jueves, 2 de agosto de 2012

chaqueterismo

(área de descanso nº 190)

Me comentaba un colega, hace ya un tiempo, que es necesario mantener siempre una actitud de chaqueterismo, que esto es bueno para progresar como profesional y como persona. Después de observar mi expresión algo ojiplática (mi gran colección de ademanes y repertorio posicional de cejas, expuesta en modo automático, me ha impedido desde siempre alcanzar un buen nivel como jugador de poker), mi compañero de charla entendió que era mejor explicarse un poco. ¡Ah, qué fácil es caer en malentendidos! El concepto "chaquetero" se asocia comúnmente a todas aquellas personas que cambian de forma de pensar, filiación o lo que sea, sin que medie algún tipo de convencimiento o de compromiso, por mero interés (materialista, en casi todos los casos). Pero su idea se centraba más en la necesidad de experimentar los cambios antes que mantenerse a toda costa en posiciones que se intuye que van quedado caducas. En otras palabras, estaba oponiendo chaqueterismo a cerrilismo. Visto así, me pareció una afirmación bastante sensata... y más con la plaga de cerriles y fanáticos que pululan por doquier.
Tengo pocas dudas respecto a la mutabilidad y a la fugacidad de las cosas: todo está sometido a cambios, en ocasiones incluso muy rápidos. Y la adaptación a tantos cambios es un requisito para el progreso. Es posible que eso lleve a cierto desapego. ¿Cómo comprometerse con algunas ideas o situaciones que se sabe que son pasajeras? Parece un desgaste inútil de energías (si lo que hoy es amarillo, mañana es azul, ¿por qué discutir sobre ello? ¿para qué arrojar el ancla en aguas en las que se está de paso?). Entonces, ahí es dónde habrá que encontrar el punto de equilibrio en este campo de cambia-chaquetas. Algunas ideas, creencias, convicciones, opiniones... deberían ser mantenidas con más fuerza que otras, pero también habrá que ver hasta qué extremo. Esa es la clave. En la vida hay pocas constantes y hay que saber identificarlas, porque de lo contrario uno puede hallarse abrazado a momias ideológicas, caminando entre osamentas de dinosaurios...

Aunque la conversación se podría haber aplicado a temas de política, economía, filosofías, ideologías, etc., en realidad habíamos comenzado hablando de cuestiones de estilo artístico. Hay quien mantiene un estilo a toda costa, pase lo que pase, así se desplomen los cielos. ¿Es necesaria tanta fidelidad a una forma de hacer las cosas? No sé, allá cada cual. En ocasiones, el orgullo de un artista (sí, este es un mundillo dominado por egos enormes) le impide reconocer como buena la producción de otro artista que esté alejada de su estilo. Mal por él. Es alguien que no ha aprendido a ser chaquetero. En el buen sentido.
Por eso me parece alucinante cuando, por ejemplo, después de las broncas arquitectónicas entre Le Corbusier y Hannes Meyer (aunque remaban en barcos parecidos, siempre se puede montar la gresca por desacuerdos que parecen pequeños al profano pero descomunales al artista), lo primero que se le ocurre al bueno de Hans cuando el Corbu termina la construcción del edificio Clarté en Ginebra, es hacerse una foto los dos juntos en la azotea de esta obra. Hay que echarle un par, porque cualquiera entendería que su credibilidad había quedado en entredicho: ¿Tanto follón para esto? Pues sí, ya ves. Cuando algo merece la pena, se reconoce y ya está, aunque venga de un enemigo. No pasa nada. Quizás algunos divos de la arquitectura han demostrado menos soberbia que el político medio, tan necesitado de pedigrís. Y ya es decir...
Podría pensarse que el fondo de esto es una cuestión de honestidad. Pero no lo creo. El orgullo nubla la razón y la honestidad se convierte en algo tan secundario que deja de tener valor. No hay más que fijarse en el comportamiento del fanático tipo, que se cree ciegamente todo su ideario y entiende su cerrilidad como virtud. ¿Se puede estar más honestamente equivocado? El otro día, me contaba una persona (la llamaré "A") que trataba de hacerle ver a otra (la llamaré "B") un error en algo que sostenía con vehemencia. Por más argumentos bien razonados que A le daba, B estaba completamente convencida de que no había tal error. Pasados bastantes días, vuelven a conversar sobre el tema y ahora resulta que B opina igual que A. Sorprendida A, le pregunta a B cómo es que ha cambiado de opinión al respecto. Y resulta que B le asegura que se ha dado cuenta 'por sí misma' de que estaba 'ligeramente equivocada'. Tiene bemoles la cosa, ¡cómo cuesta dar el brazo a torcer!
Decididamente, a la gente no te la puedes tomar muy en serio.

