viernes, 31 de octubre de 2008

sandwich

(56ª parada)
"Quienes se obsesionan con hacerse ricos caen en tentaciones y trampas y en muchas codicias necias y engañosas, que hunden a los hombres en ruina y destrucción".
(1ª Epístola del apóstol Pablo a Timoteo, cap. 6: 9)

El título (que en castellano lleva tilde en la a) hace referencia a cómo he organizado este post, metiendo el texto entre dos rebanadas de humor gráfico. Y es que Quino me lo pone muy fácil. A este hombre le dio por colocar sus ideas en boca de una niña de espíritu inquieto y contestatario (además de muchas otras series de viñetas) unos años antes de que yo naciera. Pero es difícil que esas ideas caduquen, porque las personas hemos demostrado a lo largo de los siglos que podemos cambiar de vestido, de peinado, de gobierno, de costumbres, de tecnología... pero seguimos siendo muy parecidos a nuestros ancestros. Yo propondría que las viñetas de Quino fueran los libros de texto de Educación para la ciudadanía. Algo bueno saldría de eso.

Hay quien me comentaba a propósito del post anterior (prometo responder a los comentarios, sólo que llevo unos días frenéticos y me ha faltado tiempo que dedicar a la blogosfera) que no sabe por qué se me ha ocurrido tratar un asunto más o menos trivial como es el de los toros, habiendo cosas más graves de las que ocuparse, por ejemplo: de denunciar el hecho de que existan niños en el mundo que están padeciendo tremendos y terribles abusos. Ya... si no se trata de tapar una cosa con otra, ni mucho menos. Pero hay oportunidades para todo, incluso para abordar un tema menos importante sin dejar de seguir en la brecha por otros más importantes. Por lo mismo, ahora me acuerdo de la (dichosa) crisis que ¡mira por donde! afecta a nuestra relativamente abundante capacidad adquisitiva en esta sociedad de lujo que nos hemos montado (pobrecitos de nosotros), cuando hay países totalmente arrasados económicamente hablando (y, por desgracia, también en otros ámbitos). Pero, ya se ve... no se deja de hablar de la "crisis" porque (igual que con los toros) también hay oportunidad para todo. Ya dice Mafalda que la crisis parece acompañar a algunos países, como el que le ha tocado en suerte, toda su vida. Para que luego nos quejemos.

Sólo un par de apuntes:

UNO:
Me fastidia el uso peyorativo que se le está dando constantemente en los medios de comunicación (y, como consecuencia, entre el común de la gente, que no hace más que repetir lo que escucha y lee en la santa radio, en la santa tele y en los santos periódicos) a una palabra tan bella como es CRISIS. Se usa siempre para destacar lo malo, pero no nos estamos fijando en todos los aspectos positivos que supone una crisis. Una crisis de verdad, quiero decir. Hay dos acepciones de esta palabra que da el diccionario y que me gustan especialmente:

- Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.
- Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente.

Ahí queda eso.
Aprovechemos las crisis, porque siempre se puede sacar algo en limpio de ellas que nos hace mejores: más sabios, más fuertes, más equilibrados.

y DOS:
La situación económica que estamos padeciendo se veía venir. Y si no se veía (pura ceguera, la nuestra), lo lógico era que sucediera. No es sensato vivir endeudado hasta límites que están mucho más allá de lo razonable. Entiendo que se tengan deudas por adquirir bienes de primera necesidad (aquí incluyo cosas realmente caras, como una vivienda, porque no creo que nadie tenga que pedir un préstamo para comprar una barra de pan). Pero una vez con el agua al cuello, seguir dándose todos los caprichos que pide el cuerpo es lo que ha tensado la situación hasta este punto. Las operaciones financieras que han logrado que los consumidores hayan reducido sus cuotas mensuales (agrupando los créditos de tal forma que se está pagando casa, coche, etc. hasta el día en que no existan ni las cenizas de todo ello) se han revelado catastróficas. Porque el consumidor, aliviado momentáneamente en sus cuotas mensuales, ha seguido endeudándose todavía más, sin freno, sin cabeza. De locos. ¿Hasta dónde se quería estirar esta goma?

