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miércoles, 12 de junio de 2013

termitas

(etapa 28.13)
"El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en salir a buscar nuevas tierras, sino en aprender a ver la vieja tierra con nuevos ojos".
(Marcel Proust)

Me decía un amigo mío (y me lo decía desde su punto de vista de psicólogo) que el naufragio al final de la película "Titanic" no solo había acabado a la fuerza con la relación de los jóvenes amantes, sino que había ahorrado a los espectadores otro final igual de abrupto pero mucho más prosaico. Aunque no creo que ningún productor hollywoodiense se dejara seducir por esta otra historia. Lo que me quería decir es que dos muchachos con tan poco en común solo dan para un relato fugaz, pero que su relación a largo plazo parece, de antemano, condenada al fracaso.
Quizás no se tratara tanto de una reflexión acerca de las relaciones de pareja, sino de la durabilidad de las cosas en nuestros tiempos. Tanto se ha insistido en el tema de la obsolescencia que ¿quién no se conformaría con unos breves instantes de satisfacción a cualquier precio?

La nuestra se ha convertido en una sociedad de termitas donde todo parece objeto de un consumo voraz y vertiginoso. Alguien le ha dado cuerda a este diminuto planeta azul grisáceo, alguien ha acelerado el ritmo de la vida, y desde entonces la existencia transcurre y se desencadena a la velocidad de las partículas subatómicas. Nada dura lo suficiente. Antes de terminar algo ya se está inmerso en otro nuevo asunto. Hay tanta prisa que apenas da tiempo a deleitarse en algo, dedicándole todo el lapso necesario y en exclusiva. La vida es una carrera delirante para llegar a ninguna parte: ya he visto, ya he leído, ya he visitado, ya he probado...
Se concentran cientos de obras asombrosas en un museo o en una biblioteca, para que miles de visitantes las recorran en unos instantes y apenas lean los títulos, en un empacho sin sentido. Obras elaboradas con la dedicación de días y días de trabajo de artistas consagrados, obras que podrían ser objeto de admiración y estudio durante meses, grandes obras, trayectorias vitales, reducidas a serrín en pocos segundos.
Con las personas tampoco se es mucho más indulgente. ¿Tiempo para conocer a alguien? Sensación de tiempo perdido, que pase el siguiente...

En otra película distinta, "El último samurái", un tipo contempla en sosiego las primeras flores de cerezo que han traído los albores de la primavera. El tipo es un consejero del Emperador, que se ha sublevado contra las reformas en su país, impuestas para occidentalizarlo completamente y acabar con las raíces ancestrales de su cultura. En un momento, se acerca a los cerezos y al hombre que los contempla embelesado un capitán extranjero venido al Japón para ayudar a sofocar la revuelta, pero ahora prisionero del samurái. Este le dice: "La flor perfecta es algo muy raro. Puedes entregarte a la búsqueda de una sola y no habrás malgastado tu vida". Ni que lo hubiera escrito el mismísimo Saint-Exupéry. Al final de la película, a costa de la vida del buscador de la flor perfecta, se tirará por la calle de en medio.

El mundo se mueve a toda pastilla y esto no hay quien lo pare, como vivir en un estado alterado por las drogas. Si lo intentas, te tragará en su incesante y demencial rotación. Es más, tratarán de convencerte de que estás en el error, de que todo eso son señales de progreso.
¿El equilibrio? Ojalá. Al final la balanza se desnivela siempre por la misma parte.
Bien, vale. Habrá que admitirlo, el progreso no hay que detenerlo, no se puede detenerlo. Que se cobre su peaje. El progreso como un agujero negro que se lo traga todo. El orificio de entrada al nido donde habitan las termitas.

domingo, 12 de mayo de 2013

héroe

(etapa 23.13)
"Each Event is preceded by Prophecy.
But without the Hero, there is no Event".
(Zurin Arctus, the Underking. The Elder Scrolls III: Morrowind)

Sucede algo no fuera de lo común. Lo común se ha convertido en un lugar demasiado amplio con el paso de los días y cada vez es más difícil poder calificar un suceso como inusitado o extraordinario. Lo insólito se ha diluido en millones de vidas, vividas y repetidas de forma ignorada. Pocas cosas hay nuevas. Y pocas nuevas son buenas.
Un tipo le da valor al suceso. No por parecer corriente a muchos observadores, el asunto deja de tener cierto brillo. En las páginas del diario ha quedado bastante desvaído y vulgar, pero el tipo, un novelista exquisito, decide pulirlo con otras palabras. Darle lustre, concederle pervivencia en la corriente de lo corriente. Unas páginas, bello texto, conmovedoras frases.
Para preservar identidades, se cambia algún detalle. Nombres, lugares. Esas cosas. Ahora, desatada de ligaduras, la historia empieza a tener su propia vida. También cambia esta pizca. Se exagera un poquito en esto y se minimiza aquello. Se bruñe al protagonista, se le confecciona un traje a medida. También se atavía el relato. Se ponen tildes y acentos.
No es suficiente. Se publica el libro pero no termina de calar. Una minoría encantada, literatura de culto. Pero la historia se olvida.
Y se retuerce en su tumba de silencio hasta que un director de cine planea orientar sus focos hacia la historia desconocida. Se prepara un guión, se vuelven a limar algunas aristas y se erizan astillas en otras partes. Se amputan extremidades del relato, alguno de sus órganos se somete a cirugía. Hay que recrear al héroe. Un productor decide jugársela. Se buscan actores. El elegido, el héroe, el ídolo del momento. Su sola presencia hace estremecerse al personaje del libro.
Silencio, se rueda.
Y ahora sí, la historia desconocida será inmortalizada. Para siempre. Comentarios, lágrimas, reseñas, pasiones, escalofríos, sueños. El héroe será un rastro perenne en las entregadas mentes del gran público, esas personas acostumbradas a pasar por alto los sucesos corrientes.

martes, 26 de marzo de 2013

etiquetas

(etapa 15.13)

Recordaba ahora una película que vi estas navidades, en una sobremesa en casa de mi hermana. Es una película india titulada Mi nombre es Khan. No es un peliculón (también he leído unas cuantas críticas desfavorables), sin embargo se deja ver y contiene algún mensaje sencillo pero que merece la pena tener presente. En un momento de la película, cuando Khan es todavía un niño que vive en Bombay, se muestra alguna escena del conflicto entre los musulmanes y los hindús en la ciudad. Khan y su familia son musulmanes y, aunque en el corazón del muchacho comienzan a brotar sentimientos de desprecio hacia los hindús, su madre le dice una verdad esencial (no cito literalmente, sino la idea que recuerdo): No pienses en musulmanes o hindús. No es un conflicto entre "buenos" y "malos", porque en la vida solo hay buenas personas y malas personas, y tanto unas como otras pueden estar en cualquiera de los grupos que llegues a imaginar. Esto no tiene nada que ver con la religión que practiquen o que digan practicar. En la segunda parte de la película, con un Khan ya adulto y viviendo en los Estados Unidos después del atentado del 11-S, la comunidad musulmana se convierte en sospechosa de terrorismo e incluso él mismo es confundido con un terrorista. Desde ese momento (y tras una serie de vicisitudes personales), su objetivo será encontrarse con el presidente del país y decirle en persona: "Mi nombre es Khan y no soy un terrorista".

Así parecen ser las cosas. La película lo narra con mucha dosis de sensiblería y simplismo, pero el mensaje no puede ser más claro: nuestra sociedad es víctima del vicio de etiquetarlo todo.
Etiquetar está bien cuando se trata de objetos. Si guardas un líquido venenoso en un frasco, es mejor marcarlo con una etiqueta para no caer en el error de confundirlo con algo que se pueda beber. Si una prenda está hecha de cierto material, no está de más indicarlo con una etiqueta. Si vas a comprar al supermercado, se agradece que lo que te encuentres envasado tenga una etiqueta que indique su contenido y composición. Pero, ¿etiquetar a las personas?
Etiquetar a las personas es como congelarlas a perpetuidad e impedir la posibilidad de que cambien a ojos de quien etiqueta. Etiquetar a una persona es cosificarla, convertila en un objeto, en algo inerte. Es una injusticia que envilece a la gente.