El adivino Prolix, ¿haciendo gala de sus dotes no-chaqueteriles (ejhem), en "Astérix y el adivino"?

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UNA HISTORIA DE DOS VECINOS

Dos vecinos tienen sus ventanas una al lado de la otra.
Uno tiene macetas con geranios en el alféizar de su ventana. El otro no.
Un día, el equipo de fútbol de la ciudad asciende de categoría. Un vecino sigue con sus geranios en la ventana. El otro exhibe un trozo de tela con franjas alternas azules y blancas. Al vecino de los geranios esta exhibición le parece oportunista.
Otro día, el equipo de fútbol del país gana un prestigioso torneo internacional. Un vecino sigue con sus geranios en la ventana. El otro exhibe un trozo de tela con una gran franja amarilla flanqueada por otras dos franjas rojas a ambos lados. Al vecino de los geranios esta exhibición le vuelve a parecer una nueva muestra de oportunismo.
Algunos días después, a la ciudad llega el verano, pero ya no solo de nombre. Un vecino riega los geranios de la ventana para que no se le sequen. El otro exhibe un trozo de tela de estampado vistoso y colores chillones. Esta vez, el vecino de los geranios en la ventana pasa de juzgar la toalla de su vecino, el de las telas en la ventana.
Quizás se haya cansado de su chaqueterismo, quizás haya decidido que no puede tomarse en serio tantas muestras de efusividad.

viernes, 27 de julio de 2012

riqueza inextinguible

(área de descanso nº 189)
"La riqueza más allá de lo necesario es inútil como un vaso que rebosa".
(Epicuro de Samos, según Diógenes de Oinoanda)

Hay un trance en que la rubia me permite acceder a sus pensamientos. Sin trabas ni aduanas, sin palabras, sin autorización expresa. Sucede así, sin más. Aparenta una serenidad que no se puede alterar y se le pierde la mirada en un punto muy distante, tanto que no soy capaz de alcanzarlo. Y mientras voy montado en ese haz de luz que desde el faro de sus ojos vuela hacia un infinito en que todo se desvanece, un rayo tractor me succiona más allá de su pupila, por el nervio óptico, hasta el horno de chispas en que se cuecen sus ingenios. Y allí se amontonan sus ilusiones, sus temores, sus sueños, sus proyectos, alguna que otra esperanza y algún que otro desconsuelo.
La última vez que visité el gran santuario de su mente, la rubia cavilaba en cómo hay ciertas minas que se revalorizan con el tiempo. Allí donde se extraían todas las variedades imaginables de carbón, azabaches, obsidianas, cobre, minerales ferrosos... llega un día en que se van agotando las vetas que durante mucho tiempo pusieron el color de tantos paisajes bajo el cielo. En ese momento se descubren ricos yacimientos de plata. Al principio, quizás con cierto desencanto, hasta que se comprende que no es sino un aumento de valor de la propia mina.

En el momento en que se cruzaron nuestras miradas, se desvaneció el efecto del infinito que mantenía el trance. Y por el mismo haz de luz que salía de sus ojos, la rubia penetró en mi santuario.
Allí descubrió mi intención más recóndita. Allí supo que su resquemor por una posible devaluación de su cantera no tenía ningún fundamento. Yo siempre pagaré su plata al precio del oro. Y solo así mi riqueza será inextinguible.

lunes, 23 de julio de 2012

summertime

(en mitad de alguna parte)

