de rock, la carrera del mejor jugador de la historia transcurrirá cuesta abajo a partir de este instante. Sus excentricidades, manías y fobias habían crecido al ritmo de su juego y ya pesaban demasiado. Tras coronarse campeón del mundo, se borró del mapa: no quiso defender su corona ante la joven estrella rusa Anatoly Karpov y la FIDE le desposeyó del título por incomparecencia. Sólo reapareció con mucha polémica en Steti Stefan (Yugoslavia, en la actual Montenegro), después de 20 años, para volver a derrotar a Spassky. Fischer escupió contra la prohibición del gobierno estadounidense para que jugase en un país sometido a embargo por la guerra de los Balcanes y se ganó un lugar de honor en el listado de objetivos de la CIA y el FBI. Pasó por varios lugares: Alemania, Hungría, Hong Kong y Filipinas. Y de aquí a Japón. En 2005 fue detenido en el aeropuerto de Narita (Tokio, Japón), por usar un pasaporte no válido: los nipones habían cancelado repentinamente su visado. Pero finalmente, el gobierno islandés (país al que Fischer había pedido asilo político unos meses antes), en agradecimiento a lo que hizo por llevar el nombre de Islandia al mundo en 1972, le concedió la nacionalidad. Poco antes de morir, el hombre con un cociente intelectual superior al de Einstein pide cervezas en las panaderías y se queda dormido en cualquier librería de Reykjavik (la Huersfisgatif, por ejemplo). Y se arrastra por el Distrito 101, el Centro de la capital islandesa. Era un espectro ambulante que, al fin, tuvo que ser internado por sus recurrentes ataques de paranoia y delirios combinados con manía persecutoria. En Islandia falleció a los 64 años de una insuficiencia renal.

La trascendencia de Fischer en el ajedrez no admite discusión. Es el tipo de persona que marca un antes y un después. Como ajedrecista, se le considera un genio. A su manera, representó el espíritu de los 70’s: insolente, brillante, neurótico, individualista, ingobernable. Como si fuera el protagonista de El séptimo sello, sólo la muerte podría ganarle al ajedrez. Y, como en la película de Bergman, el reto estaba servido. Sin embargo, el peor rival de Bobby Fischer fue, precisamente, Bobby Fischer. En palabras de Boris Spassky, con quien finalmente mantuvo una relación amistosa:
"Por carácter, Fischer es espontáneo y orgulloso. Dice lo que piensa. Pero a este tipo de personas les resulta muy difícil vivir en una sociedad moderna, y me parece que Fischer se encuentra muy solo. Ésta es una de sus tragedias...".

sábado, 12 de enero de 2008

tres monos

(23ª parada)
"Quien sabe hacer lo bueno, y no lo hace, está en el peor de los errores".
(Epístola de Santiago, cap. 4: 17)

En una talla de madera del santuario-mausoleo de Toshogu, en Nikko (Japón), están representados Kikazaru, Mizaru e Iwazaru, los tres monos sabios o místicos, que se tapan con las manos respectivamente oídos, ojos y boca.
Como no conocía los detalles de la leyenda que protagonizan estos simios, me informé sobre el asunto y encontré lo siguiente: Por un lado, el significado de sus nombres está en el juego de palabras que se origina en japonés entre el sustantivo “saru” (mono), y el adverbio homófono que produce la negación de la raíz a la que se asocia enclítico. Es decir, que las palabras compuestas “kikazaru”, “mizaru” e “iwazaru” significan (respectivamente) “no oye”, “no ve”, “no habla”. Y el mono ha pasado a ser un símbolo de la negación en abstracto. Por ello, otra interpretación indica que, para llegar a ser sabio, es preciso negarse a escuchar maldades, negarse a ver maldades y negarse a decir maldades. La leyenda en sí cuenta que los tres monos eran los mensajeros enviados por los dioses para delatar las malas acciones de los humanos con un conjuro mágico, por el cual cada uno tenía dos virtudes y un defecto. Se representaban en este orden: Primero, Kikazaru (el mono sordo) era el encargado de utilizar el sentido de la vista para observar a todo aquél que realizaba malas acciones y transmitírselo al segundo, Mizaru (el mono ciego) mediante la voz. Mizaru no necesitaba su sentido de la vista, puesto que se encargaba de llevar los mensajes que le contaba Kikazaru hasta el tercer mono, Iwazaru (el mono mudo). Éste escuchaba los mensajes transmitidos por Mizaru para decidir la pena que los dioses impondrían al desafortunado y velar por su cumplimiento. Es decir (y esto se me acaba de ocurrir), que está bien negarse a escuchar-ver-decir maldades, pero a la vez no está mal ser un cochino chivato (¡en fin...!). Prosigo: Estas tres lindezas de mono son los guardianes simbólicos del mausoleo de Toshogu (como ya dije más arriba), encargados de que las habladurías de los visitantes de la tumba del Shogun Tokugawa Ieyasu no interrumpan el sueño del yacente fundador del shogunato Tokugawa. Parece ser que este personaje fue considerado un hombre sabio al que debían de gustarle bastante las pocas palabras y bien acertadas, puesto que predicaba que había que conocer de lo que se hablaba o simplemente mirar el paso del río (mucho sentido común, la verdad, pero que no siempre se aplica: tendré que estar más tiempo mirando el paso del río).