No faltan etiquetas, las hay para todo. Las hay en política, las hay en el ámbito de los deportes, las hay en el terreno de las religiones, las hay en la organización territorial de un país o de todo el mundo. Y cada etiqueta se asocia con un calificativo (o con una descalificación) que acompañará a todos los que la reciban. ¿Eres alemán? Entonces eres un cabeza cuadrada. ¿Eres catalán? Entonces eres un agarrado. ¿Eres madrileño? Entonces eres un chulo. Ya ves: los gentilicios como adjetivos calificativos. Lo mismo si hablamos de religión, política o lo que sea. Además, las etiquetas son tan perversas que suelen ir en grupos indisolubles. Es decir, si tienes la etiqueta "A", entonces también te corresponden por decreto la "B", la "C" y la "D". Todos lo van a asumir de esta forma aunque, en realidad, esto no tiene por qué ser así. ¡Qué sorpresa será si eres catalogado como "A", pero no encajaras en "B"! ¡No podría ser, algo estaría mal en ti! Parece que alguien lo ha decidido así y no hay más discusión al respecto. Se han creado una serie de perfiles que han polarizado el mundo. Ya no se puede disfrutar de la riqueza que hay en la variedad, sino que ahora las cosas se sitúan en un extremo o en el opuesto. El horror del maniqueísmo.

Todo esto me fatiga muchísimo. Estoy más que harto de estas visiones paupérrimamente simplistas. Las etiquetas que se les ponen a las personas son como las muletas mentales de la gente estúpida, el vicio de los que tienen una visión de corto alcance y llena de tinieblas.

jueves, 7 de febrero de 2013

brilla (pese a todo)

(etapa 08.13)
"Conquistar el miedo es el comienzo de la sabiduría".
(Bertrand Russell)

 "Lo único que tenemos que temer es el miedo mismo".
(Franklin D. Roosevelt)

No creo que hayan existido muchas etapas en la Historia de la Humanidad que no estuvieran dominadas por el miedo. Miedo a esto o a aquello. Por ejemplo, el miedo a la guerra termonuclear fue uno de los muchos miedos que planeaban sobre las gentes que vivieron la guerra fría. Los miedos se crean y se fomentan para tener controladas a las masas. Y funciona. Las noticias han llegado a convertirse en esa herramienta de control que limita las capacidades de los ciudadanos. No se arriesguen en nada, los tiempos son pésimos. No luchen, no hay posibilidad de victoria. Huyan a otros lugares, la debacle está próxima en este. Sospechen de todos, el enemigo puede estar a su lado...
Hay un límite en que el miedo puede llevar a la desesperación y la desesperación al descontrol. Pero entonces se aflojará la presión, se abrirá la válvula, y después de un respiro de esperanza, vuelta a empezar con el circuito del miedo.
La persona de a pie participa en este perverso juego aun sin ser consciente de ello. En definitiva, como hormiguitas, van llevando estas migajas de temor hasta el hormiguero para alimentarse de ellas. Y de tal siembra se obtienen tales cosechas.

No recuerdo quién decía que el miedo es un gran motivador, pero es un pobre maestro. Y privados de la enseñanza que un buen maestro puede dar, la Historia de la Humanidad (por más visiones positivistas que se quieran dar, juegos de válvulas de escape) parece un curso a la deriva, hacia un proceloso horizonte que también llena de temor.
¿Sombría perspectiva? Puede. Dependerá de cada cual. Habrá que aprender a vivir al margen de esa angustia y miedo colectivos que tantos decibelios de fondo le meten a la vida cotidiana.
Ya, ¿qué fácil, no? -pensará alguien en tono irónico- Pero ahora hay que lidiar con la realidad.
Siempre el mismo cuento.
¿Qué significa "lidiar con la realidad"? ¿Sucumbir a planes ajenos? ¿Dejarse dominar por intereses que en realidad no me interesan en absoluto? No me parece un plan para derrotar al imperio del miedo. Y no se trata de vivir de ilusiones o idealismos varios, sino de armar una realidad que funcione de verdad de una maldita vez. ¿Cómo?

En la peli Coach Carter (un film intrascendente, donde un tío duro trata de domesticar a unos macarras de instituto que juegan al baloncesto, hay música de la MTV y todas esas cosas), aunque es de las prescindibles, también se puede destacar algún minuto de interés. Se trata de la intervención de uno de los jugadores del equipo de baloncesto del instituto. El chaval, Timo Cruz, ha hecho de camello para un colega, se ha enfrentado a la autoridad del entrenador, ha ejercido de macarra... pero también se ha esforzado para volver al equipo después de haber sido excluido por su mal comportamiento, indisciplina y rebelión. El entrenador siempre le pregunta lo mismo en los momentos más inesperados:

- Señor Cruz, ¿cuál es su mayor miedo?

Pero el señor Cruz no sabe qué responder. Muchas cosas pasan por su cabeza...
El día en que el entrenador es destituido del equipo (por haber pretendido que sus jugadores fueran alumnos aplicados en las clases, ¡oh, malvadas pretensiones!), el equipo se encuentra reunido en el gimnasio... ¡estudiando! Y es entonces cuando Timo Cruz se despide del entrenador con estas palabras:

- Nuestro mayor miedo no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Empequeñecerse no ayuda al mundo, no hay nada inteligente en encogerse para que otros no se sientan inseguros a tu alrededor. Todos deberíamos brillar como hacen los niños, no es cosa de unos pocos sino de todos. Y al dejar brillar nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia libera automáticamente a otros.
Señor, quería dale las gracias: me ha salvado usted la vida.

Sí, vale, la escena parece muy forzada, pero me quedo con el mensaje.
En una sociedad que ha hablado tanto en positivo de la iniciativa, del emprendimiento, del valor, de la individualidad, de la independencia... cada vez más tengo la sensación de que se mira con recelo al emprendedor, al valiente, al que se esfuerza, al distinto, al autosuficiente... Como si molestara el brillo de los que han decidido tomar su vida en sus propias manos y salirse de la hilera marcada con dirección al hormiguero. Está mal visto no pertenecer a ningún rebaño. Y lo peor es que pocos se consideran miembros de uno. ¿Habremos perdido capacidad de autoanálisis?

Un autor anónimo dejó una fábula, acerca de una luciérnaga y un sapo, de moraleja bien diáfana:

Sobre la verde alfombra, / un insecto de luz tranquilo estaba
y discreto, oculto entre la sombra / sin saberlo, brillaba.

Un sapo víl, negruzco y enlodado / salió de su agujero
y su baba escupió / de envidia hinchado / sobre el insecto, fúlgido lucero.

¡Dios mío! ¿Qué te he hecho? / ¿Por qué razón tu cólera se inflama?
¿Por qué con sucia baba me mancillas? / Y el sapo contestó airado, / ¡Porque brillas!

Aunque estés rodeado de gente mezquina a quienes parece molestar mucho que brilles, nunca dejes de brillar. Sin miedo.

miércoles, 30 de enero de 2013

puño de hierro, guante de seda

(etapa 06.13)

Chaucer, posando con cara de cachondo
para un artista medieval poco talentoso
pero que le echa muchas ganas
En la extraña pero divertida película "Destino de Caballero" ("A Knight's Tale"), un jovencísimo Geoffrey Chaucer (interpretado por Paul Bettany) enuncia uno de los propósitos de la literatura satírica. No es la mejor cita que podría encontrar al respecto, pero me resulta igualmente apropiada. En el film se retrata a Chaucer como un modesto escritor con un problema de ludopatía. Víctima de este vicio, Chaucer suele terminar siempre desnudo a manos de "citadores e indultadores", que le arrancan la ropa además de darle una lección en forma de paliza. Sucede en una ocasión que, antes de que los acreedores de turno se ensañen con él y se dispongan a infligirle un serio castigo físico, Chaucer es rescatado por el falso sir Ulrich von Lichtenstein de Gelderland (es decir, el simple villano William Thatcher, interpretado por Heath Ledger), que se compromete a pagar su deuda de juego. Una vez liberado y después de saldadas las obligaciones, el joven escritor mantiene esta conversación con sus casi-verdugos, quienes pretendían incitarle a seguir jugando:

- Esta noche es "las siete y media", Chaucer. ¿Te ves con suerte?
- ¿Y tienes suficiente ropa?
- ¡Largo! Ya he acabado con vosotros... ¡hasta cuando me vengue!
- ¿Y qué demonios podrías hacernos TÚ a NOSOTROS?
- Os sacaré las entrañas en la ficción. Hasta el último grano, hasta la última verruga. Yo he estado desnudo un día, vosotros lo estaréis eternamente.

