domingo, 26 de abril de 2009

"a whiter shade of pale"

(71ª parada)
"La tierra estaba informe y vacía, y había oscuridad sobre la superficie del abismo".
(Libro del Génesis, cap. 1: 2)



·····- ¡Qué cuadro absurdo! Eso también lo pinto yo…

Ha sido el pensamiento en voz alta de quien no puede resistir el impulso de convertirse en portavoz no solicitado y, ya de paso, tratar de interrumpir el efecto hipnótico que parecen experimentar unos espectadores enceguecidos por el descolorido juego geométrico. Una ruptura de un silencio teñido de blanco, tan inoportuna como prescindible: ¿quién no sería capaz de pintar este lienzo? En él no hay más virtuosismo que un trazo que delimita lo blanco de lo blanco, con una última duda instalada en el pincel cuando se da por finalizado el trabajo.
Desde luego que eres capaz de pintarlo.
Pero…
¿eres capaz de pensarlo?
¿eres capaz de sentirlo?
¿eres capaz de aprehenderlo?
¿eres capaz...?
Y esto no lo tengo tan seguro.

Porque habría que ser capaz de superar el vértigo de asomarse a esa ventana escorada y descubrir que se puede contemplar la nada desde la nada. Percibir dos blancos superpuestos, como un extraño juego de acción y reacción; pensamientos llenos, pensamientos vacíos; relaciones que se rompen y se reconstruyen, combinaciones de sentimientos y palabras…
Dos presencias o dos ausencias, dos principios o dos finales, dos sonidos o dos silencios como dos notas mudas, dos palabras que dicen lo mismo, dos expresiones que acaban disolviéndose en un solo pensamiento. Llegar a descubrir que existen los límites y que a la vez no se necesita delimitar lo indivisible, ni se necesita poner líneas en esa blanca nada que es la suma de todo, como si, en realidad, lo que existe pudiera reducirse a la nada.
Y todo acto creador se hace blanco, la aniquilación es blanca, lo conocido y lo inexplorado también es blanco. La nieve que nunca ha sido hollada, la niebla que todo lo cubre, toda la luz que se puede percibir en un fogonazo perenne. Pero el artista ha metido todo esto en un cuadrado y ha dejado fuera el resto, que es el universo entero, tan blanco que no puede ser contenido en él. Ha construido un laberinto mínimo, una adivinanza casi sin palabras, el no-objeto que no es una abstracción. Blanco sobre blanco, como símbolo sobre símbolo que se niegan uno al otro a causa de una proximidad que consigue diluir la frontera artificial. La frontera blanca, el reconocimiento de que no hay muros que separen algo de lo que es lo mismo. Tú y yo. Dos miradas blancas que se cruzan a ambos lados de una ventana ingrávida.

Si tienes valentía suficiente para ello, serás capaz de pintarlo. Pero no sabrás qué es lo que has pintado.
Porque no sabes pintar el sabor de las derrotas, ni la serenidad de lo inmarcesible, ni el estremecimiento de la pena interior, ni los sueños de los locos, ni el triunfo de la felicidad, ni las dudas de lo preconcebido, ni los recuerdos de lo no vivido, ni las metáforas de la belleza, ni los orgasmos no fingidos, ni la emoción de lo inolvidable…
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Kazimir Malevich: "Cuadrado blanco sobre fondo blanco", 1918 (78,7 x 78,7 cm), MoMA, New York

lunes, 13 de abril de 2009

unos ceros

(70ª parada)
“Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con gran compasión”.
(Libro del profeta Isaías, cap. 54: 7)

