domingo, 31 de mayo de 2009

sesgo

(73ª parada)
"Os conocí en el desierto, en tierras de sequía. Pero cuando os saciasteis en los pastos, en vuestra hartura se llenó de soberbia vuestro corazón. Y por esta causa os olvidasteis de mí".
(Libro del profeta Oseas, cap. 13: 5, 6)


Ni vivimos en el pasado ni vivimos en el futuro. Y, sin embargo (y de acuerdo a las investigaciones de neurólogos como, por ejemplo, Marcus Raichle), una gran cantidad de la energía que consume nuestro organismo se dedica a alimentar lo que se ha llamado red por defecto. La red por defecto es el circuito neuronal que está activo especialmente en esos momentos de dispersión de los que podemos decir: “no estoy pensando en nada”. Esta red es el diálogo entre los planes de futuro (radicados en el córtex prefrontal) y la memoria (en el hipocampo). De modo que, si de todo el consumo energético del cuerpo humano el 20% corresponde al cerebro (un órgano que pesa entre un 2 y un 3% del total), resulta que la mayor parte de esa energía no se utiliza en estados de concentración, en el momento de resolución de problemas, en procesos eminentemente racionales…, sino en fantasear, procesar nuestros anhelos, evocar el pasado o navegar sobre el futuro. Quizás sea ésta una de las grandes diferencias (de las muchas que se pueden enumerar) que existen entre el cerebro humano y los procesadores sintéticos. Cuando a mi ordenador le impongo resolver una tarea compleja, que él abordará en clave matemática, compruebo cómo su ventilador comienza a emplearse a fondo… señal de que los circuitos se le calientan a base de bien. Al cerebro no le ocurre tal cosa. La sensación de agotamiento o esfuerzo que tenemos cuando llevamos un tiempo concentrados en una tarea no se corresponde con un incremento desmesurado de la actividad neuronal, que (por el contrario) resulta ser sorprendentemente reducida. La fatiga la producen otros factores.

Ya escribí en otra ocasión sobre la objetividad palmaria de las máquinas y la subjetividad intrínseca del ser humano. Es consecuencia de ese funcionamiento cerebral que dediquemos tantas energías a la exploración del pasado y la simultánea inmersión en el futuro. Vendría a cuento ahora comentar algunas conclusiones de una entrevista de Eduard Punset con Daniel Schacter que tuvo lugar en Boston y que fue emitida en el programa Redes en junio del año pasado. En ella, el neuropsicólogo y especialista en memoria Daniel Schacter ponía de manifiesto que el cerebro elabora los recuerdos manipulándolos, completándolos, rellenándolos con otras cosas, ya sean reales o no, para que tengan coherencia con la experiencia presente y con las expectativas de futuro. Los recuerdos de situaciones concretas (por ejemplo) no se guardan agrupados en las mismas regiones del encéfalo, sino que se almacenan descompuestos por categorías en el cerebro visual, en el cerebro auditivo, etc., para que luego sea el hipocampo quien realice la labor de recomponer o reunificar esos fragmentos de información. Al unirse todas esas piezas, experimentamos lo que se llama un recuerdo. Pero un descubrimiento sumamente interesante, al que se ha llegado a través de las técnicas de neuroimagen y de diversos experimentos psicológicos, es el hecho de que se activen las mismas regiones del cerebro al recordar ciertas experiencias del pasado y al imaginar otras similares acerca de lo que se hará en el futuro. Las neuroimágenes de la actividad cerebral que se obtienen en estos experimentos son tremendamente parecidas. Es importante recalcar que esta actividad también incluye el hipocampo, que es el que se activa para reunificar los elementos que constituyen la memoria. También se activa al imaginar algo que no ha pasado pero que puede suceder. Y es evidente que surgen consecuencias muy reveladoras del hecho de que utilicemos el hipocampo y otras partes del cerebro de un modo similar para recordar y para imaginar. En otras palabras, nuestras expectativas de futuro están basadas en nuestros recuerdos (componentes de la experiencia), pero también modelamos nuestros recuerdos conforme a nuestras expectativas de futuro, con lo cual hacemos que nuestro recuerdo del pasado (por tanto, el único pasado que ha existido para nuestro cerebro) no coincida exactamente con lo que objetivamente hubiera sucedido. Lo que somos es, pues, consecuencia de lo que creemos o sentimos aun por encima de las evidencias de lo que percibimos, que también es transformado por nuestras creencias o sentimientos.