Estos días, me contaba un amigo que conoce a un menda a quien el asesor financiero de éste le sugirió que, teniendo en cuenta sus números rojos, se planteara seriamente vender una de sus dos casas para ir saliendo del trance. Sería una buena solución, porque se desprendería de algo que no necesita (¿quién vive en dos casas a la vez? bueno... sólo un ser literalmente ubicuo) para quedar libre de deudas. Vale, pues la respuesta del elemento en cuestión:
"Pero no puedo hacer eso, porque... ¿qué va a pensar de mí la gente que me conoce?".
Pues nada, chato, a vivir como un calavera, que debe de ser algo maravilloso. Sarna con gusto... a rascarse con una sonrisa en los labios.

Y ya, a estas alturas y visto lo visto, estoy convencido de que la pregunta que se hace Mafalda en la rebanada inferior de este sándwich ha llegado a ser tan sólo una pregunta retórica.
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domingo, 19 de octubre de 2008

el "arte" de la muerte debe morir

(55ª parada)
“Fíjate en Behemot, al cual formé igual que a ti; come hierba como un buey”.
(Libro de Job, cap. 40: 15)

Arte. Esa necesidad del ser humano de expresión y comunicación de un tema como es la belleza, a través de formas, colores, sonidos, movimientos... La Grecia clásica dividió las artes en artes superiores y artes menores, dependiendo de qué sentidos intervinieran en el disfrute de las obras. Así, fueron llamadas artes superiores (o Bellas Artes) aquéllas que permitían gozar las obras a través de los sentidos superiores: vista y oído, sin que fuera necesario entrar en contacto físico con el objeto artístico. Estas Bellas Artes eran seis: arquitectura, escultura, pintura, música, declamación y danza. En la clasificación actual, el teatro formaría parte de la música y la literatura estaría asociada a la declamación. También se ha dado el nombre de séptimo arte al cine, que podría estar englobado en las categorías anteriores, pero vaya!) parece haber merecido un capítulo aparte. Es sabido que las vanguardias del pasado siglo aportaron otras visiones al concepto clásico de lo que es arte, desmarcándose de ese concepto de belleza que parecía presidir el mundo de las artes. Esto podría ser tema para debatir largo y tendido... empezando por definir conceptos de lo más subjetivo, por ejemplo, el de belleza. Los griegos lo entendieron como un concepto universal, creyendo que la percepción de la belleza era común a todas las personas (y se me ocurre pensar en el asunto de las proporciones áureas que, curiosamente, parecen funcionar muy bien... ¡qué cosas!). Tenía su sentido, si se tiene en cuenta que el número Φ está presente en tantos procesos de la naturaleza. A quien le interese, le recomiendo encarecidamente la lectura del libro de Matila C. Ghyka: El número de oro.

Este exordio no es más que un poner la alfombra para pasar ahora a comentar que, esta semana, se entregaron (en la ciudad en la que suelo amanecer a diario) las Medallas de Bellas Artes. El acto tuvo lugar en el Teatro Colón de A Coruña, con la presencia de los reyes de España (Juan Carlos fue quien entregó las medallas), el ministro de Cultura, el presidente de la Xunta de Galicia y el alcalde de la ciudad, como personalidades más destacadas. Se entregaron medallas a 20 artistas. Por más que le doy vueltas a la lista de galardonados no me salen 20. Pero qué sabré yo, que no estuve presente... Lo cierto es que me da lo mismo 20 que 18 ó 22. He prestado más atención a la distribución de los premiados según sus campos artísticos:
6 de la MÚSICA (y TEATRO): un director de orquesta, una cantante de ópera, una cantante pop-rock, un musicólogo, una pianista y un actor de teatro.
4 del CINE: un actor y director, un director y productor, un director y guionista y una actriz.
2 de la DANZA: una artista circense (considerémosla en esta categoría) y una bailarina y coreógrafa.
2 de la LITERATURA: un historiador y un escritor y guionista de cine (éste, a caballo con el CINE).
1 de la PINTURA: una galerista (aunque más asociada a la fotografía y las artes visuales).
1 de la ESCULTURA: una asociación de alfareros (sí, voy a incluir la cerámica en ESCULTURA).
...y, para terminar, un grupo heterogéneo de galardonados, hasta el total de 20 ó los que sean, que no estarían metidos de lleno en ninguna de las Bellas Artes, pero que se han llevado medalla de todas formas: una restauradora (gastronómica, quiero decir), un diseñador de ropa, la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional y el Grupo de Patrimonio Histórico de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, la Fundación Telefónica (se dice que por su implantación de nuevas tecnologías... ¿¿¿???) y, por último, ¡¡un torero!!

