martes, 12 de febrero de 2013

espuma de palabras

(etapa 09.13)
"Todo aquel que sabe poner nombre a las cosas sabe también que existe lo innombrable".
(Lao-Tsé)

De pequeño me gustaba beber con pajita. En parte, por la novedad de utilizar ese artilugio mágico que se interponía entre el vaso y mi boca. En parte, porque era divertido cabrear un poco a los padres soplando en vez de aspirando. Y en parte, también por la competición de burbujas que se podía organizar entre los hermanos en los desayunos o meriendas. Esto cabreaba aún más a los padres, y por eso era preferible disfrutar del juego en clandestinidad. Luego todo eran caritas de angelitos y mamá, mamá, ya me he acabado el zumo. También me complacía formar pompas soplando a través de un pequeño aro de plástico que mojaba en agua jabonosa. Quién no habrá hecho esto. Ver flotar las burbujas en el aire, observar sus formas y sus brillos iridiscentes al sol, hasta que por tal o cual motivo dejaban de existir, con un plop húmedo, una leve salpicadura, un desvanecimiento en el aire, en la ropa, en la palma de la mano...

Luego, pensé que las palabras son como las burbujas de los juegos. También se llenan de aire, esa es su sustancia. Hay palabras que se tiñen de colores según dónde aparecen, igual que las burbujas del refresco de zumo eran anaranjadas, las del batido de fresa eran rosas y eran blancas las de la leche, o marrones si se le añadía cacao. También hay palabras que se pronuncian solo en lo clandestino. Las hay que pertenecen al mundo de los juegos, vuelan y revientan por azar o porque llegaron a su objetivo, dejando allí su salpicadura como toda huella de que una vez existieron. Vacían su contenido de aire y vuelven a ser solo aire. Hay palabras mayores y menores, hermosas y comunes, igual que las burbujas. Unas son más resplandecientes, otras son más ágiles y vuelan más alto, otras son resistentes y tardan en desaparecer, otras sencillamente permiten que las demás destaquen a su costa.

Empecé a coleccionar palabras, como si petrificara burbujas, para que no se me reventaran al rozar los muros de la frágil memoria. Quise recordarlas, asociándolas a esto o a aquello, admirarlas, acariciarlas. A todas las empleé para construir nuevos mundos, todas me valen para eso. Hay ladrillos modestos pero imprescindibles, otras palabras son como los buenos morteros (preposiciones, artículos y demás), que permiten juntar sustantivos, adjetivos, verbos... sin que el edificio se desmorone. Las palabras de mi colección, empero, son las que me provocan el escalofrío, el estremecimiento reflejo, solo con escuchar su sonido. Una fibra en mi interior vibra cuando estas magníficas burbujas se dejan escuchar.
Unas palabras me atraen por su etimología. Como nostalgia, que significa algo así como el regreso del dolor. Amo a otras palabras por la belleza de su sonido. Como serendipia, que para mí es sonido puro, como el de aquella flauta que un borriquillo hizo sonar por casualidad. Algunas de la colección son fuertes por su significado. Como resiliencia, que aúna su sonoridad con la propia energía del persistir. Tengo palabras útiles, que me permiten expresar con precisión una actitud. Como procrastinar, que explicaré en otro momento. Hay palabras en que es el contraste lo que me fascina. Como ataraxia, que describe con sonido estridente un estado de serenidad absoluta.

Irónicamente, por más palabras que coleccione, no hay despliegue burbujeante contigo. Cuando tú entras en escena, enmudezco. Todas mis pompas de jabón estallan sin sonido y se desvanecen en el aire que respiras, sin que sepas cuántas cosas te diría, pero que soy incapaz de decirte.

