Ya han pasado más de 3 décadas desde que Quino dibujó la tira cómica que reproduzco aquí arriba (de esta tira cómica, la última viñeta la he añadido para completar la composición y actualizar el mensaje, claro está). Sin embargo, sigue resultando muy actual. Los años pasan pero parece que poco cambia nuestra visión de esos periodos de tiempo que duran lo que tarda en girar nuestro planeta alrededor del sol. Ni tampoco parecen distintos nuestros deseos ante lo que nos puede deparar una terra incognita, pendiente de exploración. Algunos se quedarán por el camino, otros perseverarán aún más allá...
Las 0:00 horas de un 1 de enero es tan buen momento para resetear (nuevos propósitos y cosas por el estilo) como, por ejemplo, las 14:35 de un 17 de abril. Es más, resulta curioso hacer un reset (un reinicio), algo que en código binario es como poner a 0, un día 1-1-11. Cosas que pasan con los ceros y los unos... Pero cada momento es importante: el preciso instante de un cambio de año o un destello dentro de uno cualquiera de sus días. Somos nosotros quienes decidimos darles o quitarles esa trascendencia.
Que los vientos os sean propicios en los mares del 2011. Y, si no, que vuestra pericia navegando sobre sus olas os lleve al mejor de los destinos.
"...iam pridem, ex quo suffragia nulli uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses". (Juvenal, Sátira X)
Para la cita del comienzo, estaba en la duda entre la de arriba de Juvenal(¡ay, esas tres palabras finales... tan conocidas y repetidas!) y otra de Karl Marx, no menos conocida y repetida: "[La religión] Es el opio del pueblo"([Die Religion] Sie its das Opium des Volkes). Ambas me sirven de igual manera. La elegida ha sido la de Juvenal, porque de citar a un Marx siempre he tenido debilidad por Groucho. Hay coincidencias evidentes que a cualquiera le resultarían difíciles de pasar por alto, además de otras más sutiles o rebuscadas. Por ejemplo: en la alemana Tréveris, ciudad natal de Marx (Karl, no Groucho) a la que los romanos llamaban Augusta Treverorum, se celebra cada año un prestigioso festival romano con el nombre de Brot und Spiele (que en latín se diría panem et circenses). Pero no se trata de hilar tan fino, voy ya con el meollo del asunto.
Si cada año nos deja algo que guardar en la maleta de la memoria colectiva, me pregunto qué nos deja a los españolitos-de-a-pie el casi agotado 2-mil-10. No me refiero a cada uno de nosotros, porque cada cual se llena la maleta con sus propias vivencias, las que son realmente importantes en un círculo más íntimo. Pero, como miembros de un círculo algo menos íntimo al que llamamos España, ¿qué meteremos en esa maleta de recuerdos comunitarios? Yo no lo sé, pero algo intuyo. Se ha hablado mucho de ello... Incluso en el mensaje de Navidad del Rey se mencionó el triunfo de la Roja en el Mundial de fútbol de Sudáfrica. Esto lo sé porque lo he leído en algún sitio, no es que sea devoto de los mensajes navideños de Su Majestad ("Su" de él). Motivos tengo. Una institución como la monarquía me parece algo bastante retrógrado en una sociedad del siglo XXI y más propia para alimentar chismorreos de la prensa rosamarillenta que para ser útil a la ciudadanía, si hablamos en serio. Además, algo tan soporífero como ese mensaje no debería emitirse tan temprano... uno corre el riesgo de perderse la cena de Nochebuena entre ronquidos. Pero a lo que iba: de 2-mil-10 nos quedaremos después de todo con el triunfo del equipo de fútbol que lleva el escudo de la RFEF (con la "E" de España, para que saquemos pecho por el mundo, nos sugieren). Que sí, que vale, que nos hemos alegrado con este triunfo, pero nos lo han vendido de forma diferente a lo que de verdad es. Se han cansado de decir que esto era un empujón para ir pa'lante con decisión, el toque de moral que nos permitiría sacudirnos no sé qué complejos, el detonante de una nueva forma de encarar las cosas, el primer triunfo de una serie de muchos... Pero, sinceramente, creo que lo que se insistía en hacer colar como un estimulante no era sino un analgésico. Mientras los de rojo daban patadas a un balón, el gobierno nos anunciaba una serie de recortes sociales. Como guinda, ahora que se acaba el año, nos atizan una subida del 9'8% en los recibos del consumo eléctrico ...y esto por citar algo. En fin, y todos más contentos que unas castañuelas porque unos niños mimados que parecen vivir al margen de la realidad han ganado una competición deportiva. Esto no es nuevo: en las antiguas civilizaciones, a quienes participaban y resultaban victoriosos en juegos olímpicos y eventos por el estilo (siempre dedicados a las divinidades) se los recibía en sus lugares de origen como semidioses. Y, ahora, estos son nuestros dioses y los estadios nuestros templos, no es algo casual, viene de lejos. Decía Marx (Karl, no Groucho) en 1844, en Kritik des hegelschen Staatsrecchts: "La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo". Ahora, cambien ustedes solitos "religión" (y sus derivados) por "fútbol" (y sus derivados correspondientes) en la cita anterior y díganme si cambia su sentido más profundo. ¿A que no?