Pues nada. Conclusiones: Lo primero, felicitarnos al colectivo de pringados que no hemos aportado ni un elemento al evento-recogida de medallas de las Bellas Artes. Me refiero a los arquitectos, por supuesto. Si es que parece ser que lo nuestro cada vez tiene que ver menos con el arte... Igual que el cine y la música, claro (puras industrias). Pero veo que aún hay niveles y niveles. En realidad, esta ausencia de arquitectos no me ha incomodado demasiado. Lo que hace que me suba por las paredes es que le den una Medalla de Bellas Artes a un torero. ¿Arte? ¿Maltratar a un animal, ensañándose hasta la muerte, se considera un arte? ¿una Bella Arte? Vamos, hombre. Ningún tipo de maltrato ni sacrificio cruento debe ser considerado un arte. Y, salvando diferencias (por supuesto), cuando hablo de maltrato me horroriza casi por igual pensar en un ser humano ensañándose contra otro ser humano o contra cualquier otro animal. Coñes, que somos compañeros de viaje cósmico en esta nave a la que llamamos planeta Tierra. Y ya que somos la especie más inteligente, tenemos la obligación de ejercer un cuidado y protección especial sobre el resto de especies de este trozo de roca errante en la inmensidad del espacio. Pero ya veo que nada de eso: a tortas con todo lo que se mueva. Y, ya el colmo, dando espectáculo. A mí me resulta vomitivo.

Hace unos meses, me habían enviado un e-mail para tratar de detener las actividades de un supuesto "artista" de cuyo nombre ni me acuerdo ni quiero acordarme, que tuvo la brillante idea de exhibir la agonía de un pobre perro apresado por una correa y al que dejaba morirse de hambre en la misma galería donde se exponía tan excelsa obra de arte. Una muerte en directo. El tema de fondo de la obra me había parecido interesante, pero la forma de exponer ese tema era tan repulsiva que se perdía todo su contenido. Con el envío masivo de correos se trataba de recoger firmas para producir algún tipo de presión en contra de semejante barbarie. Espero que este tipo de payasadas (y que me perdonen todos los payasos del mundo, que al final siempre cargan con este sambenito) se terminen de una maldita vez y lleguemos a ser más respetuosos con toda forma de vida. Sé que estamos muy lejos: volcamos nuestro odio hacia todo bicho viviente, ya sea bípedo, cuadrúpedo, alado o qué se yo. Pero, caramba, pensemos un poco... ¿No es posible empezar por dar muerte a lo que sí debe morir? Dejemos que las peores tradiciones del género humano perezcan de inanición a fuerza de no alimentarlas nunca más. Y, a cambio, alimentemos otras que sí merezca la pena mantener porque son las que ayudan a que aflore lo mejor de nuestra especie.

No es que sea iluso. Sólo que me gustaría conocer un mundo mejor.

Por cierto, behemot es una palabra hebrea que, a pesar de ser idéntica al plural de otra que significa 'ganado' (o 'animales cuadrúpedos', en general), se asocia en particular al nombre del hipopótamo en egipcio: pe-eja-mut (o “toro de agua”). Es utilizada para nombrar a este género de mastodontes.

domingo, 12 de octubre de 2008

mentiras mediáticas

(54ª parada)
“Poned a prueba todas las cosas y quedaos con lo que resulte ser bueno”.