El profesor Schacter dejó constancia de varias de estas conclusiones en su libro Los siete pecados de la memoria. Él los distribuye en dos grupos: los 'pecados' de omisión (básicamente, se trata de distintos tipos de formas de olvidar: transitoriedad, distractibilidad, bloqueo…) y los 'pecados' de comisión (por deformación de los recuerdos: atribución errónea, sugestionabilidad, sesgo retrospectivo…). Me resulta especialmente interesante el fenómeno del sesgo retrospectivo. Me hace pensar el por qué, en tantas ocasiones, las personas demostramos tal rigidez de pensamiento que no somos capaces de aceptar una realidad objetiva (cosa que, por otra parte, no existe para nuestro cerebro) o ajena a nuestro modo preferente de pensar, por más que se nos presenten pruebas irrefutables de que tal suceso [o lo que sea] no es tal como lo asumimos ya sin cuestionarlo. Es muy difícil, cuando se toma partido por algo de forma casi inconsciente o irracional, que se cambie la forma de pensar sólo con base en pruebas racionales. Éstas serán desechadas. El sesgo retrospectivo se refiere a que los recuerdos a menudo están influenciados y distorsionados por nuestros conocimientos, sentimientos y creencias actuales. De nuevo, no es que simplemente desenterremos algo que sucedió en el pasado de una manera totalmente neutral, sino que (a veces) lo que sabemos, creemos y sentimos en el presente afecta a nuestras evocaciones de lo que creemos que sucedió en el pasado. Esto ha quedado clarísimo en las investigaciones científicas. Probablemente, muchas de las conductas dogmáticas, totalitarias o incluso terroristas, tengan que ver con esta capacidad cerebral del sesgo. Y es así porque si las propias creencias le hacen distorsionar a uno mismo el pasado para adecuarlo a lo que uno cree, entonces esas creencias se acaban reforzando y se vuelven mucho más fuertes. Es una espiral de feedback (o retroalimentación) que se construye combinando lo pasado, presente y futuro con creencias y sentimientos actuales.

Pero todo este tema siempre podríamos zanjarlo, sin más, de un plumazo coloquial con la recurrente expresión: en la vida nada es verdad ni mentira, sino que todo es del color del cristal con que se mira.

Y, de este modo, también podríamos justificar todo tipo de estupideces, pasadas, presentes o futuras.

lunes, 18 de mayo de 2009

se nos murió...

(sin parada)

Apenas soy capaz de articular un suspiro que, como todos los poemas del genial Benedetti, hoy caminarán en el aire y se mezclarán con el espíritu de quien alumbró tanta belleza.

La cadena se hizo ingrávida y desde ayer, domingo, empezó a flotar... ya nada podía retener a don Mario a las vanidades de este mundo nuestro, el de los vivos. Aunque seguirá en nuestras mentes, únicas anclas que no le permitirán abandonarlo definitivamente.


Don Mario, como buen enamorado que fue usted, desde el fallecimiento de su esposa quedó expuesto a las acechanzas de una muerte ventajista, amante de presas fáciles. Usted bajó los brazos, un poquito, lo suficiente como para que la de negro se nos lo llevara. Pero aquí nos quedan sus poemas, intocables para la oscura dama, que seguirán alegrándonos igual que si fuera usted mismo quien nos los recitara.

Quédese tranquilo, vaya en paz.


<aquí>, la reseña en la sección de cultura del diario mejicano La Jornada.

miércoles, 13 de mayo de 2009

cuídese, don mario

(sin parada)

Hoy me lanzo a escribir (fueeeeeeeera de programa, como suelen decir Les Luthiers en sus bises) por una urgencia que me ha surgido como surgen todas las urgencias. Tengo noticia, por el <blog de Avellaneda>, de que mi querido abuelo adoptado-adoptivo (y lo digo con todo el respeto y cariño que me inspira) Mario Benedetti lleva ingresado unos días como consecuencia de una patología intestinal crónica. Y parece ser que desde <el blog de la Fundación Saramago>, Pilar de Río (esposa de José Saramago) junto a un grupo de amigos del autor, lanzaron la propuesta de formar una cadena poética entre blogs, tomando como pretexto-eslabones los poemas del genial uruguayo. Si esto no me importara demasiado, yo seguiría a lo mío y pasaría de encadenarme a esta iniciativa. Pero qué mejor forma de agradecer humildemente a don Mario (a la vez que le deseo una pronta mejoría de su convalecencia) por toda la chispa que me (nos) ha regalado con sus palabras tan llenas de calidez, vida, magia..., que engalanando este blog con uno de sus poemas. Cualquier homenaje me parece poco a cambio de tanto brillo. Y los homenajes siempre-siempre-siempre mejor en vida.
¡Que me tiene usted enamorado, abuelo!