Sería imposible que no te dieras cuenta. Te llega a través de todos tus sentidos.
El sabor del bullicio incesante de niños jugando a tiempo completo, invadiendo plazas, parques, playas, jardines... El olor de las salpicaduras del agua, levantándose y precipitándose por las zambullidas infantiles, por jinetes que cabalgan tablas de surf, la doma de las olas y la rapa de sus crestas. Contemplas también murmullos de ríos que corren presurosos, como si sus frescas aguas trataran de escapar de los bañistas.
El roce de las chicharras en la caldera del mediodía, la caricia de los grillos tratando de atemperar noches demasiado cálidas. Sonidos de estrellas refulgentes en un cielo nocturno que no cabe dentro de los ojos.
Ruidosa explosión de colores helados en cucuruchos, granizadas crujientes, aterciopelados refrescos, carcajadas rojas de bocas de sandía.
Un vistazo al tiempo detenido, parapetados los ojos tras gafas de sol.
Huelen las olas cuando acarician con parsimonia la orilla de la playa. Cadencia aromática acompasada con el suave mecer de la brisa, tratando de dormir a las hojas de los árboles en sus ramas. Huelen las gotas de mar que se evaporan sobre tu piel y dejan blancos rastros salinos.
Degustas miles de lanzas del sol que se clavan en tu espalda, en tus brazos, en tus piernas, sobre tu rostro. Paladeas la energía que hace arder tu cáscara de bronce. Rozamiento de luz, amarilleando lánguidamente en calmos atardeceres de días que se han estirado. Mil diminutos soles han nacido del único.
Lo veo todo con los ojos cerrados. Sobre todo, veo tus risas.
Se sienten con cada poro.
Es verano.


Summertime by Ella Fitzgerald on Grooveshark

jueves, 19 de julio de 2012

el del pelo rizado

(área de descanso nº 188)

A veces uno encuentra lecturas, otras veces las lecturas lo encuentran a uno. Digo esto por una curiosa coincidencia que luego quedará explicada. Me gusta leer Historia. Las andanzas de los patéticos humanos a través de los siglos, siempre tropezando en las mismas piedras y poniendo la misma cara como si fuera la primera vez. Hace unos pocos días leía (de nuevo) acerca de un tal Cincinato, de nombre Lucio Quincio Cincinato. Y viene a cuento, con la que está cayendo.

Las gentes romanas de buena cuna tenían tres nombres. Como nosotros, que tenemos un nombre y dos apellidos, pero un poco distinto. Pongamos, por ejemplo, el caso de Nerón. Cuando nació, le pusieron el nombre de Lucio Domicio Enobardo. Lucio era su verdadero nombre, lo que sería entre nosotros el nombre de pila. Domicio servía para indicar la estirpe a la que pertenecía (la de los domicios) y Enobardo era el sobrenombre tradicional de la familia Domicia, y significaba literalmente "barba roja". Cuando su madre lo hizo adoptar por el emperador Claudio, su nombre cambió para llamarse desde entonces Tiberio Claudio Nerón. Y también en este caso, el primer nombre es el de verdad de la buena, mientras que Nerón (el nombre por el que más se le conoce) era el sobrenombre de la familia Claudia y quería decir algo así como "dios de la guerra". Volviendo a Cincinato, este nombre era un apodo que significaba "de cabellos rizados". Y allá a mediados del siglo V a.C., cuando Roma aún no era gran cosa, es cuando tienen lugar las particulares hazañas del héroe del pelo ensortijado.
A poco que se busque, se podrá leer en cualquier lugar acerca de la vida y obras de este personaje, así que no me extenderé en pormenores.

Cincinato era de familia noble (patricio, que decían ellos) y muy rico, pero su fortuna se evaporó a causa de un malentendido cuando su hijo fue acusado de haber cometido un asesinato. Para huir de la orden de detención y las vicisitudes del proceso, el hijo se alejó de Roma y dejó al padre en situación crítica: tuvo que desembolsar una pasta gansa para resarcir los daños y pagar la multa. Apenas le quedó un terreno y una pequeña vivienda junto al Tíber. Y allí me lo encuentran los enviados del Senado, arando su campo como un rústico más, cuando una situación peliaguda se cierne sobre Roma. Resulta que corriendo el año 458 a.C., los ecuos y los volscos (pueblos del centro de la península itálica, vecinos de los latinos y que, como "buenos vecinos" su principal entretenimiento consistía en darles por el saco) se levantan en armas contra Roma y son los ecuos quienes llegan a fumigarse toda la resistencia que algún incapaz dirigente militar romano consigue oponerles. Como Cincinato se había ganado buena reputación como cónsul, el Senado, después de la correspondiente votación, le propone el cargo de dictador. Hoy en día, escuchamos la palabra "dictador" y nos entra la cagalera con el recuerdo de siniestros personajes que copan el poder durante décadas. Pero según la ley romana, un dictador era un funcionario dotado de poder absoluto durante un periodo máximo de seis meses, designado en votación por el Senado en momentos muy difíciles y con el propósito de agilizar la toma de decisiones. Es decir, una muy provisional medida de urgencia. Bueno, pues hete aquí que Cincinato se presenta al día siguiente en el foro con la toga orlada de púrpura (la de dictador), se pone al frente de un ejército reclutado para la ocasión y aplica una táctica de cercar a los malosos enemigos (quienes a su vez tenían rodeados los restos del ejército romano inicial) con una empalizada en el monte Álgido. Allí tiene lugar la batalla decisiva. Al grito de "¡Sus vamos a meter tal golpiza que sus vais a defecar en los mismísimos calzones, so guiris!" (o algo similar), a los ecuos me los pillan entre dos frentes y se ven obligados a rendirse. Victoria romana por la vía rápida.