(1ª Epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, cap. 5: 21)

En el baile pendular en que nos movemos continuamente, pasamos de la mecánica de Newton a la mecánica cuántica, del blanco y negro a todas las escalas de grises, de un hombre a imagen y semejanza de Dios a un dios a imagen y semejanza del hombre, de las verdades absolutas a las verdades relativas, de la represión al libertinaje, del oscurantismo a la ilustración... y así, hasta el infinito de las cosas que el género humano es capaz de abarcar. Pero hay algo que no cambia: siempre ha sido un mal asunto para los débiles. Porque, o se dejan arrastrar (¡qué remedio!) por la corriente de los poderosos, los astutos, los aventajados, que les han impuesto su verdad con paternalismo o bajo amenazas, o se topan en la más absoluta ausencia de referencias a las que agarrarse (al menos, en apariencia... porque esto nunca se cumple). Lo siento por ellos (¿ellos? ¿nosotros? ¿vosotros?), porque siempre danzarán al ritmo que marque la batuta de los que dirigen el cotarro.

Preocupante es el poco análisis que se hace de las cosas. Análisis riguroso, honesto y libre de manipulaciones, quiero decir. Hoy en día, se eligen las fuentes que más convienen a cada cual. A la carta. El que diga lo que quiero oír, lo que creo que me conviene o me favorece, ése se convertirá en mi guía. Recuerdo esas veces en que se avisa a la audiencia, ante la emisión de escenas consideradas poco soportables por los que todavía conservan algo de estómago: Lo que les vamos a mostrar a continuación puede herir su sensibilidad. En fin, una de las cosas que más está hiriendo la sensibilidad de las personas es la verdad. Se hace insoportable. Tanto tiempo viviendo sobre la alfombra de las propias convicciones hace que miremos con mucho desagrado a quien intente pegar un tirón de esa alfombra que está bajo nuestros pies. No consentimos que nadie nos haga perder el cómodo equilibrio en el que vivimos, por culpa de sus verdades. Por eso, en ámbitos como el periodismo, la política, la religión ¡e incluso la ciencia, aunque cueste creerlo! ya se decide qué se puede presentar como verdad y qué no se puede presentar bajo esa etiqueta. Al final, qué caramba, si todo es relativo y vivimos en esta sopa cuántica, qué importa qué es verdad y qué no lo es. Dependerá del color del cristal con el que se mire. En esto estamos. Hemos pasado de la censura pura-y-dura de antaño a la otra censura, más refinada e igual de perversa, que nos filtra los hechos para que asumamos que su verdad es la verdad. Es cuestión de elección, nada más.

Una última cosa: ¿se puede justificar una mentira que sirva para revertir una situación injusta? Plantea un debate moral interesante. Pero ¿y si es la mentira la que hace que esa situación se vea como más injusta de lo que pueda ser en realidad? Esto ya es jugar con fuego. Para los que estén a cuadros, les diré que me había propuesto que NUNCA en mi blog me metería en un asunto tan turbulento como el siguiente, en el que (como cada hijo de vecina) tengo mi verdad, pero que entiendo que es un tema gravísimo que no se está abordando desde la razón, sino más bien desde la pasión, negando la posibilidad de soluciones. Y a pesar de todo, es que ya estoy hasta los mismísimos, con perdón. Odio a los metirosos en sus versiones más retorcidas: a los manipuladores, a los chantajistas emocionales, a los que se sirven de la mentira para salir de rositas de los envolados que ellos mismos suelen organizar, a los que dan vuelta a tortillas mintiendo y fuerzan a una división del mundo en partidarios y enemigos. Si no se puede decir la verdad, se calla uno y listo.

Así que, aviso: lo que usted vea o lea a continuación (y me refiero a los enlaces que propongo) puede herir gravemente su sensibilidad. Cuando el fingimiento llega al extremo de la ficción cinematográfica, es normal que se le haya puesto el término de [Pallywood] (en evidente referencia a Hollywood), que se hayan sacado a la luz vídeos como [éste] y [éste], o que se escriban cosas como [éstas].

Nunca me gustó la frase: “Yo estoy en posesión de la verdad”. Siempre preferí que fuera la verdad la que me poseyera a mí. Pero esto no es nada fácil. Hay que ganárselo con mucho esfuerzo.

martes, 7 de octubre de 2008

walden

(53ª parada)
“Solamente esto encontré: que Dios hizo al hombre perfecto, pero ellos se buscaron muchas complicaciones”.

