jueves, 23 de mayo de 2013

ouroboros

(etapa 24.13)

Hay temporadas llenas de días que transcurren dejando un insoportable déficit de fuerzas y energías. En esos días, a veces pienso en Sísifo. Condenado a llevar cada día la misma roca hasta la cima de una montaña, este personaje puede ser el paradigma de una existencia inútil y absurda. En definitiva, todos los días terminan cobrándose su peaje de rutina. El sol sale por las mañanas y recorre la bóveda celeste hasta que se oculta en el anochecer, y vuelve a estar dispuesto en la mañana siguiente para repetir su negocio cotidiano. Igual que la roca de Sísifo.
Pero a diferencia de lo que sucedía con el antiguo rey de Éfira, cada día ofrece una oportunidad a quien decide empujar la roca ardiente en su travesía por el firmamento: la oportunidad de superar lo rutinario, de aprender cosas nuevas, de crecer en experiencias. Por eso resulta tan fastidioso el presentimiento de la oportunidad perdida, imaginada como el último tren del día alejándose del apeadero donde aún permanece el peregrino.

Se ha repetido muchas veces que la vida es cíclica y puede que ahí resida el menoscabo: en la ineluctable repetición de ciclos. Supuestamente, los ciclos han de servir para el desarrollo, pero no siempre sucede así. Hay ciclos de estancamiento y son desesperantes. Vidas de Sísifo, ouroboros. El ouroboros, el reptil que devora su cola, se ha utilizado como símbolo de renovación, de la unidad de todas las cosas en un ciclo eterno, pero también del esfuerzo infructuoso y la lucha sin fin. Es una figura de evidente desgaste. A quien va consumiendo su propio cuerpo hasta extinguirse, ¿qué le quedará?
Quizás, la oportunidad de comenzar de cero. Una vez más, en un ciclo distinto.

viernes, 17 de mayo de 2013

balwadis

(un alto en el camino)

Las cadenitas me caen fatal. Qué cantidad de bulos, estafas y tonterías se propagan a través de esa necesidad compulsiva de compartir en cadena contenidos cuya veracidad ni siquiera se ha comprobado. No me gustan las cadenitas. En la era de las redes sociales de "la Gran Red", las entiendo como la continuación del principio goebbelsiano "repetid una mentira miles de veces hasta que la convirtáis en una verdad". Una ayuda inestimable para confundir a cuantos más mejor. Cómo detesto las cadenitas.

Pero lo que se dice en general no tiene por qué aplicarse a todos los casos particulares. Y por eso, y después de informarme sobre el tema, ahora sí que me embarco en esta cadena especial. Es algo que me interesa mucho.

I Love Balwadis


Es fácil de explicar: Venta de pisos se ha comprometido a canjear 200 sellos (como el de arriba) por dinero, que donará a la ONG Sonrisas de Bombay en cantidad suficiente para financiar durante un año Balwadi Tiger. Solo se necesita que 200 blogs cumplan con esta propuesta.
Un balwadi es un centro preescolar de la India, situado en zonas rurales y en las áreas económicamente más pobres de la sociedad, y puesto en funcionamiento por el gobierno o por una ONG. Fueron desarrollados por Tarabai Modak, y el primer balwadi se inició en Bordi, un pueblo costero en el distrito de Thane de Maharashtra, por Nutan Bal Shikshan Sangh en 1945. El propósito de los balwadis es proveer instalaciones para el crecimiento físico y mental de los niños, como escuela y como hogar. De este modo, miles de balwadis se han creado en toda la India por los organismos gubernamentales y no gubernamentales. Los balwadis fueron desarrollados para la formación de niños pobres en las zonas rurales de la India como parte de un programa del gobierno de alivio de la pobreza en el país mediante la universalización de la educación.
El Balwadi Tiger está ubicado en un barrio marginal de Bombay.