Dos hermosas palabras flotan en medio del silencio del bosque de abedules

jueves, 7 de febrero de 2013

brilla (pese a todo)

(etapa 08.13)
"Conquistar el miedo es el comienzo de la sabiduría".
(Bertrand Russell)

 "Lo único que tenemos que temer es el miedo mismo".
(Franklin D. Roosevelt)

No creo que hayan existido muchas etapas en la Historia de la Humanidad que no estuvieran dominadas por el miedo. Miedo a esto o a aquello. Por ejemplo, el miedo a la guerra termonuclear fue uno de los muchos miedos que planeaban sobre las gentes que vivieron la guerra fría. Los miedos se crean y se fomentan para tener controladas a las masas. Y funciona. Las noticias han llegado a convertirse en esa herramienta de control que limita las capacidades de los ciudadanos. No se arriesguen en nada, los tiempos son pésimos. No luchen, no hay posibilidad de victoria. Huyan a otros lugares, la debacle está próxima en este. Sospechen de todos, el enemigo puede estar a su lado...
Hay un límite en que el miedo puede llevar a la desesperación y la desesperación al descontrol. Pero entonces se aflojará la presión, se abrirá la válvula, y después de un respiro de esperanza, vuelta a empezar con el circuito del miedo.
La persona de a pie participa en este perverso juego aun sin ser consciente de ello. En definitiva, como hormiguitas, van llevando estas migajas de temor hasta el hormiguero para alimentarse de ellas. Y de tal siembra se obtienen tales cosechas.

No recuerdo quién decía que el miedo es un gran motivador, pero es un pobre maestro. Y privados de la enseñanza que un buen maestro puede dar, la Historia de la Humanidad (por más visiones positivistas que se quieran dar, juegos de válvulas de escape) parece un curso a la deriva, hacia un proceloso horizonte que también llena de temor.
¿Sombría perspectiva? Puede. Dependerá de cada cual. Habrá que aprender a vivir al margen de esa angustia y miedo colectivos que tantos decibelios de fondo le meten a la vida cotidiana.
Ya, ¿qué fácil, no? -pensará alguien en tono irónico- Pero ahora hay que lidiar con la realidad.
Siempre el mismo cuento.
¿Qué significa "lidiar con la realidad"? ¿Sucumbir a planes ajenos? ¿Dejarse dominar por intereses que en realidad no me interesan en absoluto? No me parece un plan para derrotar al imperio del miedo. Y no se trata de vivir de ilusiones o idealismos varios, sino de armar una realidad que funcione de verdad de una maldita vez. ¿Cómo?

En la peli Coach Carter (un film intrascendente, donde un tío duro trata de domesticar a unos macarras de instituto que juegan al baloncesto, hay música de la MTV y todas esas cosas), aunque es de las prescindibles, también se puede destacar algún minuto de interés. Se trata de la intervención de uno de los jugadores del equipo de baloncesto del instituto. El chaval, Timo Cruz, ha hecho de camello para un colega, se ha enfrentado a la autoridad del entrenador, ha ejercido de macarra... pero también se ha esforzado para volver al equipo después de haber sido excluido por su mal comportamiento, indisciplina y rebelión. El entrenador siempre le pregunta lo mismo en los momentos más inesperados:

- Señor Cruz, ¿cuál es su mayor miedo?

Pero el señor Cruz no sabe qué responder. Muchas cosas pasan por su cabeza...
El día en que el entrenador es destituido del equipo (por haber pretendido que sus jugadores fueran alumnos aplicados en las clases, ¡oh, malvadas pretensiones!), el equipo se encuentra reunido en el gimnasio... ¡estudiando! Y es entonces cuando Timo Cruz se despide del entrenador con estas palabras:

- Nuestro mayor miedo no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Empequeñecerse no ayuda al mundo, no hay nada inteligente en encogerse para que otros no se sientan inseguros a tu alrededor. Todos deberíamos brillar como hacen los niños, no es cosa de unos pocos sino de todos. Y al dejar brillar nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia libera automáticamente a otros.
Señor, quería dale las gracias: me ha salvado usted la vida.