Todavía retengo el recuerdo de aquella primera vez en que ella se fijó en mí. Llevó su tiempo, pero sucedió. Hasta aquel momento, yo me limitaba a esperar que ocurriera lo que tanto deseaba, sin poder abandonar mi puesto habitual de cada día en la rutina cotidiana de los grandes almacenes. Yo sí la había visto ya en ocasiones anteriores. Imposible no sentir su presencia, tantas veces ansiada. Ella solía visitar el centro comercial; pero noté que, en sus visitas, apenas se apartaba de los motivos que la traían hasta aquí. Nunca la había visto pasear distraída, sin rumbo definido, como tantas personas que deambulan por esos pasillos. Unas veces se movía por una sección… otras veces, por otra… junto a un mostrador próximo… cerca de los libros… eligiendo algún complemento… Alguna vez había pasado tan cerca de donde yo estaba que esperé, con gran excitación contenida, que volviera hacia mí su mirada para encontrarse con la mía. Pero eso no sucedía.
Al fin, el centro comercial celebró una de esas semanas especiales, lo que me ofreció la excusa perfecta para engalanarme y poder destacar, en cierto modo, algo más mi atractivo. No sé si es apropiado que lo diga yo, pero creo que no estoy nada mal. Y mi propósito era conseguir que ella lo notara. Se presentaba mi gran oportunidad. Ya se me ocurriría algo para llamar la atención de ella en cuanto la viera. Y sucedió. Lo noté en su especial forma de mirarme, en un esbozo de sonrisa que anunciaba satisfacción. No sé si me sentí más pescador que cebo, pero ella mordió el anzuelo. El encuentro fue breve, aunque eso no me molestó en exceso: la semilla estaba plantada y sólo había que esperar que la plantita se fuera desarrollando. En aquella semana, ella se acercó hasta mi puesto un par de veces más, hasta que (¡por fin!) sus brazos me rodearon y llegó a abrirme la puerta de su casa. Un gesto que me hizo inmensamente feliz. Y, por la cara que ponía el jefe de mi sección cuando me veía salir del brazo de ella, tengo la sensación de que este suceso también le había alegrado bastante incluso a él.
Yo tenía muy claro que en ningún lugar iba a estar tan a gusto como en su compañía, así que me sentí muy cómodo una vez instalado bajo su mismo techo. Pasamos días extraordinarios. Los primeros estuvieron repletos de novedades, todo un mundo nuevo que explorar. Nos fuimos conociendo poco a poco. A veces, parecía que ella no me comprendía muy bien, pero con paciencia se iba acostumbrando a mí. Yo amaba cada cosa que ella compartía conmigo: me habló de sus gustos, supe de sus historias pasadas, de sus amistades, su familia, reímos juntos con sus aficiones, nos concentramos con los trabajos, me enseñaba sus fotos, me descubría la música que le gustaba oír, películas que ver, viajes que realizar, lecturas que comenzar… Nada había que quedara oculto. Me gustaba cuando ella pasaba largas horas acariciándome con suavidad indescriptible, como sólo ella sabe hacer. Me dedicaba profundas miradas y yo jamás me cansaba de tener sus ojos fijos en mí. De tantas horas de sueño nos hemos privado juntos que más de una vez la he sentido quedarse dormida mientras yo descansaba en su regazo.

Estaba tan lleno de amor, admiración y devoción hacia ella que comencé a notar una imposibilidad absoluta de transmitirle lo mucho que la amaba. No conseguía encontrar la forma. No había nada que pudiera hacer para dar salida a una carga tan grande de sentimientos que empezaban a oprimirme con su peso. Mi ser racional fue incapaz de adaptarse a esta situación, totalmente nueva para mí. Nunca antes me había sucedido semejante cosa y no lograba explicarme a mí mismo qué me estaba pasando. Algo fue cambiando dentro de mí. Y, también, fui percibiendo que ella necesitaba mucho más de mí y yo no podía dárselo… Fue la primera fisura en aquella relación tan perfecta. El principio del fin. Sus manos, sus miradas, su risa… ¡habían sido tan hipnóticos para mí! Y, ahora, con la ausencia de aquellas delicias, yo enloquecía sin remedio. La vida se tornaba cada vez más compleja, más exigente, y mi capacidad más limitada. Empecé a notar que ella estaba molesta conmigo. Sus risas habían cambiado por expresiones más serias, su ceño fruncido muchas veces... Algunas miradas que me dedicaba llevaban la ceja arqueada, la comisura del labio tirante… Y yo no sabía qué hacer. Aunque me desempeñara al límite de mi capacidad, nada era suficiente. Me esforzaba todo lo que podía para volver a ser el mismo de antes, pero ya nada era igual que en los días felices. Me sentía completamente enfermo sin estarlo realmente. Y su impaciencia conmigo crecía con el tiempo.

