sábado, 22 de diciembre de 2012

la travesía del desierto

(etapa final del retiro)

Es posible que la palabra desierto tenga más connotaciones negativas que positivas. Puede ser. Aunque en estos asuntos tan subjetivos no me atrevo a pronunciarme. Es más, pensándolo con detenimiento, tampoco puedo decir si para mí es una palabra que me sugiere más cosas buenas que malas o viceversa. Depende de muchos factores: el momento, las emociones, las circunstancias...
El desierto es un lugar inhóspito, un reducto de soledad, un lugar que aparenta ausencia de vida, un paradigma de escasez y de sencillez. El desierto es también lugar de retiro, entorno de meditación, el laberinto sin muros, la esencia de la prueba interior. El desierto puede ser todo eso o nada de eso, depende de cómo se permanezca en él.

Este desierto se acaba para mí. Ya atisbo las últimas dunas. Un poco más y el retiro habrá terminado. Un retiro intermitente, en cierto modo. Ha habido momentos en que algún pensamiento quería cobrar forma propia, se removía en el interior esforzándose por salir y arrastrándome con él. Es comprensible: la prolongada ausencia de palabras llega a producir dolor.
El retiro ha dado sus frutos. Algunos objetivos se han cumplido y otros no. Pero no importa, la vida continúa más allá del desierto. Ahora comienza otra etapa, con cosas nuevas y cosas antiguas, como todas las etapas.

Poco más que decir. Volverán las rutinas, volverán los viajes, volverán los escritos, volverán las oscuras golondrinas...
Unos días finales de descanso, al final del retiro, al final de la travesía del desierto. Y nada más.

lunes, 17 de diciembre de 2012

mi tesoro

(desde las procelosas estepas del retiro)

Parecería un ejercicio de oportunismo hablar de la ficción literaria de Tolkien, ahora que se acaba de estrenar la versión cinematográfica de "El hobbit", pero solo me voy a referir (y de pasada) a uno de sus personajes. Cuando pienso en Gollum, pienso que su legado, obviando el manido tema de la bipolaridad, puede resumirse en un par de cosas. Brevemente: Por un lado, la idea de que el poder que se desea, cuando se lo tiene y no se lo usa para servir a los demás, acaba por corromper desde lo más profundo a quien lo atesora. Y de qué manera. Por otro lado, una locución de dos palabras, que es la que da título a este post. Me voy a quedar con esto último, en plan jocoso.

Trasteando por la blogosfera, hace ya algunos meses, encontré una página extraordinaria. La de un tipo genial, que escribe de forma alucinante. Alucinante de bien. Profundo, con fuerza, talentoso, emocionante, elegante, directo... Y lo más sorprendente es que en un montón de publicaciones (el tipo es, además, prolífico) apenas tiene, en total, unos pocos comentarios. La mayoría de las entradas no tienen ni un solo comentario. Es como si eso no lo leyera nadie o como si los que leyéramos luego fuésemos incapaces de escribir una sola frase coherente. Alguna vez me he planteado, después de leer lo que escribe, que lo más sensato que podría hacer yo es cerrar el blog y "colgar el boli". No tiene sentido emborronar el espacio virtual después de semejante exhibición. Me siento tan minúsculo... ¡qué baño de humildad! Pero, bueno, también he pensado otra cosa. Después de ver ese espacio inmaculado, como nieve que no ha sido hollada, ¿por qué no seguir escribiendo para proteger tal paraíso? En plan distracción, para que nadie lo descubra, quiero decir.

Quizás esto aparente ser una absurda contradicción. Lo que apuntaba hacia la recomendación de una página se ha convertido en ninguna página recomendada. Empero, no es tan absurdo como parece. Sí que tengo una recomendación. Mi recomendación es que no desveles aquello que puede ser desnaturalizado, si no se deriva ningún provecho evidente de tal revelación. En otras palabras: Si eres Fleming y descubres la penicilina, no te la quedes para ti, porque tal reserva no va a beneficiar a nadie, ni siquiera a Fleming ni a la propia penicilina. Si eres Colón y descubres América, mejor que te lo calles, porque pronto encontrarán la forma de depredar las nuevas tierras. De todas formas, tarde o temprano, alguien la descubrirá y podrás dormir tranquilo al no ser el responsable de lo que suceda a partir de ahí. Por supuesto, es una ingenua recomendación que no es preciso que sea tenida en cuenta. Me la aplico para mí y por eso no voy a cometer la torpeza de dar detalles de mi hallazgo. Posiblemente, eso aumentara sus lectores en media docena, como mucho. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si el boca a boca corriera como la pólvora y apareciera una legión de lectores? ¿Y si a partir de ese momento proliferaran los comentarios y el escritor, abrumado, sintiera que ahora se debe a sus lectores? ¿Y si eso acabara con aquel espacio maravilloso?
No puedo correr un riesgo semejante.
No. Es todo para mí, es mi tesoro. Mi tessssoooooooroooo.

domingo, 9 de diciembre de 2012

cuadrando el círculo

(todavía más pensamientos desde el retiro)

Un ser humano, visto desde fuera, revela una aparente simetría. Por dentro es otra cosa: un estómago de un lado y un hígado del otro, el páncreas también fuera del eje, un pulmón algo más pequeño que el otro para alojar al corazón, que se reclina ligeramente sobre el lado izquierdo... estos detalles del diseño. A nivel mental, también cada hemisferio del cerebro controla distintas áreas del intelecto. Simplificando mucho, el derecho es el emocional, el izquierdo el racional. Además, la destreza que se tiene con las extremidades de la parte derecha o izquierda tampoco es la misma. En resumen: simetría de pacotilla. Ahora bien, envuelves todo esto y al exterior sí que parece bastante simétrico.
Pocas cosas escapan a la percepción más aguda. Y si se trata de percibir, el cerebro no descansa de esta tarea. A nivel consciente, puedes pensar que no es importante. Pero, inconscientemente, tu cerebro te sugerirá que las personas te van a resultar más atractivas cuanto más simétricas las percibas. Así es esto. Luego, puedes hacer caso o no, pero él insistirá pese a todo.

Vaya rollo con la simetría. Puede parecer poco importante, pero ahora pienso en una cosa... Si una de ambas piernas es un poco más larga que la otra (algo prácticamente imperceptible, pero que -si se miden con precisión las dos- se puede verificar que sí lo es), esto quiere decir que en una larguísima caminata sin referencias se acabaría dando vueltas en círculo, porque la zancada que se dé con una pierna será un poquito más larga que la que se dé con la otra.
No sé, no sé... creo que al final hay demasiadas personas caminando en círculo. Yo mismo me he preguntado alguna vez: ¿qué hago de nuevo aquí? Uno esperaría ir avanzando, pero de repente se encuentra con que no ha sido así. Se repite una situación, un panorama, como en un déjà vu. Extrañas vidas paramnésicas.
Tal vez la clave de la repetición esté en esa pérdida de referencias. Por ejemplo: un desierto es un lugar con muy pocas referencias. El cielo es azul y en él solo hay un sol (ardiente y asfixiante, por cierto) que, durante el día, se mueve de este a oeste y en el hemisferio norte alcanza su cénit hacia el sur. Al mediodía, para más datos. Pero eso es todo. El resto, abajo en el suelo, son dunas y más dunas. Cambiantes e imposibles de memorizar. No hay más información. Qué fácil es perderse. Aunque decidieras caminar en línea recta para llegar a algún sitio, lo que sucedería es que, sin brújula, acabarías trazando círculos en el desierto, en un mar de arena sin referencias.

Así van pasando los días, procurando aferrarse a algún pormenor, siguiendo los hitos del camino, buscando las claves, tratando de cuadrar una trayectoria curva, intentando avanzar y llegar a algún puerto de reposo. O eso o llenar de círculos el solitario vacío de los desiertos de la vida.

viernes, 30 de noviembre de 2012

once de doce

(más pensamientos desde el retiro)

Cuando pienso en meses de transición, todo el protagonismo se lo lleva noviembre. Es tan de transición que le sobran días. Podría tener menos que febrero, pero aun así pertenece al club de los meses de 30 días, no al de los de 31, que es el de los meses "importantes". A ver... no tengo nada en contra de los meses de 30 días (de los doce, mi mes favorito es septiembre), pero es que noviembre no merecía durar tanto como otros. Empieza con las fiestas de los difuntos y se va diluyendo en una especie de agonía prenavideña, acompañada con la amenaza de un invierno al acecho. Tan en tierra de nadie está noviembre, que ocupa un lugar insustancial en medio del otoño, con los árboles ya despojados de sus hojas, pero sin que las nieves hayan extendido todavía su manto blanco por doquier.

