"En el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos. Todo el mundo debería tener derecho a quince minutos de gloria".
(Andy Warhol)
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"Vanidad de vanidades, todo es vanidad".
(Sefer Kohelet, cap. 1: 2)
El vaho que sale por nariz y boca se diluye rápidamente en el gélido aire invernal y desaparece de la vista para siempre. Así sucede con cada hálito y así sucede con la vida de las personas corrientes en el proceloso transcurrir de la historia. Y así debe ser. Asumir este hecho es motivo de sosiego. No hay necesidad de agitarse ni de inquietarse con desesperación por dejar una huella. Nada de estrés. Un árbol que plantar, un hijo que criar o un libro que escribir... Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad, dijo el otro. ¡Qué chorrada! El salto, mencionado como pretexto que justifique el paso, mientras uno se regodea en los flashes. La mera ambición de inmortalidad, el culto al ego sobre todas las cosas, el apogeo de la onfaloscopia [1]. Y todo ello, el motivo de tantos conflictos...
Antes de que Warhol quisiera exaltar lo común, ya grandes pintores habían plasmado en sus lienzos objetos de uso cotidiano, personas vulgares, cosas insignificantes, des fleurs de rien du tout... En esto no me parece ni novedoso ni revolucionario ni siquiera provocador. Recrearse en la belleza que existe incluso en lo que no es presuntamente bello también ha sido un tema del Arte desde siempre. En cambio, sí que puede darse otra interpretación a esa idea de la gloria efímera para lo común. Quizás la carcajada dadaísta. Quizás una secuela de programas televisivos
Es posible que, sin saberlo, le deba a Warhol este blog (mi particular ejercicio de quince-minutos-de-gloria-para-la-persona-desconocida) o la visión de un mundo que se diría dominado por agencias de inteligencia y servicios secretos, que han logrado convencer a las multitudes de que (voluntariamente, sin rebeldía, sin resistencia a obedecer en esta tarea, no solo eso sino gustosos de hacerlo) se expongan públicamente en las redes sociales, que glosen e ilustren sus existencias efímeras y les den brillo hollywoodiense. Cada detalle de tu vida: dónde estás, con quién (¿podrías ilustrarlo con un vídeo?), qué haces, qué te gusta, qué detestas, qué has comido (adjunta una foto, por favor, también queremos ser parte de ti, de tu cuerpo), qué planes tienes para mañana, cuáles son tus preferencias políticas, religiosas, culturales..., qué estarías dispuesto a comprar, qué te atemoriza, qué te hace feliz, dónde podremos encontrarte, algún detalle de tu pasado que se nos pudiera haber escapado, qué piensas de (ehmmmm)... De acuerdo, gracias por la información, nos será muy útil en un futuro próximo. Gracias por ser libre y por utilizar tu libertad en nuestro provecho.
En sentido inverso (los caminos por que transita todo discurso son así de caprichosos y prefieren sorprender dirigiéndose a lugares insospechados), alguien escribió esto no hace mucho: "Nadie dijo que fuera fácil. Yo también estoy aturdido. La revolución es algo tan pequeño que empieza por uno mismo. Porque si cambio una gota estaré cambiando el océano". Sí, es posible que pretendas tal cosa, pero tu aliento se desvanecerá en la fría mañana. Eso no lo olvides. Estamos hechos de vapor. Solo la materia se hará sólida cuando dejemos de mirarnos el ombligo, cuando la vanidad no se mezcle con el combustible que alimenta el motor de los cambios.
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| esto, en el MoMA |
[1] Desgraciadamente, el término "onfaloscopia" no está incluido entre las numerosas palabras dichosas y seguras (a la vez que limpias, fijas y esplendorosas) que habitan el universo del DRAE. Sin embargo, siempre hay alguien dispuesto a echar una mano y en este "Word_log: Diccionario Desenfadado de Neologismos y otras Entidades Lexicográficas" se puede leer lo siguiente:
ONFALOSCOPIA: [del gr. omphalos (ombligo) y scopia (acción de ver)] f. Arte o manía de contemplarse el ombligo, en sentido figurado y/o (¿por qué no?) literal.
La onfaloscopia (u omfaloscopia) conduce naturalmente al:
ONFALOCENTRISMO: m. Elaboración de la visión del mundo o de la realidad a partir de la contemplación (figurada) del propio ombligo.