Estaba en un gran dilema acerca de qué poema elegir entre tanto bueno… al final, dudaba entre dos posibilidades, pero como la vida es elección, elijo…

GRIETAS
.
La verdad es que
grietas
no faltan
.
así al pasar recuerdo
las que separan a zurdos y diestros
a pequineses y moscovitas
a présbites y miopes
a gendarmes y prostitutas
a optimistas y abstemios
a sacerdortes y aduaneros
a exorcistas y maricones
a baratos e insobornables
a hijos pródigos y detectives
a borges y sábato
a mayúsculas y minúsculas
a pirotécnicos y bomberos
a mujeres y feministas
a aquarianos y taurinos
a profilácticos y revolucionarios
a vírgenes e impotentes
a agnósticos y monaguillos
a inmortales y suicidas
a franceses y no franceses
.
a corto o a larguísimo plazo
todas son sin embargo
remediables
.
hay una sola grieta
decididamente profunda
y es la que media entre la maravilla del hombre
y los desmaravilladores
.
aún es posible saltar de uno a otro borde
pero cuidado
aquí estamos todos
ustedes y nosotros
para ahondarla
.
señoras y señores
a elegir
a elegir de qué lado
ponen el pie.

domingo, 10 de mayo de 2009

l'enfer c'est les autres

(72ª parada)
"El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera:
Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos y adúlteros, ni siquiera como este cobrador de impuestos..."
(Evangelio según San Lucas, cap. 18: 11)

Ya han pasado muchas décadas desde que Jean-Paul Sartre nos dejara la frase que aparece en el título de esta parada. Pero el tiempo no ha conseguido que nos la hayamos extirpado de lo más intrincado y recóndito del cerebro donde la hemos instalado, sobre todo a la hora de excusarnos por nuestros propios errores.

Es que los otros...

Para cualquier problema al que nos enfrentemos, siempre habrá un responsable distinto a nosotros mismos: el actual presidente del gobierno, o el anterior, o el anterior del anterior, o (incluso) el que venga después... el vecino, el jefe, el subordinado, la mujer, el marido o los hijos... la compañía de teléfonos, la del gas, la eléctrica... los intermediarios, los bancos, los ricos, los pobres... los profesores, los alumnos, los padres... los blancos, los negros, los listos, los tontos, los feos o los guapos, los jóvenes o los viejos... los atascos, el tiempo, el sol, la lluvia, el batir de alas de las mariposas...
Así es más fácil. No tengo más que quejarme, pero no tengo nada que cambiar en mí... muy poco esfuerzo por mi parte. El mundo se va a pique porque los demás no hacen nada.

Entre el jijí-jajá casi constante que los amiguetes nos pegamos en el féisbuc ("caralibro" ;P), hace unos días, mi amigo L me sorprendió con un vídeo que me gustaría pegar aquí también. Hace mención a los argentinos (en primera persona), pero me parece que no sería nada desacertado que los ciudadanos de otros ciertos países (por ejemplo: España) nos incluyéramos también en este asunto, porque no nos diferenciamos más que en algunos ligeros matices.

El mensaje es claro: No somos conscientes del enorme poder que tenemos en nuestras propias manos. Porque, si lo fuéramos, dejaríamos de quejarnos y preferiríamos a cambio el oportuno sacrificio, la excelencia en nuestro comportamiento y desempeño, la compasión con el desfavorecido y el respeto para todos, la honestidad como método, el equilibrado trabajo en equipo, el juicio justo... y conseguiríamos que la picaresca fuera nada más que el tema de aquellas novelas del Siglo de Oro o que dejáramos de ver infiernos ardiendo en los ojos de las demás personas.