Y ya ha pasado noviembre. Se ha ido como desaparece el sol al final del día. Sin ruido, sin alharacas, sin un postrer exceso, lánguidamente. Con poco equipaje que transportar, con las escasas expectativas trasladadas a diciembre, con bastante indolencia, anestesiados los sentidos.
En ese vacío, echo de menos algo así como un thanksgiving day, un alto en el camino que sirva para marcar el punto de inflexión entre la nada otoñal y el resto del páramo en que los adornos navideños (todavía desactivados) comienzan a abarrotar las ciudades, estirando un tiempo que luego (de tan anunciado, como en el cuento del pastor mentiroso y el lobo) transcurrirá en un suspiro, como por sorpresa.
Es lo que tiene noviembre, que le ha tocado ocupar un lugar casi al final del año, donde es difícil prestarle atención o tenerle cariño. Aunque quizás suceda que algún noviembre de algún año se guarde un as en la manga y una Sara Deever aparezca de repente para transformar un mes anodino en una experiencia inolvidable. Dulce, tal vez.
Pero no será este noviembre. Ya no.




domingo, 25 de noviembre de 2012

galope tendido

(pensamientos desde el retiro)

Saturno devorando a un hijo. La imagen es demencial. Como si estuviera pintada por un demente. Como si el retratado fuera un demente. Como si pintor y retratado fueran ambos dementes. El caso de Goya tiene más que ver con su sordera y su amargura, pero lo de Saturno es otro cuento. Saturno es el nombre romano del tipo al que los griegos habían llamado Cronos. Y también había otro Chronos, del que este Cronos parece ser una asimilación o paquete-resumen o algo así. El dios del tiempo, la personificación del tiempo, el titán, todo en uno.
El tiempo es una locura. Antes de que existiera el universo, no había nada. Nada. Ni el tiempo. Con la aparición del universo, el tiempo se pone a cero y empieza a correr. Y, desde entonces, a toda pastilla, a galope tendido, sin freno, hasta que se lo trague alguna singularidad. Y el dios griego cabalga sobre este corcel desbocado o es él mismo el corcel desbocado. Está tan desequilibrado que se carga a su padre y luego a sus hijos según van naciendo. En fin... ya me lo decía un amigo hace unos días: los seres humanos perdonan a veces, pero el tiempo nunca perdona. Es cierto. Siempre te acaba alcanzando, por mucho que corras.

¿Es la vida como un tetris? Ella a su ritmo (a galope tendido, por supuesto) y va dejando caer oportunidades, embrollos, obstáculos, quebraderos de cabeza, venturas y desventuras, para que cada cual los vaya encajando o apilando como quiera y los vaya aprovechando como mejor le parezca. Pero nunca se detiene para que vayas ordenando ese hilo de vida. No se para si se te han roto las entrañas, si ya no puedes más y necesitas un descanso. Él sigue adelante. Ni siquiera se detiene para que te apees si es tu elección. Nada de eso. O te bajas en marcha o sigues en la grupa del caballo loco. Hay quien se da maña y le va bien. Encuentra la forma de dilatar el tiempo, de ralentizarlo, de estirarlo lo necesario para maniobrar a la velocidad oportuna. Como si domara el potro salvaje. También hay quien no es lo suficientemente rápido y se gana un game over prematuro y quizás un gracias-por-haber-participado. Es amplia la galería de los perdedores. Aunque están todos aquellos que, para ganar siempre, lo que hacen es perder lo importante y también están todos aquellos que, perdiendo, terminan por ganar lo realmente valioso. Qué complicado es esto.

Victorias y derrotas, ganar y perder... Dejo que lluevan las figuras del tetris, dejo de montar puzzles, dejo que galope el corcel, dejo que me atrape el tiempo. Entonces se hace la calma, desaparece el ruido. Entonces lo veo todo con una claridad que nunca habría imaginado.

lunes, 24 de septiembre de 2012

to everything there is a season

(adentrándome en las nieblas otoñales)

Turn! Turn! Turn! by The Byrds on Grooveshark

"Cada cosa tiene su tiempo y todo lo que se quiere bajo los cielos tiene su hora". Lo escribió el sabio Salomón en el Kohelet y está sonando (si le has dado al play) en la versión melódica de The Byrds. El tiempo es limitado, y por eso hay que saber aprovecharlo bien para dedicarlo en cada oportunidad a lo que corresponda. La vida será quien vaya mostrando qué es lo que toca hacer en cada momento.
Y después de descartar docenas de comienzos para iniciar este post, me he quedado con el que acabas de leer. El resto serán solo para mí.

No es fácil escribir un post de despedida. No lo es para mí, quiero decir. Tengo grabadas en el cerebro esas imágenes de despedidas en que se agitan pañuelos al viento. ¿Por qué pañuelos? Es lo que se tiene más a mano después de enjugar alguna lágrima furtiva. A ver... no quiero ponerme melodramático, porque va a resultar ridículo. Después de algo más de cinco años publicando a ritmo de tortuga (lo sé: empecé mencionando a Esopo, allá en el 2-mil-7 y eso que se me ha pegado), apenas he descansado un par de meses en 2-mil-8. Me toca ahora tomarme todas esas vacaciones que he ido acumulando con el paso de los años.
Es decir, que no es una despedida definitiva, sino un hasta que volvamos a vernos, y cuento con que volvamos a vernos. Mientras tanto, quizás publique en alguna ocasión aislada: a veces arde un fuego tan intenso en el interior, que hay que ponerle algún tipo de válvula para que salga al exterior y no acabe consumiéndolo a uno. La escritura puede servir perfectamente. Pero no será algo ni mínimamente programado, estaré muy ausente.

La decisión no surge de un impulso, sino que llevo unas semanas meditándola. Creo que se ha notado en lo abandonados que tengo los blogs amigos (apenas los estoy visitando últimamente y es algo que me disgusta, pero...) o incluso en la falta de frescura que se estaba empezando a sentir en este.
Es el momento de descansar aquí. Y cuando digo "aquí", me refiero a mi experiencia 2.0, ahora que la 1.0 requiere de mi presencia prácticamente a tiempo completo. Mi otro blog, ih8mondays, también se despide hoy mismo (un lunes, por supuesto), después de un viaje de 71 semanas en 71 imágenes.
Pero volverá.
Volveré.

No tengo muchas cosas más que decir. Solo expresar mi profunda gratitud por todo lo recibido hasta ahora. Esto lo comprende quien lo vive, así que no es necesario que les cuente a otros blogueros en qué consiste esa experiencia. Lo sabes porque también lo estás viviendo, ¿no es cierto?

Y nada más. Solo un último detalle. Algo paradójico. Este fin de semana, una muy buena amiga compartía conmigo una canción que ha llenado mi cabeza bastantes horas, hasta la escritura de este post. Y va a servir como despedida (prácticamente solapándose con Turn! Turn! Turn!), aunque la letra diga todo lo contrario a las palabras que se dirían en una despedida:

I don't have to leave anymore
What I have is right here
(...)
I am yours now
So now I don't ever have to leave

sábado, 22 de septiembre de 2012

ya es otoño

(atravesando diez preguntas...)

Sí, ya es otoño (adiósssss, verano, adióssssss). Pero no voy a hablar de eso. Solo quería saludar a la nueva estación ...y que nos sea propicia, si ella quiere.
El post de hoy es un meme que me propone Lily, una chica muy simpática que escribe en Lily y el mundo. Se trata de responder a diez preguntas. Y como son facilillas y siempre puedo regatearlas un pelín (aunque diciendo la verdad verdadera, porque mentir es trampa), me he animado a contestar este deca-questions.
Allá voy.

1) ¿Qué te da miedo?
¡Demasiadas cosas! Pero es algo de lo que no me gusta hablar. Por dos motivos: Uno, porque los miedos son debilidades y no me gusta exponer mis puntos débiles al mejor postor (nunca se sabe qué personaje malintencionado puede acabar haciendo uso de tal información). Dos, porque darles bola es una forma de agrandarlos y estoy en proceso de matarlos de hambre. A ver si funciona ;)

2) ¿Cuándo es tu cumpleaños?
El 10 de agosto (espero vuestros e-mails para precisar adónde tenéis que enviarme los regalos... el 10 de agosto está a la vuelta de la esquina y el tiempo pasa volando: ¡¡ya solo falta CASI un año!!).

3) ¿Cuál es tu signo zodiacal?
Ahora es cuando me toca recordar ese chiste:
      - ¿Qué es peor: la ignorancia o la indiferencia?
      - Ni lo sé ni me importa.
Bueno, lo que quiero decir es que me da lo mismo lo del signo, nunca me he tragado estas cosas. Así que cuando me preguntan cuál es mi signo, digo que Ofiuco (la proscrita 13ª constelación zodiacal).

4) ¿Cuál es tu color de ojos?
El iris: marrón, pero con unas vetas radiales de color marrón un poco más oscuro (ahí queda eso). Y la parte blanca depende de cómo lleve el día... xD

5) ¿Te has emborrachado alguna vez?
Nop. Aquí aplico el sabio consejo de Les Luthiers: "El alcohol, solo en las heridas". Es decir, que soy abstemio.

6) ¿Te has enamorado de alguien como para llorar?
Ah, pero... ¿hay alguna otra forma de enamorarse? (mireusté, yo es que soy algo llorón, ¿sabe?)

7) ¿Te han decepcionado?
Buff... Mucho. Decepcionar y ser decepcionado, es lo que hay. Decía Audrey Hepburn que a ella la vida no podría decepcionarla porque no esperaba nada de ella. Y no fue ni una persona triste ni pasiva ni amargada... Así que quizás sea ese el método, ¿no?
Mientras tanto, voy de trastazo en trastazo. Y la parte negativa es que me endurezco y me equivoco (a veces pagan justos por injustos). Mal.

8) ¿Tu comida favorita?
Como me he acostumbrado a lo que yo llamo "comida de supervivencia" (es lo que pasa cuando solo se cocina para uno mismo), cualquier cosa sencilla ya me parece un manjar. A veces valoro mucho más la compañía o el lugar (por ejemplo, un bocata en una salida campestre puede ser una délicatesse), antes que la propia comida en sí.