Sin embargo, existe otra explicación distinta que justifica el tallado de "kikazaru", "mizaru", e "iwazaru": también se decía que correspondía a la representación del miedo absoluto, dado que son las primeras reacciones del ser humano ante una situación de peligro. Esta otra interpretación, menos pomposa que la primera, me ha parecido incluso más interesante porque también se asemeja a la reacción de pánico que surge en nosotros cuando sentimos la pavorosa llamada del compromiso.

Comprometer a una persona es ponerla en la necesidad de intervenir en un asunto en el que corre algún tipo de riesgo, o en la tesitura de hacerle decir o hacer algo que puede no convenirle. Lo normal es que, cuando uno se comprometa, esté contrayendo una obligación ante alguien. En una palabra, se le coloca en una situación apurada (no es extraño que haya gente que acabe echando humo cuando asume un compromiso). Algunos sinónimos muy clarificadores pueden ser: arriesgarse, aventurarse, darse, empeñarse... Cuando nos comprometemos, corremos (entre otros) el riesgo de que se nos tome la palabra y, entonces, nos sintamos obligados a cumplirla. Aunque también los hay expertos en comprometerse sólo de boquilla. Es decir, quienes le sacan el máximo partido a esa inclinación tan humana de escurrir el bulto (¡curioso: escurrir, lo contrario de mojarse!). No hay que pasar por alto que “comprometer” deriva de “comprimir” (“apretar”), lo que puede suponer meter a alguien en un aprieto al lanzarle al mundo de las responsabilidades. Este término está tan cerca del concepto de “obligación”, que más de uno puede sentirse incómodo. Porque una obligación llega a ser una exigencia moral que rige o limita el libre albedrío. A mí (supongo que a cualquiera) se me ocurre pensar que eso de regir y limitar mis libertades no es algo que me caiga muy bien. Pero el concepto de “obligación” tiene también acepciones muy liberadoras, porque estar obligado a algo o a alguien también es corresponder al beneficio que hemos recibido de él o de ello. Es decir, vivir con agradecimiento. Y si “obligar” deriva de “ligar” (es decir, atar a alguien), sería interesante pensar que voluntariamente podamos atarnos a hacer lo que haya que hacer o decir lo que haya que decir. Es más libre vivir en solidaridad y responsabilidad que estar esclavizados por el egoísmo, la indolencia o la insensibilidad.

Si, a pesar de todo, somos alérgicos al compromiso, sólo puedo dar un consejo: tapar ojos, oídos y boca (como los monos de Toshogu) para evitar cualquier tentación que pudiera comprometernos.
Tapemos los ojos para no tener que ver lo que sucede a nuestro alrededor (“ojos que no ven, corazón que no siente”) o pongamos ante ellos las gafas del color que más nos satisfaga y que nos permita creer que todo es como nosotros queremos. Tapemos los ojos para evitar contemplar los buenos ejemplos que pudieran inspirarnos y motivarnos, para no tener que ver las acuciantes necesidades en que viven nuestros semejantes. Con ojos tapados, conseguiremos no mirarnos ni siquiera a nosotros mismos tal como somos realmente, tan entregados a nuestras propias entelequias.
Tapemos los oídos, hagámonos los sordos, subamos a tope el volumen del mp3 en nuestros auriculares para no tener que escuchar ni los buenos consejos, ni los lamentos de los demás (¡qué fastidiosos y agobiantes!), ni siquiera a nuestra propia conciencia que, en definitiva, podría ser un agente de autocuestionamiento que llegara a comprometernos.
Pero tapemos nuestra boca también. Que no hable contra la injusticia, que no proponga remedios que tuviéramos que llevar a cabo, que no diga las fatídicas palabras: “me presento voluntario” o “yo lo haré”. No hablemos ni con nosotros mismos (aunque llegue a parecer que estoy enfadado con mi yo, a fuerza de no dirigirle la palabra), porque corremos el riesgo de sucumbir a una argumentación que desemboque en las garras del compromiso.
Y si conseguimos hacer todo esto, habremos alcanzado, además, otra meta importante: tener las manos ocupadas tapando ojos, oídos y boca, y (por tanto) incapaces de ayudar, inútiles para prestar servicio a nadie. Misión cumplida: compromiso cero.

Pero si, por el contrario, pensáramos que el camino del compromiso es uno de los mejores que se pueden recorrer en la vida, entonces creo que ya es hora de que nos dejemos de monerías.

domingo, 6 de enero de 2008

"¡traed madera! ¡traed madera!"