Está en mis manos.

domingo, 26 de abril de 2009

"a whiter shade of pale"

(71ª parada)
"La tierra estaba informe y vacía, y había oscuridad sobre la superficie del abismo".
(Libro del Génesis, cap. 1: 2)



·····- ¡Qué cuadro absurdo! Eso también lo pinto yo…

Ha sido el pensamiento en voz alta de quien no puede resistir el impulso de convertirse en portavoz no solicitado y, ya de paso, tratar de interrumpir el efecto hipnótico que parecen experimentar unos espectadores enceguecidos por el descolorido juego geométrico. Una ruptura de un silencio teñido de blanco, tan inoportuna como prescindible: ¿quién no sería capaz de pintar este lienzo? En él no hay más virtuosismo que un trazo que delimita lo blanco de lo blanco, con una última duda instalada en el pincel cuando se da por finalizado el trabajo.
Desde luego que eres capaz de pintarlo.
Pero…
¿eres capaz de pensarlo?
¿eres capaz de sentirlo?
¿eres capaz de aprehenderlo?
¿eres capaz...?
Y esto no lo tengo tan seguro.

Porque habría que ser capaz de superar el vértigo de asomarse a esa ventana escorada y descubrir que se puede contemplar la nada desde la nada. Percibir dos blancos superpuestos, como un extraño juego de acción y reacción; pensamientos llenos, pensamientos vacíos; relaciones que se rompen y se reconstruyen, combinaciones de sentimientos y palabras…
Dos presencias o dos ausencias, dos principios o dos finales, dos sonidos o dos silencios como dos notas mudas, dos palabras que dicen lo mismo, dos expresiones que acaban disolviéndose en un solo pensamiento. Llegar a descubrir que existen los límites y que a la vez no se necesita delimitar lo indivisible, ni se necesita poner líneas en esa blanca nada que es la suma de todo, como si, en realidad, lo que existe pudiera reducirse a la nada.
Y todo acto creador se hace blanco, la aniquilación es blanca, lo conocido y lo inexplorado también es blanco. La nieve que nunca ha sido hollada, la niebla que todo lo cubre, toda la luz que se puede percibir en un fogonazo perenne. Pero el artista ha metido todo esto en un cuadrado y ha dejado fuera el resto, que es el universo entero, tan blanco que no puede ser contenido en él. Ha construido un laberinto mínimo, una adivinanza casi sin palabras, el no-objeto que no es una abstracción. Blanco sobre blanco, como símbolo sobre símbolo que se niegan uno al otro a causa de una proximidad que consigue diluir la frontera artificial. La frontera blanca, el reconocimiento de que no hay muros que separen algo de lo que es lo mismo. Tú y yo. Dos miradas blancas que se cruzan a ambos lados de una ventana ingrávida.

Si tienes valentía suficiente para ello, serás capaz de pintarlo. Pero no sabrás qué es lo que has pintado.
Porque no sabes pintar el sabor de las derrotas, ni la serenidad de lo inmarcesible, ni el estremecimiento de la pena interior, ni los sueños de los locos, ni el triunfo de la felicidad, ni las dudas de lo preconcebido, ni los recuerdos de lo no vivido, ni las metáforas de la belleza, ni los orgasmos no fingidos, ni la emoción de lo inolvidable…
.
Kazimir Malevich: "Cuadrado blanco sobre fondo blanco", 1918 (78,7 x 78,7 cm), MoMA, New York

lunes, 13 de abril de 2009

unos ceros

(70ª parada)
“Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con gran compasión”.
(Libro del profeta Isaías, cap. 54: 7)