9) Lugar donde te gusta que te besen.
En cualquier lugar: en la playa, en el ascensor, en la cama, en el sofá, en la orilla de un río, en la calle, en la cima de una montaña...
Sí, ya sé que estabais pensando en otra cosa... Hale, circulen, aquí ya no hay nada que ver... xDDD

y 10) Canción que escuchas en este momento.
"Little talks" (Of Monsters and Men). La culpa es de Maeglin, que me la ha pegado y ahora me apetece cada vez que quiero algo de marcha. ¡Hey!

Las reglas dicen que en este momento debería pasar el cuestionario a otros diez blogueros. Pero creo que es más divertido si lo hace quien sienta las ganas o el impulso de hacerlo. Que nadie se cohíba ;)

no me voy sin dejar el toque otoñal

lunes, 17 de septiembre de 2012

gemelas

(área de descanso nº 196)

Leticia relee su diario, páginas y páginas en que ha derramado sus sentimientos más íntimos. Los ojos de la mujer nadan sobre las letras que dan forma a cómo ella siente la realidad que vive a diario. Allí destacan los fracasos, sinsabores y tristezas. Se ahoga en la angustia de sus propias lágrimas, que nublan su mirada y dibujan borrones de tinta en algunas palabras...
Cuando ya no puede más, Mara cierra el diario. Y acude a otra versión de su propia vida.

Mara abre su álbum de fotos. No se reconoce, pero es ella. Sonriente, feliz, arrebatadora. Por más que hojea el tomo, no encuentra ninguna foto de lo que se cuenta en el diario. No hay discusiones, no hay desengaños, no hay melancolías, no hay rupturas, no hay lágrimas. Ningún grito de desesperación, ninguna mueca de dolor, ningún desgarro del alma. Sí hay un viaje a Canadá, otro a Holanda, un cumpleaños en la playa, risas con la sobrina recién nacida, una boda de unos amigos, vacaciones en un refugio de montaña, cena en casa de unos compañeros de trabajo...
No parece la misma mujer que ha escrito el diario. Y Leticia se queda dormida con el álbum sobre su regazo.

Más tarde, se despierta. Se levanta y va al cuarto de baño. Se mira en el espejo y ahí está Mara. Otra vez.

martes, 11 de septiembre de 2012

campo de batalla

(área de descanso nº 195)
"At my signal, unleash hell".
(Maximus en "Gladiator" de Ridley Scott)

Una mosca revolotea cerca de un árbol de la ciudad, uno de esos árboles atrapados en sus alcorques, como si fueran prisioneros sentenciados a cadena perpetua en sus celdas de la cárcel estatal. El vuelo zigzagueante, el dibujo de una línea poligonal trazada a base de los bruscos cambios en el rumbo del díptero indeciso, es captado por una pequeña mantis camuflada en el árbol. Hipnotizada por esa geometría aleatoria, espera la oportunidad para atacar. Un gorrión da saltos sobre las baldosas del pavimento urbano. Búsqueda infructuosa, el suelo está escaso de comida en este día. No hay migajas, no hay nada. Con un ágil giro de cuello, da un vistazo a una rama del árbol próximo. El movimiento casi impercetible de una pata de la mantis ha delatado al insecto, que ahora está en el punto de mira del pájaro. Un gato callejero se mueve entre los contenedores, su cuerpo es capaz de atravesar rendijas mínimas. Agazapado, con las pupilas dilatadas al máximo, las orejas pegadas a la cabeza, prepara todos sus músculos para dar el salto definitivo sobre un desprevenido gorrión. A la vuelta de la esquina, se pasean tres macarras con botas militares, cadenas en el cinturón y camisetas desharrapadas. Uno de ellos sujeta con una correa a un gran perro que acaba de olisquear al gato callejero y se pone alerta. Un cruce de miradas y la tensión llena todo el espacio entre ellos. En la calle contigua, una banda rival acude al punto de encuentro con bates de béisbol y muchas ganas de armar bronca. Comienzan a lanzar gritos amenazadores cuando avistan a sus adversarios. En ese mismo momento, un coche de la policía llega al lugar, avisado por algún chivatazo. Uno de los policías de la patrulla contempla la escena oscurecida por sus gafas de sol, e inmediatamente baja del vehículo sujetando con una mano la porra que está a punto de desenfundar.

Y todo sucede en un instante. La mosca se posa en las gafas de sol del policía... y es la señal.
Entonces, se desencadena el infierno.

sábado, 1 de septiembre de 2012

el 22 de noviembre es santa cecilia

(área de descanso nº 194)
"Por otra parte, ahora ya no sé quién de ellos estaba en lo justo: cuando han pasado muchos años, el fuego de las pasiones se extingue, y con él lo que creíamos que era la luz de la verdad. ¿Quién de nosotros es todavía capaz de decir si tenía razón Héctor o Aquiles, Agamenón o Príamo, cuando luchaban por la belleza de una mujer que ahora es ceniza de cenizas?"
(Umberto Eco, "El nombre de la rosa")

Santa Cecilia, patrona de los músicos. Aunque quien ha dado el cante esta vez ha sido otra Cecilia. Está en los medios, allá donde se mire. La extraña noticia ha corrido como reguero de pólvora, extendiéndose inexplicablemente por los cuatro costados del mundo.
No es Cecilia la protagonista principal, sino su "obra maestra", esa restauración de un fresco en la iglesia del Santuario de Misericordia de Borja, en la provincia de Zaragoza. Una vez más, el autor a la sombra de su creación, que termina devorando al demiurgo que la trajo al mundo.
La dichosa "restauración" es un tema recurrente en muchas conversaciones que animan lo anodino y deprimente del panorama informativo en estos días. No es algo que se busque, sale solo. Por ejemplo, el otro día, con amigos y después de cenar, entre un mar de risas. Es que, lo siento, pero cada vez que me imagino el Ecce-Homo-restaurado me da la risa floja. Y no lo entiendo. Me recuerda un poquillo (y salvando el abismo de diferencias, pero, como diría si se tratara de personas que no se acaban de parecer del todo, me tiene un ligero aire a...) El grito, de Edvard Munch. Lo ves ahí, con sus oscuros ojos alienígenas, la atormentada expresión, una boca que es un desgarro oblicuo, cabellera y barbas que más parece que el Ecce Homo tuviera un shapka-ushanka bien calado en la cabeza y una bufanda rodeándole el cuello...  y ¿cómo no tomarlo por un retrato expresionista? Qué diferente de la figurativa (y también vulgar e insulsa) obra original de Elías García Martínez.

No es tanto la pintura lo que me da la risa, sino las circunstancias que han rodeado el despropósito, la comparación, el antes-y-después, lo rocambolesco, lo arraigado de la peripecia en la idiosincrasia nacional, el poco sentido del ridículo, el atrevimiento de la ignorancia, el sentido de lo artístico, el misticismo en alpargatas, el toque surrealista, los rostros ojipláticos, la indignación a destiempo, tarde, mal y a rastras... e incluso la disparatada cantidad de reacciones que una noticia absurda ha provocado en la faz de esta canica rodante por el cosmos proceloso. Sus risas también me dan risa.
Un famoso presentador de un programa humorístico extranjero pronuncia con cierta dificultad y acento característico el nombre de la "artista" española: Se-sí-lia Gui-mé-nes, mientras su numerosa audiencia ríe a causa de la noticia. En un diario de la India, en las noticias de la televisión rusa, en una revista australiana, en un late night estadounidense, en una viñeta de un ilustrador chileno... se han estado vertiendo imágenes y palabras sobre un asunto ocurrido en una remota comarca aragonesa que a duras penas serían capaces de localizar en un mapa. El tema ha dado también para que un montón de parodias hayan copado redes sociales como twitter o facebook. La blogosfera no se ha quedado atrás a la hora de dar cuenta de la "restauración".
¿Quizás es que esté pasando algo extraño con las noticias? Puede que solo sean unas ganas irresistibles de reírse después de tanto palo. Hacía falta alguna zanahoria que echarse a la boca. O unas carcajadas que salieran de ella.

¡Qué parecidos pueden ser los ancianos y los niños! En su ingenuidad, ellos esperan que el resto del mundo aprecie las buenas intenciones que animan sus actos. A mí me pasó de niño. Una tontería sin importancia, pero también relacionada con afán pictórico. Los ingredientes: un verano en el pueblo de mi madre (también en la provincia de Zaragoza) con mucho tiempo que gastar y un peirón algo descuidado (en fotos más recientes lo he visto muchísimo más atendido que antaño: incluso han llegado a decorar la parte inferior con piedra y azulejos), en un ensanchamiento de una calle muy cerca de la casa, con el encalado casi desprendiéndose y su par de fuentes, una a cada lado. Se me ocurrió decirle a la vecinita qué le parecía la idea de mejorarlo un poco, pintando algo alegre con unas ceras de color. Nada de pinturas que aplicar con brocha o espray, lo nuestro iba a tener una pinta mucho más colegial, no porque lo hubiéramos decidido así, sino porque era lo que teníamos a mano y no se nos había ocurrido otra cosa. Empezamos con entusiasmo, pero la obra era ardua. Y una vez empezada, no parecía serio dejarla sin terminar. En varios días, pintamos guirnaldas multicolores, grupos florales y no sé cuántas cosas más. Todo precioso. Nos lo parecía, al menos. Hubo personas que miraron y no dijeron nada, pero a los pocos días recuerdo que me cayó una gran bronca por vandalismo. O algo así. Y algún día después, la obra que tanto nos había costado terminar era tapada por un nuevo encalado que dejaba el peirón blanquito e impoluto. Me pregunto si aquel verano alguien se hubiera preocupado de ese peirón en el caso de que estos chavalillos-gamberretes-con-muy-buenas-intenciones no le hubieran metido mano.
Quizás el fresco de la iglesia borjana, esa obra hecha en un par de horas sobre un muro no tratado y que presentaba un aspecto lamentable, recibía la misma atención que el peirón desconchado, hasta que una octogenaria se decidió a perpetrar una extravagante restauración. A partir de ese momento se habla de atentado contra el patrimonio, aunque unos días antes ese mismo patrimonio lo estuvieran barriendo del suelo, con escoba y recogedor.