Bueno, para rematar la faena, los de Nike(y disculpen ustedes la publicidad gratuita) se han lucido un pelín con un spot como este (lo de "se han lucido" es un posible juego de palabras de no muy buen gusto): "Trabaja y esfuérzate -nos exhortan tres de los dioses de nuestro creciente panteón-, con humildad y con respeto, lucha contra la oscuridad. Sé la luz que dicen que hemos perdido". Y el texto final apostilla: "Brilla. Ilumina tu país". Que sí, majetes (ejemmm... perdón, quiero decir excelsos señores nuestros), que ya brillamos todo lo que podemos y nos dejan. La luz no la hemos perdido, sólo tenemos que pagarla más cara. Y como es cuestión de energía, si ya dábamos el 100% de nuestras energías en esta lucha contra no sé qué o quién (si sé, pero digo que no sé), ahora tendremos que dar el 109'8% de nuestras energías, para que no se diga. De paso, seguiremos leyendo y escribiendo blogs y nos costará un 9'8% más, pero no pasa nada, que para eso estamos. Lo importante es que la Roja ha ganado y todos somos muy felices y tenemos el ejemplo de unos chavales que con su esfuerzo han ganado unos sueldos multimillonarios, unas primas de escándalo y una copa dorada muy chula. Todos podemos tratar de imitar esta hazaña [fin del ironic mode]. Y, si no, a seguir viviendo la cruda realidad bajo los efectos de esta adormidera roja que tan bien le viene a los gobernantes (¡qué listo eras, Juvenal!). No seamos cenizos y no pensemos tanto en el poco halagüeño futuro que llega de la mano de 2-mil-11. Ya dijo Marx: "¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?" (esta vez, la cita sí es de Groucho).
En momentos como estos, a quienes envidio un montón es a los chilenos. Ellos tendrán un rescate de mineros para guardar en la maleta de este año. No es que envidie las catástrofes, sino el modo de superarlas. Y, olé por vosotros, amigos chilenos, en un año en que vuestro país sufría una devastación terrible a golpe de terremoto, todavía os ha quedado la fuerza precisa para subir a los vuestros hasta arriba y la energía necesaria para iluminarnos a todos con un rescate de esos que tocan la fibra. No habéis ganado el Mundial de fútbol ...ni falta que os ha hecho.
Dice la primera ley de Newton (o ley de la inercia) que todo cuerpo continúa en su estado de reposo o movimiento rectilíneo uniforme a menos que sobre él actúe una fuerza neta, que lo llevará a cambiar ese estado. Algo así.