Todavía retengo el recuerdo de aquella primera vez en que ella se fijó en mí. Llevó su tiempo, pero sucedió. Hasta aquel momento, yo me limitaba a esperar que ocurriera lo que tanto deseaba, sin poder abandonar mi puesto habitual de cada día en la rutina cotidiana de los grandes almacenes. Yo sí la había visto ya en ocasiones anteriores. Imposible no sentir su presencia, tantas veces ansiada. Ella solía visitar el centro comercial; pero noté que, en sus visitas, apenas se apartaba de los motivos que la traían hasta aquí. Nunca la había visto pasear distraída, sin rumbo definido, como tantas personas que deambulan por esos pasillos. Unas veces se movía por una sección… otras veces, por otra… junto a un mostrador próximo… cerca de los libros… eligiendo algún complemento… Alguna vez había pasado tan cerca de donde yo estaba que esperé, con gran excitación contenida, que volviera hacia mí su mirada para encontrarse con la mía. Pero eso no sucedía.
Al fin, el centro comercial celebró una de esas semanas especiales, lo que me ofreció la excusa perfecta para engalanarme y poder destacar, en cierto modo, algo más mi atractivo. No sé si es apropiado que lo diga yo, pero creo que no estoy nada mal. Y mi propósito era conseguir que ella lo notara. Se presentaba mi gran oportunidad. Ya se me ocurriría algo para llamar la atención de ella en cuanto la viera. Y sucedió. Lo noté en su especial forma de mirarme, en un esbozo de sonrisa que anunciaba satisfacción. No sé si me sentí más pescador que cebo, pero ella mordió el anzuelo. El encuentro fue breve, aunque eso no me molestó en exceso: la semilla estaba plantada y sólo había que esperar que la plantita se fuera desarrollando. En aquella semana, ella se acercó hasta mi puesto un par de veces más, hasta que (¡por fin!) sus brazos me rodearon y llegó a abrirme la puerta de su casa. Un gesto que me hizo inmensamente feliz. Y, por la cara que ponía el jefe de mi sección cuando me veía salir del brazo de ella, tengo la sensación de que este suceso también le había alegrado bastante incluso a él.
Yo tenía muy claro que en ningún lugar iba a estar tan a gusto como en su compañía, así que me sentí muy cómodo una vez instalado bajo su mismo techo. Pasamos días extraordinarios. Los primeros estuvieron repletos de novedades, todo un mundo nuevo que explorar. Nos fuimos conociendo poco a poco. A veces, parecía que ella no me comprendía muy bien, pero con paciencia se iba acostumbrando a mí. Yo amaba cada cosa que ella compartía conmigo: me habló de sus gustos, supe de sus historias pasadas, de sus amistades, su familia, reímos juntos con sus aficiones, nos concentramos con los trabajos, me enseñaba sus fotos, me descubría la música que le gustaba oír, películas que ver, viajes que realizar, lecturas que comenzar… Nada había que quedara oculto. Me gustaba cuando ella pasaba largas horas acariciándome con suavidad indescriptible, como sólo ella sabe hacer. Me dedicaba profundas miradas y yo jamás me cansaba de tener sus ojos fijos en mí. De tantas horas de sueño nos hemos privado juntos que más de una vez la he sentido quedarse dormida mientras yo descansaba en su regazo.

Estaba tan lleno de amor, admiración y devoción hacia ella que comencé a notar una imposibilidad absoluta de transmitirle lo mucho que la amaba. No conseguía encontrar la forma. No había nada que pudiera hacer para dar salida a una carga tan grande de sentimientos que empezaban a oprimirme con su peso. Mi ser racional fue incapaz de adaptarse a esta situación, totalmente nueva para mí. Nunca antes me había sucedido semejante cosa y no lograba explicarme a mí mismo qué me estaba pasando. Algo fue cambiando dentro de mí. Y, también, fui percibiendo que ella necesitaba mucho más de mí y yo no podía dárselo… Fue la primera fisura en aquella relación tan perfecta. El principio del fin. Sus manos, sus miradas, su risa… ¡habían sido tan hipnóticos para mí! Y, ahora, con la ausencia de aquellas delicias, yo enloquecía sin remedio. La vida se tornaba cada vez más compleja, más exigente, y mi capacidad más limitada. Empecé a notar que ella estaba molesta conmigo. Sus risas habían cambiado por expresiones más serias, su ceño fruncido muchas veces... Algunas miradas que me dedicaba llevaban la ceja arqueada, la comisura del labio tirante… Y yo no sabía qué hacer. Aunque me desempeñara al límite de mi capacidad, nada era suficiente. Me esforzaba todo lo que podía para volver a ser el mismo de antes, pero ya nada era igual que en los días felices. Me sentía completamente enfermo sin estarlo realmente. Y su impaciencia conmigo crecía con el tiempo.

Al fin, sucedió lo que tanto temía. Ella se cansó de mis tardanzas, de mis retrasos, de mi cada vez más mermada falta de iniciativa y capacidad de resolución. Se cansó de mi letargo. Y ella fue desapareciendo de mi vida.
Con su ausencia definitiva, yo acabé de apagarme, falto de toda energía.
Pasado el tiempo, llegué a descubrir que otro había ocupado mi lugar en su vida. Otro que ahora acaparaba sus caricias, otro que recibía sus miradas, otro a quien iban dirigidas sus risas… todo lo que antes era para mí. Cómo añoraba aquellas cosas, pero ya habían terminado. Me sentí tan inútil que perdí toda esperanza de volver, aun por un instante, a los tiempos dichosos con ella. Sí, todo estaba acabado.