Sí, vale, la escena parece muy forzada, pero me quedo con el mensaje.
En una sociedad que ha hablado tanto en positivo de la iniciativa, del emprendimiento, del valor, de la individualidad, de la independencia... cada vez más tengo la sensación de que se mira con recelo al emprendedor, al valiente, al que se esfuerza, al distinto, al autosuficiente... Como si molestara el brillo de los que han decidido tomar su vida en sus propias manos y salirse de la hilera marcada con dirección al hormiguero. Está mal visto no pertenecer a ningún rebaño. Y lo peor es que pocos se consideran miembros de uno. ¿Habremos perdido capacidad de autoanálisis?

Un autor anónimo dejó una fábula, acerca de una luciérnaga y un sapo, de moraleja bien diáfana:

Sobre la verde alfombra, / un insecto de luz tranquilo estaba
y discreto, oculto entre la sombra / sin saberlo, brillaba.

Un sapo víl, negruzco y enlodado / salió de su agujero
y su baba escupió / de envidia hinchado / sobre el insecto, fúlgido lucero.

¡Dios mío! ¿Qué te he hecho? / ¿Por qué razón tu cólera se inflama?
¿Por qué con sucia baba me mancillas? / Y el sapo contestó airado, / ¡Porque brillas!

Aunque estés rodeado de gente mezquina a quienes parece molestar mucho que brilles, nunca dejes de brillar. Sin miedo.

viernes, 1 de febrero de 2013

febrero

(etapa 07.13)
Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.
(Pedro Salinas, "Confianza")

Los azotes del viento han disuadido a enero de seguir aferrado al calendario. Abandona. Literalmente desgajado, desprendido hoja a hoja del almanaque. ¿O quizás han sido las copiosas lluvias las que han arrastrado toda su voluntad de permanencia? El resultado es el mismo. Al fin, un mes deja paso a otro mes.
Febrero entenderá el viento como energía para el cambio, escoba que barrerá las hojas muertas. El agua de la lluvia será el elemento que lave su camino. Lo que mató al pasado será la fuerza del futuro.
Deseos, deseos... Él lo espera así, aunque no sabe qué sucederá.

En estos días de viento y de lluvia, pasear por la ciudad es como vivir en una metáfora. Todo es arrastrado, sin ahondar en motivos ni en maneras. Todo se remueve, lo que se va y lo que viene.
En la esquina acristalada de siempre, a modo de escaparate, aquel establecimiento suntuoso ya no existe. Ahora, la vitrina está polvorienta y revela un interior vacío y abandonado. Ya no están las cortinas aterciopeladas, ni la mesa de madera noble ni las butacas lujosas. Empero, otra ausencia se hace aún más notable. Ya no está la hermosa mujer que era el alma del local, la vida entre lo inerte. La mujer que regalaba su belleza al viandante distraído, una belleza que no puedo llegar a describir, porque hay que ver para entender y para sentir. Sentir la calma, la serenidad, a la vez que la desazón de una mirada inalcanzable, la inquietud de lo imposible. El poder de detener el tiempo... Ya no. Ha vuelto a correr el tiempo y, mirando hacia el interior del local, hacia el vacío difuminado por la capa de polvo en los cristales, apenas se intuye la figura fantasmal que los ojos todavía quieren ver. Pero la sensación es desoladora. Destierro, nostalgia, viento y lluvia.
Los que han venido han sido los estorninos. Vuelven a su cita, como cada año. Invaden el cielo de la ciudad y los árboles de sus parques. Forman nubes de puntos diminutos, nubes que no pierden la redondez del contorno, por más que se muevan velozmente y con gran agitación, simulando ser extraños microorganismos (quizás paramecios, quizás amebas) que fueran examinados con lentes de mucho aumento sobre el tapiz gris del cielo. El frenético vuelo termina para algunos cuando encuentran un árbol en que posarse. Allí encaramados, empiezan una especie de twitter en miniatura, igual de frenético, con docenas y docenas de pájaros en uniforme luctuoso, que no azul, compitiendo para hacer oír su gorjeo por encima de la cacofonía general. La ciudad se rinde a ese murmullo, incluso el viento no lo puede ahogar.
Y sigue lloviendo.