Es un buen plan. Solo hace falta ser diestro en palabras y agudo en ingenio. De lo contrario, lo satírico se convierte en crítica grosera y poco interesante como obra literaria. Ya traté AQUÍ el tema de la crítica, ahora no toca.
Parece inexplicable, pero la literatura satírica no es un género muy cultivado en los blogs. No digo que no se intente, de acuerdo a lo que leo (que es solo una pequeñísima porción de este inmenso océano), lo que quiero decir es que no se consigue. Los resultados suelen ser bastante mediocres.
A ver... voy a poner los típicos ejemplos. Resulta que a Fulanito alguien le plagia un post. Bueno, pues en vez de lanzarse a escribir una sátira en condiciones, se dedica a patalear. O puede que el novio de Menganita le haya hecho una perrería, y ella, que tiene un blog, despotrica sobre el asunto pero no deja una pieza meritoria. A Zutanito la situación política le parece una caca (¡vaya novedad!) y escribe un post despellejando a los gobernantes causantes del follón, pero es algo que, aunque pretende ser gracioso, se queda en poco más que un conjunto de cosas repetidas una y otra vez y sin gracia. Y Perenganita se decide a escribir algo con cierto ingenio, pero la historia acaba siendo un críptico peñazo sin interés del que es fácil desconectarse en la cuarta línea.

¿Qué pasa en la blogosfera? No será por falta de ideas o de talento, ¿no? Tampoco por falta de oportunidades, ni de motivos.
¿O es que la época de los juglares nunca llegó a estos rincones de la red?
No digo que la cosa sea fácil... Yo mismo he abandonado un texto sobre La estrambótica historia de la siniestra caballera Hipócrita-Malvada y su no menos asombrosa escudera Tonta-Útil, pero es que reconozco que este campo no es el mío y me siento más a gusto en otras aguas. Ahí está la trayectoria.
Aunque, bueno... quizás algún día.

Estos señores no escriben libros, pero son unos maestros del género satírico.
Aquí dejo el primer capítulo de una historia de políticos haciendo de las suyas:



(el resto de capítulos están -en orden-: aquí, aquí, aquí y aquí)

viernes, 30 de noviembre de 2012

once de doce

(más pensamientos desde el retiro)

Cuando pienso en meses de transición, todo el protagonismo se lo lleva noviembre. Es tan de transición que le sobran días. Podría tener menos que febrero, pero aun así pertenece al club de los meses de 30 días, no al de los de 31, que es el de los meses "importantes". A ver... no tengo nada en contra de los meses de 30 días (de los doce, mi mes favorito es septiembre), pero es que noviembre no merecía durar tanto como otros. Empieza con las fiestas de los difuntos y se va diluyendo en una especie de agonía prenavideña, acompañada con la amenaza de un invierno al acecho. Tan en tierra de nadie está noviembre, que ocupa un lugar insustancial en medio del otoño, con los árboles ya despojados de sus hojas, pero sin que las nieves hayan extendido todavía su manto blanco por doquier.

Y ya ha pasado noviembre. Se ha ido como desaparece el sol al final del día. Sin ruido, sin alharacas, sin un postrer exceso, lánguidamente. Con poco equipaje que transportar, con las escasas expectativas trasladadas a diciembre, con bastante indolencia, anestesiados los sentidos.
En ese vacío, echo de menos algo así como un thanksgiving day, un alto en el camino que sirva para marcar el punto de inflexión entre la nada otoñal y el resto del páramo en que los adornos navideños (todavía desactivados) comienzan a abarrotar las ciudades, estirando un tiempo que luego (de tan anunciado, como en el cuento del pastor mentiroso y el lobo) transcurrirá en un suspiro, como por sorpresa.
Es lo que tiene noviembre, que le ha tocado ocupar un lugar casi al final del año, donde es difícil prestarle atención o tenerle cariño. Aunque quizás suceda que algún noviembre de algún año se guarde un as en la manga y una Sara Deever aparezca de repente para transformar un mes anodino en una experiencia inolvidable. Dulce, tal vez.
Pero no será este noviembre. Ya no.




viernes, 20 de abril de 2012

piropos

(área de descanso nº 176)
"La naturaleza exterior nos avergüenza: es de una serenidad desoladora para nuestro orgullo".
(Gustave Flaubert)

"Mad Men": Joan Holloway (Christina Hendricks)
en su aureola roja de piropos acumulados.
Galanterías, requiebros, halagos, cumplidos, lisonjas... Es decir, piropos. Etimológicamente, este término proviene de la antigua palabra latina pyropus, que hace referencia a una "aleación de cobre y oro, de color rojo brillante", que (a su vez) procede del griego [transliterado] pyropós, que significaba "de color encendido" o "con aspecto de fuego" y, principalmente, "de ojos de fuego". En definitiva, pyropós (palabra compuesta, resultado de la suma de dos sustantivos) puede significar "fuego en el rostro" (pyr, -de pyrós-: "fuego" y ops -de opós-: "cara") o incluso "enviar fuego con la mirada" (puesto que ops también se puede traducir como vista o mirada).
Parece ser que los galanes romanos regalaban rubíes (de color rojo fuego, es decir "piropos") a las mujeres a las que cortejaban, en señal de su pasión hacia ellas. Los que no podían permitirse ese gasto, se servían de palabras amables como arma para sus conquistas, con idéntico propósito: encender ese fuego que, tal vez, se vincule a la llama de las pasiones que van junto con el piropo.

Así las cosas, los piropos han llegado a levantar tanto rubores de recato, como bochornos de indignación, o incluso (en ciertos casos) desazones varias a causa de la vergüenza ajena. Todo depende del qué, quién, cómo, cuándo, dónde, etcétera. Como casi siempre.
Los piropos de los conocidos son los más valiosos. Sobre todo cuando son auténticos (que, lamentablemente, no siempre lo son). Muchas veces hacen referencia a cualidades que van más allá de lo físico y suponen un pequeño empujón de moral en el trayecto tantas veces árido de la cotidianidad. Cuando alguien aprecia a alguien y le dedica alguna palabra amable, su fin no es la típica conquista romántica, sino procurar placer a la persona querida. Así, por efecto de una magia desconocida (es decir, la química cerebral) la actitud parece mejorar y ciertas cualidades menospreciadas en una insensibilidad apática, pero ahora sacadas a relucir por alguien que enciende el fuego, se pueden utilizar para seguir remando en el torrente de la vida. Nunca viene mal.
Los piropos de los desconocidos son todo un mundo. Imposible apreciar en ellos cualidades más allá de lo que se puede percibir de una forma inmediata, porque no serían creíbles. No tendría sentido alabar el sentido del humor, la inteligencia o la bondad de una persona completamente desconocida. Otra cosa es elogiar su mirada, su sonrisa, su elegancia, o lo que se aprecie en una primera impresión.

Hace unos días, estuve pensando en esto de los piropos por un par de situaciones que, en pocos minutos, se cruzaron de forma casi divertida. Estaba con un amigo en un pequeño pueblecito donde unos familiares suyos terminaban de acondicionar una modesta vivienda. Él y yo nos sumamos a la fiesta y terminamos acometiendo varias tareas de bricolaje. En cierto momento, nos visitaron una prima de mi amigo con su hija: la madre, tres años más joven que yo, y la hija, recién estrenada su mayoría de edad. Saludos, besos, presentaciones... Nuestros anfitriones comentaron de las recién llegadas: "¡Si parecen hermanas...!" y resultó ser un cumplido para la madre. Sin embargo, yo pensé que el cumplido era para la hija, porque ya quisiera ella tener el brillo en la mirada que tenía su madre. Elogiamos constantemente la juventud como si fuera la virtud por excelencia, cuando es solo la virtud de haber nacido más tarde. Cierto es que la joven resplandecía en su frescura juvenil, pero ni así podía igualar a su progenitora en la belleza de todos esos años vividos y que daban a cada gesto, a cada rasgo, una apostura incomparable.
En fin, fuese como fuese, en poco tiempo estábamos saliendo hacia la ferretería del pueblo para adquirir algunos materiales que nos eran necesarios para rematar las faenas en que estábamos enfrascados. Llegamos, mi amigo y yo, por las indicaciones de nuestros anfitriones y el conocimiento del lugar que él tenía. Una vez allí, nos atendió una señora que se diría octogenaria. Sorprendente por su vigor. Dudaba ella si uno de los materiales que le pedimos lo tenía en el almacén, y lanzó un grito a la trastienda: "¡Madreeee!". En ese momento, nos miramos mi amigo y yo con los ojos muy abiertos y creo que tuvimos una conversación telepática:
- ¿Has oído eso?
- ¿Ha dicho "madre"?
- Creo que sí. Habremos entendido mal...
A los pocos segundos, salió una señora que casi parecía un clon de la dependienta e igual de vigorosa. Entre ambas resolvieron el asunto. Cuando salimos de la tienda, mi amigo, entre risas, me espeta:
- ¿Te has fijado? ¡Si parecen hermanas...!