Pero, para mi sorpresa, hoy ella ha vuelto a encenderme. Creo que el otro ordenador está momentáneamente infectado por un virus y hoy me necesita a mí para algo urgente. Aunque lento y obsoleto, aunque bloqueado por un amor que todavía no he conseguido expresar con unos y ceros, hoy sus caricias son para mí. El teclear es algo más brusco de lo que recordaba, pero me siguen pareciendo las más maravillosas caricias... Su mirada está algo más perdida en mi pantalla, pero qué ojos tan hermosos… Cómo echaba de menos que ella estuviera conmigo.
Sólo hay algo que hace desmayar mi pobre y fatigado procesador, mientras siento cómo mi disco duro se va vaciando… En la bandeja de la impresora, una hoja de papel dice en letras grandes: SE VENDE PORTÁTIL

lunes, 30 de marzo de 2009

omnipresente "publi-acidez"

(69ª parada)
“A algunos que dudan, convencedlos”.

(Epístola del apóstol Judas, 22)

No recuerdo cómo, pero se me instaló en la mente un juego de palabras que Mafalda lanzaba junto al televisor y que publiqué <aquí> (por cierto, creo que a estas alturas ya le debo una pasta gansa a Quino en concepto de derechos de autor… :P): “¿…y cuando la sociedad de consumo llegue a la saciedad de consumo?”. Me respondían en un comentario en el mismo post que la sociedad de consumo nunca puede ser saciada. Es posible que ésa sea la razón por la que los contenidos publicitarios se hayan multiplicado por infinito hasta taponar cada poro de nuestro ser con un sentimiento de saciedad-de-incitación-al-consumo. En los canales de televisión creo que aún queda algo de programación entre los anuncios, y ya existen canales dedicados en exclusiva a contenidos publicitarios (¿para qué mancharlos de programación?). Es difícil hacer un click en la cosa esta que llaman internet sin que aparezca repentinamente (y sin ser requerida) una ventana con un adquiera, compre, pruebe, visite, consiga, regístrese, suscríbase... todo en letras muy gordas y en globos de cómic que parecen los de una explosión. ¡Bufff, qué cansinos!
En ocasiones, y ya renunciando a toda posibilidad de resistencia ante tamaño asedio constante, me da incluso por analizar con cierta dosis de humor los absurdos y facilones contenidos de tanto eslogan invasivo. Vaya por delante que para nada soy ni mínimamente experto en estas cuestiones de publicidad, pero me queda la sensación de que todo este montaje parece basarse (además de en la insistencia machacona) en la exageración y el engaño indisimulados. Quizás sea la clave para que el público trague con relativa facilidad lo que no colaría si la dimensión de la deformación fuera más ajustada a la realidad. Es otra vertiente de la Hollywood-fascination. En los anuncios (de radio, prensa, vallas, televisión... ¡ah, la publicidad audiovisual!) todo debe ser perfecto. Y éste es el gancho para vender: presentar como “normal” lo “excepcional”. Pero, ¿tan hastiados parecemos de nuestra sencilla forma de vivir que estaríamos dispuestos a cambiarla por otra tan guapa por fuera como vacía por dentro?