La lluvia limpiará y el viento barrerá. Febrero así lo espera. El sol quizás aparezca de pronto y derrita algunas nostalgias.
Ya se verá...
Mientras tanto, entre los que se fueron y los que vinieron, el tiempo sigue corriendo. Viene un mes nuevo y todo lo hace nuevo, invitando a comenzar de cero. Una vez más.


miércoles, 30 de enero de 2013

puño de hierro, guante de seda

(etapa 06.13)

Chaucer, posando con cara de cachondo
para un artista medieval poco talentoso
pero que le echa muchas ganas
En la extraña pero divertida película "Destino de Caballero" ("A Knight's Tale"), un jovencísimo Geoffrey Chaucer (interpretado por Paul Bettany) enuncia uno de los propósitos de la literatura satírica. No es la mejor cita que podría encontrar al respecto, pero me resulta igualmente apropiada. En el film se retrata a Chaucer como un modesto escritor con un problema de ludopatía. Víctima de este vicio, Chaucer suele terminar siempre desnudo a manos de "citadores e indultadores", que le arrancan la ropa además de darle una lección en forma de paliza. Sucede en una ocasión que, antes de que los acreedores de turno se ensañen con él y se dispongan a infligirle un serio castigo físico, Chaucer es rescatado por el falso sir Ulrich von Lichtenstein de Gelderland (es decir, el simple villano William Thatcher, interpretado por Heath Ledger), que se compromete a pagar su deuda de juego. Una vez liberado y después de saldadas las obligaciones, el joven escritor mantiene esta conversación con sus casi-verdugos, quienes pretendían incitarle a seguir jugando:

- Esta noche es "las siete y media", Chaucer. ¿Te ves con suerte?
- ¿Y tienes suficiente ropa?
- ¡Largo! Ya he acabado con vosotros... ¡hasta cuando me vengue!
- ¿Y qué demonios podrías hacernos TÚ a NOSOTROS?
- Os sacaré las entrañas en la ficción. Hasta el último grano, hasta la última verruga. Yo he estado desnudo un día, vosotros lo estaréis eternamente.

Es un buen plan. Solo hace falta ser diestro en palabras y agudo en ingenio. De lo contrario, lo satírico se convierte en crítica grosera y poco interesante como obra literaria. Ya traté AQUÍ el tema de la crítica, ahora no toca.
Parece inexplicable, pero la literatura satírica no es un género muy cultivado en los blogs. No digo que no se intente, de acuerdo a lo que leo (que es solo una pequeñísima porción de este inmenso océano), lo que quiero decir es que no se consigue. Los resultados suelen ser bastante mediocres.
A ver... voy a poner los típicos ejemplos. Resulta que a Fulanito alguien le plagia un post. Bueno, pues en vez de lanzarse a escribir una sátira en condiciones, se dedica a patalear. O puede que el novio de Menganita le haya hecho una perrería, y ella, que tiene un blog, despotrica sobre el asunto pero no deja una pieza meritoria. A Zutanito la situación política le parece una caca (¡vaya novedad!) y escribe un post despellejando a los gobernantes causantes del follón, pero es algo que, aunque pretende ser gracioso, se queda en poco más que un conjunto de cosas repetidas una y otra vez y sin gracia. Y Perenganita se decide a escribir algo con cierto ingenio, pero la historia acaba siendo un críptico peñazo sin interés del que es fácil desconectarse en la cuarta línea.