Piropos. Pueden ser graciosos, pueden ser entrañables, pueden ser molestos. Pueden ser inoportunos, pueden ser motivadores, pueden ser aduladores. Pueden ser dichos con muchas intenciones y propósitos... Empero, por encima de todos, el mejor que he escuchado en mi vida, el que más hermoso me ha parecido, el que de verdad me ha puesto fuego en el cuerpo, es este:


(y solo sirve si se dice de verdad de la buena, por supuesto)

sábado, 10 de diciembre de 2011

no pensar

(entre paradas, etapas, descansos, repostajes... con este ya son 200)

(tranquilos todos: creo recordar que al final gana el combate, como era previsible)

En apariencia, descabellado consejo: "no pensar".
Quizás (y a priori) lo que se necesita en cualquier caso es mayor reflexión y más pensamiento, que sirva como motor de un curso de acción responsable y certero. Sin embargo, el consejo es no-pensar.

Samuráis. Hace 100 saltos, era un rōnin el que ocupaba el espacio. Y aquí sigue en tránsito, eso no ha cambiado. Pero, para variar, una de samuráis, ¿por qué no?
Vuelvo al no-pensar. Parece cierto que el momento (único e irrepetible, como cada uno) acaba escurriéndose por el desagüe del tiempo y así se pierde para siempre, cuando se lo asfixia entre densas nubes de pensamientos pasados y futuros. ¡Es tan intangible el presente! Avanza hacia el futuro para ser pasado en un suspiro...
¿Cómo se puede vivir un instante tan singular? ¿Qué referencias se tienen?
Tanto vértigo de lo extraordinario me lleva la vista hacia atrás o tan adelante como pueda. En la brecha abierta entre lo pasado y lo por venir, en el abismo de presente, me sujeto a las amarras de lo único que no existe: el no-aquí y el no-ahora. ¿Y no es esto más insensato que no-pensar?
Es posible.

Agotado, entrada la noche y ya tendido en la cama, intentando reposar al fin del día fatigoso, solo pienso que ya no quiero pensar más.
Respirar tranquilo. Sorber el hálito del segundo fugaz. Mandar a paseo al martillo y al yunque que forjan la preocupación, con su insoportable golpeteo. Quedar absorto en la oscuridad. Ver la luz. Imaginar la caricia del camino en los pies. Volar sin alas. Y no pensar.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

criticando, que es gerundio

(área de descanso nº 155)
"En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos poco, porque gozamos de una posición que está por encima de los que exponen su trabajo y a sí mismos a nuestro criterio. Nos regodeamos en las críticas negativas, que son divertidas de escribir y de leer. Pero el hecho más amargo que debemos afrontar los críticos es que, a la hora de la verdad, cualquier producto mediocre tiene probablemente más sentido que la crítica en la que lo tachamos de basura".
(Anton Ego, crítico gastronómico en el film de animación "Ratatouille")

Quizás sea una mala costumbre bastante habitual, pero suele ocurrir que las acepciones peyorativas de los términos son las que acaban apropiándose de la identidad de numerosas palabras, tal vez entre las más interesantes. ¿Qué decir de la palabra de origen griego "crisis" (κρίσις, que a su vez procede del verbo κρίνειν: juzgar, separar, decidir) y de muchos de sus derivados? Es una cuestión ya comentada en este blog.

Cuando pensamos en crisis o en crítica, es raro que nos refiramos a algo distinto que a una situación angustiosa (en el aspecto que sea: económico, social, político, psicológico, clínico, personal...) o al feroz despelleje que le dedicamos a otras personas o que otras personas nos dedican. Y es igual de raro que adivinemos el parentesco entre palabras como estas dos citadas y criterio, por más que el parecido familiar (su idéntica raíz) las delate. Será porque nos hemos acostumbrado a que las personas que más "critican" son las que menos criterio demuestran. Será porque a veces llamamos "criticar" simplemente a soltar valoraciones con escasa profundidad de análisis, muy vacías en sí mismas, o destinadas particularmente al desahogo de quien las dice y el perjuicio gratuito de quien las recibe. Sea como fuere, este abuso ha degenerado en una mala concepción de la crítica y, como asevera Anton Ego (aunque sea un personaje de ficción), las críticas negativas producen más placer a quien las emite y a quien no las padece, aunque terminen destrozando a sus destinatarios.

Entonces, ¿qué se necesita para criticar? Pues eso dependerá de qué tipo de crítica se quiera hacer. Para una buena crítica de Arte, por ejemplo, se me ocurre que el crítico deberá demostrar conocimientos apropiados; haber entrenado debidamente su capacidad de análisis e interpretación de las obras; saber relacionar tendencias y encajar con maestría cada cosa en su lugar; poner aparte, si fuera posible, filias y fobias personales en busca de mayor objetividad (o evitando la ofuscación); no venderse al mejor postor, etcétera. Si lo que se quiere criticar son actitudes o comportamientos ajenos, aquí la prudencia se impone. Recomiendo aplicar ese viejo dicho de los indios chéroquis (también lo he visto adjudicado a los siouxes): "Antes de juzgar a tu hermano, camina tres lunas con sus mocasines" ...a ver si después de eso sigues pensando lo mismo, les faltó añadir, dando por supuesto lo fácil que es deducir tal consecuencia. Teniendo en cuenta que el propósito de la crítica es mejorar una situación (que sea susceptible de mejora, claro está) después de haber realizado el análisis correcto de la misma, qué menos que ser sumamente cuidadoso en cada detalle y no precipitar conclusiones.
Ahora bien, si lo que se pretende es realizar una crítica ligera y destructiva, torpe y lenguaraz, infame e inútil, entonces es necesario prescindir de todo tipo de cuidado y discreción. A cambio, añádase despropósito, mala uva, envidia (si fuera preciso) y necedad en proporciones a gusto del crítico. Pero, eso sí, sabiendo que toda esta acción destructiva puede degenerar en una reacción en cadena que, como en una guerra termonuclear a gran escala, destruiría incluso a los que hubieran lanzado la primera ojiva atómica o, siendo menos catastrofistas, que quizás exista la espada afilada de una justicia kármica para cortar las lenguas malas.


Montserrat Figueras & Hespèrion XX (director: Jordi Savall)
Entremeses del Siglo de Oro - Lope de Vega y su tiempo: 1550 - 1650.

Corten espadas afiladas
lenguas malas.

Mañana de San Francisco
levantado me han dicho.
Corten espadas afiladas
lenguas malas.

Libérame, Domine a labiis yniquis
et a lingua dolosa.
Lenguas malas.

Levantado me han dicho:
que dormí con la niña virgo.
Lenguas malas.

Beatus vir qui timet Dominum
un mandatis ejus volet nimis.
Lenguas malas.

Corten espadas afiladas
lenguas malas.

miércoles, 10 de agosto de 2011

cubo sobre cubo

(área de descanso nº 142)


El japonés Kunio Kato es el autor de una interesante y hermosa metáfora visual galardonada con el Oscar 2009 al mejor corto de animación. Segundo Oscar para la animación nipona, tras "El viaje de Chihiro" de Hayao Miyazaki, en 2002. Esta deliciosa obra de Kato, que competía con la favorita "Presto" de Pixar, resultó finalmente vencedora. Ya el año 2008 había supuesto para ella una generosa cosecha de premios en distintos festivales especializados, desde el Annecy International Animated Film Festival (el corto de Gobelins titulado Garuda y que mencioné hace unas semanas sirvió de promoción para esta edición en concreto) hasta el Hiroshima International Animation Festival, entre otros. Premios merecidos, sin duda.
"La maison en petits cubes" (título del corto en cuestión) es una emotiva historia sobre la memoria y la vida que no solo difiere de las obras del sensei Miyazaki en su extensión, sino también en el estilo, mucho más parecido a la animación de Europa oriental que al anime japonés. Este cortometraje, casi artesanal, a grafito, es como una poesía que resume sentimientos y valores fundamentales en imágenes de trazos que se desdibujan y nos cuentan historias universales y profundas acerca de cómo se vive y cómo se muere, porque el ser humano es algo muy curioso, en palabras del propio Kato.
En la metáfora que plantea el corto, un anciano vive rodeado por las aguas en un panorama de catástrofe provocada (posiblemente) por el calentamiento global. Pero como en toda metáfora, los elementos tienen múltiples lecturas y las que vamos descubriendo a medida que avanza el relato son más intensas que las iniciales. En la historia, el futuro es hoy, el desastre es hoy, pero igualmente la vida también es hoy.
Sin destripar más antes de ver el corto, solo decir que el título la casa de los cubos sugiere que la vida es un juego compuesto de distintas piezas, cada una de ellas rellenas de acontecimientos, de momentos con fecha de caducidad y que se van sucediendo en etapas. Cuando llega el momento del cambio (provocado por la simbólica subida del nivel de las aguas) se ocupa un nuevo cubo, dejando vacío el anterior y llevándose consigo al nuevo los avatares que nos sirvan para ese juego que continuará a lo largo de la vida.