(22ª parada)
"Para el Señor un día es como mil años y mil años como un día".
(2ª Epístola de San Pedro, cap. 3: 8)

Pues como Groucho Marx en Go West. Había que poner en marcha el blog este año y recuperar los ya 6 días de ventaja que me lleva 2008. Ya sé que esto no es lo mismo que arrancar unos altos hornos, así que no creo que haga falta tanta leña (¡...ni de lejos!). Pero es que me ha agarrado la pereza navideña y me la voy a sacudir con la hoguera que estoy montando. Es un pequeño fuego para calentarse las manos en esta primera parada del año ...y ni siquiera es mío: se lo tomo prestado a Quino, de su Mafalda volumen 9. En tres actos. Ahí va el primero:

Antes del segundo, y entrando el calor, me gustaría agradecer por los mensajes recibidos en el último post que dejé antes de las vacaciones. Bueno, me gustaría y lo hago: os doy las gracias por todo el cariño que va acumulando close2u. Lo cierto es que habéis convertido este blog en un lugar en el que me siento muy a gusto. Os lo debo por completo.

Y, para introducir el tercer y último acto, sólo añadir que sigo con mi propósito de ver la vida con ojos llenos de alegría y entusiasmo. Quiero seguir riéndome cada día. Ver lo bueno en los demás y dar todo lo bueno que pueda cultivar en mí. Afinar mi persona, como quien cuida sus herramientas para hacer un buen trabajo. No es difícil si se cuenta con buenos amigos. Ellos te inspiran para ser mejor persona, ¿verdad? :)

Pues éste es el mensaje para el nuevo año: 2008 espera que seamos mejores. Por mi parte, espero no defraudarle, porque en esto coincido con el bisiesto que recientemente hemos inaugurado. Y ahora, el horizonte de mi viaje se ve despejado. No porque no haya sombras desperdigadas que no dejen ver en algún momento o curvas demasiado cerradas que llegaran a inspirarme dudas, sino porque tengo ilusión por recorrer cada día del camino. Y reanudo la marcha, aun antes de que se extinga el último de los rescoldos. Hasta pronto.

sábado, 22 de diciembre de 2007

viajando hasta 2-mil-8

(21ª parada)
“¡Comprobad qué bueno y qué delicia es la convivencia entre las personas cuando están unidas y en armonía!”.
(Salmo 133: 1)

Me preparo para un viaje dentro de un viaje. Puede parecer complicado, pero en verdad es bien sencillo: mañana es mi particular “día-D” y, después de casi un año (¡cuánto tiempo!), me marcho para reunirme con mi familia, que en estos días casi es cita obligada. En mi coche, me cruzaré la piel de toro (por cierto, ya oficialmente invernal y bastante congelada) un par de veces: ida y vuelta. Este “viaje dentro de otro viaje” me va a tener en marcha más tiempo de lo habitual, de modo que la próxima vez que haga una parada en mi “viaje principal” será ya el próximo año... Aunque suena lejano, no es para tanto. Estoy hablando de un par de semanas, más o menos.

Lo que tengo seguro es que voy a echar de menos a mis amigos y amigas del blogomundillo. Sí, os echaré de menos. Muchísimo. Lo más normal es que esté totalmente desconectado en los próximos días, así que me perderé vuestros asuntos hasta que me actualice a la vuelta. Me da un poco de penita, pero así son las vacaciones.

Una cosa que tengo clara es que esta casita que es close2u es tan mía como vuestra o tan vuestra como mía. Un día, puse un cimiento para levantar el refugio que me cobijara en las paradas de mi viaje. Pero ese refugio no sólo se ha construido con mis pensamientos (que quisieron anidar aquí, como yo digo), sino también con vuestros comentarios, que han sido los ladrillos, vigas, tejas... que han permitido que el refugio no quedara convertido en una ruina. Me alegro de que haya sido así. Sin vosotros, este blog apenas sería un diario personal que nadie más que yo iba a leer ¡y ya sé cuánto tiempo me dura a mí un diario personal...! Hubiera sido un viaje sin paradas. Pero me he dado cuenta de que me gusta detenerme en éste, mi viaje particular, para reencontrarme con todos mis amigos en la cabañita donde transcurren momentos de agradable compañía. Sin vuestros comentarios ya no existiría close2u. Por eso, hoy, antes de hacer las maletas, quiero acordarme con todo el corazón y la mente de cada uno de vosotros, que habéis permitido que vuestros comentarios también anidaran al lado de mis pensamientos ...aunque sólo haya sido por una vez. Y como cualquier orden puede valer, os voy a recordar alfabéticamente:

akhali (blog)
Tu único comentario ha sido mejor que el silencio. Gracias por colocar tu “ladrillito” que sirve para que este lugar sea más acogedor.

amparo (blog)
Me decías últimamente que te estabas enganchando a nuestra compañía... pues es todo un honor contar con la tuya. Ésta es tu casa.
Casi no encuentro tu blog, porque tu perfil no está disponible... pero gracias a que esto es una familia y todos los caminos llevan a Roma ...o a Amparo ;)

ana (blog)
¿Qué puedo decirte? En los últimos meses te he conocido mejor que en los otros treinta y tantos años. Sólo me pregunto: ¿cómo no me había dado cuenta de que eres tan-tan especial?
Nos vemos en un par de días. Besos.