Al fin, sucedió lo que tanto temía. Ella se cansó de mis tardanzas, de mis retrasos, de mi cada vez más mermada falta de iniciativa y capacidad de resolución. Se cansó de mi letargo. Y ella fue desapareciendo de mi vida.
Con su ausencia definitiva, yo acabé de apagarme, falto de toda energía.
Pasado el tiempo, llegué a descubrir que otro había ocupado mi lugar en su vida. Otro que ahora acaparaba sus caricias, otro que recibía sus miradas, otro a quien iban dirigidas sus risas… todo lo que antes era para mí. Cómo añoraba aquellas cosas, pero ya habían terminado. Me sentí tan inútil que perdí toda esperanza de volver, aun por un instante, a los tiempos dichosos con ella. Sí, todo estaba acabado.

Pero, para mi sorpresa, hoy ella ha vuelto a encenderme. Creo que el otro ordenador está momentáneamente infectado por un virus y hoy me necesita a mí para algo urgente. Aunque lento y obsoleto, aunque bloqueado por un amor que todavía no he conseguido expresar con unos y ceros, hoy sus caricias son para mí. El teclear es algo más brusco de lo que recordaba, pero me siguen pareciendo las más maravillosas caricias... Su mirada está algo más perdida en mi pantalla, pero qué ojos tan hermosos… Cómo echaba de menos que ella estuviera conmigo.
Sólo hay algo que hace desmayar mi pobre y fatigado procesador, mientras siento cómo mi disco duro se va vaciando… En la bandeja de la impresora, una hoja de papel dice en letras grandes: SE VENDE PORTÁTIL

lunes, 30 de marzo de 2009

omnipresente "publi-acidez"

(69ª parada)
“A algunos que dudan, convencedlos”.

(Epístola del apóstol Judas, 22)

No recuerdo cómo, pero se me instaló en la mente un juego de palabras que Mafalda lanzaba junto al televisor y que publiqué <aquí> (por cierto, creo que a estas alturas ya le debo una pasta gansa a Quino en concepto de derechos de autor… :P): “¿…y cuando la sociedad de consumo llegue a la saciedad de consumo?”. Me respondían en un comentario en el mismo post que la sociedad de consumo nunca puede ser saciada. Es posible que ésa sea la razón por la que los contenidos publicitarios se hayan multiplicado por infinito hasta taponar cada poro de nuestro ser con un sentimiento de saciedad-de-incitación-al-consumo. En los canales de televisión creo que aún queda algo de programación entre los anuncios, y ya existen canales dedicados en exclusiva a contenidos publicitarios (¿para qué mancharlos de programación?). Es difícil hacer un click en la cosa esta que llaman internet sin que aparezca repentinamente (y sin ser requerida) una ventana con un adquiera, compre, pruebe, visite, consiga, regístrese, suscríbase... todo en letras muy gordas y en globos de cómic que parecen los de una explosión. ¡Bufff, qué cansinos!
En ocasiones, y ya renunciando a toda posibilidad de resistencia ante tamaño asedio constante, me da incluso por analizar con cierta dosis de humor los absurdos y facilones contenidos de tanto eslogan invasivo. Vaya por delante que para nada soy ni mínimamente experto en estas cuestiones de publicidad, pero me queda la sensación de que todo este montaje parece basarse (además de en la insistencia machacona) en la exageración y el engaño indisimulados. Quizás sea la clave para que el público trague con relativa facilidad lo que no colaría si la dimensión de la deformación fuera más ajustada a la realidad. Es otra vertiente de la Hollywood-fascination. En los anuncios (de radio, prensa, vallas, televisión... ¡ah, la publicidad audiovisual!) todo debe ser perfecto. Y éste es el gancho para vender: presentar como “normal” lo “excepcional”. Pero, ¿tan hastiados parecemos de nuestra sencilla forma de vivir que estaríamos dispuestos a cambiarla por otra tan guapa por fuera como vacía por dentro?