Quizás la reflexión en el poema visual de Kato me ha parecido la forma más apropiada de celebrar mi tránsito a un nuevo año (como la simbólica inauguración de un nuevo cubo) en este día de aniversario.

jueves, 14 de octubre de 2010

noche blanca

(área de descanso nº 103)
"Nuit Blanche explores a fleeting moment between two strangers, revealing their brief connection in a hyper real fantasy".
(Arev Manoukian, director de "Nuit Blanche")

De chavalito tuve una guitarra. No estaba nada mal (la guitarra). Nunca aprendí a tocarla como me había propuesto y acabé regalándola, pero tuve una guitarra.
Pasados los años, sólo una lección me quedó en claro. La aprendí cuando me explicaban cómo afinar las cuerdas, tratando de sintonizar la frecuencia que da (al ser pulsada) una cuerda que está siendo "pisada" entre dos trastes determinados con la frecuencia que da otra cuerda contigua pulsándola al aire. El asunto es que, en el caso de que la afinación sea correcta y la nota que emitan esas dos cuerdas en esas condiciones sea la misma, la pulsación de una de las cuerdas provocará (por simpatía, sin siquiera ser pulsada) la vibración de la otra, revelando así esa coincidencia de frecuencias. A ciertas edades, este tipo de acciones a distancia no deja de provocar una gran fascinación. ¡Quién iba a sospechar que el aire entre dos cuerpos (ese ente tan liviano, tan sutil) tuviera tanto poder como para transmitir esos susurros del alma! ...aunque sólo fueran almas de cuerdas de guitarra.
El tiempo transcurrido desde entonces nos sigue enseñando a los que fuimos niños curiosos que ese mismo aire que transmite estremecimientos entre las cuerdas de un instrumento musical, por un fenómeno puramente físico, también es capaz de hacer llegar de persona a persona otro tipo de vibraciones, quizás semejantes a las de las cuerdas (¡quién sabe!), basándose en fenómenos que ya no me atrevo a encuadrar exclusivamente en el campo de la física, en el de la química ...o en cualquier otro distinto de ellos.


Hoy mismo ha vuelto a ocurrir. Cambia el escenario: da lo mismo noche, atardecer, mediodía... Cambia el color: es indiferente en blanco, azul, amarillo... Pero, desconociendo en qué momento o en qué lugar sucederá, descubres al fin que otro intérprete está tocando la misma música que tú llevas en el interior. Y, en ese breve instante eterno, en la fugacidad de lo perdurable, te maravillas ante la persona que delinea con sus pupilas, pinta con sus iris, rubrica con sus labios, la idéntica partitura que a ti mismo te está haciendo vibrar.

jueves, 18 de marzo de 2010

amici, diem perdidi

(89ª parada)
"Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa de azafrán".
(Libro de Isaías, cap. 35: 1)

Cuando se viaja por tierra a lugares lejanos, la sucesión de diferentes paisajes es una de las sorpresas más agradables que depara el camino. La transición de las montañas a las llanuras, de lo verde a lo ocre, de la costa al interior... Sucede así en los viajes geográficos, pero también en el gran viaje de la vida. En éste, los paisajes tienen los caracteres y los rostros de las personas que van apareciendo y acompañando en las etapas del viaje: las hay casi siempre presentes, como el cielo (aunque ofrezca una vista diferente a la del día cuando llega el momento de la noche, en ausencia del áureo astro), si bien la mayoría de paisajes, la mayoría de personas, permanecen más o menos tiempo, para acabar pasando definitivamente con el transcurrir del camino... Dejarán su lugar a nuevos paisajes con los que, en ocasiones, pueden llegar a coexistir fugazmente y se convertirán más en recuerdos que en presencias. Es ésta una de las grandes certezas del viaje.
En otras ocasiones, el cambio del paisaje no es tal. Aunque así se percibe, lo que cambia en realidad es el observador, el viajero. Quizás cuando cree atravesar un lugar delicioso es su inclinación a verlo así lo que lo hace tan apetecible para la vista. En otras ocasiones, la aridez del camino no es sino un reflejo de la aridez emocional del caminante en el tramo recorrido. Así sucede que personas extraordinarias que pasan ante nosotros no son debidamente apreciadas por nuestra indisposición del momento. Otras personas menos prometedoras a priori van ocupando, por la magia de un instante o de una circunstancia, lugares de relevancia en el transitar. Nunca se sabe. Como dije antes, la sucesión de paisajes es una de las sorpresas más agradables del camino y es imposible conocer de antemano qué aventuras deparará la ruta seguida.

Una vez más, la clave está en cada paso, en cada instante, y no en la obsesión por el destino. Pensándolo bien, sucede incluso en los relatos... ¡Cuántas veces no habrá pasado que la impaciencia nos lleva a hojear (y ojear) las últimas páginas del libro en que estamos enfrascados para tratar de resolver las incógnitas encerradas en las frases sobre las que aún corremos, alejadas del desenlace! Quizás algún día aprendamos que tal cosa no merece la pena. Lo pensaba estos días, siguiendo la última temporada de Lost, una serie a la que no me aficioné cuando nos la metieron por los ojos en el momento de su estreno, pero a la que sí me aficioné en un momento del viaje en que me reconocí bastante perdido. Ahora que termina el relato, los guionistas están empeñados en tratar de explicar o redondear una historia que nos iban narrando a través de las vidas de personajes que ya se explicaban a sí mismos de alguna manera. Y pienso que nada hay más chapucero que terminar una obra (un relato, en este caso) con la explicación de la obra (del relato), cerrando el paso al ingenio, la creatividad, la imaginación o incluso los escapismos legítimos de espectadores (y lectores). Hay modos mejores si se quiere obtener una obra de mayor calidad. Ya sé que es un recurso que viene de antiguo: típico de los filmes del género policial y de intriga era ver al malo de turno, pistola en ristre apuntando al prota, explicándole los cómos y los porqués de todo el cuento... y, de paso, dando tiempo a que llegara la providencial intervención que decantara un desenlace del lado del bien y la justicia. Todo muy redondo, tan redondo que resulta inalterable. También creo, por lo mismo, que lo peor de una película como El sexto sentido fue ese repasito final para los despistados que no hubieran ido pillando lo que se cocía (¿...acaso no queda la posibilidad de ver el film una vez más y obtener nuevas y diferentes lecturas del mismo?). Por todo lo contrario, la cinta de Kubrick 2001: Una odisea del espacio me resultó una tomadura de pelo (así lo reconozco) la primera vez que la vi hace ya muchos años, mientras que a día de hoy (después de varios visionados) pienso que es una obra imprescindible.
En fin, que no quiero enredarme con ejemplos. Simplemente, pretendo decir que la vida se explica a sí misma en cada aliento para quien es capaz de aprovechar y saborear la bocanada sin esperar que todo se resuelva al final (en especial, porque nunca se sabe cuál será la definitiva inspiración, la que precede a una espiración en que la 's' se convierte en una 'x'). O, en símil de colegiales, que es mejor estudiar un poquito cada día en lugar de dejar toda la materia para la víspera del examen final.
No sé si el paisaje que ahora contemplo con visión ciclotímica es el mejor posible. No me importa. Sé que es el que me quiere-y-puede contar quién soy y hacia dónde voy. Y con esto debería bastarme por el momento... aunque, a veces, como en un extraño déjà vu, me asalten preguntas sin respuesta: ¿Cómo se pueden tener añoranzas de sitios en los que no he estado, nostalgias de vidas que no he vivido y recuerdos de personas que no he conocido?

