lunes, 15 de julio de 2013

fin de viaje

(estación término)
"Solomon saith: There is no new thing upon the earth.
So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but a remembrance;
so Solomon given his sentence, that all novelty is but oblivion".
(Francis Bacon, "Essays", LVIII)

Quien alcanza la meta ya no puede sostener por más tiempo su creencia en lo que no tiene final, quien por instinto termina buscando esa cinta de llegada (como quien persigue una presa) se priva a sí mismo del sabor de otra inmensidad.
Cuando se comienza un viaje, por más largo que sea, como el viaje a Ítaca que relataba Kavafis, se sabe (al menos se intuye) que un día terminará. Pocos viajes tienen vocación de ser eternos. Y muy pocos se resignan al olvido, aunque es posible que ese sea su destino más seguro.
También el de este viaje.

Hoy se cumplen 6 años exactos desde el punto de partida que me ha traído hasta aquí. Y, con este, han sido 300 post en 6 años: una media de 50 al año, es decir, casi uno a la semana, que era el ritmo previsto en el inicio.
Un viaje con baches: un par de ausencias por medio y otras cuantas veces con ganas de abandonar el camino y quitarme el calzado, aunque perseverando debido a la curiosidad y el anhelo de divisar un nuevo horizonte. Pero después de dos, la tercera es la definitiva.
Hace unos días, leía en el blog de Juan Abreu: "Pienso otra vez en dejar de escribir. No es que no lo disfrute. Aunque ya no queda nada de mis antiguas esperanzas de redención o singularidad. La inmensidad es demasiado inmensa y nosotros y todo lo que nos concierne demasiado estúpido. El último consuelo, la inmediatez, no acaba de servirme por más que trato. (...) Supongo que despedirme de las palabras será duro y me llevará algún tiempo". Me golpeó esta última frase. Sé que hay ciertos tics instalados en la mente de todo bloguero, que es como un cazamariposas en constante estado de captura de ideas que plasmar en su bitácora. Ya se sabe: el clásico "esto va pa'l blog". Ahora esas ideas serán como pájaros revoloteando sobre la cabeza y que, sacudiendo los brazos, hay que espantar porque ya no tienen lugar en que hacer su nido.
Aunque también digo que no tengo planes de dejar de escribir, no es una despedida de las palabras, sino de las palabras en el blog. Es momento de emprender otros viajes, otros proyectos, de escribir de otra forma y en otro medio. Es algo que me ilusiona y que creo necesario. En este sentido, recuerdo las palabras de Quino en algunas entrevistas después de abandonar las tiras de Mafalda, cosa que sucedió el 25 de junio de 1973, después de dedicarles diez años de trabajo. Esta fue su respuesta a la pregunta ¿qué quedó de aquellos diez años?: "No quiero renegar de la historieta. Fueron diez años de mi vida. Y también de la vida de Alicia, mi mujer. Pero pienso que el viejo maestro Oski tenía razón: la permanencia en la historieta me endureció el trazo muchísimo. Todavía estoy sufriendo en parte las consecuencias". No es conveniente repetir los mismos caminos vez tras vez. En otras palabras, ¿quién no recuerda este vídeo? Hay un momento en que se dice: "Vive en una ciudad alguna vez, pero múdate antes de que te endurezcas. Vive en el campo alguna vez, pero múdate antes de que te ablandes". Creo que ha llegado el momento de dejar de "vivir" en el blog para que la escritura no se haga demasiado rígida o demasiado flexible. Ha llegado el momento de vivir nuevas aventuras.