aurora (blog)
¡Vecina de city! ¡Me encantan tus pinitos! Gracias por tus visitas, pero ¡ay, si se pudieran dejar comentarios gráficos...! Sería una gozada ;)
¿Navidades dibujando letras? Ya nos mostrarás...

avellaneda (blog)
Esta vez nos desquitamos del puente siendo (posiblemente) los primeros en pirarnos ;)
Mmmm... a ver si consigo ponerte en pie con la mano al pesho (jajaja):
Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
Va por ti, que me tienes flipado con tus poemas. Besos.

batanero (blog)
Espero que recuperes el sueño y pierdas el catarro (es un buen intercambio de “mercancías” ¿no?).
Gracias por tus comentarios, compañero del sur. Un fuerte abrazo.

carmen (blog)
Lorca escribió aquello de “Córdoba, lejana y sola”. Lejana, sí. Pero ¿sola? ¡¡Si te tiene a ti!!
Siempre compartiremos la Luna, ¿ok? Un besazo, lunática ;) ¡...y otro para Jane!
(me encanta cómo escribes, no puedo evitarlo)

celebrador (¡ya no encuentro tu blog!)
Un comentario tuyo me sirvió para acercarme a tu blog y quedé impresionado. Un blog de blogs... Vamos, para escuchar otros blogs ¡Excelente!
...pero no sé qué pasa que ya no lo encuentro :(
(¿dónde está?)

el instigador (blog)
Mushasho, lo tuyo es tremendo... Usté, sí, sí, usté: ¿nos puede decir cómo hace para escribir tan bien y tan ameno? Tus entradas siempre me parecen cortas ¡...es que me las devoro y siempre repito! ...Y la última: súper-conmovedora. Gracias.
Un abrazo de esos de palmada repiqueteada en la espalda jajaj
(oye, con nuestros votos no sé si te alcanza para el viaje a New York, pero el taxi hasta el aeropuerto no te lo quita nadie)

fesnan (blog)
Mano, a ti también te veré estos días ...aunque de pasada, como la visita del médico.
¿Escribirás algún post antes de que Alonso sea tricampeón? ;)
Hasta pronto

mademoiselle P (blog)
Te lo dije y te lo vuelvo a decir: admiro profundamente tu sensibilidad tan especial para contar las cosas (¡qué envidia me das! jaja)
Gracias por tus comentarios. Para mí, como abrir la ventana por las mañanas ;)

maría manuela (blog)
¿Y tú te haces llamar desalmada? jaja Almas bellas como ésta no se conocen a menudo.
Pero, bueno, no voy a ser yo quien te lleve la contraria ;)
Gracias por encontrarme en una parada y recorrer el camino hasta el origen para presenciar mi salida y dejarme tus comentarios. Un besazo.

mas de mí que de... lirio (blog)
Tus comentarios siempre son de una amabilidad exquisita. Eres una caricia ;)
Gracias y besos.

montt (blog)
¿Cómo es posible que una de las personas más famosas de Chile me haya dejado un comentario? Ni idea... pero ¡qué ilu!
Sólo decirte que me encantan tus viñetas. Es casi una cita cotidiana ;)

morgana (blog)
Tengo un comentario tuyo que (tirando del hilo) me llevó a un hermoso blog. Tus poderosos escritos en defensa de la fauna me cautivaron. ¡Fantástico!
Besos.

nerea (blog)
¡Mañica! Pero mira que me lo paso bien leyendo tus cosicas... Ha sido todo un gusto que ‘un zaragozano en la diáspora’ y ‘una zaragozana al pie del cañón’ hayan coincidido entre estas letras virtuales ;)
Que sepas que no puedo ver al erizo de los seguros sin pensar en ti jajaja
Muchos besos.
(por cierto: ¿a quién le debo mi primer meme? jaja)

pedro ojeda escudero (blog)
A Nerea le debo mi primer meme, pero creo que el que lanzó ese meme entre los blogueros fuiste tú. Me gustó la experiencia.
Un abrazo.

pilar (blog)
Me gusta cuando apareces en forma de comentario, aunque normalmente prefieras estar callada. Bueno, callada para comentar, quiero decir, porque en tu blog eres como una hormiguita que cada día almacena su post. Me encanta ;)
Gracias por estar aquí. Besos.

sib (blog)
No imaginas cuánto te admiro. Ese espíritu luchador lo quisiera yo para mí :)
Me gustaría ser siempre aliento para que no te falte en las batallas de cada día. Al menos, me inspiras a serlo.
Gracias por tus visitas (comentadas o no).
Mil besos y muchos abrazos para Álvaro (dile que me acuerdo mucho de él y que me alegró cantidad ver su última foto en el gimnasio).