Debemos al escritor Suetonio, en De vita Caesarum (Las vidas de los doce césares) haciendo referencia a Tito Flavio Vespasiano, estas palabras:
En cuanto a las demás peticiones que podían hacerle, tuvo por norma no despedir a nadie sin esperanzas. Hacíanle observar sus amigos que prometía más de lo que podía cumplir, y contestaba que nadie debía salir descontento de la audiencia de un príncipe. Recordando en una ocasión, mientras estaba cenando, que no había hecho ningún favor durante el día, pronunció estas palabras tan memorables y con tanta justicia celebradas: Amigos míos, he perdido el día.

Teniendo en cuenta la trascendencia de los paisajes en nuestras vidas y la importancia de cuidarlos con esmero, es muy posible que este sentido del diem perdidi sea una de las mejores formas de complementar el manido carpe diem de Horacio.

Ilustración de este post: "El raigón", de Ricardo Supisiche (1912-1992)

martes, 22 de diciembre de 2009

weltschmerz

(86ª parada)
"La esperanza que se demora es tormento del corazón;
Pero árbol de vida es el deseo cumplido".
(Libro de los Proverbios, cap. 13: 12)

En la película Matrix reloaded (la segunda parte de la trilogía futurista de los Wachowski) se puede presenciar un diálogo delirante entre el Arquitecto (el malo-malísimo, ¡como no podía ser de otra forma!) y Neo (el 'elegido' y esas gaitas). Más que un diálogo es casi un monólogo del colega, que no para de largar una cantidad de cosas... Monólogo que, aunque pretende explicar el sentido de todo ese montaje, parece elaborado para tener que tragárselo unas cuantas veces si se quiere entender el meollo del asunto. Se puede intentar hacer una prueba de concentración pinchando AQUÍ. Avisado estás.
En fin, que hay un momento en que el Arquitecto plantea un serio dilema a Neo: deberá elegir entre Zion (la ciudad de los humanos que quedan) y Trinity (la chica por la que Neo anda enchochadito). ¿A quién rescatará el elegido? Después de un instante de duda, Neo se lanza hacia la puerta que le llevará a salvar (o intentarlo, al menos) a Trinity... ante lo cual, el Arquitecto no puede contener una frase muy interesante:
.
La esperanza: la quintaesencia del engaño humano que es, al tiempo,

la fuente de vuestro mayor poder y de vuestra mayor debilidad.
.

Razón no le falta al tipo. Por ejemplo, ahora que termina el año, habrá un montón de gente haciendo cábalas sobre cómo será 2-mil-10, sobre qué se podrá esperar de él, si será mejor o peor que el anterior... y un largo etcétera. Esperanzas...
Imaginamos un mundo en que se cumplen nuestras esperanzas y despertamos a un mundo en que estas expectativas no están cumplidas. Quizás una solución esté en esa sentencia acuñada por Audrey Hepburn: "La vida no puede defraudarme, porque no espero nada de ella". Quizás sí o quizás no, porque también es cierto que la esperanza es la fuente de nuestro mayor poder y es una pena privarse de un motor tan potente.

No lo sé. Cada uno decidirá cómo quiere afrontar el nuevo año: esperando o sin esperar nada. En cualquier caso, lo más sensato (ya se espere o no se espere) es salir al encuentro de lo que pueda venir. Porque esperar no sólo es quedarse sentado en una silla a ver qué pasa ...que también es una forma de esperar, pero bastante inconsciente. Mejor será esperar (si es que se decide mantener la esperanza) o no esperar (en caso contrario) en actitud de búsqueda activa.

Decidas lo que decidas: no caigas en weltschmerz. Es un término alemán (parece que estos palabros teutones son muy del gusto de la Psicología) que, en el compacto estilo de esta lengua, podría traducirse literalmente como "mundo-dolor". Describe un estado de ánimo de abatimiento o tristeza que se experimenta cuando se compara el mundo real tal y como es con el hipotético mundo idealizado. Una visión pesimista que puede instalarse en nuestra mente sólo con ver los informativos, por ejemplo. ¡Qué difícil es que el mundo real pueda equipararse al mundo tal como lo deseamos en nuestra imaginación! El camino de esta tristeza podría llevar a una depresión y resignación nada beneficiosa, desde luego.
Y ahí estamos: debatiéndonos entre ese positivismo que nos lleva a esperar que una situación se resuelva de la mejor forma posible (¡maloserá! decimos en Galicia) y la maldita Ley de Murphy que nos hace temer lo peor en cada caso.

Bueno. Hasta aquí ha dado de sí close2u en este 2-mil-9. Ahora me despido hasta el año que viene. Cosas del calendario... si dividiéramos los años de otra forma (por ejemplo, en los solsticios o equinoccios) no diría esto hoy; pero tenemos la costumbre de separarlos entre el 31 de diciembre y el 1 de enero ...un capricho como cualquier otro. Estaré de viaje y desconectado de la red de redes en los próximos días, visitando a mi familia en Castellón. A la vuelta, leeré tus posts, responderé a tus comentarios: ¡prometido queda! De momento, con una mano al teclado y la otra cerrando la maleta, no tengo el sosiego necesario para deleitarme con tranquilidad en lo que has escrito. Cuando vuelva a casa, sí podré leerte con calma.
Mientras tanto, ahí tienes el mundo: déjalo tal como está, si te parece bien así, o haz lo posible por mejorarlo, si lo crees necesario. Haz lo que esperas. Y hazlo sabiendo que el mundo ideal que imaginas nunca existirá, pero sí que puedes acercarte hacia él aunque sólo sea un palmo más allá desde esta misma realidad. Está en tus manos.

Que pases estos días lo mejor posible, vestido con la más auténtica y encatadora de tus sonrisas.

domingo, 18 de enero de 2009

¿y aún se sigue concediendo el nobel de economía?

(64ª parada)
“Dichosos los pacificadores, pues se les conocerá como hijos de Dios”.

(Evangelio según San Mateo, cap. 5: 9)

Ya verás. El día señalado en el lugar señalado, alguien recibirá un montante de diez millones de coronas suecas y medallita correspondiente reconociéndolo como Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel (aunque el premio no sea sufragado por la Fundación Nobel, sino por el Banco de Suecia). Y se hará mención también a sus logros en el campo de tan maravillosa ciencia (aunque también desde el mundillo de las ciencias se siga discutiendo el carácter científico del discurso económico).
Es cierto que, en los tiempos que corren, cada vez se pone más difícil eso de haber reunido méritos para recibir un premio como el Nobel de la Paz. Pero hay personas que se dejan el pellejo (al margen, por supuesto, de reconocimientos y premios) para intentar traer un soplo de concordia a un mundo que no acaba de aprender a reconciliarse. Pero... ¿Nobel de Economía? ¿para premiar qué cosa...?
- ¿El descubrimiento de nuevas formas de poder para subyugar a naciones enteras?
- ¿La perpetuación de la pobreza?
- ¿La formulación de mecanismos que permitan a los que tienen casi toda la riqueza seguir acaparando hasta completar lo poco que les falta?
- ¿La ausencia de previsión de las políticas económicas en situaciones críticas?
¿...o qué?


Vistos los resultados de las sesudas contribuciones de tan grandes lumbreras de la Economía, no dejo de pensar en el descomunal porcentaje de inutilidad de esos estudios. No entiendo (en realidad, sí entiendo) cómo a una persona que ha trabajado tanto por el desarrollo de una economía sensata, justa y equilibrada, que se puede aplicar a nivel mundial, como ha sido Muhammad Yunus, no se le haya concedido el mencionado galardón. A cambio, fue reconocido como Premio Nobel de la Paz en 2006. Pero es una demostración de los derroteros (vergonzosamente alejados del bienestar de los más necesitados) por los que transitan los economistas. Sirva como paréntesis decir que esta misma semana se emitió, en un canal de la televisión pública de este país, la película española Concursante (gracias, Avellaneda, por dármela a conocer), del director Rodrigo Cortés, y que sirve para reflexionar un tanto acerca de la forma en que se manejan los asuntos del dinero en nuestro querido 'primer mundo'. Llamativa es la escena en que el atribulado protagonista es despachado con cajas destempladas (peor que si fuera la peste) de la casa del personaje Edmundo Figueroa, un viejo economista extravagante y disidente, cuando éste se entera del oficio de su visitante. Sí, es un economista. Pinchando <AQUÍ>, se puede ver una escena bien interesante de este largometraje.