¿Que quedan muchas cosas en el tintero? Claro que sí. Muchísimas. Como cuando se extiende la masa con un rodillo. Siempre sobresale por los lados y cuanto más se presiona, más superficie se alcanza. Pero hay que cortar en algún momento, y que la masa no se haga demasiado fina. De momento, puedo decir que estos seis años escribiendo a cuentagotas han sido una época de mi vida que quedará grabada de forma muy especial. Pero es saludable pasar página.
Ya solo me resta una última decisión. Qué hacer con el blog. Por un lado, si no lo hago desaparecer quedará como una sirena que bucea, nada y acecha, atrayéndome a las peligrosas rocas con sus cantos seductores. Pero por otro, no se pueden chasquear los dedos y fulminar de golpe seis años de viaje. Es decir, se puede, pero no me parece buena idea. Así que tendré que ser fuerte y resistir al canto de la sirena, porque de momento (no sé en el futuro) ya empiezo a visualizar este blog como un barco abandonado y varado en alguna escollera, invadido por la herrumbre, las algas y colonias de diminutos animales marinos. Una ruina incrustada en el paisaje, un vestigio de un viaje que sucedió en alguna etapa del ciclo vital. Quizás el olvido acabe por hacerlo desaparecer del todo. El tiempo lo dirá.

Y algo muy importante antes del último adiós: Agradecer mucho a todas aquellas bellísimas personas que me han acompañado tanto tiempo en este viaje. Los tengo a todos en la columna de la izquierda y en la memoria. Incluso a algunos cuyas bitácoras han desaparecido, pero siguen en mi mente. Tengo un recuerdo muy especial para los del inicio, muchos de ellos ya han emigrado fuera de este espacio virtual y han dejado huecos imposibles de rellenar. Por otra parte, lamento haberme topado también en este gran océano con algunos egos inmensos, de esos que encuentran su guarida en la red, que solo embisten, chocan o arrollan, pero que realmente no aportan nada y solo merecen la indiferencia. Esos elementos dañinos también existen, aunque lo cierto es que su efecto queda compensado con creces por el hecho de haber conocido a todas aquellas personas a las que he aprendido a admirar, a apreciar de corazón y con quienes he llegado a entretejer hermosas relaciones de amistad, dentro e incluso fuera de este pequeño mundo. De estas personas guardo el mejor de los recuerdos, que es el gran regalo recibido en los seis años de travesía. Millones de gracias.

Una última cita para terminar, una muy conocida. De Paul Bowles, en su libro "El cielo protector":
"La muerte está siempre en camino, pero el hecho de que no sepamos cuándo llega parece suprimir la finitud de la vida. Lo que tanto odiamos es esa precisión terrible. Pero como no sabemos, llegamos a pensar que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todas las cosas ocurren sólo un cierto número de veces, en realidad muy pocas. ¿Cuántas veces recordarás cierta tarde de tu infancia, una tarde que es parte tan entrañable de tu ser que no puedes concebir siquiera tu vida sin ella? Quizá cuatro o cinco veces más. Quizá ni eso. ¿Cuántas veces más mirarás salir la luna llena? Quizá veinte. Y, sin embargo, todo parece ilimitado".

¡Hasta siempre! :)

"Je crois qu'il profita, pour son évasion, d'une migration d'oiseaux sauvages".

viernes, 12 de julio de 2013

batalla perdida

(etapa 33.13)
"Mit der Dummheit kämpfen Götter selbst vergebens".
(Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano).
(Friedrich Schiller, 1759-1805)