Lanzando con precisión absoluta una bola de esas tan puliditas en una pista de esas también tan puliditas que hay en las boleras, si la pista fuera de directriz completamente recta y los bolos estuvieran a una distancia infinita (así, ya puestos a exagerar...), comprobaríamos algo sospechado de antemano: que la bola nunca llega hasta los bolos, ni en todo el tiempo que se le quiera dar. No por cuestión de falta de puntería, ni porque no se le haya dado suficiente fuerza a la bola, ni porque falle la ley de la inercia. Es porque la propia materialidad de la bola y de la pista implica la presencia de otra fuerza con la que el lanzador no tiene nada que ver, de sentido contrario al movimiento, que va frenando la bola. Es el rozamiento. Y una Física ideal, en que los modelos funcionarían idealmente, se ve corregida por estos matices microscópicos, más propios de la teoría del caos, para dar paso a la Física real en que vivimos.
Al margen de este concepto teórico de rozamiento, me gusta pensar también en cómo toda nuestra existencia está inmersa en infinidad de rozamientos, una auténtica red de caos. Imposible olvidar, al acercarse estas fechas festivas, las reacciones de las personas al ver el calendario, las coloridas luces parpadeantes, los trajines en los comercios, los adornos por doquier, el bombardeo publicitario, la planificación en las agendas... Y todo eso (y más aún lo que representa) actúa como agentes de rozamiento en la piel interior de cada uno, con efectos bien distintos. Hay quien lo pasa realmente mal cuando se acerca el solsticio de invierno y no es por el hecho astronómico. Otros lo viven con una ilusión extraordinaria. A algunos se les hace interminable y para otros es fugaz...
En definitiva, todos los estímulos para la memoria se convierten en el roce que pone de manifiesto cuán sana está esa piel interior, cómo de cerradas o abiertas permanecen ciertas heridas, en qué nivel se sitúa nuestra sensibilidad cutánea.
En estos días, una mano pasa por encima de lo vivido y se siente una suave caricia cuando todo está bien...
En estos días, una mano pasa por encima de lo vivido y un dolor agudo revela una desgarradura mal cicatrizada...
Hace unos años, en una multitudinaria reunión, una abuela conversaba conmigo en la sobremesa de la comida. Me hablaba de su papel como madre en primer lugar y como abuela después. Me decía que su gran objetivo había sido el de dar a sus seres queridos los más gratos momentos posibles, que fueran la semilla de los recuerdos más entrañables. Me aseguraba que pocos cementos hay tan poderosos como éste para conseguir que la familia estuviera unida y feliz.
Y lo recuerdo en estos días porque quizás sea la más eficaz escapatoria al roce con la lija. Ya no puedo cambiar el pasado, ahí permanecen los recuerdos que provocan irritación en la piel. Pero siempre podré seguir construyendo ahora, a pesar de ciertas amarguras, los buenos recuerdos del futuro. Si el recuerdo del ayer me molesta, el propósito para el mañana me ilusiona.
Ser consciente de esta oportunidad es exactamente la caricia que estaba necesitando.
"Un pesimista es solamente un optimista bien informado".
(Mario Benedetti)
Si después de leer las leyes de Murphy, alguien cree que estamos al borde del cataclismo, que sepa que el comentario de O'Toole a dichas leyes llega a apostillar: "Murphy era un optimista". Si el optimista cree que vivimos en el mejor mundo posible, el pesimista teme que eso sea verdad.
Y seguimos con las frases hechas entre optimistas y pesimistas...
Hay situaciones en el viaje de la vida que recuerdan al chiste del optimista y el pesimista.
El pesimista dice:
- ¡Todo es horrible, no puede ir peor!
El optimista dice:
- Sí, sí puede.
Suele ser según se mire. Medio lleno, medio vacío. Ya lo decía el maestro jedi Qui-Gon Jinn(y discúlpenme ustedes el origen de la cita): "Tu enfoque determina tu realidad".
No hay que tirar la toalla: si hubiera que derramar lágrimas, siempre se puede hacer de la mejor de las maneras. Por ejemplo, escuchando la 3ª sinfonía de Henryk Górecki(¡gracias, Ch!), una luz que empieza a abrirse camino en medio de la más profunda oscuridad. ¿Cómo puede ser tan bella la tristeza?