soloyo (blog)
Si todavía no se ha patentado la “máquina” que transforma los malos rollos en energía positiva y funciona prácticamente las 24 horas del día, me voy a adelantar al resto del mundo ;)
Te comenté un día que eres como un faro que emite la luz curva con forma de sonrisa que no se acaba. Bueno, pues como decía un insectillo en la peli “Bichos”: no puedo dejar de mirar la luz, ¡es tan bonita...!
El día que tenga que devolverte toda la vida que me has dado (palabras, comentarios, entradas, fotos, risas...), ese día tengo que pedir un crédito que alucinas jajaja
Te quiero un montonazo. Besotes a discreción ;)

susana (blog)
¿Tanta creatividad concentrada en una sola persona? Increíble, pero cierto. Me gusta que lo compartas conmigo y aprecio mucho tus comentarios ;)
Un beso enorme.

tamara RL (blog)
Después de tu comentario visité tu blog y me pareció estupendo... ¡Qué bien escribes, chica! ¡Qué historias tan bien trenzadas!
Además, puede ser que compartamos algo: una profunda admiración por Edward Hopper ...n’est-ce pas? ;)
Besos.

tormenta (blog)
¡Que alegría me dan siempre tus comentarios! La misma que tengo cada vez que veo un nuevo post tuyo y no puedo contenerme para dejarte alguna cosilla. Eres genial :)
Espero que lo estés pasando bien con tu familia, ya me contarás.
Hacia allí va un súper-besazo que te envío con todo mi cariño por ti, amiga ;)

xiketä (blog)
El aire fresco que traes desde tan cerquita del campo siempre es bien acogido por los que seguimos encerrados en la urbe. Me alegra que desde que pusiste tu primer ladrillito en close2u te has convertido en ‘constructora habitual’. Muchas gracias por tu dedicación ;)
Seguiremos comprometidos con el arte, ¿a que sí?
Besos.

Os quiero un montón, a cada una de vosotras, a cada uno de vosotros.
Espero que paséis unos días memorables (¡...y espero que me lo contéis!)

Lo dicho: ¡Hasta pronto!

domingo, 16 de diciembre de 2007

días de vida y risas

(20ª parada)
“Un corazón alegre es la mejor medicina, mientras que el espíritu triste reseca los huesos”.

(Libro de los Proverbios, cap. 17: 22)

He cambiado algunas letras del título de aquella película de Blake Edwards de 1962, para hablar también de otra adicción. Mi última adicción...

Llevo casi un par de semanas entregado a la risa: me ha dado por reírme de todo y por todo. Reconozco que en público me contengo un poco para evitar que nadie piense que le estoy faltando al respeto o cachondeándome en sus barbas sin motivo. Yo, motivo sí que tengo: he decidido que quiero ser feliz, independientemente de las circunstancias y necesito de la energía que me da la risa. Así empezó todo. Me dije: chaval, elige: feliz o amargado, tú no tienes más opciones... Y sólo con desearlo y reírme cada día ya me siento mejor. Los problemas siguen ahí, pero como no se van a arreglar manteniendo un tenso aspecto de seriedad, prefiero lanzar al aire mi grito risueño y dar trabajo a todos esos músculos de la cara, del pecho y del abdomen que tanto me están haciendo gozar estos días... Empiezo a reírme de mí mismo y ya no puedo parar. Vayan bien o mal los asuntos de cada día, los lleno de risas para dejar constancia de que sigo vivo y quiero seguir vivo. Y de que no me voy a dejar vencer sin lucha. Una lucha en la que mi mejor arma será mi risa. Son mis días de vida y risas.

Así que he guardado en el desván el saco del pesimismo (que de nada bueno me ha servido hasta ahora) y, ligero de carga, sigo viaje. A mi lento ritmo tortuguil (eso sí), pero muerto de la risa (no, aquí hay una errata... quiero decir: vivo de la risa). Y, entre risas, dejo estos pensamientos de un librito que me regaló una amiga esta semana y que le agradezco de todo corazón:

felicidad
Hay felicidad cuando cada momento se usa de un modo valioso.
La felicidad es un sustento tan poderoso que puede volver fuerte a una persona débil.
Hace fáciles las cosas difíciles y ligeras las pesadas.
Mantenerse feliz y compartir la felicidad con los demás es un gran acto de caridad.
Pase lo que pase, no debo dejar de ser feliz.

optimismo
A medida que crece nuestra fuerza interior, abandonamos el hábito de preocuparnos. Para nada sirve, como no sea para llenarnos de tensión y hacernos sentir desdichados.
Cuando dejo de inquietarme por cosas que están más allá de mi control, y en cambio me concentro en crear pensamientos optimistas y bondadosos, mi vida se encauza en direcciones mucho más positivas.
Al encarar la vida con espíritu liviano y optimista puedo afrontar con calma todo lo que ella me
depare.