A veces me he preguntado qué pensaría un ser dotado de inteligencia superior, procedente de otro rincón del universo, si por un capricho del azar visitara nuestro remoto planeta. Aunque las leyes físicas que gobiernan el cosmos son iguales en todo lugar, quizás nuestra inteligencia, nuestros parámetros de razonamiento o nuestra lógica sí que podrían ser diferentes a la suya. Quizás no. En cualquier caso, imagino que se sentiría azotado por la sorpresa. Supongo que se sorprendería por algunas cosas sobre cómo está organizado el mundo, cómo nos lo hemos ido montando en el transcurso de siglos y siglos (y que la gente parece asumir sin apenas cuestionarse). Se sorprendería por qué hacemos las cosas así: por qué dejamos de hacer lo que sería imprescindible, por qué permitimos o incluso promovemos ciertas acciones que deberíamos evitar. Por qué se trata a los animales peor que si fueran objetos, por qué semejante gasto en armamentos cuando existe tanta pobreza y tantas necesidades básicas no cubiertas, por qué nos domina un ansia de destrucción y autodestrucción, por qué estamos dispuestos a aniquilar a personas que ni conocemos y por motivos que ni siquiera son reales, por qué existe tanta desigualdad entre iguales, por qué se hace un uso tan irracional de los recursos, de la tecnología, etc, por qué tanto miedo, tanto odio, tanto sufrimiento... Muchas preguntas.
También he pensado que el origen de todo este pandemónium puede estar en una decisiva tara de la propia naturaleza humana: el egoísmo. El padre de todos los males. Si nuestro extraterrestre también fuera un ser egoísta, sería capaz de comprender el estado de ruina que, a pesar de todo, convive con la esperanza y los buenos deseos. Pero si no conociera el egoísmo, llegaría a la conclusión de que este planeta es un manicomio de enfermos mentales muy graves.

De ese gran padre que es el egoísmo, han surgido hijos a la altura. Por ejemplo, la maldad y la estupidez. Hay quien se ha preguntado quién es más peligroso: un tonto o un malvado, y posiblemente el tonto sea más peligroso que el malvado. Arturo Pérez-Reverte lo explica (creo que con acierto) con estas palabras en uno de sus artículos: "Las consecuencias suelen ser peores, a la larga. Incluso a la corta. Y mientras al malvado, si es medianamente listo, se le puede convencer, incluso, de la utilidad de portarse bien, y hasta es posible obtener enseñanzas prácticas de sus maldades y consecuencias, el tonto ni se deja convencer, ni convence, ni hay nada en él de aprovechable, excepto la confirmación, una vez más, de la ilimitada capacidad de estupidez que caracteriza al género humano. Otra cosa es que, con el tiempo, a fuerza de tesón y ejercicio, el tonto acabe convirtiéndose objetivamente en malvado. Lo que también, gracias al fanatismo, se da con prodigiosa frecuencia". Con un ejemplo: Si yo fuera un ciudadano de un país vecino al de un dictador que contara con un arsenal de armas nucleares y que hubiera expresado un odio furibundo hacia mi país, reconozco que lo preferiría malvado a estúpido. Si es malvado pero listo, sabrá que usar armas nucleares contra un país vecino es arriesgarse a una destrucción conjunta. Pero si es estúpido, ¿qué nos librará de un ataque nuclear?

¿Qué hay de malo con la estupidez? Pues que es hija de la soberbia. Y la soberbia supone el fin de la vida en todos sus aspectos, porque impide el crecimiento y el aprendizaje, tanto de la propia experiencia como de los demás. Ya nada puede aprender quien cree saberlo todo. Ser estúpido significa practicar esta renuncia. En cambio, cuando vivimos sin soberbia nunca dejamos de aprender y, en realidad, cuanto más conocemos nos damos cuenta de que sabemos menos, puesto que se van abriendo nuevas posibilidades en cada momento.
Por si eso no fuera suficiente, otro vicio de la estupidez es que siempre pasea de la mano de la mentira. La verdad no encuentra acomodo entre los necios. Pocas personas como ellos son víctimas del engaño y del prejuicio. Es parecido a vivir en mundos imaginarios donde lo que sucede no tiene nada que ver con lo real, donde se defienden ideas peregrinas, donde el absurdo es el patrón para resolverlo todo. Y no es sencillo encontrar un antídoto para un mal que se realimenta. Afirma Jorge Bucay: "Nadie es más vulnerable a creerse algo falso que aquel que desea que la mentira sea cierta". Y, en esta misma línea, Mark Twain había escrito: "Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados".
¿Será una batalla perdida?

