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martes, 15 de mayo de 2012

hálito

(visitando el bosque de bambú)
"Sentado solo, en el bosque de bambú,
toco el laúd, silbo largo tiempo.
Al bosque profundo la gente no lo conoce,
la luna brillante viene y acerca su claridad".
(Wang Wei, 699-759)

La brisa de la tarde rumorea entre los tallos huecos y las briznas de hierba. Viene de donde quiere, va hacia donde quiere. Nunca se sabe.
Indiscreta, juega con la ropa y los cabellos. Juguetona, acaricia el rostro.
Le respondo con otra caña, la única manera de convertir en dulce melodía el fuego indómito que ruge en mi interior. Vapores mezclados en el viento. Susurran ambos.
Mi aliento inunda la flauta. Se introduce desde la embocadura, se agita, se retuerce, traza remolinos, se emociona en el interior del tubo. Luego, escapa de su alma, tan cálida, y expira en la tibieza del bosque. Se diluye en el éter.
Y es en el momento en que muere, el instante definitivo, cuando alcanza la belleza y encuentra el sentido de su efímera existencia.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

criticando, que es gerundio

(área de descanso nº 155)
"En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos poco, porque gozamos de una posición que está por encima de los que exponen su trabajo y a sí mismos a nuestro criterio. Nos regodeamos en las críticas negativas, que son divertidas de escribir y de leer. Pero el hecho más amargo que debemos afrontar los críticos es que, a la hora de la verdad, cualquier producto mediocre tiene probablemente más sentido que la crítica en la que lo tachamos de basura".
(Anton Ego, crítico gastronómico en el film de animación "Ratatouille")

Quizás sea una mala costumbre bastante habitual, pero suele ocurrir que las acepciones peyorativas de los términos son las que acaban apropiándose de la identidad de numerosas palabras, tal vez entre las más interesantes. ¿Qué decir de la palabra de origen griego "crisis" (κρίσις, que a su vez procede del verbo κρίνειν: juzgar, separar, decidir) y de muchos de sus derivados? Es una cuestión ya comentada en este blog.

Cuando pensamos en crisis o en crítica, es raro que nos refiramos a algo distinto que a una situación angustiosa (en el aspecto que sea: económico, social, político, psicológico, clínico, personal...) o al feroz despelleje que le dedicamos a otras personas o que otras personas nos dedican. Y es igual de raro que adivinemos el parentesco entre palabras como estas dos citadas y criterio, por más que el parecido familiar (su idéntica raíz) las delate. Será porque nos hemos acostumbrado a que las personas que más "critican" son las que menos criterio demuestran. Será porque a veces llamamos "criticar" simplemente a soltar valoraciones con escasa profundidad de análisis, muy vacías en sí mismas, o destinadas particularmente al desahogo de quien las dice y el perjuicio gratuito de quien las recibe. Sea como fuere, este abuso ha degenerado en una mala concepción de la crítica y, como asevera Anton Ego (aunque sea un personaje de ficción), las críticas negativas producen más placer a quien las emite y a quien no las padece, aunque terminen destrozando a sus destinatarios.

Entonces, ¿qué se necesita para criticar? Pues eso dependerá de qué tipo de crítica se quiera hacer. Para una buena crítica de Arte, por ejemplo, se me ocurre que el crítico deberá demostrar conocimientos apropiados; haber entrenado debidamente su capacidad de análisis e interpretación de las obras; saber relacionar tendencias y encajar con maestría cada cosa en su lugar; poner aparte, si fuera posible, filias y fobias personales en busca de mayor objetividad (o evitando la ofuscación); no venderse al mejor postor, etcétera. Si lo que se quiere criticar son actitudes o comportamientos ajenos, aquí la prudencia se impone. Recomiendo aplicar ese viejo dicho de los indios chéroquis (también lo he visto adjudicado a los siouxes): "Antes de juzgar a tu hermano, camina tres lunas con sus mocasines" ...a ver si después de eso sigues pensando lo mismo, les faltó añadir, dando por supuesto lo fácil que es deducir tal consecuencia. Teniendo en cuenta que el propósito de la crítica es mejorar una situación (que sea susceptible de mejora, claro está) después de haber realizado el análisis correcto de la misma, qué menos que ser sumamente cuidadoso en cada detalle y no precipitar conclusiones.
Ahora bien, si lo que se pretende es realizar una crítica ligera y destructiva, torpe y lenguaraz, infame e inútil, entonces es necesario prescindir de todo tipo de cuidado y discreción. A cambio, añádase despropósito, mala uva, envidia (si fuera preciso) y necedad en proporciones a gusto del crítico. Pero, eso sí, sabiendo que toda esta acción destructiva puede degenerar en una reacción en cadena que, como en una guerra termonuclear a gran escala, destruiría incluso a los que hubieran lanzado la primera ojiva atómica o, siendo menos catastrofistas, que quizás exista la espada afilada de una justicia kármica para cortar las lenguas malas.