Y como ya es hora de ir recogiendo, vamos con algunas conclusiones.
  - Conclusión número uno: Tomen nota, incompetentes señores políticos del siglo XXI. Aquí tienen el ejemplo de un tipo al que se le encarga que saque al país de una situación crítica, y va y lo hace. Sin campaña política para prometer el oro y el moro (promesas que no piensa luego cumplir) ni gaitas por el estilo. Res, non verba ("hechos, no palabras").
  - Conclusión número dos: El cargo de dictador le permitía a Cincinato un mangoneo de seis meses, con su guardia de honor de lictores, sus banquetes en su honor, sus triunfos, sus restituciones... Pero a los seis días después de cumplida su misión, y habiendo dejado ya todo en su sitio, abandonó la toga de orla púrpura por sus ropas de campesino, dio las dimisiones y prefirió volverse a la vida humilde de su campo y su arado. De esta forma (y convenientemente agrandada su leyenda por Catón el Viejo), quedó el suyo como un ejemplo de entrega a su pueblo, de honradez y rectitud, sin enorgullecerse por los servicios prestados.
Y si salvar a tu país me parece ya algo heroico, el hecho de evitar sucumbir a las ambiciones personales en el cumplimiento del deber, y no quedarse a exprimir voluptuosamente las arcas del dinero público, es una hazaña estratosférica. Como mínimo.
Tomen buena nota también de esto, panda de malnacidos señores políticos.

De esta guisa, con fasces lictores en una mano y arado en la otra (foto inferior), se puede ver a Cincinato en una estatua que le dedicaron en la ciudad estadounidense de Cincinnati (en el estado de Ohio). Es evidente que el nombre de la ciudad está tomado del héroe romano. Al acabar la guerra de la independencia estadounidense, se creó la Sociedad de los Cincinnati, para honrar a personas como George Washington, que habían servido desinteresadamente en los días de la revolución americana.

domingo, 15 de julio de 2012

mano abierta

(sigo viajando...)

Lustro. Pero no lustro de lustrar, sino lustro de cinco años. Ya cinco años.
Tal día como hoy hace cinco años también era domingo. Tal día como hoy hace cinco años sucedió el accidente por el que escribo accidentalmente. Nunca se sabe si las cosas suceden para bien o para mal. Yo creo que cada acontecimiento trae cosas buenas y cosas malas, y luego cada uno decide con qué quedarse. Hay quien prefiere regodearse en lo malo y les llama desgracias a esos acontecimientos primeros. Otros se espacian en lo bueno y les llaman oportunidades. Cada uno decide.

Al empezar el viaje, la soledad provocaba que los primeros sonidos reverberaran en este lugar, de tan vacío. Poco a poco ese vacío fue habitado por otros viajeros que han convertido en más amena la travesía.
Después de cinco años de blog, que hoy se cumplen, me queda mucha satisfacción por la cantidad y calidad de personas (antes desconocidas, ahora conocidas, con algunas incluso he trabado hermosa amistad) que viajaron a mi lado o que todavía siguen viajando. Hacen que todo esto merezca la pena.
Ya no se trata solo de combinar expresiones, mezclar ese término con aquel, añadirle un adjetivo, aderezarlo con verbos y sustantivos... no es solo la alquimia de palabras, la destilería de emociones y sensaciones que es este alambique electrónico, sino mucho más. Pero hay que meter los pies en el mar para saber la impresión del agua salada sobre la piel. Los que nadan en este océano lo saben, no necesito explicárselo.

