(55ª parada)
“Fíjate en Behemot, al cual formé igual que a ti; come hierba como un buey”.
(Libro de Job, cap. 40: 15)
Arte. Esa necesidad del ser humano de expresión y comunicación de un tema como es la belleza, a través de formas, colores, sonidos, movimientos... La Grecia clásica dividió las artes en artes superiores y artes menores, dependiendo de qué sentidos intervinieran en el disfrute de las obras. Así, fueron llamadas artes superiores (o Bellas Artes) aquéllas que permitían gozar las obras a través de los sentidos superiores: vista y oído, sin que fuera necesario entrar en contacto físico con el objeto artístico. Estas Bellas Artes eran seis: arquitectura, escultura, pintura, música, declamación y danza. En la clasificación actual, el teatro formaría parte de la música y la literatura estaría asociada a la declamación. También se ha dado el nombre de séptimo arte al cine, que podría estar englobado en las categorías anteriores, pero (¡vaya!) parece haber merecido un capítulo aparte. Es sabido que las vanguardias del pasado siglo aportaron otras visiones al concepto clásico de lo que es arte, desmarcándose de ese concepto de belleza que parecía presidir el mundo de las artes. Esto podría ser tema para debatir largo y tendido... empezando por definir conceptos de lo más subjetivo, por ejemplo, el de belleza. Los griegos lo entendieron como un concepto universal, creyendo que la percepción de la belleza era común a todas las personas (y se me ocurre pensar en el asunto de las proporciones áureas que, curiosamente, parecen funcionar muy bien... ¡qué cosas!). Tenía su sentido, si se tiene en cuenta que el número Φ está presente en tantos procesos de la naturaleza. A quien le interese, le recomiendo encarecidamente la lectura del libro de Matila C. Ghyka: El número de oro.
Este exordio no es más que un
poner la alfombra para pasar ahora a comentar que, esta semana, se entregaron
(en la ciudad en la que suelo amanecer a diario) las
Medallas de Bellas Artes. El acto tuvo lugar en el Teatro Colón de A Coruña, con la presencia de los reyes de España
(Juan Carlos fue quien entregó las medallas), el ministro de Cultura, el presidente de la Xunta de Galicia y el alcalde de la ciudad, como personalidades más destacadas. Se entregaron medallas a 20 artistas. Por más que le doy vueltas a la lista de galardonados no me salen 20. Pero qué sabré yo, que no estuve presente... Lo cierto es que me da lo mismo 20 que 18 ó 22. He prestado más atención a la distribución de los premiados según sus
campos artísticos:
6 de la
MÚSICA (y
TEATRO): un director de orquesta, una cantante de ópera, una cantante pop-rock, un musicólogo, una pianista y un actor de teatro.
4 del
CINE: un actor y director, un director y productor, un director y guionista y una actriz.
2 de la
DANZA: una artista circense
(considerémosla en esta categoría) y una bailarina y coreógrafa.
2 de la
LITERATURA: un historiador y un escritor y guionista de cine
(éste, a caballo con el CINE).
1 de la
PINTURA: una galerista
(aunque más asociada a la fotografía y las artes visuales).
1 de la
ESCULTURA: una asociación de alfareros
(sí, voy a incluir la cerámica en ESCULTURA).
...y, para terminar, un grupo heterogéneo de galardonados, hasta el total de 20 ó los que sean, que no estarían metidos de lleno en ninguna de las Bellas Artes, pero que se han llevado medalla de todas formas: una restauradora
(gastronómica, quiero decir), un diseñador de ropa, la
Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional y el
Grupo de Patrimonio Histórico de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, la
Fundación Telefónica (se dice que por su implantación de nuevas tecnologías... ¿¿¿???) y, por último, ¡¡
un torero!!

Pues nada. Conclusiones: Lo primero, felicitarnos al colectivo de pringados que no hemos aportado ni un elemento al evento-recogida de medallas de las Bellas Artes. Me refiero a los arquitectos, por supuesto. Si es que parece ser que lo nuestro cada vez tiene que ver menos con el arte... Igual que el cine y la música, claro
(puras industrias). Pero veo que aún hay niveles y niveles. En realidad, esta ausencia de arquitectos no me ha incomodado demasiado. Lo que hace que me suba por las paredes es que le den una Medalla de Bellas Artes a un torero. ¿Arte? ¿Maltratar a un animal, ensañándose hasta la muerte, se considera un arte? ¿una Bella Arte?
Vamos, hombre. Ningún tipo de maltrato ni sacrificio cruento debe ser considerado un arte. Y, salvando diferencias (por supuesto), cuando hablo de
maltrato me horroriza casi por igual pensar en un ser humano ensañándose contra otro ser humano o contra cualquier otro animal.
Coñes, que somos compañeros de viaje cósmico en esta nave a la que llamamos planeta Tierra. Y ya que somos la especie más inteligente, tenemos la obligación de ejercer un cuidado y protección especial sobre el resto de especies de este trozo de roca errante en la inmensidad del espacio. Pero ya veo que nada de eso: a tortas con todo lo que se mueva. Y, ya el colmo, dando espectáculo. A mí me resulta vomitivo.
Hace unos meses, me habían enviado un
e-mail para tratar de detener las actividades de un supuesto
"artista" de cuyo nombre ni me acuerdo ni quiero acordarme, que tuvo la
brillante idea de exhibir la agonía de un pobre perro apresado por una correa y al que dejaba morirse de hambre en la misma galería donde se exponía
tan excelsa obra de arte. Una muerte en directo. El tema de fondo de la obra me había parecido interesante, pero la forma de exponer ese tema era tan repulsiva que se perdía todo su contenido. Con el envío masivo de correos se trataba de recoger firmas para producir algún tipo de presión en contra de semejante barbarie. Espero que este tipo de
payasadas (y que me perdonen todos los payasos del mundo, que al final siempre cargan con este sambenito) se terminen de una maldita vez y lleguemos a ser más respetuosos con toda forma de vida. Sé que estamos muy lejos: volcamos nuestro odio hacia todo bicho viviente, ya sea bípedo, cuadrúpedo, alado o qué se yo. Pero, caramba, pensemos un poco... ¿No es posible empezar por dar muerte a lo que sí debe morir? Dejemos que las peores tradiciones del género humano perezcan de inanición a fuerza de no alimentarlas nunca más. Y, a cambio, alimentemos otras que sí merezca la pena mantener porque son las que ayudan a que aflore lo mejor de nuestra especie.
No es que sea iluso. Sólo que me gustaría conocer un mundo mejor.
Por cierto, “behemot” es una palabra hebrea que, a pesar de ser idéntica al plural de otra que significa 'ganado' (o 'animales cuadrúpedos', en general), se asocia en particular al nombre del hipopótamo en egipcio: pe-eja-mut (o “toro de agua”). Es utilizada para nombrar a este género de mastodontes.