Montserrat Figueras & Hespèrion XX (director: Jordi Savall)
Entremeses del Siglo de Oro - Lope de Vega y su tiempo: 1550 - 1650.

Corten espadas afiladas
lenguas malas.

Mañana de San Francisco
levantado me han dicho.
Corten espadas afiladas
lenguas malas.

Libérame, Domine a labiis yniquis
et a lingua dolosa.
Lenguas malas.

Levantado me han dicho:
que dormí con la niña virgo.
Lenguas malas.

Beatus vir qui timet Dominum
un mandatis ejus volet nimis.
Lenguas malas.

Corten espadas afiladas
lenguas malas.

viernes, 26 de agosto de 2011

porque hoy es hoy

(área de descanso nº 144)


Las últimas semanas del verano coruñés van transcurriendo lánguidamente, se diría que con más pena que gloria. Del verano queda el nombre, al igual que sucede con aquellas mujeres de edad incierta a las que se les sigue llamando chicas mientras los niños, en su honestidad que no sabe de diplomacias, las llaman señoras. En otras partes del país la gente se está tostando bajo el sol y, en cambio, por aquí el verano-de-nombre ha ido robando las esencias otoñales sin permiso del equinoccio. Aunque intuyo que habrá un nuevo golpe de timón y terminará por resarcirse en los ya no tan lejanos días de septiembre o de octubre, en que volverá a darnos otro cambiazo cuando todos empecemos propiamente a tratarlo de señor otoño. En el fondo, es un favor que nos hace dándonos una buena excusa para rellenar los incómodos silencios de ascensor. ¿Qué sería de esos eternos momentos sin la anodina y poco estimulante charla acerca del tiempo, de lo trastornado que está y de qué barbaridad, esto no hay cuerpo que lo resista, no me extraña que se pillen catarros seguidos? Sin el dichoso comentario del tiempo, tan largas se harían esas encerronas (en estrecha cabina y compañía no solicitada) que podríamos esperar, al abrirse las puertas del ascensor después del inacabable trayecto, una visión de la mismísima superficie lunar. Ya no quiero ser tan alto como la luna... Un efecto relativista con el otro tiempo, el de los relojes. Gracias, Einstein.

Pero como no solo del tiempo vive el hombre (ni la mujer), las nubes de plomo que tenemos por sombrero también sirven para empujar a la escritura a los melancólicos. Como yo. No hubiera escrito ni una sola línea de ser este el primer día penumbroso de la temporada. Ni siquiera una semana entera habría bastado como detonante. Pero sí lo es un acúmulo de días lo suficientemente extenso como para que la memoria empiece a no distinguirlos.
De dos opciones que tengo para lanzarme a la escritura, suelo escoger la de la memoria y descartar la del impulso. Por simple imitación. No soy capaz de imaginar al poeta relatando las emociones que experimenta en el mismo instante en que lo zarandea la pasión. Imagino, más bien, que en lugar de dar expresión escrita a sus penas durante un baño de lágrimas, elige otro momento en que el líquido de ellas ya está evaporado y no queda más que un reguero salino cuarteado en las mejillas. En la memoria, reviviendo la tormenta pero ya a salvo de sus relámpagos, se tiene la percepción más nítida y se rescata lo más universal, lo perdurable. A fin de cuentas, lo que sucedió es lo que recordamos, no lo que sucedió realmente. Nuestro equipaje se nutre de la memoria.
Si pusiera en práctica la otra forma de escribir, la del impulso, es muy posible que (sin desmerecer a nadie) mi estilo se acercara más al de la adolescente que escribe su diario de tapas rosas y flores y que es custodiado por una cerradura cuya llave oculta en un cajón recóndito. Inexplicable sería tanto temor a que alguien pueda robar los pensamientos más íntimos si luego se publican para que los lea el primero que pase por aquí. Otra forma de verlo es considerar que este espacio es un diván y el extraño que pasa actúa como psicoanalista mudo, soportando mi desahogo. No me convence esta opción, porque el extraño termina convirtiéndose en conocido y la vulnerabilidad se torna insoportable.
Sí, prefiero escribir desde la memoria: contemplar el árbol de los pensamientos y comprobar cuáles de sus hojas permanecen todavía aferradas a las ramas después del paso de las ventiscas que se llevan la hojarasca superflua.