El extraterrestre se aleja, contemplando en la distancia a una civilización inconsciente, embriagada de estupidez, que va serrando poco a poco la rama del árbol sobre la que está sentada.

lunes, 8 de julio de 2013

correspondencia de medianoche

(etapa 32.13)

Bandeja de entrada
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From: ilsemuller@deutschepost.com
To: alberteinstein@swisspost.com
Subject: Recuerda quién eres
Date: Fri, 8 Jul 1898 23:31:53

Hola, mi loco favorito xD
Aunque tratas de disimularlo, en tus últimos mails noto briznas de abatimiento, como si algo estuviera aplastando tu felicidad y asfixiando tu buen humor de costumbre. Y, como no entras en detalle, no sé exactamente de qué se trata, pero ya te conozco lo suficiente como para imaginar lo que sucede.
Verás, se dice que "toda comparación es odiosa" (aunque también se dice que "toda generalización es mala, incluso esta") y creo que entre las cosas que más ayudan a destruir la felicidad personal está el entrar en comparaciones. Hay comparaciones muy útiles (la ciencia no avanzaría sin ellas), pero hay otras que son muy dañinas. Y no me refiero solamente a estar comparándose con otras personas, sino también a compararse con uno mismo: compararse con otras posibilidades no desarrolladas y abandonadas en este mar de opciones que supone vivir una única vida, compararse con otros "yo-alternativos" que han quedado como meros proyectos al haber elegido caminos distintos que te han alejado de ellos para siempre.
Es cierto, no puedes vivir otras elecciones descartadas, pero recuerda en todo momento quién eres y no tengas en cuenta quién podrías haber sido. Eso ya no tiene importancia. Aunque no te lo parezca, es muy posible que quien eres sea la mejor persona que podrías llegar a ser. Piénsalo así, ¿por qué no?
Ya sé que en ocasiones resulta difícil distinguir, en medio del compromiso de las personas queridas del entorno, como padres que impulsan (o acaso empujan) a sus hijos, si lo que hacen se trata de una manifestación de entusiasmo y de apoyo o si solo es una presión añadida que impele en una dirección no tan deseada como parece, y hacia una cadena de resentimientos. A veces lo único que se desea es quedar en paz, dejar de ser el instrumento con que otros ven cumplidos sus sueños y colmadas sus esperanzas en vida ajena. Qué gusto da poder permitirse el fracaso.
Querido Albert, no quiero aburrirte con más palabras. Solo quería hacerte llegar todo mi afecto incondicional. Sé muy feliz.
Te aprecio mucho.
Ilse
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From: friedrichadler@soc_mail.com
To: alberteinstein@swisspost.com
Subject: Gracias
Date: Fri, 8 Jul 1898 23:49:18

Querido amigo:
Te agradezco todo tu aliento en tiempos difíciles. Hasta ahora, aún no había tenido oportunidad de darte las gracias por tu intensa implicación con nuestra labor en los últimos días. No lo olvidaré nunca.
A veces pienso si merece la pena tanto esfuerzo, si no habré errado y me habré extraviado. Los ataques de los adversarios, de tan certeros que me parecían, me hicieron dudar. Entonces, apareces tú en el momento oportuno y despejas mis dudas. Me has mostrado con claridad que los rivales están empleando argumentos falaces. Han tratado de dar validez a sus afirmaciones por la abundancia y preeminencia de sus partidarios. Pero, ¿qué importa lo numerosos que sean o la autoridad de la que tanto hacen alarde? Es irrelevante que sean cien, mil o diez mil. Como tú bien me dijiste: Si tú estuvieses equivocado, uno solo habría sido suficiente.
Reitero mi gratitud por tu perspicacia.
Tuyo:
Friedrich
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From: marcelgrossmann@swisspost.com
To: alberteinstein@swisspost.com
Subject: RE: El universo debe ser sencillo
Date: Sat, 9 Jul 1898 00:03:42