Si mantengo mi mente en calma, logro ver el significado profundo de cada situación.
Por muy malo que parezca ser un problema a primera vista, si soy positivo acabaré por ver cómo todo se ha resuelto de la mejor manera.

entusiasmo
Sin entusiasmo la vida se vuelve una experiencia monótona e insípida.
Cualquiera puede sentir entusiasmo por unos momentos, pero conservar un entusiasmo permanente a lo largo de la vida es todo un arte.
No obstante, el secreto es extremadamente simple: vivir en un estado de admiración; admirar las cualidades especiales de cada uno; admirar la maravilla de la naturaleza y dar gracias al ciclo de la vida y a la contribución que cada uno hace a él.
El entusiasmo es contagioso, en especial cuando está basado en la admiración y el amor por la vida.

extraído de Libro de las Virtudes, de Dadi Janki (Brahma Kumaris WSU)

Muchas gracias a tod@s l@s que me habéis inspirado para reírme. Os devuelvo el aliento en forma de risas. Vosotr@s sabéis quiénes sois ;)

post scríptum
Prometo que hoy tenía la intención de escribir sobre Maslow, pero es que me ha dado la risa y ya se ve lo que pasa... Otro día será lo de Maslow. No me olvido ;)
De momento, a reírse.

domingo, 9 de diciembre de 2007

bajar la media

(19ª parada)“En descanso y en reposo encontraréis libertad; en quietud y en confianza tendréis vuestra fortaleza”.
(Libro del profeta Isaías, cap. 30: 15)Por el título, que nadie se espere que vaya a hablar de una sesión de striptease. No van por ahí los tiros. Me refiero más bien a lo que sucede cuando levantas el pie del acelerador y reduces tu “velocidad de crucero”. Así se consigue bajar la (velocidad) media. Bueno, no parece ser éste un efecto deseado, excepto para la DGT, que lleva intentando que bajemos la media en las carreteras desde hace unos años. Siempre se ha fardado de llegar el primero a los sitios (“¿Coruña-Madrid en seis horas? Bah! Yo me lo hago en cinco...”), en los concursos se premia al que contesta más rápido (están por inventar el concurso definitivo: “El que piensa... ¡¡pierde!!”), se habla de niños-prodigio y JASP (valorando precisamente sus logros en el tiempo más breve: en los años mozos), queremos todo mucho más rápido y que nada nos haga perder ni un segundo de tiempo... el horno: microondas, la conexión de internet: ADSL de tropecientas megas, la cola de la caja: aún más rápida si se puede (habrá que pedir cita previa), los viajes: teletransporte instantáneo (el avión va demasiado lento)... Todo a la velocidad del rayo, todo con fecha de caducidad. En un mundo tan acelerado, una tortuga no es el animal más ‘popular’. Su velocidad exasperante no tiene cabida en estos tiempos, aunque (al final) acabe ganándoles carreras a las liebres... eso sí, no creo que la guardia civil de tráfico le quite muchos puntos. Y a pesar de todo, me siento identificado con el animalillo acorazado de la cara tristona (ya me gustaría que no tuviera una cara tan antipática, pero hay que aprender a aceptar a todo el mundo con sus virtudes y defectos): soy también amigo de la pausa, la calma, la tranquilidad. Jamás trabajaría en las urgencias de un hospital, porque (aparte de que me da bastante grima) se me morirían los pacientes por mi trato parsimonioso. La lentitud no es oportuna para todo en la vida. Pero sí es muy necesaria en general, aunque a estas alturas no queramos creerlo. Muchas veces hay que elegir entre parar-y-descansar o continuar-y-reventar. Aun sin llegar a estos extremos, es recomendable practicar la calma y la reflexión en la inmensa mayoría de los casos.

Recuerdo un detalle curioso de Alejandro de La Sota. El arquitecto pontevedrés solía dibujar los croquis iniciales de los proyectos que tenía en mente con la mano izquierda. Lo curioso es que Sota era diestro. Cuando le preguntaban que por qué hacía tal cosa, respondía que era lo mejor para dejar trabajar a la mente sin que la mano estorbara. Él decía que la cabeza y la mano iban a velocidades diferentes, más lenta la cabeza (que tiene que ir detallando lo que todavía no existe) que la mano (que va toda suelta a su aire), así que no había que permitir que la mano dirigiera a la cabeza, e “hiciera trampas”, sino que tenía que ser al revés: la cabeza siempre por delante. Por eso, la solución que él practicaba para ralentizar el ritmo de la mano era usar a la más lenta, la más torpe para él, la zurda. Es la única forma que conocía de domar su iniciativa. En fin, de “bajarle la media”.