Prefiero aquello, aunque en días como el de hoy me lance a la loca carrera del impulso adolescente escritor de diarios. Sin apenas teñirlo de lo que me susurra la memoria.
Porque hoy es hoy. Y me siento gris, como el día.


miércoles, 17 de agosto de 2011

canción con ventana

(área de descanso nº 143)

(cuatro viñetas de la versión en castellano de "Astérix y los Godos")
La primera vez que escuché eso de "canciones con ventana" fue (creo recordar) en el programa de radio La gramola, de la emisora M80. De esto hace ya bastante tiempo. Me gustó la expresión. Viene a sugerir que hay canciones que son como una ventana a nuestros recuerdos. Escuchamos las notas y eso nos transporta por arte de magia a la contemplación de un paisaje recurrente que está ya indisolublemente asociado a la melodía. Generalmente, son buenos recuerdos, experiencias que nos han marcado o momentos que llevamos en nuestro equipaje vital de forma permanente, aunque no sepamos el motivo.
Por casualidad, hace unos días volví a escuchar una canción que ya tenía olvidada, y descubrí que era de las que tienen ventanita incorporada para asomarse a otro lugar en otro tiempo. Es una canción del grupo Olé Olé (del momento en que Vicky Larraz dejó el grupo y la cosa fue derivando con los años a una especie de Marta Sánchez y sus mariachis), titulada Lili Marleen y que está basada en un antiguo poema de un soldado alemán. Al oírla, recordé los días en que la familia nos vinimos a vivir a Coruña, las varias mudanzas, las cajas llenas de cosas, la novedad de un destino lejos de mis amigos de toda la vida y de mis años adolescentes, la lluvia y el cielo gris, los nuevos olores de una humedad que todo lo impregnaba... en definitiva, etapa de cambios drásticos. Nada que ver con la letra de la canción, sino con lo vivido en los días en que esa canción estaba en el aire.

La canción en sí también tiene su propia historia, mucho antes de convertirse en la versión pop ochentera que acabo de mencionar. El soldado Hans Leip había escrito un texto para recordar a su novia, allá por los años de la Primera Guerra Mundial, como despedida después de ser enviado al frente ruso. Pero fue en 1937 cuando el compositor Norbert Schultze puso la música al poema de Leip, titulado Das Lied eines jungen Soldaten auf der Wacht ("La canción de un joven soldado de guardia"). Sin embargo, esta canción (que recibió otro título distinto al actual: Das Mädchen unter der Laterne, "La chica bajo la farola") no tuvo ningún éxito remarcable en los días inmediatos a su lanzamiento. Pasados los años y entrada la Segunda Guerra Mundial, las cosas cambiaron.
En la primavera de 1941, apenas conquistada Belgrado por los nazis, el Alto Mando alemán ordenó reparar las estructuras de la que había sido la radio yugoeslava y reforzar las instalaciones. Rápidamente, la estación de Radio Belgrado se hizo una de las más potentes de Europa y fue destinada exclusivamente a transmitir programas en lengua alemana, para los soldados del Tercer Reich en todas partes, desde el norte de África hasta Noruega, desde la Unión Soviética hasta los Pirineos. En Radio Belgrado, una tarde, alguien escogió distraídamente un disco (había sido llevado hasta allí por un oficial del Afrika Korps destinado a Belgrado, después de que la balada fuera adoptada, por el éxito que tuvo entre los soldados de Rommel, como canción de la compañía) pero que hasta entonces no había llamado la atención de nadie en la emisora. Era una de tantas canciones inspiradas en la guerra, pero no estaba seleccionada en el grupo de las escogidas por el programa destinado a elevar la moral de la tropa, transmitido todas las noches a la hora de mayor audiencia. Esta canción tenía, en efecto, poco de heroico y mucho (demasiado) de nostálgico. Su título ya era Lili Marleen y contaba la historia de una muchacha esperando bajo un farol ante un cuartel, y de la ilusión de un soldado de poder estar un rato con ella. La cantaba Lale Andersen, una cantante de voz débil, un poco ronca, más de cabaret que de canción de amor. El éxito de Lili Marleen fue inmediato. Avalanchas de cartas inundaron Radio Belgrado y todas las otras estaciones alemanas solicitando que transmitieran otra vez esta canción que había impresionado la fantasía de tantos jóvenes solos y lejos de casa. Pronto el fenómeno llamó la atención del Ministerio de Propaganda, y el mismo Goebbels quiso escuchar la canción. Su sentencia fue negativa: la canción solo podía influir desfavorablemente sobre la moral de los hombres y por eso debía ser eliminada del repertorio destinado a las tropas. No obstante, las protestas fueron tantas que no fue posible prescindir del disco. Radio Belgrado llegó al punto de transmitir Lili Marleen todas las noches a la misma hora (a las 21 horas 57 minutos, como cierre de su programación) y Lale Andersen, con voz que parecía venir del más allá, fue la cantante más famosa de Alemania: la chica con la que todas las noches un soldado alemán tenía una cita.
Pero Goebbels llegó a descubrir que la Andersen tenía rastros de sangre judía en sus venas y utilizó ese descubrimiento para hacer que, a través del prejuicio, sus admiradores le volvieran la espalda. Ella lo pagó demostrando cada vez más abiertamente sentimientos antinazis.
El éxito de Lili Marleen no fue solo un fenómeno entre los soldados alemanes. La potencia de la emisora de Radio Belgrado permitía que también los soldados aliados escucharan la canción y terminaran por adoptar la melodía al otro lado del frente. ¡Qué sorpresa para los soldados alemanes cuando escuchaban tararear la canción de Lale Andersen a los prisioneros aliados!