No sé cómo se debió de llegar hasta ahí, pero imagino alguna conversación como esta:

- Cecilia, hija mía -comienza el cura-, ¿qué te parece si mañana te traes tus pinceles y tus pinturas, tú que eres tan habilidosa, y con esa maña que Dios te ha dado le metes un repasico a la talla de San Bartolomé, que tiene una rozadura en un costado?
- Ay, padre, claro que sí -responde la voluntariosa Cecilia-. Mañana mismico me pongo con ella.

Y así con varias piezas de la iglesia.
En su afán restaurador, un día, la buena de Cecilia descubre que el Ecce Homo también necesita un buen repaso, que se le está cayendo toda la pintura. Y como (supongo que alentada por el cura, algún parroquiano y también por su propio orgullo servicial) ya se está gustando en esa labor de conservadora de la imaginería de la cristiandad, la señora no necesita más permiso que su disposición desinteresada para hacer las cosas. Pero tampoco lo hace clandestinamente, porque no tiene por qué esconderse cuando sus intenciones son inmejorables. Como los niños que pintan flores en un peirón del pueblo. Estas cosas se hacen a la luz del día, aunque los-que-en-el-momento-vieron-y-callaron luego pongan el grito en el cielo o nieguen su conocimiento de los hechos o su responsabilidad en el lío posterior.

Aguante, señora Cecilia, aguante. Reconozco que tiene que ser muy difícil pasar del anonimato más absoluto, en la cotidianidad de su pequeño pueblo, a ser la starlette en las noticias del mundo entero. ¡Cuánta presión, señora Cecilia! De haberlo sabido, quizás hubiera registrado esa imagen que ya se ha paseado por todo el orbe y ha sido reproducida con frenesí. ¡Qué cantidad de royalties se ha perdido de cobrar, con la SGAE de su parte! ¿Y cómo hubiera podido saber el mismísimo Elías García que su insignificante obra (ahora cubierta por la "restauración") la verían hasta en las antípodas? Ni soñarlo siquiera.
Aguante un poco más, señora Cecilia, porque en este loco mundo todo pasa a velocidad de vértigo. Unos pocos días más y cualquier otra tontería mediática habrá eclipsado a su Ecce Homo reloaded. Incluso es muy posible que el día en que celebre su próximo santo, el 22 de noviembre, el de la patrona de los músicos, suenen otras trompetas lejanas y ya apenas esbocemos una leve sonrisa si llegamos a recordar su trastada veraniega.

lunes, 27 de agosto de 2012

universo en decadencia

(área de descanso nº 193)
La cuerda cortada puede volver a anudarse,
vuelve a aguantar, pero
está cortada.

Quizá volvamos a tropezar, pero allí
donde me abandonaste no
volverás a encontrarme.

(Bertolt Brecht, "La cuerda cortada")

The Red Cave by Robyn Miller on Grooveshark

Hay días en que todo mi universo parece estar sostenido por una cuerda. Una miserable cuerda, vieja, desgastada, a punto de sucumbir por el peso de cada instante...
Todo en vilo. Todo pendiente de una cuerda carcomida por desengaños, deteriorada por desalientos, roída por dudas, sobrecargada de certezas.

Una cuerda para volverme loco.

Y el universo engorda con una nueva duda y una nueva certeza:
Se romperá la cuerda, y ahora que ya nadie lo puede sostener, ¿adónde irá a parar todo este pobre universo en su ciega caída?

lunes, 20 de agosto de 2012

física metafísica

(área de descanso nº 192)
"(...) Mejor no amarse
mirándose en espejos complacidos,
deshaciendo
esa gran unidad en juegos vanos;
mejor no amarse
con alas, por el aire,
como las mariposas o las nubes,
flotantes. Busca pesos,
los más hondos, en ti, que ellos te arrastren
a ese gran centro donde yo te espero.
Amor total, quererse como masas".
(Pedro Salinas, La voz a ti debida)

Ahora que ya no se cuentan átomos, sino partículas más misteriosas, tengo la impresión de que los físicos se han puesto a hacer metafísica. Como si fuera un reencuentro con los colegas que quedaron al otro lado del abismo, después de tantos siglos. Se han afilado las armas, las gigantescas armas, las costosísimas armas, para cazar las pruebas que sirvan para dirimir las nuevas discusiones. Ya no se habla como los metafísicos de antaño. Las nuevas discusiones han ido cambiando a medida que el ser humano ha sido capaz de mixtificar la materia.

Pensaba que la partícula esquiva, esa que llaman bosón de Higgs, a mí me iba a importar muy poco. Es así. Quizás debiera importarme, porque (según dicen) es la partícula que hace que yo sea masa, a la vez que es la culpable de que no pueda viajar a la velocidad de la luz. La luz, que es la única que, según ellos, los físicos metafísicos, no tiene masa. Y aquí ya hay demasiadas implicaciones. Además (también dicen), es la partícula que me sostiene en esta realidad tal y como la conozco. En mi vida cotidiana ignoro lo que acontece a nivel molecular. Menos aún tengo intuiciones de lo que pueda ocurrir a nivel subatómico. ¿Y qué eventos derivados de todo este sistema, que tanto desconozco, suceden a niveles sensibles e incluso superiores?
(La cuestión comienza a ser alimento para mis devaneos)
(Algo que a mí me iba a importar muy poco se va transformando en algo importante)
(Comienzo a sospechar dónde está la clave de su importancia para mí)
Si no pasa a nivel sensible, a nivel de mis sentidos, entonces deja de tener sentido. Es como hablar de fantasmas o de los dioses del Olimpo o de lo etéreo. No sería lo mismo que si me refiriera al viento, que ya tiene masa, como cuando te veo toda vestida de transparencias de aire. Tú, que sí eres fantasmal, lejana, habitante de un mundo que no puedo alcanzar. Y entonces sí que me empieza a importar de verdad. Mucho. Es entonces cuando me aferro con desesperación a la creencia de lo que está ahí pero no puedo ver ni sentir. Quiero que en mis pensamientos la maldita partícula cobre forma, motivo o significado. Porque igual que tú, impalpable, sin masa (como la luz de los físicos metafísicos), mi mente demente sería inmune a los caprichosos efectos del bosón. Mi locura atravesaría la red de partículas en que se enreda mi cuerpo, se movería con agilidad a través de los nudos de esa malévola red de bosones que impide que mi masa descanse a tu lado.

En el sueño metafísico te alcanzo y te ruego que compartamos un mismo lugar, un mismo instante, como si provocáramos una casualidad sin causalidad.
Mirémonos a los ojos. Quizás encuentre en ellos algo hermoso, un paraíso, o aunque fuera un yermo en que vivir esa eternidad metafísica abrazado por tu incorpórea presencia. Sintiéndonos masas. Al fin.
Tanto por tan poco.

jueves, 16 de agosto de 2012

millones de rosas

(área de descanso nº 191)

Los artistas han sabido representar a la mujer como el epítome de la belleza y los poetas la han comparado con todo tipo de cosas hermosas y delicadas: con las flores, con las aves, con atardeceres y amaneceres, con valles y montañas, con nubes, ríos y mares... De hecho, las mujeres comparten muchas de las cualidades que son tan apreciadas y que tanto agrado producen a nivel sensible. Pero también muestran otras características, como la fuerza y la resistencia de las rocas, de los metales, o la dureza de los diamantes. Quizás por este motivo ellas son a veces codiciadas y temidas por sus semejantes masculinos.

Algo que he podido aprender acerca de las mujeres en mis años de vida es que ellas no están en la Tierra pretendiendo ser meros acompañantes o elementos decorativos. Todos tenemos que aprender que las mujeres no son objetos y, desde luego, no son el enemigo. Ellas pueden ser tan amables como para dedicarnos sus atenciones y pasar su tiempo con nosotros, pero siempre será cuando quieran y si así lo desean.
Durante siglos, las mujeres han dependido del sostenimiento y del cuidado y la provisión de los hombres en un mundo de hombres, al tiempo que han trabajado duro para seguir manteniendo ese mundo de hombres. Había millones de mujeres eclipsadas, escondidas sus identidades al amparo de pseudónimos masculinos, clandestinas, silenciadas, desposeídas de la obra de sus manos y de sus mentes. Había millones de Sherezades que noche tras noche tenían que inventar algo para su sultán privado, a fin de ganar un día más de vida.
Pero aquellos días han pasado, aquellas mujeres ya no pueden seguir existiendo así. Ahora es tiempo de alegrarse y celebrar que esta mujer de hoy ha decidido no ser más una esclava, sino que prefiere el rango que le corresponde, el de ser humano con la audacia y cultura y un proyecto de vida larga y fructífera, con una total ausencia de miedo a la soledad.

He tenido la suerte de relacionarme con muchas mujeres. No lo digo necesariamente en un sentido romántico, sino en otro sentido más amplio, que tiene que ver con relaciones familiares, de profunda amistad, de compañerismo laboral, y también de amor de pareja. No necesito un día especial del calendario ni una ocasión señalada para declarar que me siento así de afortunado y de agradecido por este hecho. Y es así porque cada día no podría estar más feliz por y con todas vosotras, mujeres.