Las bases de la propuesta son las siguientes:
1. Escribir un post explicando por qué te unes a la campaña.
        (en eso estoy)
2. Colocar en el post el sello de la campaña, «I love Balwadis».
        (¡hecho!)
3. Enviar un mail a ilovebalwadis@gmail.com con el enlace del post.
        (en cuanto termine el post)

Y mi motivo para unirme a la campaña es porque CREO en la educación como el método para conseguir una sociedad mejor, más libre, más rica en lo fundamental. CREO que la educación es el mejor antídoto frente al adoctrinamiento, los abusos y la miseria. Y también CREO que gracias a la educación se puede mantener la esperanza de un mundo más justo, más deseable.
Dedicar unos pocos minutos para poner una ducentésima parte de un esfuerzo tan noble (y que puede marcar la diferencia para muchas personas) me resulta extraordinariamente gratificante.
¿Por qué no te unes también y me cuentas tus motivos? Será un placer.

domingo, 12 de mayo de 2013

héroe

(etapa 23.13)
"Each Event is preceded by Prophecy.
But without the Hero, there is no Event".
(Zurin Arctus, the Underking. The Elder Scrolls III: Morrowind)

Sucede algo no fuera de lo común. Lo común se ha convertido en un lugar demasiado amplio con el paso de los días y cada vez es más difícil poder calificar un suceso como inusitado o extraordinario. Lo insólito se ha diluido en millones de vidas, vividas y repetidas de forma ignorada. Pocas cosas hay nuevas. Y pocas nuevas son buenas.
Un tipo le da valor al suceso. No por parecer corriente a muchos observadores, el asunto deja de tener cierto brillo. En las páginas del diario ha quedado bastante desvaído y vulgar, pero el tipo, un novelista exquisito, decide pulirlo con otras palabras. Darle lustre, concederle pervivencia en la corriente de lo corriente. Unas páginas, bello texto, conmovedoras frases.
Para preservar identidades, se cambia algún detalle. Nombres, lugares. Esas cosas. Ahora, desatada de ligaduras, la historia empieza a tener su propia vida. También cambia esta pizca. Se exagera un poquito en esto y se minimiza aquello. Se bruñe al protagonista, se le confecciona un traje a medida. También se atavía el relato. Se ponen tildes y acentos.
No es suficiente. Se publica el libro pero no termina de calar. Una minoría encantada, literatura de culto. Pero la historia se olvida.
Y se retuerce en su tumba de silencio hasta que un director de cine planea orientar sus focos hacia la historia desconocida. Se prepara un guión, se vuelven a limar algunas aristas y se erizan astillas en otras partes. Se amputan extremidades del relato, alguno de sus órganos se somete a cirugía. Hay que recrear al héroe. Un productor decide jugársela. Se buscan actores. El elegido, el héroe, el ídolo del momento. Su sola presencia hace estremecerse al personaje del libro.
Silencio, se rueda.
Y ahora sí, la historia desconocida será inmortalizada. Para siempre. Comentarios, lágrimas, reseñas, pasiones, escalofríos, sueños. El héroe será un rastro perenne en las entregadas mentes del gran público, esas personas acostumbradas a pasar por alto los sucesos corrientes.

martes, 7 de mayo de 2013

indecisiones

(etapa 22.13)
"El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo".
(Gustavo Adolfo Bécquer)