Estimado Albert:
Tu último mail ha sido muy refrescante en este caluroso veraneo, pero siento que debo disentir en algún punto. Es encomiable tu confianza en un universo sencillo y la forma en que te aferras a la navaja de Ockham, aun a riesgo de cortarte con su filo, para tratar de explicar realidades más complejas. Sí: en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta. Pero ahora yo pondría el énfasis en "suele ser". No es una ley que se cumple en todos los casos y la experiencia me ha enseñado a maravillarme ante un universo caprichoso, lleno de aparentes excepciones, de sorpresas y de fenómenos inesperados. No creo que el universo conspire para hacernos perder la razón, sin embargo también creo que con ahínco trata de ocultar sus verdades para que las descubran solo los más avezados exploradores.
He revisado el archivo que me adjuntas en tu último e-mail. También me ha fascinado, pese a todo. He dejado de percibir por momentos la fina línea que separa lo complejo de lo simple. No sé cómo eres capaz de realizar esos trazos tan difusos y a la vez tan firmes. Eres asombroso. Y admirable.
Pronto hablaremos en persona, mis vacaciones terminan en apenas un par de días.
Recibe mi fuerte abrazo en la distancia.
Marcel
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From: milevamaric@srbijamail.com
To: alberteinstein@swisspost.com
Subject: RE: Insomnio
Date: Sat, 9 Jul 1898 00:12:23

Amor mío:
Es muy posible que aún no duermas a esta hora. Me gustaría estar contigo y acariciar tu frente, mirar tus ojos y sentir el latir de tu corazón junto a mi pecho. Muy pronto será posible.
Me preocupa que te empecines en no dormir. Procura descansar, mi amor. Recuerda lo importante que es la inversión que haces en horas de sueño. Una locomotora que no recibiera carbón en su caldera dejaría de moverse y de arrastrar los vagones al cabo de unos kilómetros. Lo mismo sucede con las personas si dejan de dormir. Descansa bien y refresca tu mente.
Mañana mismo partiré de vuelta a Zürich.
Un beso.
Mileva

miércoles, 3 de julio de 2013

campo de pirámides

(etapa 31.13)
"Si una necesidad es satisfecha, entonces aparece otra. Esta afirmación podría dar la falsa impresión de que una necesidad se debe satisfacer al 100 por 100, antes de que aparezca la siguiente necesidad. En realidad, la mayoría de los miembros de nuestra sociedad que son normales están parcialmente satisfechos y parcialmente insatisfechos en todas las necesidades básicas a la vez.
(...) En cuanto al concepto de aparición de una nueva necesidad, después de satisfacer otra predominante, dicha aparición no es un fenómeno repentino e intermitente, sino que más bien aparece gradualmente, paso a paso, desde cero".
(Abraham Maslow, "Motivación y personalidad")

A veces, escucho eso de "tapar agujeros" de boca de quienes reciben un dinero inesperado, cuando se les pregunta qué piensan hacer con él, qué planes tienen para invertir o gastar esa inyección económica. Parece que muchas existencias están demasiado horadadas, como si se tratara de un queso de Gruyère (si acaso es el queso de Gruyère el de los agujeros, que hay quien dice que no). Y no me refiero solo a las cuestiones pecuniarias, sino a cosas realmente más importantes. El dinero se inventó en un momento determinado de la historia de la humanidad, pero los problemas existenciales ya venían de mucho antes. Estos los trae de serie el ser humano desde que aparece en escena. Es fácil de explicar y de comprender: para un bebé, el dinero (por ejemplo) no significa nada, pero sí su necesidad de leche materna, de amor, de cuidados, de atenciones. Y todos hemos sido bebés en algún momento. Incluso nuestras sociedades han sido como bebés en el devenir de los tiempos. Que haya llegado un momento en que, con dinero, se compran objetos y servicios para paliar (o intentar paliar) necesidades o incluso para distraerlas con sucedáneos, es algo poco relevante. Se habla mucho de la pasta, pero el problema de fondo es más trascendente.