¿Qué pasa en la blogosfera? No será por falta de ideas o de talento, ¿no? Tampoco por falta de oportunidades, ni de motivos.
¿O es que la época de los juglares nunca llegó a estos rincones de la red?
No digo que la cosa sea fácil... Yo mismo he abandonado un texto sobre La estrambótica historia de la siniestra caballera Hipócrita-Malvada y su no menos asombrosa escudera Tonta-Útil, pero es que reconozco que este campo no es el mío y me siento más a gusto en otras aguas. Ahí está la trayectoria.
Aunque, bueno... quizás algún día.

Estos señores no escriben libros, pero son unos maestros del género satírico.
Aquí dejo el primer capítulo de una historia de políticos haciendo de las suyas:



(el resto de capítulos están -en orden-: aquí, aquí, aquí y aquí)

viernes, 25 de enero de 2013

preguntas y respuestas

(etapa 05.13)

Hay memes de muchos tipos, pero el que más veces he visto repetido es el de preguntas y respuestas. Cuánta curiosidad rodea a los seres humanos y qué necesidad de conocerse algo más allá de los escritos que, en ocasiones, sirven más de parapeto que de escaparate.
Tenía en tareas pendientes un "encargo" de Maeglin. Pero como soy bastante indisciplinado y los premios me dan algo de no sé qué (siempre pienso que me los conceden sin haber hecho méritos), voy a renunciar a la parte del premio, pero acepto la del meme. Además, no quiero pasar por alto mi agradecimiento sincero a la gran persona que hay detrás del blog recién enlazado: por haber decidido seguir este viaje, además de aceptarme entre los senescales de su patio, y por acordarse de mí en esta ocasión. Todo un detalle.

Y allá voy con el cuestionario. Once preguntas once, cuyas respuestas quizás no satisfagan a mis lectores, como suele ser habitual. Qué le voy a hacer...

1. ¿Qué te gusta más cocinar: postres o platos de cuchara?

Si se trata de cocinar por placer, prefiero cocinar postres porque me parece algo más creativo. Me siento más animado a innovar y a experimentar en una tarta que en un potaje de lentejas. No sé, pero veo los postres como la parte lúdica de la cocina, mientras que los platos de cuchara son la parte seria.
Y ahora viene un cocinero de los buenos y me da una colleja por listo, pero es lo que me parece a mí.

2. ¿Qué es lo más importante para ti en una persona: la personalidad o el físico?

Para mí, en una persona es importante TODO. Porque no hay persona sin físico y no hay persona sin personalidad (bueno, lamentablemente sí hay personas que demuestran no tener personalidad, pero llamarlas "personas" me parece una licencia lingüística). Otra cosa es cómo valore cada componente. El físico no se elige, viene determinado por la genética, pero si se lo pone al servicio de la personalidad puede ser algo extraordinario. Un caso real: conozco a dos gemelos idénticos, uno es un tipo alegre y encantador, el otro es un amargado y cabreado. Aunque por genética debieran ser prácticamente idénticos en cuanto al físico, sucede que no lo son en absoluto. El tipo alegre resulta infinitamente más atractivo.

3. ¿Desde cuándo empezaste con el blog o página-web?

El domingo 15 de julio de 2007. Esto es algo que se puede consultar fácilmente en el historial de la columna de la izquierda. Y (cómo no) hay una historia detrás de esa fecha, pero la dejaré para otra ocasión.

4. ¿Quién fue la persona que te inspiró para empezar en este mundo?

Fue algo raro. Mi hermana tenía un blog y creo que a mí me pasó aquello del "culo veo, culo quiero" y me decidí a abrir uno, por si se me daba por escribir alguna cosilla. Creé la página en blogger (donde la tenía ella) y probé los diseños de la plantilla y poco más. Le puse el nombre "close2u" ("cerca de ti"), pero no escribí nada y permaneció vacío de contenido. Estuvo bastantes semanas ahí parado y pensé que era absurdo tenerlo abierto para eso, así que decidí eliminar la página. Pero entonces me di cuenta de que mi hermana lo había enlazado en el suyo (¡qué sorpresa me llevé!) y lo dejé un poco más. Al final, llegó el 15 de julio y empezó el viaje de raindrop, calentando motores.
Conclusión: si tuviera que decir quién fue la persona que me inspiró a comenzar este viaje, yo diría que (de una forma tan accidental como he contado) fue mi hermana, aunque ella ni siquiera sea consciente de eso.