Es posible que me falle la memoria con la siguiente cita, pero creo que fue el arquitecto Álvaro Siza Vieira quien dijo que proyectar es una forma de domesticar las indecisiones. Supongo que con otras palabras, aunque el significado sea el mismo. Y me parece que no puedo estar más de acuerdo.
Un proyecto, al igual que tantas encrucijadas de la vida, supone un océano de decisiones que vienen marcadas por muchas condiciones de partida, algunas impuestas, otras adoptadas. En el proceso de creación, todos los gestos, formas, actitudes, materiales, sistemas, intenciones, aspiraciones... son objeto de elección hasta alcanzar el resultado definitivo, sea satisfactorio o no, se acierte o se falle. Elegir significa, ya se sabe, optar por una solución desechando todas las demás. Es un esfuerzo que requiere una buena dosis de disciplina mental, incluso de valentía. No hay que olvidar que el artista, en su papel de demiurgo, cruza un abismo de vacío hacia la realización de una idea, como un funámbulo sobre el fino cable de su imaginación.
Se puede permanecer enfangado en la ciénaga de la indecisión mucho tiempo. Empero, proyectar supone rebasar ese trance. En palabras del maestro: domesticar las indecisiones, desenterrar los pies del lodo para proseguir hacia la meta, superar la prueba. Elegir, aunque no se hayan resuelto las dudas. Las dudas pueden acompañar en muchos proyectos, aun las mismas dudas en muchos proyectos distintos. Extrañamente, esas dudas forman parte del progreso y, aunque parezca paradójico, evitan el estancamiento si la mente es inquieta.

Me viene la imagen del domador de huracanes mentales sobre todo cuando la presión del entorno me supera. A veces la vida golpea duro en algunos frentes. A uno mismo, a las personas allegadas, a la sociedad entera. Quizás sea insólito expresarlo así, pero el trabajo de proyectar me sigue pareciendo en ocasiones un analgésico o un narcótico que amortigua algunos dolores de la vida. Un campo donde sí es posible flotar por encima de indecisiones y no morir ahogado en ellas. Me sigue poniendo de buen humor, como si recibiera una inyección de buen rollo, contemplar una obra que merezca la pena, estar delante de un buen proyecto, construido o en papel. Es una experiencia que no sabría cómo explicar, pero que forma parte de esta cosa tan rara y tan bella que, a pesar de mi impericia, tanto me gusta hacer.

martes, 30 de abril de 2013

no tengo tiempo

(etapa 21.13)
"El tiempo absoluto, verdadero y matemático en sí y por su naturaleza y sin relación a algo externo, fluye uniformemente, y por otro nombre se llama duración. El relativo, aparente y vulgar, es una medida sensible y externa de cualquier duración, mediante el movimiento (sea la medida igual o desigual) y de la que el vulgo usa en lugar del verdadero tiempo; por ejemplo, la hora, el día, el mes, el año".
(Isaac Newton, Philosophiæ naturalis principia mathematica)
.
"La barca pasa, pero el río queda".
(Proverbio malayo)

Luego llegó Albert Einstein con su Zur Elektrodynamik bewegter Körper ("Sobre la electrodinámica de cuerpos en movimiento") de 1905, introduciendo en el panorama de la Física la teoría de la relatividad especial y dando una nueva vuelta de tuerca (¡y menuda vuelta!) a la concepción del tiempo. El mismo Einstein llegó a responder de forma evasiva cuando se le pidió una definición de tiempo: "Tiempo es lo que se puede medir con un reloj". Qué complejo.
El tiempo se entiende desde entonces como esa cosa a la que todo parece estar anclado y que se estira o se encoge dependiendo de la velocidad con que suceden los fenómenos ahí anclados. Además, la percepción del tiempo es subjetiva. Las experiencias vividas como novedad proporcionan una sensación de que el tiempo se ralentiza, mientras que lo rutinario provoca el efecto opuesto. Un ejemplo típico: cuando se observa un reloj de manecillas con segundero de movimiento no continuo (es decir, a saltos, segundo a segundo), la primera impresión es que el reloj está parado porque el primer segundo parece durar demasiado tiempo. Los demás segundos, en cambio, se perciben con normalidad. Es el efecto de lo novedoso en el cerebro. Por esta razón, una fórmula que se ha propuesto para lograr la sensación de que el tiempo no pase veloz en la vida de una persona es que esta se entregue a experiencias nuevas, aprendizaje constante, recorrer la vida por caminos distintos en vez de transitar los muy trillados.

