"(...) para que, arraigados y cimentados en el amor, seáis plenamente capaces de comprender con los demás creyentes cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura (...)".
(Epístola de San Pablo a los Efesios, cap. 3: 17-18)
¿Qué sería de este viaje sin paradas? Después de varios días sin tregua no hay nada como un poco de calma, un respiro, un reencuentro (aunque sea breve) con los compañeros de camino.
Una preguntilla: ¿Habéis vivido alguna vez una situación surrealista? Solemos asociar “situación surrealista” con una ocasión en que las cosas no parecen responder a la lógica o razones que consideramos normales. En sí, el surrealismo es un movimiento artístico originado en el primer cuarto del siglo pasado: Digamos que el poeta André Breton, 'filósofo' del movimiento, profundizó en 1916 (año en que, además, conoció a Jacques Vache y a Guillaume Apollinaire) en las teorías de Sigmund Freud y Alfred Jarry, para, más tarde, en 1924, escribir el primer manifiesto surrealista. El término surrealismo (o superrealismo) procede del francés sur-réalisme, es decir, lo que está por encima del realismo. No pretendo extenderme ahora en los detalles de este movimiento, en sus figuras destacadas, en sus metas, sus obras, etc. Tan sólo traer hasta aquí la reproducción de un lienzo del genial pintor surrealista Salvador Dalí. Su nombre es “Crucifixión” y se pintó en 1954. Fue para mí toda una experiencia surrealista. Recuerdo que cuando estudié Álgebra y Geometría en los primeros cursos de la carrera de Arquitectura (curiosamente, la cita bíblica del comienzo aparecía, a manera de exordio, en el capítulo 3.2.- ‘Envolventes lineales. Bases. Dimensión’ del texto de Alsina y Trillas que figuraba en la bibliografía recomendada), este cuadro me había causado una honda impresión. Aquellas reflexiones matemáticas me llevaron a fijarme en la forma de la cruz que domina el cuadro, más protagonista que el propio crucificado. Verdadera cruz surrealista. Trataré de explicarme...
¿Quién no recuerda haber montado figuras poliédricas con cartulina en sus años escolares? Se pintaba el desarrollo de la figura en la cartulina ¡Ojo: sin olvidarse de las 'pestañas' para poder pegar las caras entre sí! Luego había que recortar. Después, doblar. Al final, pegar. Y el sólido estaba montado. Si quisiéramos hacer un hexaedro (o cubo), es fácil: ¡Todos los ángulos son rectos! Se puede hacer con una plantilla como la de la siguiente ilustración:
Se dibujan seis cuadrados pegados unos a otros. No tiene misterio.
Pero... y si le pido a un imaginario ser plano (de 2 dimensiones) que me monte el hexaedro con esta plantilla, ¿qué sucede? Pues que el pobre, limitado como está por su propio universo plano, nos dirá que no puede.
Bueno, ahora nos toca a los seres tridimensionales. La cruz del cuadro de Dalí es el desarrollo en 3 dimensiones de un hipercubo (un cubo o hexaedro de 4 dimensiones). ¿Y si nos decidimos a montarlo? En fin, nos va a pasar como a nuestro 'planito' camarada: ¡Parece imposible! No tenemos espacio para hacerlo.
¿Imposible? ¿Qué forma tiene nuestro universo? Esto se complica. ¿Es un universo esférico? ¿Es de geometría elíptica? ¿Es el de Albert Einstein, quien lo formuló como un hiperboloide de una hoja? Los fenómenos de curvaturas de la luz hacen suponer que los caminos más cortos en el espacio no son las líneas rectas a las que estamos acostumbrados en la Tierra. La gravedad es sumamente importante es este gran sistema. Las últimas (o penúltimas o antepenúltimas) teorías físicas, como la Teoría-M de unificación de todas las fuerzas que actúan en el universo, con sus cuerdas, supercuerdas, p-branas, d-branas,... de hasta 26 dimensiones espacio-temporales (en el caso de las cuerdas bosónicas), nos ponen ya en una situación tal de mareo que no se arregla ni con biodramina. Y es que pensar en 3 dimensiones es lo normal. Si añadimos el tiempo al espacio, podemos hablar de un espacio-tiempo de 4 dimensiones (al que estamos totalmente habituados). 5 dimensiones ya nos parecen impensables. ¡¡Pero 26...!! El asunto es que si hay zonas del espacio-tiempo con 5 dimensiones, en ellas podríamos montar nuestro hipercubo.Al margen del farragoso y mareante planteamiento físico-matemático (que queda ahí, sin más), prefiero comentar brevemente esa experiencia surrealista a la que aludía anteriormente. Y que, a partir de ella, cada uno desarrolle el asunto en su cabeza como quiera.
Tengo la extraña sensación de que en nuestro mundo los hechos verdaderamente heroicos, las gestas realmente trascendentes, las hazañas de los personajes que han dado sentido a la existencia, parecen no acomodarse razonablemente. Es como si no encontraran un lugar. Como si fueran desarrollos de figuras geométricas que no podemos montar en nuestro espacio-tiempo. O como si pertenecieran al mundo de lo surrealista, como si habitaran en otra dimensión, por encima de esta realidad. Ya he mencionado en otras ocasiones pequeños detalles de quienes considero auténticos modelos: Teresa de Calcuta, Albert Schweitzer, Helen Keller y Anne Sullivan. Y hay tantos otros... Unos murieron arruinados y desgastados, otros fueron ignorados o (peor) perseguidos e incluso otros acabaron asesinados (¡qué decir de Mohandas Gandhi, Martin Luther King, Jesucristo,...!). Todos tuvieron un sueño y vivieron con él y por él. También supieron morir por ese sueño. A los ojos del resto del mundo pueden parecer unos perdedores. Pero sólo porque no vivieron para sí mismos. Porque entre sus metas nunca estuvo la satisfacción de sus propios intereses por encima de los ajenos. Porque no trataron de acumular riqueza y fama y gloria, sino generosidad y justicia y humildad. Porque sus actos de amor fueron totalmente desinteresados, aunque el riesgo de pérdida fuera muy alto. Porque dieron su vida por sus amigos (algunos incluso la perdieron y llegaron a dar también su muerte), que es la más grande demostración de amor.
Quizás el paso de los años vuelve a avivar la llama de los héroes de otro tiempo e incluso llegamos a considerarlos con admiración. Algunos, con peor fortuna, pueden seguir indefinidamente bajo sospecha. Otros son finalmente comprendidos y, con nuestro reconocimiento, recibidos en el panteón de 'hitos de la humanidad'. Pero la indulgencia de ahora no fue la que recibieron en vida. Ellos decidieron montar hipercubos, aunque no tuvieran espacio para semejante tipo de proezas.