5. ¿Sueles seguir muchos blogs o te llegan seguidores por otras personas que has conocido?

Llegó un momento en que decidí cerrar el cupo de seguimientos, porque el tiempo no me alcanza para leer tanto y comentar en tantos sitios. No me gusta ser el lector intermitente que aparece muy de cuando en cuando. Así se pierde el hilo de bastantes cosas. Prefiero seguir la lectura asiduamente. Pero para eso hace falta tiempo y no dispongo de tanto. De todos modos, aunque me proponga un "cupo", al final siempre encuentro algún otro blog interesante que hace que aumente el cupo. O también, sucede que alguien cierra su blog (¡qué pena me da siempre esto!) y entonces sigo a otro nuevo.
Los seguidores que me llegan, en muchas ocasiones no sé de dónde vienen. Me hacen gracia esos que te ponen en un comentario: "Me encanta tu blog, me quedo por aquí" (cosas así) y nunca más vuelven a dejar un comentario. Supongo que siguen en las sombras, pero eso nunca lo sé. No llevo control y no paso lista. No me gusta mirar quién viene a la página a hurtadillas o quién deja de venir. La gente es libre para hacer lo que quiera y no me meto en eso. Hay personas que se obsesionan mucho con el asunto de las visitas y su procedencia, pero a mí me da lo mismo. Aquí estoy para todo aquel que quiera intercambiar ideas, venga de donde venga y como venga.

6. ¿Qué te gusta más: cocinar o que te cocinen?

Si me ponen una buena guarnición, incluso me dejaría meter en el horno... jajajaja
Bueno, pues depende de quién sea el cocinero o el cocinado. Para personas muy exigentes no me gusta cocinar. Con alguien con quien quiero tener un detalle, por supuesto que me gusta cocinar.
En fin... la vida es dar y recibir.

7. ¿Comes en casa o en el trabajo?

Donde toque. Pero siempre prefiero comer en casa. Me gusta comerme lo que yo mismo me preparo. He salido un poco Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como.

8. ¿Sueles hacer recetas de verduras?

Imagina. Con la de años que he sido vegetariano...
Ahora también como algo de pescado o alguna carne suave (cosas de mi intestino, que se me puso rebelde por el estrés, y es lo que me recomendó una dietista), pero la base de mi alimentación está en las hortalizas, legumbres, frutas, cereales... y todas esas cosas que salen de la tierra.

9. ¿Cual es tu mejor receta?

Hacerle esta pregunta a quien practica la cocina de supervivencia no queda muy bien, pero... A ver, creo que, a fuerza de repetirla, mi mejor receta es una de arroz tres delicias marca de la casa.
Y de postre, las manzanas me quedan de cine: se pelan y se sirven.
Esto último es broma, está claro. De postre, tengo una receta de tarta de limón que me queda muy aparente, aunque me prodigo poco en postres, no son platos típicos de la cocina de supervivencia.

10. ¿Qué es lo que le pides a una persona para que sea tu amiga?

No pido nada. Si tienes que pedirle algo a una persona para que sea tu amiga, entonces vas de cráneo.
Sé que una persona es amiga porque me siento a gusto con ella, nos entendemos bien, casi como si fuera conmigo mismo, y tiene la virtud de sacar lo mejor de mí: un amigo es quien te hace ser mejor persona. Pero al final, lo que diferenciará a un mero conocido de un amigo de verdad es que el amigo tiene vocación de permanecer. El resto de las personas están de paso, pero un amigo se quedará contigo aunque te vaya muy bien o aunque te vaya muy mal, confiando y perdonando cuando (y cuanto) sea necesario.

