(al calor de una fogata, acompañado de buenos amigos)
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| - Oooops! creo que he visto un lindo gatito... |
Retomo donde lo dejé. El planteamiento era este:
Si 6 gatos se comen 6 ratones en 6 minutos, ¿cuántos gatos se comerán 100 ratones en 50 minutos?
Se trataba de un problema que dejé caer en el último post, y que había sido propuesto por
Lewis Carroll en un librito de problemas matemáticos que le publicaron. Mi compromiso era mencionar al amigo bloguero que fuera el primero en resolver correctamente el problema de Carroll. Quede claro que cuando digo
amigo, quiero decir amiga o amigo, indistintamente. Es que cada vez que uno habla en este mundo que nos hemos construido tiene la sensación de ir pisando huevos (de los otros) para que nadie se le ofenda, y luego se van pegando estas costumbres hasta con los que ya saben lo que quieres decir.
Al grano. Hubo buena cantidad de comentarios, aunque hubo muchos que no quisieron mojarse con la solución al problemilla. Era fácil, pero no pasa nada.
Antes de seguir, hay que resolver la cuestión de los gatos y los ratones.
Al hacer una primera lectura del enunciado, a uno se le va la cabeza hacia un error algo frecuente y establece una simplificación que no es correcta:
si 6 gatos comen 6 ratones en 6 minutos, eso quiere decir que 1 gato se comerá 1 ratón en 1 minuto. Pues no.
Lo que dice el enunciado es que la velocidad de 6 gatos comiendo ratones es de 6 cada 6 minutos. Por tanto, 6 gatos se comen 1 ratón por minuto. Esta simplificación sí es correcta.
Ahora, lo que queremos es saber cuántos gatos comerán 100 ratones en 50 minutos (es decir, simplificando también: 2 ratones por minuto). ¡Tachán! Ahora ya está superfácil:
6/1 = x/2 (6 gatos es a 1 ratón por minuto como x gatos es a 2 ratones por minuto)
...y por tanto:
x = 12 gatos
Para conseguir el doble de rapidez comiendo ratones se exige que participen el doble de gatos.
Y han respondido correctamente:
Pilar,
River,
JLin y
Silver's Moon (en este orden).
JLin y
Silver's Moon me confiesan que han recibido un chivatazo para dar la solución correcta. La honestidad les honra.
Y entre
Pilar y
River tengo un dilema, porque
Pilar me dijo que eran 12 o 13 (cierto, eran 12 o 13, pero no es exacto: eran 12) y, aunque fue la primera en dar una respuesta correcta, la respuesta de
River es impecable en el planteamiento, con una regla de tres compuesta y todo.
Me decanto por una solución salomónica: mención doble.
Con
Pilar comparto paisanaje. Es el tipo de cosas que ayudan a comprender a alguien un poquito mejor. Yo así lo creo. Me crucé en su camino (y ella en el mío) a través de otro bloguero, en cuya sección de comentarios coincidíamos. De ahí acabé en su blog (bueno, sus dos blogs) y en ellos descubrí a una persona sensible, sufriente, a una buena fotógrafa, a alguien que me conmovía con sus escritos, con pensamientos lanzados desde
un siglo de ausencia, con breves historias no exentas de desgarro en que desea
que te vaya bonito. Es una bloguera que no publica con demasiada frecuencia ni tampoco recibe muchos comentarios. En esos lugares me siento más a gusto, posiblemente porque me parece que es más difícil perderse entre la multitud. Cosas mías.
Ha sido un placer este cruce de caminos y espero seguir leyéndote. Estoy muy agradecido por el hallazgo.
Si tengo que hacer memoria para saber cómo conocí a
River, una chica del sur, resulta que no logro recordar cómo llegué hasta sus
thoughts in words. Desde luego, no es tan relevante el
cómo encontré, sino el
a quién encontré. Y eso ya es inolvidable. Cómo olvidar la forma en que me hace flotar en un océano de sensaciones cada vez que me desbordan sus aguas. Cómo no sentir la sorpresa de esperar un mazazo en las tripas, que se recibe como el roce de mil plumas, con cada una de sus palabras. Cómo no quedar fascinado en medio de ese terremoto que estremece todo el cuerpo. Allí no se llamaba
River. Pero un día abandonó su lugar y se mudó a otro. En
el mundo se me hace bola sigue atizando duro con sus puños de terciopelo. Y más le vale, porque cuando dijo que se despedía le hubiera insistido sin tregua hasta que volviera. Hay personas en la vida de las que no se puede prescindir.
Tú eres una de esas personas. Me encantas.