Otro arquitecto que practicó la pausa en su vida fue el florentino Filippo Brunelleschi. Su obra más célebre es la cúpula del Duomo Santa María dei Fiori, en su ciudad natal. Sin entrar ahora en detalles técnicos que hacen a esta obra tan excepcional y cómo Brunelleschi sentó con ella las bases de una nueva forma de hacer arquitectura, diré que el joven Filippo ya había pinchado en hueso como escultor en el concurso para la realización de la puerta norte del baptisterio de Florencia, en 1401 (andaba por los 24 añitos). Participando con su obra “El sacrificio de Isaac”, quedó segundo por detrás de Ghiberti. Se sintió tan decepcionado que decidió dedicarse casi en exclusiva a la arquitectura (¡toma ya!). En este campo su formación lenta pero constante fue tan extraordinaria que sus conocimientos en múltiples campos vinculados a la práctica arquitectónica (diseño y cálculo de estructuras, leyes de la perspectiva, geometría y matemáticas en general) llegaron a estar a un nivel muy por encima del de sus contemporáneos. En el concurso de 1419 para diseñar la nueva cúpula de la catedral, otra vez quedan frente a frente Lorenzo Ghiberti (la fama por su trabajo en las “Puertas del Paraíso” del baptisterio era su mejor tarjeta de visita) y Filippo Brunelleschi, que cual tortuga ha caminado a paso lento pero ya ha superado a la liebre Ghiberti. Brunelleschi construyó (con la ayuda de Donatello y Nanni di Banco) un modelo para el concurso, con la precaución de dejarlo incompleto para guardar el secreto de su construcción. Su victoria fue muy ajustada, puesto que la solución que planteaba era demasiado innovadora como para ser comprendida y generó mucha polémica e incluso mofas a la hora de asumir el peso de la obra (en concreto, por parte de las corporaciones de la lana, que fueron las encargadas de subvencionar la construcción de la cúpula). Por ello, se encargó a los dos arquitectos que realizaran el proyecto. Ghiberti insistía en la imposibilidad de llevar a cabo los planos de Brunelleschi, por lo que no hubo acuerdo entre ambos. Brunelleschi simuló encontrarse enfermo y marchó a Roma, para dejar en manos de Ghiberti todo el proyecto. Y en este momento, Ghiberti se dio cuenta de su total incapacidad para resolver la situación. Finalmente, en 1423, Brunelleschi volvió para asumir la responsabilidad de la construcción de la cúpula de la catedral. La obra terminó en 1436, sin contar el trabajo de la gran linterna, que se prolongó hasta 1446 (meses antes del óbito del arquitecto). Por aquellos años, había dejado escrito que en su juventud jamás se habría sentido capaz de un proyecto de tal magnitud, que necesitaba tiempo para desarrollarse y estar bien preparado si quería abordar semejante tipo de tareas. En definitiva, que las grandes obras no surgen de repente, que necesitan muchos y continuos momentos de reflexión, de prueba, de maduración. De bajar la media de las cosas de la vida, de reducir el ‘nivel de ruido’ del entorno, para que la mente encuentre su lugar de desarrollo más favorable.

Ha estado bien este The Constitution Mega-Great-Bridge como oportunidad para bajar la media. Para pensar, reflexionar, seguir caminando y también parar. Pero ahora ya es momento para que raindrop se entregue plenamente al consumismo... ¡Y no lo digo porque se acerquen las fechas navideñas! Lo digo porque, tras la pausa, raindrop seguirá con-su-mismo caminar, con-su-mismo viaje y también (¿por qué no?) con-su-mismo ritmo de tortuga...

domingo, 2 de diciembre de 2007

el poder de las palabras

(18ª parada)
“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”.

(Libro del Génesis, cap.1: 3)

Con 11 añitos, en 6º de E.G.B., aprendí que las abejas se comunican bailando. Al parecer, fue un zoólogo austriaco y profesor de biología de la Universidad de Munich, llamado Karl von Frisch, quien dedicó varias décadas al estudio de esta curiosa forma de comunicación. Al final (de paso), premio Nobel al canto por el conjunto de sus estudios sobre la conducta animal. Me divertía pensar que las colmenas eran en realidad discotecas donde las abejillas ligaban a su manera después de la jornada de trabajo recolector. Nada muy diferente a lo que hacen los humanos... pero lo cierto es que tanto bamboleo sólo les sirve para seguir currando, que la única que liga en la colmena es la reina aunque no baile (entonces... ¿y lo de “dancing queen”?). En los documentales de naturaleza que se veían por entonces (Félix Rodríguez de la Fuente, magnífico producto nacional... ríete del National Geographic) seguí aprendiendo de los códigos animales para decir: “¡Eh, nena! ¡estás que te sales!”, “¡Cuidado que viene el lobo maloso!”, “¿Para comer? ¡pues ponte a la cola como el resto de mataos!”, “¡Tú, no te pases ni un pelo conmigo...!” y otras frases tan útiles como éstas. Se chocan cornamentas, se lanzan gruñidos, se despliegan plumajes, se levantan colitas, se segregan productos químicos, se cruzan miradas, se cambia de color, de tamaño,... Todo un extenso repertorio que hemos llegado a comprender.