Un recurso bien explotado por los publicistas es el de la ignorancia del público y (mejor aún) el de la aversión de la gente a reconocer esa ignorancia. No faltan anuncios donde aparece Perico el de los palotes o Perica la de los palotes (toda una autoridad, ¡vamos!) dando alucinantes clases magistrales de bioquímica, por ejemplo. Quizás me quedé retrasado en estos temas, pero que alguien me explique ¿qué carajo es (por citar un par) la co-enzima q-10 o el ácido hialurónico? Nombras estos palabros en un anuncio y parece la repera. Sin embargo, me da que pertenecen más a la mitología cosmética que a una realidad bien probada. Y casi nadie que use palabrejas de este tipo querrá reconocer que no tiene ni idea de qué está hablando. Además, existe una fórmula mágica (en un par de palabras) que, introducida en la propaganda de turno, tiene un efecto demoledoramente convincente: “Estudios demuestran...”. Lo que no se dice nunca es quién financia esos estudios tan demostrativos. Así, tenemos que empresas cerveceras pagan a laboratorios para que estudien y divulguen las bondades del consumo de cerveza, consorcios cárnicos lograrán que nos enteremos de lo sanísimo que es comer hamburguesas, y así hasta el infinito (y más allá). Por eso, no será raro encontrarse a un ama-de-casa+agente-comercial (que no deja de ser una actriz) sentada al aire libre en un sofá de diseño situado a la orilla de un estanque-lámina-de-agua (también muy fisno y de mucho diseño... ¡por favor, qué derroche de naturalidad!) contándonos que tal yogur rico en no-sé-cuantófilus y omegas-jota le sienta como gloria bendita, con el estrés de esta vida moderna, y que también se lo da a sus ninios para que rindan más en el cole. Por cierto, ese bendito yogur viene a ser más de lo mismo de lo que se puede comprar en cualquier sitio pero con otra marca, eso sí, a un precio muchísimo más caro. En otros anuncios puedes ver a auténticas sílfides cenando a base de carbohidratos. ¡Jopé, todo lo que me enseñaron los dietistas a la porra! A no ser que lo que pretendan esas estilizadas señoritas sea ganar algo de peso, de tan delgadas que están. Pero, claro, los cereales de marras tendrán oligoenzima-L-carnitínico-pancreática (o vaya-usté-a-saber-qué) y, entonces, aquí paz y después gloria.
¡Pero qué fácil es aborregar a las masas con cuatro o cinco términos (pseudo-) científicos que nadie entienda! Hemos conseguido hacer con la ciencia lo mismo que en la Edad Media se hacía con la religión.
Ni qué decir de aquella compañía de automóviles que nos aseguraba que los vehículos de su marca eran los únicos con ziritione. Ahí queda eso. Hasta con un poco de humor se le puede tomar el pelo al potencial cliente.

Algo que no entiendo es la manía de hacernos creer que lo que nos vendieron hasta ahora es una porquería. Resulta que la empresa de turno de productos de limpieza que hasta hace nada nos vendía un detergente que dejaba todo como los chorros del oro, ahora nos anuncia su producto mejorado que demuestra lo poco que limpiaba el anterior (…con lo que brillaban los suelos, ¡y sólo era un espejismo!). Es posible que se hayan planteado llegar a la hiper-mega-asepsia. ¿Cómo ha llegado a sobrevivir la humanidad entre tantos gérmenes? Y lo mismo pasa, por ejemplo, con las cuchillas de afeitar. Propongo que, a partir de ahora, la fecha de nacimiento para los varones no haga referencia al año del alumbramiento sino al número de hojas que llevaba instaladas la cuchilla de afeitar en el momento de su primer afeitado. Ahora vamos por la cinco, creo. Yo nací en el salto de una a dos. Y decían que la primera afeitaba y la segunda apuraba. Pues, entonces, la quinta de ahora debe de rascar directamente la calavera, de tanto apurar. Si éramos capaces de afeitarnos con aquellas cuchillas de doble hoja ¿a cuento de qué meterle tres más? ¿Es que sobra acero en el planeta? Y como siga creciendo el número de hojas, no va a haber cara tan grande como para apoyar la cuchilla en ella.

Siempre funcionará la táctica del “púdrase de envidia porque su vecino ya disfruta de algo que parece que usted no puede permitirse”. ¡Pardiez! ¿Voy a consentir que la gente que me rodea piense que no soy capaz de gastarme un pastón en algo que no necesito? ¡¡De ninguna manera!! Sí, ya sé que suena absurdo, pero es una táctica que da buenos resultados. Los seres humanos somos animales políticos y no soportamos ser excluidos de una comunidad a la que hemos creído haber alcanzado el derecho a pertenecer colocando nuestras posesiones materiales, nuestra forma de pensar, nuestras creencias, nuestro comportamiento, en el altar-escaparate de lo convencional. Defendemos con furia el individualismo (quizás porque todos lo hacen), para poder ser ‘exclusivos’ (es decir, como todos) y comportarnos a nuestra manera (que es la misma de todos). Vivimos en un mutuo-marcaje constante. Y es raro aquél que realmente se sale de la formación por donde desfila esa muchedumbre que se cree dueña de sus pensamientos, actos y destino. Esto último, otro de los logros de la publicidad.
Y, hablando de animales políticos y política, ya me gustaría que en la propaganda política se hiciera constar esa recurrente coletilla publicitaria: “Y si usted no queda satisfecho, le devolvemos su dinero”. Pero nada. Todo lo más, te dan la oportunidad de que otras siglas te vuelvan a dejar insatisfecho después de las próximas elecciones.