El problema de fondo puede ser un problema de vacíos, de rellenar huecos o tapar agujeros. Quizás es a lo que se refería Erich Fromm cuando escribió sobre la separatidad en "El arte de amar". Quizás es que, al nacer, todos llegamos al mundo como si fuéramos envasados al vacío, o como un ordenador con un software básico, pero al que le quedan muchos programas por instalar todavía. Me quedo con la imagen del vacío, porque ya se sabe lo que sucede cuando se abre un envase al vacío: al instante se llena de lo que tenga más cerca. De aire, por ejemplo. Lo cierto es que la principal característica del vacío es su necesidad de ser rellenado, y no habrá equilibrio real hasta que el vacío desaparezca. Los aristotélicos ya predicaban aquello de que la Naturaleza aborrece el vacío, y en particular es seguramente la naturaleza humana la que siente la aversión más profunda por el vacío. Cómo se rellena ese vacío es el leitmotiv de muchas existencias. También es la explicación de muchas adicciones, de infinidad de inseguridades, de múltiples carencias, de gran cantidad de obsesiones... ¿Por qué se dice que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces (y más, seguro) en la misma piedra? Es el retorno a la necesidad insatisfecha, al vacío que no se acaba de llenar.

En mi opinión, quien mejor ha tratado este asunto fue, con toda seguridad, Abraham Maslow. Él propuso una teoría psicológica que se puede concretar en una pirámide o jerarquía de las necesidades humanas, desde las más básicas (precisamente, en la base de la pirámide), las fisiológicas, las que tienen que ver con el soporte vital, pasando por las de seguridad, las de relación, pertenencia y afecto, las de reconocimiento y autoestima, hasta la cúspide, en que se encuentra la autorrealización, quizás el anhelado fin (fin como propósito más que como terminación) de la existencia humana.
Y si hay un tema de importancia capital, puede ser este de la autorrealización. Tanto como se ha hablado de la búsqueda de la felicidad y resulta que la clave está en el recorrido de la pirámide hasta lo más alto. Escribió Maslow que "en realidad, las personas autorrealizadas, las que han llegado a un alto nivel de madurez, salud y autosatisfacción, tienen tanto que enseñarnos que, a veces, casi parecen pertenecer a una especia diferente de seres humanos". Y también: "En última instancia, los músicos deben hacer música, los artistas deben pintar, los poetas deben escribir, si quieren estar en paz consigo mismos. Lo que los humanos pueden ser, es lo que deben ser. Deben ser auténticos con su propia naturaleza". Y esta última cita puede quedar enlazada con esa idea de Mihály Csíkszentmihályi acerca del fluir, desarrollada en su trabajo: "Fluir: la psicología de las experiencias óptimas".
Encontrar un sentido, un propósito, y llevarlo a cabo con la mayor naturalidad posible, respondiendo a la propia esencia sin forzarla ni un ápice, esa sí es una gran manera de vivir.

miércoles, 26 de junio de 2013

proteo y hermes

(etapa 30.13)
"Y en ausencia del amor no existe dicha.
Lo que tú de puro en el cuerpo gozas
(Y creado puro fuiste) lo gozamos los Espíritus
En eminencia, sin obstáculo ninguno
De membrana, miembro o hueso, excluyentes trabas:
Más que el aire con el aire, si los Ángeles se abrazan,
Se fusionan por completo, uniéndose pureza
A lo puro que desea; no requieren medio restringido,
Como carne que con carne se combine, o alma y alma".
(John Milton, "Paraíso perdido", libro VIII, versos 621-629)