Yunus, banquero y economista de Bangladesh, fue el fundador del Banco Grameen y el desarrollador de los microcréditos. Los microcréditos (concepto ideado por el pakistaní Akhter Hameed Khan) son préstamos de pequeñas cantidades de dinero que se conceden a personas humildes para arrancar sus pequeños proyectos a nivel doméstico. Estas personas no podrían solicitar un préstamo bancario tradicional. Curiosamente, para que una entidad bancaria de las que conocemos se “arriesgue” a prestarnos dinero, deberemos demostrarle en primer lugar que no lo necesitamos: que tenemos un trabajo estable, un montón de propiedades para avalar o personas que nos pudieran prestar esa suma. Y le llaman riesgo. Claro que si necesitas el dinero de verdad... entonces, ni flowers. Bueno, pues en el banco de Yunus es todo lo contrario. Su banco se dedica a conceder créditos solidarios sin garantía a los más necesitados para que puedan realizar una actividad independiente y creativa. Lo mejor de todo es que ha quedado comprobado que el banco es autosostenible (produce beneficios), porque las personas que reciben los microcréditos están más que dispuestas a devolverlos íntegros en unos plazos razonables. Desde luego, su director no saldrá sacando pecho y fardando de los megabeneficios escandalosos que arrojan los balances a final de ejercicio (y luego, aún se atreven a llorar para que papá-Estado les cubra las espaldas); pero sí tendrá la satisfacción de que ha contribuido al bienestar de las clases sociales más desfavorecidas y al desarrollo de las estructuras económicas más elementales de su país. Los Señores del Dinero, supertrajeados y encorbatados, no podrán decir lo mismo. Tampoco parece que les importe demasiado.
Una de las perlas de Yunus:
“El crédito solidario concedido a aquellos que nunca habían pedido un préstamo
refleja el enorme potencial sin explotar que tiene cada ser humano”. (Muhammad Yunus)

A ver si otros toman nota.

Para terminar, sigo recordando el conglomerado de asuntos que me dejó con las tripas en la mano en el post anterior. En los medios siguen sin hablar del Congo, por ejemplo, como si tal país (el más grande y más rico en recursos de África) no existiera. Podría poner en práctica la frase que el personaje Charlie Pace, de la serie Lost (Perdidos) ¡buenísima, oiga!, llevaba tatuada sobre el hombro: Living is easy with eyes closed.
Pero es que no me apetece apagar los faros.
Así que ahí queda una sangrante viñeta de Quino (puede verse en su volumen ¡Cuánta bondad!, ed. Lumen, pág. 58)



(ya sabéis: click en la imagen para ver a lo grande)

martes, 15 de julio de 2008

quod erat demonstrandum

(buscando, sin éxito, algo que dejé en la salida)

Me ha costado un año, pero puedo decir que algo queda demostrado. Y no es un teorema. Cada generación científica se agarra tanto a las imágenes que ha producido que suele acabar siendo víctima de su propia "imaginería". Durante la Edad Media, la repetición sistemática de grabados y figuras con una Tierra plana cual bandeja de camarero, en medio del universo, y con océanos que se despeñan en abismos situados al borde, fue un serio obstáculo para que se produjera un progreso en la concepción del cosmos. La etapa darwiniana ha dejado sus ilustraciones del simio enderezando el espinazo a la vez que va perdiendo pelo. El club de los Copérnico, Kepler, Brahe, Galileo and company nos legaron sus figuras del sistema solar como una pista de atletismo o un circuito de carreras en torno al Sol, con sus planetas moviéndose en órbitas elípticas perfectamente cerradas ...con salida y meta en un mismo punto. En estos años de Hawking, son más propios los dibujos de un universo en una cáscara de nuez, con un punto central de fragorosa explosión a partir del cual todo se expande...
Bueno, pues creo que todo lo anterior no son más que simplificaciones de este universo en el que vivimos, con su dosis de cierto y su dosis de falso, sobre todo porque (¡reconozcámoslo de una vez!) muchas de esas imágenes se han elaborado a partir de conjeturas, teorías, especulaciones, iluminaciones de iluminados... pero no de pruebas o hechos demostrados. ¡Ay, los científicos jamás concebirían un cosmos que cantara "antes muerto que sencillo"...! Pero una cosa es que sea sencillo (que seguro que lo es y más de lo que suponemos) y otra muy distinta es que sea simple o incluso simplón como aparece en algún dibujete. Y ¡qué difícil es dibujar su complejidad real (que, en primer lugar, habría que conocer) o llegar a resumirla en alguna ley física, fórmula matemática ...o lo que sea!

En fin... al grano (que cuando me pongo nervioso, y la ocasión es para estarlo, no paro de largar): lo que hace que cada momento sea único es que la trama espacio-temporal en la que estamos situados sólo permite nuestra presencia en uno de sus puntos sólo un instante. Y nada más. Nunca otra vez en el mismo sitio. La prueba es que no hay órbitas cerradas, aunque así se hayan representado. No se puede repetir una posición: cuando volvemos al "mismo lugar" (por ejemplo, a casa al final de la jornada), nunca volvemos a estar en el "mismo lugar", a pesar de que nuestra sensación sea ésta.
Se cumple precisamente hoy un año desde que empecé a escribir este blog (con dos plantillas usadas, un montón de cabeceras, pero una sola imagen de perfil; 51 paradas y un total de 61 entradas, incluyendo ésta). Allí, en la salida, fui un poco lento al comenzar la marcha, inspirado en una conocida fábula de Esopo. Un asunto de liebres y tortugas. Dejé esa página del libro de fábulas pegada en la línea de salida con la intención de que, al verla en mi primer paso por meta, completada la primera vuelta del viaje, me recordara ese asunto pendiente entre quelonios y lepóridos. Pero aquí no hay ni página de libro, ni línea de salida, ni nada de lo que debería haber... sólo el camino, nada más. Y ni siquiera es un circuito al que dar vueltas. Resulta que el Sol, en su desplazamiento por el espacio, ha ido arrastrando la órbita de nuestro planeta convirtiendo la elipse cerrada de los dibujos en una hélice abierta que impide que jamás volvamos a estar en un sitio por el que ya hemos pasado una vez... ¡caprichos del espacio-tiempo!

Y todo este rollazo para decir dos cosas. Una: que cada momento es extremadamente precioso (¡y a ti te estoy haciendo perder el tiempo de mala manera con mis tonterías! :D). Y dos: ¡que estoy de aniversario bloguero! Espero que estas dos noticias amortigüen el efecto de la tercera que traigo medio camuflada, porque me cuesta más lanzarla...
Bueno, pues... esto... que el próximo fin de semana no habrá parada en el viaje de raindrop... ni el siguiente... ni el siguiente... en fin, hasta no sé cuándo. No se trata de vacaciones. Hago una desconexión indefinida por otros motivos. La palabra desconexión me genera un doble interrogante en la cabeza. Me explico: sé lo que me costará desconectar y también sé lo que costará volver a conectar después de un tiempo. Es un curioso balance entre hábitos y cariño. Aunque no siga en la blogosfera durante una temporada, me costará dejar de pensar en todos y cada uno de los amigos y amigas con los que he compartido tanto. Me apena ser consciente de la cantidad de cosas que me voy a perder y de lo que me costará ponerme al día a la vuelta. Ésta es la forma que tenemos de ir conociéndonos y ¿qué pasará con vosotros después del apagón? No podré saberlo. Os voy a echar mucho de menos.