En plan homenaje (un viernes como hoy, hace cuatro semanas, fallecía Górecki... pasado mañana se cumple un mes), el 2º movimiento de su sinfonía nº 3, "Sinfonía de las lamentaciones":
Aunque los preparativos de la operación Overlord (el desembarco aliado en las playas de Normandía a finales de la primavera de 1944) estuvieron suficientemente revestidos de silencio y reserva, los alemanes no permanecían tan a oscuras como se podía creer. En realidad, sus servicios secretos habían conseguido noticias importantes, si bien no habían logrado enlazarlas y valorarlas exactamente. La indicación más importante había sido recogida por la Abwehr, el servicio secreto del almirante Canaris, gracias a la delación de un miembro de la Resistencia francesa. El traidor refirió a los alemanes que los aliados anunciarían el inminente desembarco a los guerrilleros mediante la transmisión de algunos versos de Verlaine. Los versos convenidos -dijo el traidor- eran los siguientes: Les sanglots longs / Des violons / De l’automne / Blessent mon coeur / D’une langueur / Monotone. Según explicó el espía, los aliados emitirían los tres primeros versos del poema, junto con otros, en los días precedentes al desembarco. Pero cuando emitieran la segunda parte, quería decir que el desembarco se efectuaría dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes.
La información resultará exactísima y será el último servicio prestado por Canaris a Alemania, porque poco tiempo después el misterioso almirante será destituido de su cargo y la Abwehr será disuelta por orden de Himmler. En todos los escondrijos de Francia, las fuerzas de la Resistencia están a la espera. Es extraño y a la vez increíble que, en el momento de mayor tensión, Francia esperase como señal salvadora los versos de uno de sus poetas malditos.
El servicio secreto alemán había advertido a todos los puestos de escucha de la costa francesa que la transmisión de la segunda parte de la poesía de Verlaine podía significar que el desembarco era inminente. En especial, se había dado la alarma al coronel Meyer, que dirigía la sección de información del XV Ejército en Calais. La noche del 5 de junio, a las 22:30 horas, el coronel Meyer saltó de su asiento: la radio aliada había empezado a transmitir los versos finales de la estrofa del poema de Verlaine. Aquí está, pensó excitado el coronel, todo concuerda. Él mismo había logrado escuchar los días anteriores, mezclados con otros mensajes destinados a la Resistencia, los primeros tres versos de la Chanson d’automne. Inmediatamente corrió a avisar al mando del XV Ejército, al mando del Grupo de Ejércitos B de Rommel y finalmente al mando de Von Rundstedt, que a su vez pasó la noticia al general Jodl, en el Cuartel General de Hitler. Pero todo fue inútil. Probablemente, los jefes no tomaron en serio la cosa. Jodl, por ejemplo, no dio la alarma porque pensó que la habría dado Von Rundstedt, y este último se comportó del mismo modo suponiendo que ya lo habría hecho el puesto de mando de Rommel. Por consiguiente, aunque el destino hubiera concedido a los alemanes una pequeña chance, a lo largo del frente costero no sucedió absolutamente nada. Sólo el XV Ejército fue puesto en estado de alarma a petición del inquieto coronel Meyer. El VII Ejército, que a las dos horas recibiría el primer tremendo impacto de la invasión, ni siquiera fue avisado. Sus soldados estaban en el más profundo sueño.
La noche del 5 al 6 de junio de 1944, la más formidable armada de todos los tiempos navegaba hacia Francia. Desplegados en un frente de 35 kilómetros, 4.126 barcos de transporte, protegidos por 13.000 aviones y escoltados por 702 naves de guerra, llevaban hacia las playas de Normandía la primera oleada de las fuerzas de desembarco.