En este tiempo me he sentido muy plagiado. En varias ocasiones he leído acerca de algunos casos en que Fulanito-de-Tal copiaba un texto (o varios) de Menganito-de-cual, con gran indignación por parte de este. En mi caso ha sido distinto. Ha habido mucha sorpresa y nada de indignación. He leído textos de otros blogueros que han sido totalmente copiados de mis pensamientos. Me han leído la mente, así, sin ningún pudor. Yo pensaba algo, tenía una idea muy clara ...y ¡zas! un día me encontraba con que alguien lo había escrito con palabras precisas, bellas, admirables... Mi pensamiento convertido en un texto publicado. Y sin citar al autor del pensamiento, ni una mención ni un reconocimiento ni nada. Bueno, así son las cosas en los blogs: siempre hay alguien que se te adelanta. No hay que tomárselo muy a pecho. A fin de cuentas, ¿no es fascinante esa sensación de sintonía con alguien a quien ni conoces en persona?

Si nada lo impide, seguiré viajando en estas aguas. En estas y en estas otras, claro (mi blog de fotos de los lunes). Seguiré siendo copiado y seguiré haciendo que igualmente otros se sientan copiados. También nos sorprenderemos con palabras insospechadas, con recodos del camino tomados por azar, con magníficos lugares donde hacer una pausa, con parajes inciertos... Comienza un nuevo ciclo, la rueda sigue girando. Otro año más.
Ya ha pasado tanto tiempo... o tan poco, según se mire.

martes, 10 de julio de 2012

aracne y yo

(área de descanso nº 187)
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
(Konstantinos Kavafis, "Ítaca")

Tengo una araña en el retrovisor izquierdo de mi coche. No la he visto, pero sé que vive ahí dentro, detrás del espejo, cobijada en las entrañas de ese cuenco de plástico que ahora le sirve de guarida.
Lo sé porque cada día yo destrozo una telaraña entre el retrovisor y la ventanilla. Y una telaraña vuelve a aparecer nuevamente en su lugar el día siguiente.
Pensé en rociar el retrovisor con insecticida. Aunque las arañas no son insectos, imagino que eso resultaría letal para mi polizona compañera de viajes. No lo he hecho. No quiero hacerlo.
No tengo ninguna filia por las arañas, sino todo lo contrario, pero no quiero hacerlo.

Ella teje. Yo destejo. Ella hace. Yo deshago.
Somos la cara y la cruz que juntas formarían una moneda con nombre de mujer. Somos el día y la noche de Penélope, que teje y desteje esperando que Ulises vuelva de su viaje.
Pero el viaje es largo, muy largo. Ulises tarda en volver y a Penélope se le agotan las excusas.
Aracne y yo le estamos dando tiempo.
Jugamos a ser dioses frustrados.
Ella teje y yo destejo. Así cada día, hasta que decidamos que Ulises tiene que volver a Ítaca, lleno de sabiduría y felicidad.

jueves, 5 de julio de 2012

síndrome de stendhal

(área de descanso nº 186)
"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".
("Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio", 1817, Henri-Marie Beyle, Stendhal)

Santa María del Fiore, el Duomo. La soberbia cúpula de Brunelleschi. Estremecimiento. Battistero di San Giovanni, Santa María Novella, Campanile di Giotto, Ponte Vecchio, Ponte Santa Trìnita. Emoción. Debajo, el Arno, discurriendo sin prisa, pero sin pausa. Melancolía. Basílica di Santa Croce. Y el Panteón de las glorias italianas. Sepulturas de Michelangelo Buonarroti, Galileo Galilei, Ghiberti, Rossini, Vasari... Suspiro. Galería Uffizi. Venus, Madonnas, Anunciaciones. Sobrecogimiento. Frescos, retablos, relieves, sarcófagos, estatuas. Palpitaciones. Giotto, Fra Angelico, Masaccio, Lippi, Pollaiuolo, Botticelli, Leonardo, Caravaggio, Rafael... Excitación.
Y en ese instante apareciste tú.
Inesperadamente.
Desapareció el lugar, se desvanecieron los artistas, palidecieron las creaciones.
Y esta fascinación será incontenible para siempre.
Ya estemos en el desierto, bajo la cúpula estrellada, en un prado, en la colina, en el balcón, sobre las sábanas, a la sombra de los abedules, en la mañana, al atardecer, en la ciudad, en la orilla del mar, en las nieves... no se puede extinguir el incendio vehemente que comenzaste en aquel momento. Toda mi vida arde en la pasión de ese recuerdo perenne. El sello 224.

2 GOOD
2 BE
4GOTTEN