(Sefer Kohelet, cap. 7: 29)

"¿Qué te llevarías a una isla desierta?" La típica-hipotética pregunta que hemos escuchado o nos han hecho en más de una ocasión, con la intención de que organicemos (de alguna manera) nuestras prioridades acerca de nuestras posesiones. Pero rara vez escucho esta otra pregunta: "¿Qué NO te llevarías a una isla desierta?"
En fin, que las preguntillas de marras me inducen a una doble reflexión. Por un lado, pienso en la cantidad de cosas: objetos, enseres, costumbres, asuntos, conceptos... que vamos arrastrando los seres humanos y que, en ocasiones, ni nos planteamos si son realmente importantes, necesarias o, por el contrario, completamente superfluas o incluso inconvenientes y perjudiciales... ¡pero ahí siguen con nosotros! Por otro lado, me pregunto por esa necesidad expresada del aislamiento o la soledad a la hora de tomar ese tipo de decisiones que supongan una criba. El aislamiento... ese acto tan extraño para un animal político (en el sentido aristotélico) pero a la vez tan natural en un individuo, con identidad única e intransferible.
Me vienen a la cabeza, además, los aislamientos forzados. Hace poco hablé del encarcelado Fray Luis de León. Y también me acuerdo del ficticio Robinson Crusoe, de la novela homónima de Daniel Defoe, publicada en 1719. Y, aunque digo ficticio, se comenta que la novela está inspirada en hechos reales ocurridos a otros marinos, Pedro Serrano y Alexander Selkirk. Por más interesante que me parezca comentar aspectos de esta obra literaria (por ejemplo: la visión del colonialismo británico que arroja, según James Joyce; el ser un símbolo del puritanismo de la época; la alegoría que encierra de la propia vida de Defoe, del hombre que se hace a sí mismo partiendo de una situación de calamidad; o incluso la muestra de la desnudez e impotencia humana ante la naturaleza y sus terribles fuerzas y la titánica lucha del hombre para tratar de controlar esas fuerzas y crear su espacio habitable, como lo ha hecho a lo largo de la historia a través de la técnica y la cultura), no me voy a centrar en estos aislamientos obligatorios o por accidente, sino en los que han sido buscados deliberadamente. Y me sobrarían ejemplos...

Ya puesto a elegir, hay tres casos relativamente recientes que se me ocurren y que parecen responder a esas preguntas: ¿qué te llevarías y qué no te llevarías...?
Curioso el caso de Lev Tolstoi. El que llegaría a ser el gran escritor realista que nos dejó Guerra y Paz, Anna Karenina, Los Cosacos, etc., atravesó un periodo de enorme indecisión durante su juventud que le llevó al campo de batalla en el Cáucaso, en los años de la guerra entre Rusia y Turquía. Hasta allí viajó escapando de deudas de juego y animado por su hermano Nikolai, teniente de artillería, quien le insistió para que le acompañara. Con el tiempo, de vuelta a San Petersburgo, se topa con el fuerte contraste entre la vida de sacrificios y actos heroicos de sus días en Crimea (relatados en Sebastopol) y la vida frívola y vacía en la ciudad del Báltico. La percepción de este contraste es como una toma de consciencia que marca el devenir de Tolstoi. Se le ha considerado un cristiano libertario que tuvo gran influencia en el desarrollo del pensamiento anarquista. Uno de los puntos centrales de la visión del cristianismo de Tolstoi es el concepto de resistencia no violenta que transmitió a Mohandas Gandhi, como se deduce de la extensa correspondencia que ambos mantuvieron. También fue precursor del naturismo libertario. Defendió el vegetarianismo a toda costa, por entender que es inmoral quitarle la vida a otro animal para alimentarse. Tolstoi decía que alimentarse de carne es un vestigio del primitivismo más grande y que el paso al vegetarianismo es la primera consecuencia natural de la ilustración. Practicó lo que creía: que la ley fundamental de la vida es el amor, y en sus últimos años y tras varias crisis espirituales se convirtió en una persona profundamente religiosa (aunque contrario a las instituciones eclesiásticas, por lo que fue excomulgado) y altruista. La contradicción patente entre la existencia lujosa que llevaba y su ideología le llevó a abandonar San Petersburgo para mezclarse con los campesinos de Yasnaia Poliana, su aldea natal y donde se había criado. Allí vivió dedicado al oficio de zapatero y también fue profesor, autor y editor de los libros de texto que estudiaban los hijos de los campesinos de la aldea, en la escuela que él mismo fundó. Allí aplicaba una pedagogía libertaria, cuyos principios fundamentales se basaban en el respeto a ellos mismos y a sus semejantes. Tolstoi intentó renunciar a sus propiedades para entregarlas a los más pobres, pero su familia se lo impidió. Tolstoi murió a causa de la neumonía en Astapovo, el 20 de noviembre de 1910, en la estación ferroviaria, tratando de huir de su casa. Parece que a Tolstoi le sobraban demasiadas cosas como para llevárselas a una isla desierta.