El viejo alquimista en su laboratorio. Medita, mezcla, ensaya. Entre alambiques y morteros, redomas y crisoles, hornos y retortas, filtros y sublimadores. Proteico y hermético, busca la respuesta esquiva, el arcano. Se busca a sí mismo.
Agota sus energías y su paciencia.
Hermes juega con él. En la mañana lo zarandea con su astucia, roba sus pensamientos, trastorna sus sueños, llena su cabeza de mentiras, siembra de trampas sus anotaciones y agita sus recuerdos. Al caer la noche, como compensación, le regala fugazmente el don de la interpretación de lo oculto. Apenas un destello, tan solo una piedra en el interminable camino. Una más en la hilera de guijarros hasta la meta: la piedra final, la piedra filosofal.
Pero la solución no está en el mercurio que tanto envenena su mente. Vapores que se introducen en sus pulmones, diminutas gotas que se filtran a través de su piel. La mano de Hermes agarra su cuerpo para transportarlo más allá de este mundo, para atravesar la frontera de las preguntas sin resolver. Pero todavía no. Aún no es el tiempo.

Un día, caminando en una playa, hollando la arena húmeda con sus pies descalzos, el viejo alquimista divisa la llave de los mares. Es Proteo, aquel que cambia de forma, aquel que puede ayudar al que se busca. Un ímpetu de caza de la verdad, una terrible sed de lo auténtico, sacude al viejo alquimista. Se acerca al anciano salitroso, al instante se sorprende ante la hermosa mujer, se espanta con la visión del dragón, quiere escapar de la pantera, pero recobra el valor y vuelve para enfrentarse a la serpiente, es demasiada la fuerza de su espíritu ansioso por saber. Rodea la roca, trepa al árbol, se aferra a las garras del águila, pero acaba cayendo en tierra. Recibe una lluvia de agua salada. El viejo alquimista abre su boca y traga algunas gotas. Pronto le queman en sus entrañas. Le queman la piel, arde en llamas como un fénix.
Ha sido la respuesta de Proteo capturado. El cambiante Proteo le muestra la misma esencia del cambio, la metamorfosis, la adaptación, la renovación, en un mundo cuyas leyes son inmutables. Y así, el viejo alquimista resurge sabio de la prueba de fuego y cenizas y conoce al fin el misterio de su propio destino, la anhelada y genuina piedra filosofal.

jueves, 20 de junio de 2013

esparadrapo

(etapa 29.13)
"¿Has tenido alguna vez miedo de meter a alguien tan adentro, que sabes que no podrías volver a arrancarlo de ti
sin desgarrarte, sin perder parte de ti al hacerlo...?"
(frase en el encabezamiento del blog de mi amiga Avellaneda)

Un trocito de tela impregnado con adhesivo en una de sus caras. Nada más que eso. El invento se pega en la piel. No sobre la herida, que quedará protegida por algo menos agresivo que el pegamento, pero sí en la zona adyacente, que también grita por la proximidad de la lesión.
La cara externa de la tela irá pillando mugre con los roces, los trajines de la jornada, las salpicaduras de la vida. La cara interna, mientras, cumplirá su misión de sujetar carnes, trocitos de lienzo, gasa, algodón o lo que sea, todo el tiempo en que la llaga se va curando. El pegamento se hace tan amigo de la piel en torno a la herida que ya no se distingue con facilidad dónde termina uno y empieza la otra. Fundidos en el dolor vecino, bien avenidos por las circunstancias.
¿Cuánto puede durar semejante unión?

Llega un momento en que hay que quitarse el esparadrapo, hay que desnudar la cicatriz incipiente. Ahora ya es un trozo de piel que hay que arrancar. Es piel que no siente, pero casi, porque la de verdad está ahí pegada. Piel que ha ido absorbiendo pegamento como si fuera más tejido cutáneo.
Quitarse el esparadrapo. Dos opciones. Duelen ambas. Quizás una más que la otra, resultado de combinar intensidad y duración. Hay quien opta por arrancarla poco a poco, tirando poro a poro, pelo a pelo. Son diminutos desgarros, pero la suma final es tremenda y el resultado en dolor puede ser más duradero.
La mejor opción suele ser desarraigarlo de un tirón. Todo a la vez. Un gran desgarrón, un solo alarido, un solo escalofrío recorriendo la espalda, un coro de terminaciones nerviosas gritando al unísono. Un instante. Y nada más.
Luego, el vacío del silencio.