11. ¿Cuál es la mejor película que has visto?

Si hay que elegir solo una, me quedo con "¡Qué bello es vivir!" ("It's a wonderful life") de Frank Capra. No solo es una historia entrañable, sino que tiene algo que me llama mucho la atención: es el relato de un buen tipo que quiere lograr grandes cosas, pero que las circunstancias se lo van impidiendo. Se frustra y no se da cuenta hasta el final de que lo que ya ha logrado es mucho más valioso que todo aquello que se proponía. Y todo eso que ha conseguido se lo debe a haber perseverado en ser fiel a sí mismo, nada más. Aunque parezca la típica película navideña, creo que hay que ir quitándole esa etiqueta.


Y esto es todo.
Ahora paso el relevo a cualquier lector que (libremente y por propia iniciativa) quiera participar en este juego de preguntas y respuestas. Lo animo a que se atreva a darse a conocer un poco más a las personas que siguen su blog.
Yo estaré encantado de leer sus respuestas.

lunes, 21 de enero de 2013

crónicas esquimales

(etapa 04.13)
El frío,
¿de dónde viene,
oh, espantapájaros?
(Kobayashi Issa, 1763-1827)

¿Te has dado cuenta? Desfallecen las alegrías y las aflicciones, se agotan las ilusiones y las amarguras, hasta que no queda nada. Los sentimientos han decidido retirarse a los cuarteles de invierno, ahora que arrecia este frío glacial. Estoy seguro de que ha sido a causa del frío. Sí, es el sello de la frialdad, perdida toda sensación en el cuerpo y entumecido todo nervio. Ni siquiera el dolor se ha quedado. Ya solo permanece el frío.
El frío, nuestro frío, está hecho de una mezcla de abandono, de vacíos, de incomprensión y de fatiga.

Dijo Paul Valéry que una obra de arte no se termina nunca, sino que se abandona. Tú y yo teníamos dos opciones: renunciar a la obra de arte o abandonarla una vez que sospecháramos que empezaba a desnaturalizarse. En nuestra insistencia por autoengañarnos, hemos sido muy tercos para lo primero y reacios a lo segundo. Pero el frío nos ha sorprendido en la duda. La desnaturalización provocó la muerte y la muerte trajo el frío. Qué mal se me dan los finales. Como a ti, lo sé.
Cuando hay que terminar algo, escribes un punto. Punto y final. Empero, la duda (¡otra vez!) puede contigo y añades un par de puntos más, en hilera. Y transformas el punto final en puntos suspensivos. ¿Por qué me haces esto? Ahora permaneceré vagando en el vacío inmenso que separa un punto de otro punto... de otro punto... inalcanzables... soñando que quizás no es un final, sospechando que queda un resquicio para la esperanza. Pero no.

Empecé a enviar mensajes en botellas. Era divertido. Imaginaba los destinos, la sonrisa en tu cara al recibirlos, allá donde te encontraras. La corriente marina, caprichosa, llevaría esos mensajes hasta ti, no sé cómo, aunque tampoco me preocupaba mucho el misterio. Y llegó de nuevo el vacío...
Entonces pensé que te habías alejado tanto que las botellas ya no eran capaces de llegar hasta ti. A partir de entonces me fui especializando en el diseño de las botellas. Me convertí en un experto en botellas. Cuidé muy bien la composición del vidrio, las formas, la resistencia para soportar un viaje tan largo, las embestidas de las olas o incluso los choques contra los arrecifes. Ahora las botellas llegarían lo más lejos posible y ya no habría un lugar tan lejano al que pudieras ir sin que mis botellas lograran alcanzarlo. Insensato de mí... El tiempo dedicado a las botellas consumió el tiempo que dedicaba a los mensajes. Las últimas botellas partieron vacías.