Rosie the Riveter (Rosie "la remachadora"), según Norman Rockwell.
Rosie fue la representación de las mujeres de un país que, en días de grandes emergencias, trabajaron sustituyendo con eficacia a los hombres en los puestos que estos ocupaban tradicionalmente en las fábricas. Desde entonces, muchas decidieron seguir en esos puestos.
Un guiño de Rockwell: la pose de Rosie es idéntica a la del profeta Isaías en la Capilla Sixtina, obra de Michelangelo Buonarroti.

viernes, 10 de agosto de 2012

casi un soplo

(parada con algo que celebrar)


Taitantos.
Para ser exactos, según mi deneí, hoy llego a 43. Como el nombre de aquel licor, que no he probado en mi vida. De pequeño, cuando veía el anuncio publicitario en la tele, me hacía gracia pensar en esa coincidencia: los años y el licor. Algún día, yo tendría 43 añazos. ¿Cómo sería yo con esa edad? ¿Cómo sería el mundo? Qué lejano me quedaba todo aquello...
Era de esperar que me olvidara del asunto con el paso de los años. Y lo olvidé. Hasta que un día como el de hoy, de repente, el recuerdo despierta de su hibernación de lustros, en la zona del subconsciente, y se pone a llamar a la puerta de la zona consciente de mi mente.
Qué tontería traer a colación todo esto ahora. Sin embargo, quizás sea el sino de los tiempos: llegan días en que toca repasar la lista. Hay una especie de interruptor dentro del cerebro que salta automáticamente para proceder al examen. A veces, con asociaciones tan estrambóticas como esta. Y la cuestión es: ha pasado todo este tiempo, ¿y qué has tachado en la lista?
¿Has plantado un árbol?
¿Has escrito un libro?
¿Has tenido un hijo?
...
¿Has cumplido ciertos objetivos, has alcanzado ciertas metas, te has dado estabilidad en ciertas áreas?

Yo no sé si asustarme o qué.
Dejémoslo en que he plantado varios árboles. Vale. Pero poco más que eso.
Puede que sea un insensato por haber llegado hasta aquí con tan  poco conseguido. Puede que haya desperdiciado muchos años dando vueltas sin rumbo definido mientras el común de la gente tiene muy claro adónde quiere ir y que debe dirigirse hacia allí sin demora. Y así consiguen sus metas y atiborran el currículum vítae con montañas de logros. Y cuanto más joven seas con mucho logrado, tanto mejor. Puede que yo esté muy a la deriva.
Puede ser...
Pero el día que tenga la sensación de que no hago sino seguir las indicaciones de una maldita lista que a estas alturas ya no sé ni cómo se ha llegado a escribir, voy a cruzar los brazos y me voy a quedar sentado hasta que me convierta en ceniza.

La lista creo que la voy a tirar a la basura. Me voy a permitir esta inconsciencia. Es mi vida, y es algo mucho más grande y significativo que cualquier lista escrita en un trozo de papel, en un tiempo en que no sabía ni quién era ni qué camino debía tomar para encontrarme a mí mismo. Además, reivindico mi derecho a equivocarme, a utilizar el método de ensayo-y-error cuando quiera, a reescribir lo que me apetezca reescribir en cada recodo o encrucijada del camino, a sorprenderme con lo que me deparen las vicisitudes de este transitar sin un programa que cumplir.

Terminaré este post con algo que resume mi sentimiento de hoy, de ahora. Es algo que ya conocía, pero aprovecho la oportunidad para renovar su contenido. Mismo mensaje, nuevas circunstancias.
Los haikus son unas pequeñas joyas de la literatura, esto es sabido. "Una mera nada, pero inolvidablemente significativa", escribió al respecto el literato inglés Reginald Horace Blyth, gran devoto de la cultura japonesa. En tres sencillos versos de diecisiete moras (o sílabas), repartidas en cinco, siete y cinco, el autor expresa su pasmo por algún detalle contemplado en la naturaleza. Con sencillez y humildad, un poeta revela el asombro que le produce la belleza percibida que tiene a su alrededor, muestra las ilustraciones y lecciones que se pueden aprender de la vida cuando se abren los ojos incluso a lo más pequeño, a lo cotidiano. En poco más de un minuto, el siguiente vídeo-haiku relata mis sensaciones ante el revoloteo de una diminuta y juguetona semilla de diente de león, una pelusa sin importancia, que puede ser una representación de mí mismo. Es un boceto de la breve (y a la vez increíblemente persistente) aventura de esa brizna en un vuelo loco que, algún día, quizás, la lleve a un sitio donde germinar. Mientras, de momento, sigue viajando. Otro año más.

miércoles, 8 de agosto de 2012

siete cosas

(contando hasta siete...)

A Francesca la conocí gracias a un martillo amarillo. Seguro que ella lo recuerda. Es una de esas largas historias que se cuentan en un par de líneas, así que la dejo para otra ocasión. De todos los métodos que el azar pudo elegir, escogió ese. Empero, el hado caprichoso tenía reservada una muy agradable sorpresa. Esta bloguera regala palabras, imágenes, sensaciones y emociones con una frecuencia que para mí está en la categoría de inalcanzable. Y más asombroso es que la cantidad de su producción no significa en absoluto una merma en la calidad. Recomiendo a todo el que pase por aquí que, si no ha visitado antes ese lugar, no se lo pierda. Estoy seguro de que le gustará. Francesca es una chica que nos recuerda cada día que lo importante no es lo que tienes, sino lo que haces con ello.

En una de sus publicaciones me hacía partícipe de un juego. Y como hace mucho que no juego, me pareció una buena oportunidad para un post-meme. Si luego alguien se anima, que no se corte y participe también. Le puede dar la forma que quiera. En las reglas decía que hay que pasarle el testigo a otros siete blogs, pero es que me conozco lo que pasa después: los que propones no quieren hacerlo y otros que sí quieren se quedan con las ganas porque no los has nombrado. Pues hale, como las reglas están para saltárselas, no nombro a nadie, para que el que lo haga sea por auténtico placer.
El juego se llama seven things y, como el nombre ya deja adivinar, se trata de contar siete cosas de uno mismo. Yo ya he elegido mis "siete cosas": unas zapatillas de deporte, un libro, un lápiz, una cantimplora, una cámara de fotos, unas gafas de sol y un paraguas. Ahora paso a contarlas, de uno a siete.

- Cosa nº 1: Si fuera posible, me pasaría la vida caminando. El viaje mental unido al viaje físico. Pero un viaje donde el tránsito sea el protagonista, no los destinos. Un viaje que no solo sea el trámite de ir de un lugar a otro. Quiero un viaje que sea un recorrido constante, pasito a pasito. Y para eso necesitaría unas zapatillas de deporte como vehículo más apropiado.

- Cosa nº 2: ¿Cómo es que hacen tanta compañía? No lo sé, pero es así. Buceando en ellos, te encuentras con otras personas, con otros libros, contigo mismo. Mi cosa número dos tiene que ser un libro. Prefiero ensayos y poesía antes que novelas. Me gustan también los relatos cortos. Pero, al margen del género elegido, qué difícil es resistirse a ese olor que brota en cuanto lo abro y que me envuelve en toda una travesía que nunca sé adónde me llevará...

- Cosa nº 3: Desde pequeñito me ha gustado dibujar. No concibo una forma para expresarme que sea más completa que esta. Luego descubrí que también se podían articular palabras con un lápiz (o con un bolígrafo, no me voy a poner tiquismiquis). Y así fui llenando papeles y papeles, libretas, cuadernos... Imágenes y letras que son parte de mí.

- Cosa nº 4: Una cantimplora es importantísima cuando se viaja por lugares áridos. En mi adolescencia recorrí muchos lugares áridos. Y me enamoré de uno de ellos en particular. Y allí también me enamoré de unas montañas. Pensaba en ellas y soñaba con ellas. Cada vez que pisaba esa tierra notaba el estremecimiento. Muchos años después, una estación eólica invadió aquella especie de santuario y se destruyó el hechizo con la profanación. Fue un duro golpe: sufrir la disociación de saber que algo es bueno, pero no sentirlo como bueno. Las cantimploras me recuerdan que, pese a mis esfuerzos por tratar de ser coherente, también estoy lleno de contradicciones.

- Cosa nº 5: Tengo una colección estupenda. Son escenas vividas, inolvidables. Por el hecho de ser inolvidables, las tengo almacenadas en la memoria. Pero hay otros momentos que se me desprenden, que no llegan a arraigar como recuerdos duraderos. Es por eso que mi cosa número 5 tiene que ser una cámara de fotos. Mi mente es así de caprichosa para rememorar o para olvidar algunos eventos.

- Cosa nº 6: Yo la llamo mi hora feliz. Es el tiempo previo a la puesta de sol. Algo tiene de especial para mí la luz de esos instantes. Me llena de una energía que me hace palpitar, a la vez que percibo una inmensa serenidad en cada partícula que me rodea. Me hace sentir grandes cosas. Con unas gafas de sol estoy dispuesto a vivir intensamente el resto de horas felices que le queden a mi viaje.