Se me pasan los días Se me pasan los días sentado Se me pasan los días sentado mirando una ventana Se me pasan los días sentado mirando una ventana que ilumina mi rostro Se me pasan los días sentado mirando una ventana que ilumina mi rostro con una luz débil Se me pasan los días sentado mirando una ventana que ilumina mi rostro con una luz débil procedente de muchos lugares Se me pasan los días sentado mirando una ventana que ilumina mi rostro con una luz débil procedente de muchos lugares y de ninguno. Hay otra ventana Hay otra ventana a mi espalda Hay otra ventana a mi espalda que apenas miro Hay otra ventana a mi espalda que apenas miro sin saber por qué Hay otra ventana a mi espalda que apenas miro sin saber por qué no me atrae tanto Hay otra ventana a mi espalda que apenas miro sin saber por qué no me atrae tanto aunque su luz es más auténtica Hay otra ventana a mi espalda que apenas miro sin saber por qué no me atrae tanto aunque su luz es más auténtica y su realidad más próxima. Hoy me he decidido Hoy me he decidido por fin Hoy me he decidido por fin a dar la vuelta Hoy me he decidido por fin a dar la vuelta a la silla que me sujetaba Hoy me he decidido por fin a dar la vuelta a la silla que me sujetaba al mundo pixelado Hoy me he decidido por fin a dar la vuelta a la silla que me sujetaba al mundo pixelado para mirar al otro mundo Hoy me he decidido por fin a dar la vuelta a la silla que me sujetaba al mundo pixelado para mirar al otro mundo por unos instantes. Se han caído Se han caído las escamas de mis ojos Se han caído las escamas de mis ojos y ha sido emocionante Se han caído las escamas de mis ojos y ha sido emocionante ese breve tiempo Se han caído las escamas de mis ojos y ha sido emocionante ese breve tiempo dedicado a mirar de verdad Se han caído las escamas de mis ojos y ha sido emocionante ese breve tiempo dedicado a mirar de verdad lo que había tras la ventana Se han caído las escamas de mis ojos y ha sido emocionante ese breve tiempo dedicado a mirar de verdad lo que había tras la ventana que no parecía importante.
"Nuit Blanche explores a fleeting moment between two strangers, revealing their brief connection in a hyper real fantasy".
(Arev Manoukian, director de "Nuit Blanche")
De chavalito tuve una guitarra. No estaba nada mal (la guitarra). Nunca aprendí a tocarla como me había propuesto y acabé regalándola, pero tuve una guitarra.
Pasados los años, sólo una lección me quedó en claro. La aprendí cuando me explicaban cómo afinar las cuerdas, tratando de sintonizar la frecuencia que da (al ser pulsada) una cuerda que está siendo "pisada" entre dos trastes determinados con la frecuencia que da otra cuerda contigua pulsándola al aire. El asunto es que, en el caso de que la afinación sea correcta y la nota que emitan esas dos cuerdas en esas condiciones sea la misma, la pulsación de una de las cuerdas provocará (por simpatía, sin siquiera ser pulsada) la vibración de la otra, revelando así esa coincidencia de frecuencias. A ciertas edades, este tipo de acciones a distancia no deja de provocar una gran fascinación. ¡Quién iba a sospechar que el aire entre dos cuerpos (ese ente tan liviano, tan sutil) tuviera tanto poder como para transmitir esos susurros del alma! ...aunque sólo fueran almas de cuerdas de guitarra.
El tiempo transcurrido desde entonces nos sigue enseñando a los que fuimos niños curiosos que ese mismo aire que transmite estremecimientos entre las cuerdas de un instrumento musical, por un fenómeno puramente físico, también es capaz de hacer llegar de persona a persona otro tipo de vibraciones, quizás semejantes a las de las cuerdas (¡quién sabe!), basándose en fenómenos que ya no me atrevo a encuadrar exclusivamente en el campo de la física, en el de la química ...o en cualquier otro distinto de ellos.
Hoy mismo ha vuelto a ocurrir. Cambia el escenario: da lo mismo noche, atardecer, mediodía... Cambia el color: es indiferente en blanco, azul, amarillo... Pero, desconociendo en qué momento o en qué lugar sucederá, descubres al fin que otro intérprete está tocando la misma música que tú llevas en el interior. Y, en ese breve instante eterno, en la fugacidad de lo perdurable, te maravillas ante la persona que delinea con sus pupilas, pinta con sus iris, rubrica con sus labios, la idéntica partitura que a ti mismo te está haciendo vibrar.