A propósito de conocernos: después de un año, creo que ya va siendo hora de presentarme a letra descubierta. Aquí dejo algo manuscrito, recién salido del horno (click sobre la imagen para verla grandecita). Sé que es más fácil (y queda más legible) teclear y pulsar enter que escribir en papel con bolígrafo, escanear y luego publicar la imagen. Pero esto también me ha impedido ser más fiel a mi propio estilo. Generalmente, mis papeles están siempre más llenos de dibujos, croquis, garabatos y líneas que de letras.
También, respecto al hecho de conocerse, tengo que decir que suelo pensar en el principio de incertidumbre. Cuando Werner Heisenberg formuló este principio, se refería a la imposibilidad de medir simultáneamente de forma precisa la posición y el momento lineal de una partícula. Pero ya que los físicos andan tan preocupados con eso de encontrar la teoría definitiva que unifique todas las fuerzas del universo, ¿por qué no incluir también esa fuerza tan poderosa que actúa en las relaciones entre las personas y que es el amor? El principio de incertidumbre viene a decir, en términos de andar por casa, que simplemente al observar un fenómeno ya lo estamos alterando inevitablemente. Así que es difícil hacerse una idea de cómo son las cosas porque siempre nos queda la duda de si serían iguales si no las estuviéramos viendo. O el típico acertijo zen: ¿Hace ruido un árbol que cae en el bosque sin que haya nadie que pueda escucharlo? (¡hala, ahí queda eso! ;D). Y ¿qué sucede con las personas? Cuando nos conocemos, al interactuar, también vamos cambiando. Nos hacemos un poquito diferentes. Quizás no lo notemos, pero es así. Dos personas que conviven juntas, cada vez son más semejantes. A mí, esto me parece algo grandioso: vosotros me habéis permitido entrar en una parte de vuestros espacios vitales (en un blog se vierten cosas de lo que uno es) y os lo agradezco de corazón. Me ha ayudado. Y sería bueno saber que mi presencia aquí también ha sido de provecho para vosotros.
Recuerdo en la película Mejor imposible (As good as it gets) la escena en que la camarera (Helen Hunt) del restaurante que frecuenta el escritor protagonista (Jack Nicholson), bastante cansada ya del carácter intratable y demás manías de éste, le pide que le diga un buen piropo. Y aquí el prota se esmera porque el tío le suelta el mayor de todos los piropos que se pueden decir ("la madre de todos los piropos", como hubiera dicho quien ya sabéis). Es, sin duda, el piropo que me encantaría que me dijeran a mí, siempre que fuera de verdad de la buena, claro. Es algo así: Tú haces que yo quiera ser mejor persona.

Insisto: esto no es una despedida. Cuando se supera el punto sin retorno, ya no hay posibilidad de retirada. Uno siente que (no importa cuál sea la distancia que quede por recorrer) se está más próximo a la meta que a la salida. Y ya no se piensa en dar marcha atrás. Además, raindrop es una tortuga de largo recorrido, que no se conformaría con un solo año de viaje. Pero, ahora, llega el momento de transitar por otros senderos en los que no hay áreas de descanso, como en close2u, para compartir unos instantes en la buena compañía de los nudos extraordinarios de la red. Un día de éstos, volveré al camino principal para seguir practicando el principio de incertidumbre con todos vosotros. Hasta que llegue ese día (aunque seguiré contestando comentarios hasta el viernes) dejo este vídeo que es como un metafórico resumen audiovisual en casi cuatro minutos de lo que puede ser un viaje con sus paradas.

Hasta pronto
(sigo viajando)

domingo, 13 de julio de 2008

¿qué te importa lo que piensen los demás?

(51ª parada)
"¿Por qué se forman tumultos entre las personas, y la gente piensa cosas vanas?"
(Salmo 2: 1)

El 28 de enero de 1986, el transbordador espacial Challenger explotó a los 73 segundos de su lanzamiento (en la que iba a ser su décima misión), destruyendo también las vidas de sus siete desprevenidos tripulantes. Las dos fotos de arriba dan testimonio de la catástrofe.
El simpático mozo de las tres fotos de más abajo, que lo mismo toca los bongós que da interesantes y profundas explicaciones de Física, es Richard P. Feynman. Considerado el físico teórico más destacado de la posguerra, premio Nobel de Física en 1965, trabajó en los campos de la electrodinámica, gravedad y computación cuánticas, superconductividad, interacciones entre partículas en el espacio-tiempo, nanotecnología... En los años de la Segunda Guerra Mundial fue reclutado para participar en el Proyecto Manhattan (sí, para producir la bomba atómica... pero no sé si es ventajista hacer cierto tipo de juicios a posteriori) y, poco antes, su tesis en mecánica cuántica le había distanciado de las teorías de Albert Einstein (este último transitaba por otros caminos). Al margen de estos conocidos trabajos en el campo de la Física, Feynman también fue una persona interesada en muchas otras materias. Apasionado del arte, fue un pintor que alcanzó relativo éxito (llegó a realizar una exposición bajo un pseudónimo), también aprendió a tocar el tambor en Brasil y participó en una escuela de samba. Este tipo de dedicaciones, junto con sus muy liberales opiniones acerca de sexualidad que nunca dejó de divulgar, le granjearon cierta reputación de excéntrico, cosa que a él no pareció importarle en absoluto. Es posible que la influencia de los padres del eminente físico (su padre siempre estimuló su curiosidad y le animó a cuestionarse el razonamiento tradicional, no aceptando nunca que un asunto quedara sumido en el oscurantismo; mientras que de su madre heredó un profundísimo sentido del humor) llevaran a Feynman a ser el tipo de persona a quien no detienen las zancadillas ajenas. ¡Bien por Feynman!

Vale... pero ¿qué relación hay entre el Challenger y Feynman?
Después del accidente del transbordador, se requirió a Feynman para colaborar en la Comisión Rogers que tenía como objetivo investigar las causas del desastre. Y aquí viene lo bueno, porque (como suele pasar en estos casos) la versión oficial no coincidió con la opinión de Feynman, que logró demostrar con un simple experimento lo que había provocado el accidente. Insistiendo mucho, consiguió que su versión fuera incluida como un apéndice al documento oficial. Finalmente, el libro titulado ¿Qué te importa lo que piensen los demás? es la historia relatada por Feynman sobre su trabajo en la Comisión.
El bueno de Richard había dicho que "para lograr un éxito tecnológico, la realidad debe estar por encima de las relaciones públicas, porque la Naturaleza no puede ser engañada". ¡Toma ya, diplomacia!

Me recuerda esto a un asuntillo que traté en otra ocasión (aquí) acerca de la verdad de las máquinas. Mientras que la verdad de las máquinas es de una objetividad palmaria, la verdad de los humanos siempre va a estar matizada por una lista enorme de factores que la desvirtuarán más o menos. Uno de los factores de esa lista es el asunto "relaciones públicas"... Para los seres humanos, todo un arte: la diplomacia, lo políticamente correcto, las apariencias, el quedar bien, el qué dirán... ("cariño, ese vestido te favorece mucho", "hombre, señores Plómez, cómo nos alegra su visita", "no has envejecido nada en estos últimos diez años", "uy... no me va a ser posible asistir a esa reunión mañana: tengo un compromiso importante", "has adelgazado, ¿verdad?", "¡qué bebé tan lindo! es realmente precioso" y un largo etcétera que no siempre coincide exactamente con lo que se está pensando). Aunque habría que sumar también la mentira piadosa (más comprometida y comprometedora emocionalmente y, por tanto, algo diferente a la mentira oficiosa, que es el espíritu de lo anterior). En fin, ya sea por agradar o por proteger, cuántas veces se enmascara la realidad bajo una capa de conveniencia... Y pienso en alguna situación menos trivial. Por ejemplo, imagino a ese enfermo terminal que todavía no conoce lo que se le avecina porque su familia quiere ir dosificándole el disgusto. ¿Qué versión es la que prefiere cada uno... el enfermo, los familiares? Aún no se me ha presentado la oportunidad de tener que tomar una decisión en semejante trance. No sé lo que haría.

También pienso en otro caso, de ficción (aunque reflejo de muchos otros casos reales parecidos), en la película Atrápame si puedes (Catch me if you can). Hay un momento del film que me parece realmente emotivo y, para mí, son algunas de las secuencias más deliciosas de todo el largometraje. Se trata de los encuentros entre el protagonista, Frank Abagnale jr. (Leonardo DiCaprio), y su padre, Frank Abagnale sr. (Christopher Walken), después de que los problemas se abatieran sobre la familia. Ambos se citan en restaurantes y otros lugares para contarse sus vidas, cómo les va, y ¡se mienten como bellacos! ...pero el asunto es que ambos saben que se están mintiendo y siguen con el juego. Es una especie de La vita è bella, un edulcorar una triste realidad, pero con una diferencia sustancial respecto a la película de Benigni: se conoce la realidad, no se ignora. Es otra forma de aplicar relaciones públicas, de proteger del daño conocido a quien se quiere, sin ocultar pero mirando hacia otro lado...

Y mi mente apunta ahora hacia mi familia, que está pasando un año verdaderamente malo, allá en el otro lado de la península. También ellos saben que el mío no ha sido para tirar cohetes. A veces he pensado que, sabiendo que nada cambia, que todo sigue igual, no estaría mal que nos mintiéramos un poco, aun sabiendo que estamos mintiendo. Pero que nos contáramos una historia posible, que es la que nos gustaría estar viviendo... y, al dirigir nuestra mirada hacia un poquito más arriba, conseguir echar un vistazo a lo que sí se puede alcanzar. Y coger ánimos para lograrlo.
Ya sé que con esto no pondríamos en órbita un transbordador... pero ¿qué me importa lo que piensen los transbordadores?