En el mismo instante en que empezaba todo, comprendí cómo empezó todo. Todo empieza con un puñado de nada. Parece un juego de palabras, pero es real. Lo comprendí aquel día en que nos mirábamos a los ojos mientras conversábamos y toda la energía del cosmos, y toda su materia hecha invisible, se concentró en el espacio entre tú y yo. Todo lo que existía a nuestro alrededor, hasta el confín del universo, fue devorado por la atractiva fuerza gravitatoria de esa supermasa que generamos en medio de nosotros. Se desvaneció el resto del mundo y de los demás mundos, aun los desconocidos. Fue entonces cuando comprendí cómo empezó todo. Igual que un big-crunch que da paso a un big-bang, gracias a esa partícula infinitesimal que sirve como singularidad, como punto de inflexión. Tú también la viste, tú también estabas allí contemplando el prodigio.
Pero ahora ya no estás aquí para volver a explicármelo. Y yo he dejado de comprender los secretos de la materia y la energía. La nada actual es un sinónimo de incomprensión.

Estoy cansado. Me parece escuchar un eco fastidioso. Cada uno repite lo que todo el mundo dice. Y, sin embargo, se creen que son originales. Una y otra vez las mismas cosas afuera y el mismo hastío adentro.
Necesito proseguir mi viaje. No es una huida, no se trata de hacer kilómetros... Se trata de vivir en movimiento, para que no me alcance el eco de las cosas vanas. Moverse, recuperar la energía, reconquistar el calor suficiente para poner fin a esta etapa invernal.
El recuerdo de tu soplo gélido se desvanecerá un día y dejarás de ser mi reina de las nieves.
Y lo peor ya habrá pasado.

lunes, 14 de enero de 2013

en la oscuridad

(etapa 03.13)
"¿Quién me defenderá de tu belleza?"
(de un soneto de Michelangelo Buonarroti,
que sirve de título a una breve novela inacabada de Stendhal)

Afuera, la noche es fría. Tiritan los grillos, se estremecen las estrellas. El cielo se ha vestido su manto oscuro y las luces de la ciudad, lejanas, no llegan a teñirlo con los anaranjados brillos desvaídos. Todo es serenidad. En lo alto, numerosos y diminutos puntos de luz observan con timidez. Imagino las líneas que tantas veces he visto en los libros, trazos de navegantes, astrónomos, astrólogos, aventureros, poetas... Líneas que unen los rutilantes puntos y crean dibujos asombrosos. Me cautivan las telarañas que inundan la bóveda celeste y, como un insecto que quisiera atravesarla más allá de su velo de oscuridad, me siento atrapado en sus filamentos pegajosos...
Adentro, la noche es cálida. Otro cielo irradia para mí su blancura. La palidez de tu espalda es otro campo de estrellas que se mecen al ritmo de tu respiración. Los grillos guardan silencio. Invento las constelaciones de tu piel. Recorro las líneas invisibles con dedos ingrávidos, tan suavemente que no alteran tu sueño, aunque sí tus sueños. La respiración se entrecorta, en leves jadeos. Bailan las estrellas, navego entre sus destinos, me adentro en la inmensidad de sus vacíos, perdido en tu hermosura. Todo en ti es fascinante y sobrecogedor.

El amanecer, afuera, rasga sin ruido el negro lienzo. Flechas de luz hacen jirones la noche. Mueren las sombras. Es el fin de una noche y es el comienzo de otra noche distinta. Cierro mis ojos a los primeros rayos de sol y te contemplo desnuda con mis manos desnudas. No más aire entre tú y yo, no más distancia. En la oscuridad, sigo viajando de estrella en estrella, mientras tú me guías en mi ceguera voluntaria. Y sin abrir mis ojos veo el destello de los tuyos, que me llevan seguro más allá de cualquier tiniebla.