miércoles, 12 de junio de 2013

termitas

(etapa 28.13)
"El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en salir a buscar nuevas tierras, sino en aprender a ver la vieja tierra con nuevos ojos".
(Marcel Proust)

Me decía un amigo mío (y me lo decía desde su punto de vista de psicólogo) que el naufragio al final de la película "Titanic" no solo había acabado a la fuerza con la relación de los jóvenes amantes, sino que había ahorrado a los espectadores otro final igual de abrupto pero mucho más prosaico. Aunque no creo que ningún productor hollywoodiense se dejara seducir por esta otra historia. Lo que me quería decir es que dos muchachos con tan poco en común solo dan para un relato fugaz, pero que su relación a largo plazo parece, de antemano, condenada al fracaso.
Quizás no se tratara tanto de una reflexión acerca de las relaciones de pareja, sino de la durabilidad de las cosas en nuestros tiempos. Tanto se ha insistido en el tema de la obsolescencia que ¿quién no se conformaría con unos breves instantes de satisfacción a cualquier precio?

La nuestra se ha convertido en una sociedad de termitas donde todo parece objeto de un consumo voraz y vertiginoso. Alguien le ha dado cuerda a este diminuto planeta azul grisáceo, alguien ha acelerado el ritmo de la vida, y desde entonces la existencia transcurre y se desencadena a la velocidad de las partículas subatómicas. Nada dura lo suficiente. Antes de terminar algo ya se está inmerso en otro nuevo asunto. Hay tanta prisa que apenas da tiempo a deleitarse en algo, dedicándole todo el lapso necesario y en exclusiva. La vida es una carrera delirante para llegar a ninguna parte: ya he visto, ya he leído, ya he visitado, ya he probado...
Se concentran cientos de obras asombrosas en un museo o en una biblioteca, para que miles de visitantes las recorran en unos instantes y apenas lean los títulos, en un empacho sin sentido. Obras elaboradas con la dedicación de días y días de trabajo de artistas consagrados, obras que podrían ser objeto de admiración y estudio durante meses, grandes obras, trayectorias vitales, reducidas a serrín en pocos segundos.
Con las personas tampoco se es mucho más indulgente. ¿Tiempo para conocer a alguien? Sensación de tiempo perdido, que pase el siguiente...

En otra película distinta, "El último samurái", un tipo contempla en sosiego las primeras flores de cerezo que han traído los albores de la primavera. El tipo es un consejero del Emperador, que se ha sublevado contra las reformas en su país, impuestas para occidentalizarlo completamente y acabar con las raíces ancestrales de su cultura. En un momento, se acerca a los cerezos y al hombre que los contempla embelesado un capitán extranjero venido al Japón para ayudar a sofocar la revuelta, pero ahora prisionero del samurái. Este le dice: "La flor perfecta es algo muy raro. Puedes entregarte a la búsqueda de una sola y no habrás malgastado tu vida". Ni que lo hubiera escrito el mismísimo Saint-Exupéry. Al final de la película, a costa de la vida del buscador de la flor perfecta, se tirará por la calle de en medio.

El mundo se mueve a toda pastilla y esto no hay quien lo pare, como vivir en un estado alterado por las drogas. Si lo intentas, te tragará en su incesante y demencial rotación. Es más, tratarán de convencerte de que estás en el error, de que todo eso son señales de progreso.
¿El equilibrio? Ojalá. Al final la balanza se desnivela siempre por la misma parte.
Bien, vale. Habrá que admitirlo, el progreso no hay que detenerlo, no se puede detenerlo. Que se cobre su peaje. El progreso como un agujero negro que se lo traga todo. El orificio de entrada al nido donde habitan las termitas.