Un recurso bien explotado por los publicistas es el de la ignorancia del público y (mejor aún) el de la aversión de la gente a reconocer esa ignorancia. No faltan anuncios donde aparece Perico el de los palotes o Perica la de los palotes (toda una autoridad, ¡vamos!) dando alucinantes clases magistrales de bioquímica, por ejemplo. Quizás me quedé retrasado en estos temas, pero que alguien me explique ¿qué carajo es (por citar un par) la co-enzima q-10 o el ácido hialurónico? Nombras estos palabros en un anuncio y parece la repera. Sin embargo, me da que pertenecen más a la mitología cosmética que a una realidad bien probada. Y casi nadie que use palabrejas de este tipo querrá reconocer que no tiene ni idea de qué está hablando. Además, existe una fórmula mágica (en un par de palabras) que, introducida en la propaganda de turno, tiene un efecto demoledoramente convincente: “Estudios demuestran...”. Lo que no se dice nunca es quién financia esos estudios tan demostrativos. Así, tenemos que empresas cerveceras pagan a laboratorios para que estudien y divulguen las bondades del consumo de cerveza, consorcios cárnicos lograrán que nos enteremos de lo sanísimo que es comer hamburguesas, y así hasta el infinito (y más allá). Por eso, no será raro encontrarse a un ama-de-casa+agente-comercial (que no deja de ser una actriz) sentada al aire libre en un sofá de diseño situado a la orilla de un estanque-lámina-de-agua (también muy fisno y de mucho diseño... ¡por favor, qué derroche de naturalidad!) contándonos que tal yogur rico en no-sé-cuantófilus y omegas-jota le sienta como gloria bendita, con el estrés de esta vida moderna, y que también se lo da a sus ninios para que rindan más en el cole. Por cierto, ese bendito yogur viene a ser más de lo mismo de lo que se puede comprar en cualquier sitio pero con otra marca, eso sí, a un precio muchísimo más caro. En otros anuncios puedes ver a auténticas sílfides cenando a base de carbohidratos. ¡Jopé, todo lo que me enseñaron los dietistas a la porra! A no ser que lo que pretendan esas estilizadas señoritas sea ganar algo de peso, de tan delgadas que están. Pero, claro, los cereales de marras tendrán oligoenzima-L-carnitínico-pancreática (o vaya-usté-a-saber-qué) y, entonces, aquí paz y después gloria.
¡Pero qué fácil es aborregar a las masas con cuatro o cinco términos (pseudo-) científicos que nadie entienda! Hemos conseguido hacer con la ciencia lo mismo que en la Edad Media se hacía con la religión.
Ni qué decir de aquella compañía de automóviles que nos aseguraba que los vehículos de su marca eran los únicos con ziritione. Ahí queda eso. Hasta con un poco de humor se le puede tomar el pelo al potencial cliente.

Algo que no entiendo es la manía de hacernos creer que lo que nos vendieron hasta ahora es una porquería. Resulta que la empresa de turno de productos de limpieza que hasta hace nada nos vendía un detergente que dejaba todo como los chorros del oro, ahora nos anuncia su producto mejorado que demuestra lo poco que limpiaba el anterior (…con lo que brillaban los suelos, ¡y sólo era un espejismo!). Es posible que se hayan planteado llegar a la hiper-mega-asepsia. ¿Cómo ha llegado a sobrevivir la humanidad entre tantos gérmenes? Y lo mismo pasa, por ejemplo, con las cuchillas de afeitar. Propongo que, a partir de ahora, la fecha de nacimiento para los varones no haga referencia al año del alumbramiento sino al número de hojas que llevaba instaladas la cuchilla de afeitar en el momento de su primer afeitado. Ahora vamos por la cinco, creo. Yo nací en el salto de una a dos. Y decían que la primera afeitaba y la segunda apuraba. Pues, entonces, la quinta de ahora debe de rascar directamente la calavera, de tanto apurar. Si éramos capaces de afeitarnos con aquellas cuchillas de doble hoja ¿a cuento de qué meterle tres más? ¿Es que sobra acero en el planeta? Y como siga creciendo el número de hojas, no va a haber cara tan grande como para apoyar la cuchilla en ella.