Un aventajado como Aristóteles ya había definido, en el siglo IV a.C., al ser humano como animal político. Así, en su obra (¡cómo no!) 'Política' dejó escrito:

Es evidente que la ciudad es una realidad natural y que el hombre es, por naturaleza, un ser que vive en polis. Aquel que está sin ciudad es, por naturaleza y no por azar, o bien un ser degradado, o bien un ser superior al hombre; es como aquel a quien Homero echa en cara no tener “ni clan, ni ley, ni hogar” (...)
Así, pues, es patente la razón por la que el hombre es un animal político más que todos los otros, abejas o animales gregarios. Porque, como ya hemos dicho, la naturaleza no hace nada en vano, y sólo, de entre los animales, es el hombre el que habla. Sin duda que la voz (phoné) es señal de dolor y de placer (...) Pero la palabra (logos) es para mostrar lo útil y lo dañino, así como lo justo y lo injusto. Esto es, pues, lo propio del hombre en relación con los otros animales; sólo él capta el bien y el mal, lo justo y lo injusto, y otras cosas parecidas. Porque es la participación comunitaria de todo esto lo que hace la familia y la ciudad.


En resumen, Aristóteles define al hombre como “animal dotado de logos” y esta expresión se puede traducir como “animal dotado de palabra” o “animal dotado de razón”. La inteligencia de los seres humanos (de la mayoría, supongo) nos diferencia del resto de animales por la capacidad de formular juicios: con las palabras no nos limitamos a crear términos para designar los objetos, otros aspectos de la realidad o incluso conceptos abstractos, sino que estructuramos juicios expresados mediante proposiciones. Puede parecernos tan normal que obviemos su importancia, pero en esto radica el poder de las palabras. Que el hombre (como especie) sea racional (puntualizando: el que lo sea) es un hecho que se fundamenta en el lenguaje tan perfeccionado que posee. No nos limitamos a chocar los cuernos, desplegar las plumas, cambiar de color o levantar la cola, aunque también hagamos este tipo de cosas. Nuestra concepción de la realidad nos lleva mucho más lejos y el vehículo para llegar tan lejos son las palabras. Con ellas construimos y destruimos mundos con todo lo que contienen. Con ellas soñamos y pensamos. Con las palabras podemos comunicar prácticamente todo; al menos, lo intentamos (...y vaya si lo intentamos: ¿cuánto tiempo y dinero se emplea cada día en esa compulsiva necesidad de comunicarnos?). Por todo esto, no es de extrañar que haya personas que intenten tapar las bocas de otras, silenciar sus palabras, sus opiniones. Es algo repugnante, pero es la única forma que algunos conocen para tratar de desposeer de un poder connatural a los que son sus iguales. De dictadores ha estado (y sigue) el mundo lleno, y no sólo en el ámbito de los gobiernos mundiales. Ellos siempre han sabido que la pluma es más poderosa que la espada.

Y con estas herramientas de tanto poder a nuestra disposición, debemos plantearnos seriamente ¿qué uso les vamos a dar? ¿serán materiales de construcción? ¿serán armas de destrucción?
Hace poco, leí esta breve historia escrita por Dale Carnegie (prestigioso empresario estadounidense del siglo pasado y autor de libros de auto-ayuda), que me sirve de ilustración:

Un rey soñó que había perdido todos los dientes.
Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.
- ¡Qué desgracia, mi señor! -exclamó el sabio-. Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad.
- ¡Qué insolencia! -gritó el rey enfurecido-. ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.
Más tarde pidió que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado.
Éste, después de escuchar al rey con atención, le dijo:
- ¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.
Se iluminó el semblante del rey con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro.
Cuando el sabio salía de palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:
- ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.
- Recuerda bien, amigo mío -respondió el segundo sabio-, que todo depende de la forma en que te expreses.


Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse.
De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma en que se comunica provoca en algunos casos grandes problemas; puede cambiar el ánimo y la disposición de quienes te escuchan.
La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.
El hombre ha recibido el don de la palabra y cuando la emplea adecuadamente transmite mensajes que nos ayudan a ser mejores.


Es interesante tener siempre presente que las palabras que cultivamos nos puedan hacer mejores o peores, o que podamos beneficiar o perjudicar a otros con ellas. Así parece ser. Está en nuestra mente, la que nos pertenece y a la que pertenecemos. Es lo que somos. Las palabras y los pensamientos siempre se dan la vida mutuamente hasta el punto que cuesta saber qué fue primero (nuestra consciencia, el “uso de razón”, comienza cuando se domina el lenguaje, la palabra, el logos ...¡y viceversa!). Y, a pesar de todo, las cosas no son siempre tan meridianamente claras, ni las intenciones tan transparentes. La “diplomacia” puede llegar a pervertirse y dar paso a otros engendros, sobre todo cuando se la desposee de la verdad. El peor de ellos, la más siniestra forma de utilizar el poder de las palabras (en mi opinión), es la manipulación. Pero esto lo dejaré para otro día...

De momento, me quedo con lo realmente importante. Y es lo siguiente: que nadie pueda nunca silenciar nuestras palabras.