- Cosa nº 7: Hay algo que alimenta la melancolía del melancólico raindrop. Son los días grises, cuando las gotas de lluvia se deslizan en una atmósfera suave, repiquetean contra el suelo o salpican los vidrios de las ventanas. No puede faltar un paraguas para cerrar esta colección de siete cosas. Además, me sirve para recordar algo importante. Y es que la mente es como los paraguas (y como los paracaídas): si no está abierta, entonces no sirve para nada.

jueves, 2 de agosto de 2012

chaqueterismo

(área de descanso nº 190)

Me comentaba un colega, hace ya un tiempo, que es necesario mantener siempre una actitud de chaqueterismo, que esto es bueno para progresar como profesional y como persona. Después de observar mi expresión algo ojiplática (mi gran colección de ademanes y repertorio posicional de cejas, expuesta en modo automático, me ha impedido desde siempre alcanzar un buen nivel como jugador de poker), mi compañero de charla entendió que era mejor explicarse un poco. ¡Ah, qué fácil es caer en malentendidos! El concepto "chaquetero" se asocia comúnmente a todas aquellas personas que cambian de forma de pensar, filiación o lo que sea, sin que medie algún tipo de convencimiento o de compromiso, por mero interés (materialista, en casi todos los casos). Pero su idea se centraba más en la necesidad de experimentar los cambios antes que mantenerse a toda costa en posiciones que se intuye que van quedado caducas. En otras palabras, estaba oponiendo chaqueterismo a cerrilismo. Visto así, me pareció una afirmación bastante sensata... y más con la plaga de cerriles y fanáticos que pululan por doquier.
Tengo pocas dudas respecto a la mutabilidad y a la fugacidad de las cosas: todo está sometido a cambios, en ocasiones incluso muy rápidos. Y la adaptación a tantos cambios es un requisito para el progreso. Es posible que eso lleve a cierto desapego. ¿Cómo comprometerse con algunas ideas o situaciones que se sabe que son pasajeras? Parece un desgaste inútil de energías (si lo que hoy es amarillo, mañana es azul, ¿por qué discutir sobre ello? ¿para qué arrojar el ancla en aguas en las que se está de paso?). Entonces, ahí es dónde habrá que encontrar el punto de equilibrio en este campo de cambia-chaquetas. Algunas ideas, creencias, convicciones, opiniones... deberían ser mantenidas con más fuerza que otras, pero también habrá que ver hasta qué extremo. Esa es la clave. En la vida hay pocas constantes y hay que saber identificarlas, porque de lo contrario uno puede hallarse abrazado a momias ideológicas, caminando entre osamentas de dinosaurios...

Aunque la conversación se podría haber aplicado a temas de política, economía, filosofías, ideologías, etc., en realidad habíamos comenzado hablando de cuestiones de estilo artístico. Hay quien mantiene un estilo a toda costa, pase lo que pase, así se desplomen los cielos. ¿Es necesaria tanta fidelidad a una forma de hacer las cosas? No sé, allá cada cual. En ocasiones, el orgullo de un artista (sí, este es un mundillo dominado por egos enormes) le impide reconocer como buena la producción de otro artista que esté alejada de su estilo. Mal por él. Es alguien que no ha aprendido a ser chaquetero. En el buen sentido.
Por eso me parece alucinante cuando, por ejemplo, después de las broncas arquitectónicas entre Le Corbusier y Hannes Meyer (aunque remaban en barcos parecidos, siempre se puede montar la gresca por desacuerdos que parecen pequeños al profano pero descomunales al artista), lo primero que se le ocurre al bueno de Hans cuando el Corbu termina la construcción del edificio Clarté en Ginebra, es hacerse una foto los dos juntos en la azotea de esta obra. Hay que echarle un par, porque cualquiera entendería que su credibilidad había quedado en entredicho: ¿Tanto follón para esto? Pues sí, ya ves. Cuando algo merece la pena, se reconoce y ya está, aunque venga de un enemigo. No pasa nada. Quizás algunos divos de la arquitectura han demostrado menos soberbia que el político medio, tan necesitado de pedigrís. Y ya es decir...
Podría pensarse que el fondo de esto es una cuestión de honestidad. Pero no lo creo. El orgullo nubla la razón y la honestidad se convierte en algo tan secundario que deja de tener valor. No hay más que fijarse en el comportamiento del fanático tipo, que se cree ciegamente todo su ideario y entiende su cerrilidad como virtud. ¿Se puede estar más honestamente equivocado? El otro día, me contaba una persona (la llamaré "A") que trataba de hacerle ver a otra (la llamaré "B") un error en algo que sostenía con vehemencia. Por más argumentos bien razonados que A le daba, B estaba completamente convencida de que no había tal error. Pasados bastantes días, vuelven a conversar sobre el tema y ahora resulta que B opina igual que A. Sorprendida A, le pregunta a B cómo es que ha cambiado de opinión al respecto. Y resulta que B le asegura que se ha dado cuenta 'por sí misma' de que estaba 'ligeramente equivocada'. Tiene bemoles la cosa, ¡cómo cuesta dar el brazo a torcer!
Decididamente, a la gente no te la puedes tomar muy en serio.

El adivino Prolix, ¿haciendo gala de sus dotes no-chaqueteriles (ejhem), en "Astérix y el adivino"?

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UNA HISTORIA DE DOS VECINOS

Dos vecinos tienen sus ventanas una al lado de la otra.
Uno tiene macetas con geranios en el alféizar de su ventana. El otro no.
Un día, el equipo de fútbol de la ciudad asciende de categoría. Un vecino sigue con sus geranios en la ventana. El otro exhibe un trozo de tela con franjas alternas azules y blancas. Al vecino de los geranios esta exhibición le parece oportunista.
Otro día, el equipo de fútbol del país gana un prestigioso torneo internacional. Un vecino sigue con sus geranios en la ventana. El otro exhibe un trozo de tela con una gran franja amarilla flanqueada por otras dos franjas rojas a ambos lados. Al vecino de los geranios esta exhibición le vuelve a parecer una nueva muestra de oportunismo.
Algunos días después, a la ciudad llega el verano, pero ya no solo de nombre. Un vecino riega los geranios de la ventana para que no se le sequen. El otro exhibe un trozo de tela de estampado vistoso y colores chillones. Esta vez, el vecino de los geranios en la ventana pasa de juzgar la toalla de su vecino, el de las telas en la ventana.
Quizás se haya cansado de su chaqueterismo, quizás haya decidido que no puede tomarse en serio tantas muestras de efusividad.

viernes, 27 de julio de 2012

riqueza inextinguible

(área de descanso nº 189)
"La riqueza más allá de lo necesario es inútil como un vaso que rebosa".
(Epicuro de Samos, según Diógenes de Oinoanda)

Hay un trance en que la rubia me permite acceder a sus pensamientos. Sin trabas ni aduanas, sin palabras, sin autorización expresa. Sucede así, sin más. Aparenta una serenidad que no se puede alterar y se le pierde la mirada en un punto muy distante, tanto que no soy capaz de alcanzarlo. Y mientras voy montado en ese haz de luz que desde el faro de sus ojos vuela hacia un infinito en que todo se desvanece, un rayo tractor me succiona más allá de su pupila, por el nervio óptico, hasta el horno de chispas en que se cuecen sus ingenios. Y allí se amontonan sus ilusiones, sus temores, sus sueños, sus proyectos, alguna que otra esperanza y algún que otro desconsuelo.
La última vez que visité el gran santuario de su mente, la rubia cavilaba en cómo hay ciertas minas que se revalorizan con el tiempo. Allí donde se extraían todas las variedades imaginables de carbón, azabaches, obsidianas, cobre, minerales ferrosos... llega un día en que se van agotando las vetas que durante mucho tiempo pusieron el color de tantos paisajes bajo el cielo. En ese momento se descubren ricos yacimientos de plata. Al principio, quizás con cierto desencanto, hasta que se comprende que no es sino un aumento de valor de la propia mina.

En el momento en que se cruzaron nuestras miradas, se desvaneció el efecto del infinito que mantenía el trance. Y por el mismo haz de luz que salía de sus ojos, la rubia penetró en mi santuario.
Allí descubrió mi intención más recóndita. Allí supo que su resquemor por una posible devaluación de su cantera no tenía ningún fundamento. Yo siempre pagaré su plata al precio del oro. Y solo así mi riqueza será inextinguible.

lunes, 23 de julio de 2012

summertime

(en mitad de alguna parte)

Sería imposible que no te dieras cuenta. Te llega a través de todos tus sentidos.
El sabor del bullicio incesante de niños jugando a tiempo completo, invadiendo plazas, parques, playas, jardines... El olor de las salpicaduras del agua, levantándose y precipitándose por las zambullidas infantiles, por jinetes que cabalgan tablas de surf, la doma de las olas y la rapa de sus crestas. Contemplas también murmullos de ríos que corren presurosos, como si sus frescas aguas trataran de escapar de los bañistas.
El roce de las chicharras en la caldera del mediodía, la caricia de los grillos tratando de atemperar noches demasiado cálidas. Sonidos de estrellas refulgentes en un cielo nocturno que no cabe dentro de los ojos.
Ruidosa explosión de colores helados en cucuruchos, granizadas crujientes, aterciopelados refrescos, carcajadas rojas de bocas de sandía.
Un vistazo al tiempo detenido, parapetados los ojos tras gafas de sol.
Huelen las olas cuando acarician con parsimonia la orilla de la playa. Cadencia aromática acompasada con el suave mecer de la brisa, tratando de dormir a las hojas de los árboles en sus ramas. Huelen las gotas de mar que se evaporan sobre tu piel y dejan blancos rastros salinos.
Degustas miles de lanzas del sol que se clavan en tu espalda, en tus brazos, en tus piernas, sobre tu rostro. Paladeas la energía que hace arder tu cáscara de bronce. Rozamiento de luz, amarilleando lánguidamente en calmos atardeceres de días que se han estirado. Mil diminutos soles han nacido del único.
Lo veo todo con los ojos cerrados. Sobre todo, veo tus risas.
Se sienten con cada poro.
Es verano.