Seguro que Grigori (“Grisha”) Perelman no se llevaría a la isla ni las envidias, ni las ambiciones, ni el ansia de gloria, fama y riqueza que parece imperar en nuestra sociedad. El genial matemático ruso de origen judío (a principios de los 80, su C.I. era el más elevado de todos los miembros de la organización Mensa), nacido el 13 de junio de 1966, dedicó ocho años de su vida a desarrollar en solitario la solución a la conjetura de Poincaré (propuesta en 1904, es uno de los siete problemas matemáticos fundamentales y el problema abierto más famoso de la topología, cuya resolución es premiada con un millón de dólares por el Instituto de Matemáticas Clay de Cambridge). Al demostrar la conjetura de geometrización de Thurston, resolvió afirmativamente la famosa conjetura de Poincaré. Después de dos años de reticencias y comprobaciones, la comunidad científica no encontró fallos en el planteamiento, lo que convirtió la mencionada conjetura en un teorema y a Perelman en ganador de la Medalla Fields (ese equivalente de los premios Nobel en matemáticas, que se concede cada cuatro años) por “sus contribuciones a la geometría y sus ideas revolucionarias en la estructura analítica y geométrica del flujo de Ricci”. Costaría explicar en términos sencillos en qué consiste el teorema demostrado por Perelman, pero basta con decir que la importancia de este logro es que podría ayudar a comprender la forma del cosmos o a catalogar todas las formas tridimensionales del universo. Recibir la Medalla Fields le habría permitido, además, reivindicar el premio del millón de dólares del Instituto de Matamáticas Clay. Pero el asunto fue sonado, porque Perelman rechazó tanto el galardón como la pasta. En España tuvo cierta repercusión, puesto que aquel 22 de agosto de 2006, la ceremonia de entrega de la Medalla Fields tenía lugar en Madrid, en el seno de un Congreso de Matemáticas. Grisha estaba profundamente disgustado con la comunidad de matemáticos y muy decepcionado con la práctica de investigación secreta y recelosa de sus compañeros. A tal punto, que aun hoy en día se niega a tener algún tipo de relación con ellos. El chasco de Perelman puede tener su origen o haberse visto agravado por su generosidad y confianza al haber publicado su trabajo en internet. Dos matemáticos chinos, Xi-Ping Zhu y Huai-Dong Cao, alegaron haber resuelto la conjetura, pero posteriormente fueron acusados de clonar la fórmula desde la web. Sin embargo, Perelman publicó un artículo en The New Yorker mostrando su decepción por los estándares éticos en el campo de las matemáticas y se refiere, en particular, a los esfuerzos del también medallista Fields Shing-Tung Yau por aminorar el papel de Grisha en la demostración y exaltar el trabajo de Zhu y Cao. Se intentó resolver la polémica con la concesión del prestigioso premio al matemático ruso, pero Perelman siguió rechazando la medalla, por más que sir John Ball (presidente de la Unión Matemática Internacional) se pasara tres días en San Petersburgo tratando de persuadirle para que aceptara. Grisha insiste en que le basta con el reconocimiento de la validez de su trabajo y con el beneficio para la ciencia que esto supone. El profesor Marcus du Sautoy, de la Universidad de Oxford, insiste en esa idea: "Se ha aislado de cierta manera de la comunidad matemática. Se ha desilusionado de las matemáticas, lo cual es muy lamentable. No está interesado en el dinero. El gran premio para él es demostrar su teorema". En la actualidad, Grigori Perelman está retirado de las matemáticas. No se las ha llevado a su isla desierta, a su humilde retiro en las afueras de San Petersburgo, donde vive cuidando a su madre en un modesto apartamento.