De todos modos, el tiempo es limitado y no alcanza para todo. Lo común es pensar "no tengo tiempo". Pero esto no es cierto. Para todos el tiempo es el mismo. Unos lo aprovechan mejor, otros peor. El problema no es la cantidad de tiempo que se tiene, sino la gestión del mismo. Está claro.
No me voy a poner a dar consejitos sobre cómo gestionarlo bien, porque en esto siempre seré más alumno que profesor. Lo que sí puedo hacer es recordar un par de ilustraciones que vienen a cuento.

La primera será la del leñador. Dos leñadores tienen que talar un área de bosque. Ambos disponen del mismo tiempo para talar y descansar, tienen un  hacha idéntica y fuerza parecida. Lo que no emplean es el mismo método y eso marca la diferencia. Al final, uno de los dos leñadores ha conseguido hacer más trabajo en menos tiempo. ¿Cómo lo ha hecho? Uno ha empleado todo el tiempo en talar. El otro, ha talado y ha hecho pausas cada cierto tiempo para afilar el hacha. No ha sido tiempo perdido, sino una inversión de tiempo que le ha permitido optimizar el total. La gestión del tiempo tiene más que ver con las distintas tareas que ocupan el tiempo que con la cantidad total de tiempo disponible para una sola tarea.

La segunda ilustración será la de la caja, las piedras y la arena. Es parecida a la anterior, pero contada de forma más abstracta y más general. Si lleno una caja de piedras, todavía queda espacio entre los intersticios para seguir llenando la caja con arena. Se tendrá finalmente una caja llena de piedras y de arena. Pero si tomo una caja y la lleno de arena, ya no queda más espacio para piedras. La caja tendrá arena pero no piedras. Bueno, pues lo mismo ocurre cuando se llena el tiempo con diferentes cosas: si no se cuida el orden o las prioridades, entonces hay cosas para las que nunca se tendrá tiempo. Puede que llenando todo el tiempo con una sola actividad ya se esté servido, pero también se corre el riesgo de llevar una vida desequilibrada o con sensaciones de carencia.

La forma de vivir es, quizás, la mayor complejidad en todo este asunto del tiempo.

viernes, 26 de abril de 2013

casi

(etapa 20.13)
"Decidles que mi vida ha sido maravillosa".
(últimas palabras de Ludwig Wittgenstein)

En los últimos días, sus manos estuvieron unidas más de lo que había sido habitual en varios lustros. Los médicos habían enviado a su padre de vuelta a casa con el flaco consuelo de que la llama se iría extinguiendo sin apenas dolor físico, otra cosa sería cómo los sentimientos agitaran las mentes que ahora se mantenían juntas por las manos.
Mientras el sol declina en una tibia tarde, el padre contempla el rostro de su hijo bañado por los últimos rayos anaranjados. Ve mucha melancolía en él. Entonces se arranca en una confesión que ha madurado en ese ocaso incontenible.

Hijo, espero que tu vida sea tan dichosa y fructífera como la mía. En mis tiempos jóvenes decidí qué iba a hacer con mi vida, cómo me gustaría que transcurriera. Pensé que sería bueno para mí disfrutar de mis años de juventud, hacer buenos amigos, prepararme para la vida, para conseguir un trabajo, conocer mundo y divertirme. Luego, me asentaría, pero no demasiado. Trabajaría para ganarme la vida, tendría un lugar donde vivir, me enamoraría de una mujer extraordinaria y compartiríamos un camino juntos. Desarrollaría una curación para el cáncer, viajaría a algunos sitios soñados, seguiría aprendiendo siempre. Disfrutaría de la compañía de mis hijos y quedaría embelesado viéndolos crecer y dejando que me enseñaran todos esos secretos de la vida que solo los ojos infantiles pueden percibir. Me deleitaría con las cosas sencillas, adquiriría nuevas habilidades, cultivaría mi mente y mi cuerpo sin cesar, me mantendría siempre en crecimiento. Más tarde, sostendría a mis nietos sobre mis rodillas y reiría y jugaría con ellos, alcanzaría la paz mundial después de trabajar intensamente en ese objetivo, conocería a nuevas personas y seguiría alimentando la amistad de mis compañeros de juventud. Por último, estaría preparado para morir tranquilo, amparado por el amor de mi querida familia, y abandonaría serenamente este mundo.
Ya lo ves. ¿Cómo no voy a considerar que he tenido una vida abundante? He logrado casi todo lo que me había propuesto lograr. Solo hay tres cosas que me faltan. Pero las que más felicidad me han traído, esas sí las he conseguido. Además, de las tres que me han faltado, una estoy a punto de alcanzarla. Muy pronto.
No estés triste, hijo. Gracias por haber sido parte de esta maravilla.