Ahora que veo la versión de Olé Olé, me parece que todo ha envejecido demasiado rápido. O que algunos hemos nacido en el Pleistoceno...

viernes, 1 de julio de 2011

4'33''

(área de descanso nº 136)

En el año 1952, el influyente y vanguardista compositor estadounidense John Cage ideó una peculiar composición musical. Su título es 4'33'' (four minutes, thirty-three seconds) y se trata de una obra en tres movimientos que puede ser interpretada por cualquier instrumento o conjunto instrumental.
Quien lo desee, puede escuchar esta pieza en (por ejemplo) el siguiente vídeo, que además de la obra propiamente dicha contiene una presentación-introducción y una despedida-conclusión:


¿Una tomadura de pelo? Quizás sí, quizás no.
Si parece serlo en apariencia, creo que no lo es en su contenido más profundo.
En el supuesto silencio de esta obra se encuentra el regalo de una forma distinta de escuchar en medio de un mundo excesivamente intoxicado de ruido y frenesí... ¿Acaso durante esos poco más de 4 minutos y medio no se escucha nada? Si uno afina bien, puede oír una multitud de sonidos "residuales": ruidos del exterior, el ambiente más inmediato, la propia respiración y el ritmo cardíaco... incluso los propios pensamientos. Cada espectador escuchará algo distinto y será distinto (lleno de percepciones y sensaciones particulares) en otras ocasiones en que se vuelva a escuchar esta obra.

Cada vez cuesta más que se respete un minuto de silencio en algunos actos (por ejemplo, en estadios deportivos): o empieza inmediatamente el runrún del público o se acorta deliberadamente el tiempo y queda en un minuto simbólico, para evitar que a alguien le dé un síncope por la falta de ruido y sobredosis de sosiego y reflexión. Es, una vez más, la demostración del horror vacuii, bastante inexplicable (pero constatable en muchas personas) cuando ese vacío significa quedarse a solas con uno mismo.
Resulta sorprendente que incluso en este tipo de obras se evite ese total vacío. Un "Tacet" como única palabra en la partitura de 4'33'' o un ingrávido cuadrado blanco sobre un fondo blanco en la obra suprematista de Malevich de semejante título.


Es muy posible que le sobre ruido a nuestra existencia. La vida moderna tiene exceso de decibelios y nuestra salud (física y mental, demasiado interconectadas) se resiente con el abuso.
El verano está recién estrenado (en el hemisferio norte, claro) y suele ser una época bulliciosa. Como contrapartida, las vacaciones permiten jornadas más llenas de relax. Pienso que la recomendación de escuchar de vez en cuando este 4'33'' no vendría tan mal. Hoy estrenamos mes e inauguramos también el último semestre de un año que discurre veloz. Pero siempre tenemos la oportunidad de deleitarnos con el paso de nuestros 273 segundos de sosiego.

Bueno, y no hay que preocuparse de que la SGAE quiera cobrarnos por tararear la obra de Cage por la calle o en la ducha.
¡Qué alivio!

viernes, 10 de diciembre de 2010

medio lleno...

(área de descanso nº 106)
"Un pesimista es solamente un optimista bien informado".
(Mario Benedetti)

Si después de leer las leyes de Murphy, alguien cree que estamos al borde del cataclismo, que sepa que el comentario de O'Toole a dichas leyes llega a apostillar: "Murphy era un optimista". Si el optimista cree que vivimos en el mejor mundo posible, el pesimista teme que eso sea verdad.
Y seguimos con las frases hechas entre optimistas y pesimistas...