Y ya llego al tercero de los viajeros a islas desiertas, a Henry David Thoreau, considerado uno de los padres de la literatura norteamericana. Este escritor y filósofo anarquista de Concord (Massachusetts) fue agrimensor, naturalista, conferenciante y fabricante de lápices. Se le considera uno de los pioneros de la ecología y de la ética medioambiental. También es conceptualizador de las prácticas de desobediencia civil y su ensayo La desobediencia civil, donde propone ideas como el pacifismo y la no violencia, fue de gran influencia en Tolstoi y Gandhi. También Luther King expresó abiertamente su admiración a Thoreau, quien había sido condenado a prisión durante unos días por negarse a pagar impuestos debido a su oposición a la guerra contra Méjico y a la persistencia de la esclavitud en su país. Me gustaría destacar un experimento que llevó a cabo durante un poco más de dos años (del 4 de julio de 1845 al 6 de septiembre de 1847) y que consistió en retirarse a la vida en la naturaleza, en los bosques próximos a Walden Pond. De aquella experiencia nos queda su libro (recomendable lectura) de 1854 titulado Walden (Walden, la vida en los bosques), a manera de respuesta a esas insignificantes preguntas con las que comencé este escrito.
Dejo a continuación un fragmento del texto de Thoreau.

La superficie de la tierra es blanda y en ella se imprimen las pisadas humanas; y lo mismo sucede con los caminitos que recorre la mente. ¡Cuán estropeadas y polvorientas deben de estar, pues, las grandes carreteras del mundo y cuán profundas las huellas que dejan en ellas la tradición y el conformismo! No quiero tomar pasaje de camarote, sino más bien ir delante del mástil, sobre la cubierta del mundo, porque desde allí podré divisar mejor la luz lunar entre las montañas. Ya no deseo viajar abajo.
Con mi experimento aprendí al menos que si uno avanza confiado en la dirección de sus ensueños y acomete la vida que se ha imaginado para sí, hallará un éxito inesperado en sus horas comunes. Dejará atrás algunas cosas, cruzará una invisible frontera; unas leyes nuevas, universales y más liberales, principiarán a regir por sí mismas dentro y alrededor de él; o las viejas leyes se expandirán y serán interpretadas en beneficio suyo en un sentido más generoso, y vivirá con el permiso de seres pertenecientes a un orden más elevado. En la proporción en que haga más sencilla su vida, le parecerán menos complicadas las leyes del universo y la soledad no será soledad, ni la pobreza será pobreza, ni la debilidad será debilidad. Si uno ha construido castillos en el aire, su tarea no se perderá; porque ahí están bien edificados. Que tan sólo ponga ahora los cimientos bajo esos castillos. (...)
¿Por qué hemos de tener una prisa tan grande en triunfar, y en empresas tan desesperadas? Si un hombre no marcha a igual paso que sus compañeros, puede que eso se deba a que escuche un tambor diferente. Que camine al ritmo de la música que oye, aunque sea lenta y remota. No importa que madure con la rapidez del manzano o del roble. ¿Cambiará él su primavera en estío? Si todavía no existe la coyuntura de las cosas para las que fuimos creados, ¿con qué realidad las reemplazaríamos? No debemos encallar en una realidad hueca. ¿Construiremos con trabajo un cielo de vidrio azul sobre nosotros, para que cuando esté hecho nos afanemos en contemplar, más lejos y arriba, el verdadero cielo etéreo, como si no existiera el anterior?
Por menguada que sea tu vida, enfréntala y vívela; no la esquives, ni le apliques rudos apelativos.