Ahora que ya han pasado unos meses, no me resisto tampoco a comentar lo engañoso e inútil de una publicidad como la de los llamados (supongo que mal llamados) buses ateos. Y tendré que justificar el empleo de ambas palabras: engañoso e inútil.
En primer lugar, como decían Les Luthiers en El Sendero de Warren Sánchez, "analicemos la frase":

probablemente. Aquí está la parte engañosa. Se ha utilizado mal esta palabra, aunque supongo que no por descuido, sino con toda la intención. Quizás el público no distinga entre “probablemente” y “posiblemente”, pero el matiz está claro (ya lo meto en negrita):
....probable (adj.)
..........1. verosímil, o que se funda en razón prudente.
..........2. que se puede probar.
..........3. dicho de una cosa: que hay buenas razones para creer que se verificará o sucederá.
....posible (adj.)
..........1. que puede ser o suceder.
..........2. que se puede ejecutar.
La existencia o no existencia de Dios no se puede catalogar como probable por la sencilla razón de que no se puede probar. Ni lo uno ni lo otro. Al menos de momento, es algo que queda fuera de nuestro alcance. Así que hay que dejarlo en posible, no en probable. Decir que se puede probar la no existencia de Dios es un acto de arrogancia, puesto que, entonces, ¿dónde están las pruebas? Nunca se han presentado pruebas de tal afirmación. Y decir que se puede probar la existencia de Dios sería incurrir en la misma arrogancia por igual motivo.

dios. peroperopero... ¿qué “Dios”? ¿Zeus, Vishnú, Alláh, Kronos, Quetzalcóatl, el Sol, la Luna, Yahweh, Osiris, la Razón, Izanagi, Gea, Maradona, Guan Yin...? Si por algo se ha caracterizado el género humano es por divinizar todo lo divinizable. Habría que precisar algo más, teniendo un panteón tan nutrido.

deja de preocuparte y disfruta la vida. Supongo que es la parte inútil. No inútil en la medida en que la publicidad también pretende crear estados de opinión en que ciertas formas de pensar se consideren más válidas o preferibles que otras que se pretenden dejar en desuso (o desactualizadas). Pero sí inútil en un sentido más inmediato. Me explico:
...- Si el anuncio va dirigido a ateos, es inútil que se les diga que no se preocupen de la no existencia de Dios (supongo que ya lo hacen, por eso son ateos) y que disfruten de la vida. En la medida en que nos lo permite la situación actual, que cada uno disfrute como pueda y quiera. Ahora bien, si se trata de falsos ateos, no creo que esta palmadita en la espalda los vaya a tranquilizar en exceso, porque ¿y si Dios existiera, eh?
...- Si el anuncio va dirigido a creyentes, es absurdo decirles que dejen de preocuparse, porque para ello deberían haber empezado a considerar preocupante la existencia de Dios, algo incoherente para un creyente. Sin embargo, la no existencia de Dios sí sería un motivo de preocupación para ellos. Si un creyente asume que Dios es como un padre que le cuida y le protege, decirle que Dios no existe es como decirle que está huérfano. Pues nada, me presento en un orfanato y digo: Está probado que no tenéis padre, así que tranquilos: dejad de preocuparos y a disfrutar de la vida. Suena un tanto extraño, ¿no?
Es cierto que hay “creyentes” que han dado la sensación de vivir preocupados por la existencia de Dios. Sinceramente, los considero falsos creyentes (igual que puedan existir falsos ateos). Han sido quienes han podido transmitir a otras personas su propia idea de un Dios que se goza en la destrucción, los castigos, el ensañamiento, las prohibiciones, el servilismo y no sé cuántas cosas más por el estilo. Un Dios que sí es como para estar preocupado. Bien, están en su derecho. Cada cual está en el derecho de creer personalmente lo que prefiera sin que los demás tengan que leerle la cartilla. Pero es importante que cada uno considere en privado hacia dónde le llevan sus propias creencias. Hay realidades ineludibles ("probadas") que no queda más remedio que aceptar (o, mejor, que es conveniente aceptar), pero no tiene sentido elegir creer en lo que nos hace desgraciados o infelices, sea en la línea que sea: creer o no creer en esto o en aquello, consumir o no consumir esto o aquello, pensar o no pensar en esto o en aquello.
A pesar de todo, seguirá siendo un derecho inalienable, aunque (como ya nos tiene acostumbrados) la aplastante maquinaria de la publicidad no se dé por enterada.
En fin... no sé... que es lunes y me apetecía reírme de mi sombra ;P

Las viñetas han sido tomadas de Obélix y Compañía (de Goscinny y Uderzo).