martes, 23 de abril de 2013

día del libro

(empapelando el mundo)
"Hasta entonces había creído que todo libro hablaba de las cosas, humanas o divinas, que están fuera de los libros. De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí. A la luz de esa reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante. Así que era el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana era incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables mentes, que habían sobrevivido a la muerte de quienes los habían producido, o de quienes los habían ido transmitiendo".
(Umberto Eco, "El nombre de la rosa")

Hace varios años, Juan Luis Cano y Guillermo Fesser (es decir, Gomaespuma) habían creado un divertido spot radiofónico para una campaña de promoción de la lectura. Empezaban intentando seleccionar las palabras más bonitas de nuestro idioma. Juan Luis citaba "madre". Oh, sí, comentaban, hermosísima palabra, no hay otra con un significado tan importante... Y entonces Guillermo mencionaba "libro". Qué gran palabra, le respondía Juan Luis. ¿Y por qué te gusta esa palabra? Guillermo le respondía: Es que yo, después de tantos días trabajando, hoy libro.
Quizás algo disparatado como promoción de la lectura, pero ellos son así. Lo de Gomaespuma es humor, no hay que darle más vueltas, pero he conocido algún caso real que daría mucha más risa si no fuera porque iba en serio. El que se lleva la palma se me va quedando lejano en el tiempo, aunque imposible de olvidar. Recién salida la primera generación de las Playstation, mi amigo B ya la tenía chipeada, incluso con algunos juegos en japonés (¡qué locura era moverse por los menús!), y aquello era lo nunca visto en calidad de gráficos. Un domingo por la tarde nos juntamos en su casa para jugar unas partidas. Estábamos solos en la casa, así que nos acomodamos en el salón y conectamos el aparato en la enorme pantalla del televisor para darle más emoción al asunto. Después de un rato (aquí, la relatividad del tiempo me impide concretar si fueron varias horas o unos pocos minutos), vuelve de un paseo su padre y se mosquea porque le tenemos ocupado el televisor. Mi amigo le responde que nos dé unos minutos para terminar una partida y que se entretenga con otra cosa mientras tanto. Respuesta de su padre: "Sí, no querrás que coja un libro".
Tal cual. Así sucedió y esa fue la frase. Mi amigo y yo nos quedamos ojipláticos perdidos e hicimos serios esfuerzos para no estallar en una carcajada que aumentara aún más el cabreo de su padre. Bueno, pasados los años, todavía seguimos utilizando la frase de marras para hacer alguna gracia, en plan de guasa.