Summertime by Ella Fitzgerald on Grooveshark

jueves, 19 de julio de 2012

el del pelo rizado

(área de descanso nº 188)

A veces uno encuentra lecturas, otras veces las lecturas lo encuentran a uno. Digo esto por una curiosa coincidencia que luego quedará explicada. Me gusta leer Historia. Las andanzas de los patéticos humanos a través de los siglos, siempre tropezando en las mismas piedras y poniendo la misma cara como si fuera la primera vez. Hace unos pocos días leía (de nuevo) acerca de un tal Cincinato, de nombre Lucio Quincio Cincinato. Y viene a cuento, con la que está cayendo.

Las gentes romanas de buena cuna tenían tres nombres. Como nosotros, que tenemos un nombre y dos apellidos, pero un poco distinto. Pongamos, por ejemplo, el caso de Nerón. Cuando nació, le pusieron el nombre de Lucio Domicio Enobardo. Lucio era su verdadero nombre, lo que sería entre nosotros el nombre de pila. Domicio servía para indicar la estirpe a la que pertenecía (la de los domicios) y Enobardo era el sobrenombre tradicional de la familia Domicia, y significaba literalmente "barba roja". Cuando su madre lo hizo adoptar por el emperador Claudio, su nombre cambió para llamarse desde entonces Tiberio Claudio Nerón. Y también en este caso, el primer nombre es el de verdad de la buena, mientras que Nerón (el nombre por el que más se le conoce) era el sobrenombre de la familia Claudia y quería decir algo así como "dios de la guerra". Volviendo a Cincinato, este nombre era un apodo que significaba "de cabellos rizados". Y allá a mediados del siglo V a.C., cuando Roma aún no era gran cosa, es cuando tienen lugar las particulares hazañas del héroe del pelo ensortijado.
A poco que se busque, se podrá leer en cualquier lugar acerca de la vida y obras de este personaje, así que no me extenderé en pormenores.

Cincinato era de familia noble (patricio, que decían ellos) y muy rico, pero su fortuna se evaporó a causa de un malentendido cuando su hijo fue acusado de haber cometido un asesinato. Para huir de la orden de detención y las vicisitudes del proceso, el hijo se alejó de Roma y dejó al padre en situación crítica: tuvo que desembolsar una pasta gansa para resarcir los daños y pagar la multa. Apenas le quedó un terreno y una pequeña vivienda junto al Tíber. Y allí me lo encuentran los enviados del Senado, arando su campo como un rústico más, cuando una situación peliaguda se cierne sobre Roma. Resulta que corriendo el año 458 a.C., los ecuos y los volscos (pueblos del centro de la península itálica, vecinos de los latinos y que, como "buenos vecinos" su principal entretenimiento consistía en darles por el saco) se levantan en armas contra Roma y son los ecuos quienes llegan a fumigarse toda la resistencia que algún incapaz dirigente militar romano consigue oponerles. Como Cincinato se había ganado buena reputación como cónsul, el Senado, después de la correspondiente votación, le propone el cargo de dictador. Hoy en día, escuchamos la palabra "dictador" y nos entra la cagalera con el recuerdo de siniestros personajes que copan el poder durante décadas. Pero según la ley romana, un dictador era un funcionario dotado de poder absoluto durante un periodo máximo de seis meses, designado en votación por el Senado en momentos muy difíciles y con el propósito de agilizar la toma de decisiones. Es decir, una muy provisional medida de urgencia. Bueno, pues hete aquí que Cincinato se presenta al día siguiente en el foro con la toga orlada de púrpura (la de dictador), se pone al frente de un ejército reclutado para la ocasión y aplica una táctica de cercar a los malosos enemigos (quienes a su vez tenían rodeados los restos del ejército romano inicial) con una empalizada en el monte Álgido. Allí tiene lugar la batalla decisiva. Al grito de "¡Sus vamos a meter tal golpiza que sus vais a defecar en los mismísimos calzones, so guiris!" (o algo similar), a los ecuos me los pillan entre dos frentes y se ven obligados a rendirse. Victoria romana por la vía rápida.

Y como ya es hora de ir recogiendo, vamos con algunas conclusiones.
  - Conclusión número uno: Tomen nota, incompetentes señores políticos del siglo XXI. Aquí tienen el ejemplo de un tipo al que se le encarga que saque al país de una situación crítica, y va y lo hace. Sin campaña política para prometer el oro y el moro (promesas que no piensa luego cumplir) ni gaitas por el estilo. Res, non verba ("hechos, no palabras").
  - Conclusión número dos: El cargo de dictador le permitía a Cincinato un mangoneo de seis meses, con su guardia de honor de lictores, sus banquetes en su honor, sus triunfos, sus restituciones... Pero a los seis días después de cumplida su misión, y habiendo dejado ya todo en su sitio, abandonó la toga de orla púrpura por sus ropas de campesino, dio las dimisiones y prefirió volverse a la vida humilde de su campo y su arado. De esta forma (y convenientemente agrandada su leyenda por Catón el Viejo), quedó el suyo como un ejemplo de entrega a su pueblo, de honradez y rectitud, sin enorgullecerse por los servicios prestados.
Y si salvar a tu país me parece ya algo heroico, el hecho de evitar sucumbir a las ambiciones personales en el cumplimiento del deber, y no quedarse a exprimir voluptuosamente las arcas del dinero público, es una hazaña estratosférica. Como mínimo.
Tomen buena nota también de esto, panda de malnacidos señores políticos.

De esta guisa, con fasces lictores en una mano y arado en la otra (foto inferior), se puede ver a Cincinato en una estatua que le dedicaron en la ciudad estadounidense de Cincinnati (en el estado de Ohio). Es evidente que el nombre de la ciudad está tomado del héroe romano. Al acabar la guerra de la independencia estadounidense, se creó la Sociedad de los Cincinnati, para honrar a personas como George Washington, que habían servido desinteresadamente en los días de la revolución americana.

domingo, 15 de julio de 2012

mano abierta

(sigo viajando...)

Lustro. Pero no lustro de lustrar, sino lustro de cinco años. Ya cinco años.
Tal día como hoy hace cinco años también era domingo. Tal día como hoy hace cinco años sucedió el accidente por el que escribo accidentalmente. Nunca se sabe si las cosas suceden para bien o para mal. Yo creo que cada acontecimiento trae cosas buenas y cosas malas, y luego cada uno decide con qué quedarse. Hay quien prefiere regodearse en lo malo y les llama desgracias a esos acontecimientos primeros. Otros se espacian en lo bueno y les llaman oportunidades. Cada uno decide.

Al empezar el viaje, la soledad provocaba que los primeros sonidos reverberaran en este lugar, de tan vacío. Poco a poco ese vacío fue habitado por otros viajeros que han convertido en más amena la travesía.
Después de cinco años de blog, que hoy se cumplen, me queda mucha satisfacción por la cantidad y calidad de personas (antes desconocidas, ahora conocidas, con algunas incluso he trabado hermosa amistad) que viajaron a mi lado o que todavía siguen viajando. Hacen que todo esto merezca la pena.
Ya no se trata solo de combinar expresiones, mezclar ese término con aquel, añadirle un adjetivo, aderezarlo con verbos y sustantivos... no es solo la alquimia de palabras, la destilería de emociones y sensaciones que es este alambique electrónico, sino mucho más. Pero hay que meter los pies en el mar para saber la impresión del agua salada sobre la piel. Los que nadan en este océano lo saben, no necesito explicárselo.

En este tiempo me he sentido muy plagiado. En varias ocasiones he leído acerca de algunos casos en que Fulanito-de-Tal copiaba un texto (o varios) de Menganito-de-cual, con gran indignación por parte de este. En mi caso ha sido distinto. Ha habido mucha sorpresa y nada de indignación. He leído textos de otros blogueros que han sido totalmente copiados de mis pensamientos. Me han leído la mente, así, sin ningún pudor. Yo pensaba algo, tenía una idea muy clara ...y ¡zas! un día me encontraba con que alguien lo había escrito con palabras precisas, bellas, admirables... Mi pensamiento convertido en un texto publicado. Y sin citar al autor del pensamiento, ni una mención ni un reconocimiento ni nada. Bueno, así son las cosas en los blogs: siempre hay alguien que se te adelanta. No hay que tomárselo muy a pecho. A fin de cuentas, ¿no es fascinante esa sensación de sintonía con alguien a quien ni conoces en persona?

Si nada lo impide, seguiré viajando en estas aguas. En estas y en estas otras, claro (mi blog de fotos de los lunes). Seguiré siendo copiado y seguiré haciendo que igualmente otros se sientan copiados. También nos sorprenderemos con palabras insospechadas, con recodos del camino tomados por azar, con magníficos lugares donde hacer una pausa, con parajes inciertos... Comienza un nuevo ciclo, la rueda sigue girando. Otro año más.
Ya ha pasado tanto tiempo... o tan poco, según se mire.

martes, 10 de julio de 2012

aracne y yo

(área de descanso nº 187)
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
(Konstantinos Kavafis, "Ítaca")

Tengo una araña en el retrovisor izquierdo de mi coche. No la he visto, pero sé que vive ahí dentro, detrás del espejo, cobijada en las entrañas de ese cuenco de plástico que ahora le sirve de guarida.
Lo sé porque cada día yo destrozo una telaraña entre el retrovisor y la ventanilla. Y una telaraña vuelve a aparecer nuevamente en su lugar el día siguiente.
Pensé en rociar el retrovisor con insecticida. Aunque las arañas no son insectos, imagino que eso resultaría letal para mi polizona compañera de viajes. No lo he hecho. No quiero hacerlo.
No tengo ninguna filia por las arañas, sino todo lo contrario, pero no quiero hacerlo.