Hay situaciones en el viaje de la vida que recuerdan al chiste del optimista y el pesimista.
El pesimista dice:
- ¡Todo es horrible, no puede ir peor!
El optimista dice:
- Sí, sí puede.

Suele ser según se mire. Medio lleno, medio vacío. Ya lo decía el maestro jedi Qui-Gon Jinn (y discúlpenme ustedes el origen de la cita): "Tu enfoque determina tu realidad".

No hay que tirar la toalla: si hubiera que derramar lágrimas, siempre se puede hacer de la mejor de las maneras. Por ejemplo, escuchando la 3ª sinfonía de Henryk Górecki (¡gracias, Ch!), una luz que empieza a abrirse camino en medio de la más profunda oscuridad. ¿Cómo puede ser tan bella la tristeza?

En plan homenaje (un viernes como hoy, hace cuatro semanas, fallecía Górecki... pasado mañana se cumple un mes), el 2º movimiento de su sinfonía nº 3, "Sinfonía de las lamentaciones":

jueves, 14 de octubre de 2010

noche blanca

(área de descanso nº 103)
"Nuit Blanche explores a fleeting moment between two strangers, revealing their brief connection in a hyper real fantasy".
(Arev Manoukian, director de "Nuit Blanche")

De chavalito tuve una guitarra. No estaba nada mal (la guitarra). Nunca aprendí a tocarla como me había propuesto y acabé regalándola, pero tuve una guitarra.
Pasados los años, sólo una lección me quedó en claro. La aprendí cuando me explicaban cómo afinar las cuerdas, tratando de sintonizar la frecuencia que da (al ser pulsada) una cuerda que está siendo "pisada" entre dos trastes determinados con la frecuencia que da otra cuerda contigua pulsándola al aire. El asunto es que, en el caso de que la afinación sea correcta y la nota que emitan esas dos cuerdas en esas condiciones sea la misma, la pulsación de una de las cuerdas provocará (por simpatía, sin siquiera ser pulsada) la vibración de la otra, revelando así esa coincidencia de frecuencias. A ciertas edades, este tipo de acciones a distancia no deja de provocar una gran fascinación. ¡Quién iba a sospechar que el aire entre dos cuerpos (ese ente tan liviano, tan sutil) tuviera tanto poder como para transmitir esos susurros del alma! ...aunque sólo fueran almas de cuerdas de guitarra.
El tiempo transcurrido desde entonces nos sigue enseñando a los que fuimos niños curiosos que ese mismo aire que transmite estremecimientos entre las cuerdas de un instrumento musical, por un fenómeno puramente físico, también es capaz de hacer llegar de persona a persona otro tipo de vibraciones, quizás semejantes a las de las cuerdas (¡quién sabe!), basándose en fenómenos que ya no me atrevo a encuadrar exclusivamente en el campo de la física, en el de la química ...o en cualquier otro distinto de ellos.


Hoy mismo ha vuelto a ocurrir. Cambia el escenario: da lo mismo noche, atardecer, mediodía... Cambia el color: es indiferente en blanco, azul, amarillo... Pero, desconociendo en qué momento o en qué lugar sucederá, descubres al fin que otro intérprete está tocando la misma música que tú llevas en el interior. Y, en ese breve instante eterno, en la fugacidad de lo perdurable, te maravillas ante la persona que delinea con sus pupilas, pinta con sus iris, rubrica con sus labios, la idéntica partitura que a ti mismo te está haciendo vibrar.

domingo, 19 de septiembre de 2010

septiembre

(área de descanso nº 100)

Wake Me Up When September Ends by Green Day on Grooveshark

Suavemente, el tiempo ha ralentizado su frenético ritmo de verano, las largas horas, los amarillos intensos.

Ese galope tendido ya no es sino parsimonia, días más compactos por fuera,

Pero más esponjosos por dentro,

Tardes atemperadas con un tenue soplo anaranjado en el rostro.

Indago, entre nubes que se persiguen, el alto cielo cyánico, para encontrármelo pleno de pájaros cargando sus maletas. En el suelo, ahora más sombrío, la hormiga apura su tarea.

Es la señal, es el vértice en el ciclo.

Me miran pesarosas las verduscas hojas de los árboles, agitadas por el viento a un lado y a otro, en un melancólico baile,

Bañadas por ráfagas juguetonas que las convertirán muy pronto en víctimas.

Rastrea su gloria el estío, mas no la halla: la ha ido devorando la proximidad del equinoccio,

Embajador de tempranos ocasos.