Pero aquí he venido a hablar de libros, parafraseando al señor Umbral. De libros, en general, sin entrar en títulos en concreto. Hablar de libros (en general) es hablar de escritores y de lectores (también en general), porque los libros solos, cerrados y olvidados en una estantería o en una biblioteca, son demasiado lujo como para servir de elemento decorativo. Hablar de escritores y de lectores es hacer referencia a las relaciones que se establecen entre desconocidos a través de las letras y los espacios entre ellas, es hablar de acciones y reacciones a grandes distancias en el espacio pero también en el tiempo. Esto ya es para maravillarse.
Hay muchos tipos de lectores: los compulsivos, los selectivos, los todoterreno, los exhibicionistas, los discretos, los atentos, los despistados, los incisivos, los superficiales... Cada cual elige su manera. A pesar de todo, en ocasiones suceden cosas inexplicables. Por ejemplo, he conocido algunos lectores compulsivos, de los que se pasan la mayor parte del día leyendo, pero que luego escriben con algunas faltas de ortografía o errores de sintaxis. Algo que me resulta raro. Me decía un amigo que es imposible atravesar un campo embarrado sin que puedas evitar que el barro se te adhiera a los zapatos. Lo mismo con las lecturas: ¿cómo atravesar el campo de los libros sin que se te pegue algo? No sé, quizás hay gente que pasa tan rauda, que no se le pega todo lo que sería de esperar. Hace tiempo que practico la lectura pausada y la relectura. No tengo un cupo de libros que leer al año, no necesito correr como pollo sin cabeza para dar un informe o cubrir una reseña. Ahora me gusta leer de la misma manera que me alimento. Saboreando, paladeando, aprovechando, digiriendo, sin empachos. Y comer variado. Libro no es solo novela. Entiendo que la narración de historias es algo que nos acompaña a los humanos desde la noche de los tiempos. Gustan los relatos, de palabra, por escrito, en imágenes. Novelas, películas, series... han nutrido la fantasía de las personas durante generaciones. Pero la literatura es mucho más que el mero relato. Además de que dentro del género novelístico hay multitud de subgéneros, me gusta espaciarme en otros géneros distintos: poesía, ensayo, teatro... Es posible que de la lectura de poemas me haya llegado esa tendencia a la lectura pausada, a sentir muy adentro lo que es capaz de transmitir un autor a través de sus escritos. Emociones, sentimientos, pensamientos, concentrados en palabras.
Otra costumbre que ya no practico es la de recomendar libros concretos a personas cuyas preferencias ignoro. El gusto es algo muy personal y los libros no transforman por igual a cada uno, así que he desistido de proponer lecturas a personas que apenas conozco. Embarcarse en una lectura es aventurarse en un ejercicio de metamorfosis personal, de mayor o menor calado, pero metamorfosis a fin de cuentas. Ahí encuentro otra de las maravillas de la lectura: no me digas qué lees, sino muéstrame cómo te ha cambiado lo que lees.
Pero sobre todo esto se pueden decir tantas cosas... No hay una única ley. Hay tantas leyes como lectores. Se lee para formarse, para informarse, para entretenerse, para emocionarse. No hay límites. Dijo René Descartes que leer un buen libro es como conversar con las mejores mentes del pasado. ¿Quién da más?
Si no existieran los libros, yo no sé quién sería. Les debo mucho a los libros y por eso me gusta celebrar un día como el de hoy. Por profunda gratitud, hoy y (por supuesto) todos los demás días del año.

Pero mejor que hablar de libros es leerlos.
¿Qué haces hoy aquí leyendo un blog? Mejor que sea un libro.

domingo, 14 de abril de 2013

texturas de la memoria

(etapa 19.13)

Recordé una noche pasada en vela. Recordé a dos envueltos por la noche, de un lado a otro, bajo las estrellas. Dos insomnes. Dos que ríen, se abrazan, se besan. Dos que pasean, dos que toman algo aquí, dos que dialogan allí. Dos que deslizan su pasión por las horas de oscuridad.
Recordé un amanecer en la playa. Recordé la tibieza del sol naciente, sustituyendo el frescor de la madrugada. Recordé tu mirada, llenos tus párpados de cansancio, llenas tus pupilas de fragmentos de sol.
El sonido suave de las olas en la orilla, el graznar de aves marinas, el olor de la brisa que jugaba con tu pelo. Tu cuerpo se tendió sobre la arena y contemplaste el cielo. Vuelo de gaviotas rodeando la estela de un avión.
Recordé esa larga cicatriz de sangre dorada en la carne azul. El bisturí que iba abriendo la brecha en el éter era el mismo que en ese instante la estaba abriendo en tu mente, separándote del lugar en que estabas, separándote de mí, separándome de ti.
Recordé que horas después, en un aeropuerto, estaba desgarrándome contra la áspera corteza de una despedida.
Y quedó grabada en mí la textura de ese recuerdo.