Ella teje. Yo destejo. Ella hace. Yo deshago.
Somos la cara y la cruz que juntas formarían una moneda con nombre de mujer. Somos el día y la noche de Penélope, que teje y desteje esperando que Ulises vuelva de su viaje.
Pero el viaje es largo, muy largo. Ulises tarda en volver y a Penélope se le agotan las excusas.
Aracne y yo le estamos dando tiempo.
Jugamos a ser dioses frustrados.
Ella teje y yo destejo. Así cada día, hasta que decidamos que Ulises tiene que volver a Ítaca, lleno de sabiduría y felicidad.

jueves, 5 de julio de 2012

síndrome de stendhal

(área de descanso nº 186)
"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".
("Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio", 1817, Henri-Marie Beyle, Stendhal)

Santa María del Fiore, el Duomo. La soberbia cúpula de Brunelleschi. Estremecimiento. Battistero di San Giovanni, Santa María Novella, Campanile di Giotto, Ponte Vecchio, Ponte Santa Trìnita. Emoción. Debajo, el Arno, discurriendo sin prisa, pero sin pausa. Melancolía. Basílica di Santa Croce. Y el Panteón de las glorias italianas. Sepulturas de Michelangelo Buonarroti, Galileo Galilei, Ghiberti, Rossini, Vasari... Suspiro. Galería Uffizi. Venus, Madonnas, Anunciaciones. Sobrecogimiento. Frescos, retablos, relieves, sarcófagos, estatuas. Palpitaciones. Giotto, Fra Angelico, Masaccio, Lippi, Pollaiuolo, Botticelli, Leonardo, Caravaggio, Rafael... Excitación.
Y en ese instante apareciste tú.
Inesperadamente.
Desapareció el lugar, se desvanecieron los artistas, palidecieron las creaciones.
Y esta fascinación será incontenible para siempre.
Ya estemos en el desierto, bajo la cúpula estrellada, en un prado, en la colina, en el balcón, sobre las sábanas, a la sombra de los abedules, en la mañana, al atardecer, en la ciudad, en la orilla del mar, en las nieves... no se puede extinguir el incendio vehemente que comenzaste en aquel momento. Toda mi vida arde en la pasión de ese recuerdo perenne. El sello 224.

2 GOOD
2 BE
4GOTTEN

lunes, 2 de julio de 2012

yo no quería, pero

(parada por embotellamiento... ¡hala! ¿qué hace ahí toda esa gente?)

Me había dicho a mí mismo que no escribiría sobre el tema, pero no sé cómo hago para acabar traicionándome de esta manera. En fin, para eso está un blog: para soltar lastre mental, entre otras cosas. Toda la Eurocopa sin mencionar el asunto y ahora que ha terminado, ¡zas! post futbolero-eurocopero.
Vaya por delante que de fútbol no me apetece comentar casi nada. Empiezo a sentirme excluido de esa cosa. Me pasa lo mismo que con el ciclismo hace años: cuando las crónicas de ciclismo se empezaron a parecer más a noticias de hospital y laboratorio que a noticias de deportistas y bicicletas, se cortó de raíz mi afición por todo aquello. Ahora con el fútbol me empieza a pasar otro tanto, por otros motivos. Me resulta aburrido el estilo que se ha impuesto como el aceptado por la mayoría (en juego, pero también en impacto mediático, tipo de periodismo, comportamiento de aficiones, etc). Ya sé que no hay que hacerles caso a las mayorías. En la Edad Media, la mayoría sostenía que la Tierra era plana, pero eso no hizo más llano al planeta ni un poquito. Las mayorías no tienen por qué sostener las posturas más veraces y, en materia de gustos, ni siquiera existen ese tipo de posturas... Lo que pasa es que me cansa tener que discutir y justificar mis gustos en algo que se supone tenía que ser divertido, pero acaba siendo una pugna para ver quién sostiene la mejor mentira de todas. Me cansa.
El fútbol es un deporte físico al que me aficioné hace muchos años. Admiré la nobleza en el campo del estilo inglés, a la vez que detesté a sus hooligans. Me gusta el fútbol vibrante, físico, atlético, incluso vertiginoso, sin fingimientos, con calidad y que se juegue deportivamente. Ahora el estilo que impera es el de posesión hasta que se duerman los más insomnes. Es curioso que en otros deportes físicos como el baloncesto o el balonmano, se castigan las posesiones muy prolongadas con final de tiempo de posesión o pasividad, respectivamente, y el balón es para el equipo contrario. Se busca la máxima actividad, no cansar al rival por aburrimiento. Al final, en un partido de fútbol de 90' solo unos 15 de ellos han sido algo interesantes (en el mejor de los casos) y el resto, tiempo de relleno. Las cinco sextas partes de relleno, qué exceso. Bueno, esta es mi opinión. La mayoría opinará otra cosa y no lo pienso discutir.

De lo que quería hablar (como decía antes de soltar este párrafo-ladrillazo y demostrando, por tanto, poca coherencia) no es de fútbol, sino de otras cosillas a propósito de esta Eurocopa. Ha habido de todo. Por ejemplo, me reafirmo en la satisfacción de que nuestro himno nacional no tenga letra. Después de escuchar cómo los futbolistas italianos perpetraban su himno antes de la final (Buffon con los ojos cerrados y a pleno pulmón, qué espectáculo, qué forma de desafinar, qué tromba de agua pudo haber caído sobre Kiev), creo que es la mejor opción: me alegré de que los nuestros no se vieran obligados a vencer en esa demostración de patriotismo facilón, gritando como posesos una letra inflamada mientras sonaba el clásico chunda-chunda. Bueno, minucias.
Quizás lo más gordo se ha cocido después de la final, con las redes sociales enfrentadas entre los alegres y bulliciosos celebrantes del triunfo, por un lado, y por el otro quienes los acusan de frívolos en medio de una situación político-económico-social desesperante. Y quizás me ha chocado mucho el extremismo con el que afrontamos estas cosas. Me explico: ¿por qué mezclar dos asuntos que no tienen nada que ver? Ni los que han celebrado el triunfo de la Selección son una banda de irresponsables a quienes no les importa el momento que nos toca vivir, ni los que han pasado del evento futbolístico son unos amargados que no saben divertirse (y seguro que lo han hecho con un libro, una película, un concierto o lo que hayan preferido). La clave está en la palabra divertirse o diversión. Porque "divertir" es apartar, desviar, alejar, dirigir la atención momentáneamente hacia otros intereses con el fin de lograr algún tipo de alivio. Es una necesidad y más cuando más aprietan las circunstancias. Es tomarse un respiro para volver a la carga con más fuerzas. No es preciso que estemos martirizándonos todo el tiempo y agotando nuestras energías sin sacar nada en limpio.
Me parecería de mal gusto, por ejemplo, presentarme en medio de un banquete de boda, mientras todos los invitados están dando cuenta de un suculento menú, y ponerme a repartir fotos de desnutridos niños africanos, famélicos y devorados por las moscas. ¿Es que esa realidad no existe mientras se celebra el banquete? Claro que sí. Pero, ¿es necesario destrozar una celebración para recordarlo en ese preciso instante? No lo creo. Eso se piensa antes, siendo más austero en la preparación y donando la diferencia para esa causa, o después, remangándose y trabajando por quien lo necesite. Pero hay un tiempo para cada cosa.
Otro tema es que los que celebran esta victoria futbolística, decidan ahora no bajar de la nube en varias semanas, viviendo ahí arriba en una ficción. Eso no ayudaría. Pasado el divertimento, hay que volver a la faena. Que cada cual tome sus ejemplos. Alguien se fijará en estos triunfadores (niños mimados y millonarios para unos, deportistas de éxito no regalado para otros), otros elegirán otros modelos. Perfecto. Pero manos a la obra.

¡Ah! y, por cierto, me parece muy bien que haya tanta gente que exalte a los manifestantes como modélicos (en plan: bien por los manifestantes, mal por los celebrantes que no salen en la misma cantidad cuando hay que protestar), pero hay algo que falla en esto. Es solo una reflexión. Se ha dicho mucho que los políticos actuales están dilapidando todos los logros que alcanzaron y debemos al activismo de nuestros abuelos. Pero resulta que nuestra clase política, esta que tanto daño está haciendo (y algunos son hijos de aquellos abuelos), se nutre principalmente de los manifestantes de mayo del 68. La manifestación no es la panacea si luego todos los ideales por los que se lucha se pierden en el olvido de la comodidad, las satisfacciones, la complacencia, los halagos, la indolencia y los dispendios. Habrá que tenerlo en cuenta para no ser tan olvidadizos como los que nos han precedido.

El camino de la excelencia es arduo. Un grupo de futbolistas ha cumplido sus objetivos por ese caminito y pasando de ciertas críticas (más destructivas que constructivas). Al resto no nos sirve de nada lo que ellos hayan conseguido para sí mismos, quizás solo un ejemplo, una alegría efímera, una diminuta dosis de ilusión y poco más. Por eso, ahora nos toca a nosotros estar a la altura de las circunstancias. Es nuestro partido.