Siempre funcionará la táctica del “púdrase de envidia porque su vecino ya disfruta de algo que parece que usted no puede permitirse”. ¡Pardiez! ¿Voy a consentir que la gente que me rodea piense que no soy capaz de gastarme un pastón en algo que no necesito? ¡¡De ninguna manera!! Sí, ya sé que suena absurdo, pero es una táctica que da buenos resultados. Los seres humanos somos animales políticos y no soportamos ser excluidos de una comunidad a la que hemos creído haber alcanzado el derecho a pertenecer colocando nuestras posesiones materiales, nuestra forma de pensar, nuestras creencias, nuestro comportamiento, en el altar-escaparate de lo convencional. Defendemos con furia el individualismo (quizás porque todos lo hacen), para poder ser ‘exclusivos’ (es decir, como todos) y comportarnos a nuestra manera (que es la misma de todos). Vivimos en un mutuo-marcaje constante. Y es raro aquél que realmente se sale de la formación por donde desfila esa muchedumbre que se cree dueña de sus pensamientos, actos y destino. Esto último, otro de los logros de la publicidad.
Y, hablando de animales políticos y política, ya me gustaría que en la propaganda política se hiciera constar esa recurrente coletilla publicitaria: “Y si usted no queda satisfecho, le devolvemos su dinero”. Pero nada. Todo lo más, te dan la oportunidad de que otras siglas te vuelvan a dejar insatisfecho después de las próximas elecciones.

Ahora que ya han pasado unos meses, no me resisto tampoco a comentar lo engañoso e inútil de una publicidad como la de los llamados (supongo que mal llamados) buses ateos. Y tendré que justificar el empleo de ambas palabras: engañoso e inútil.
En primer lugar, como decían Les Luthiers en El Sendero de Warren Sánchez, "analicemos la frase":

probablemente. Aquí está la parte engañosa. Se ha utilizado mal esta palabra, aunque supongo que no por descuido, sino con toda la intención. Quizás el público no distinga entre “probablemente” y “posiblemente”, pero el matiz está claro (ya lo meto en negrita):
....probable (adj.)
..........1. verosímil, o que se funda en razón prudente.
..........2. que se puede probar.
..........3. dicho de una cosa: que hay buenas razones para creer que se verificará o sucederá.
....posible (adj.)
..........1. que puede ser o suceder.
..........2. que se puede ejecutar.
La existencia o no existencia de Dios no se puede catalogar como probable por la sencilla razón de que no se puede probar. Ni lo uno ni lo otro. Al menos de momento, es algo que queda fuera de nuestro alcance. Así que hay que dejarlo en posible, no en probable. Decir que se puede probar la no existencia de Dios es un acto de arrogancia, puesto que, entonces, ¿dónde están las pruebas? Nunca se han presentado pruebas de tal afirmación. Y decir que se puede probar la existencia de Dios sería incurrir en la misma arrogancia por igual motivo.

dios. peroperopero... ¿qué “Dios”? ¿Zeus, Vishnú, Alláh, Kronos, Quetzalcóatl, el Sol, la Luna, Yahweh, Osiris, la Razón, Izanagi, Gea, Maradona, Guan Yin...? Si por algo se ha caracterizado el género humano es por divinizar todo lo divinizable. Habría que precisar algo más, teniendo un panteón tan nutrido.

deja de preocuparte y disfruta la vida. Supongo que es la parte inútil. No inútil en la medida en que la publicidad también pretende crear estados de opinión en que ciertas formas de pensar se consideren más válidas o preferibles que otras que se pretenden dejar en desuso (o desactualizadas). Pero sí inútil en un sentido más inmediato. Me explico:
...- Si el anuncio va dirigido a ateos, es inútil que se les diga que no se preocupen de la no existencia de Dios (supongo que ya lo hacen, por eso son ateos) y que disfruten de la vida. En la medida en que nos lo permite la situación actual, que cada uno disfrute como pueda y quiera. Ahora bien, si se trata de falsos ateos, no creo que esta palmadita en la espalda los vaya a tranquilizar en exceso, porque ¿y si Dios existiera, eh?
...- Si el anuncio va dirigido a creyentes, es absurdo decirles que dejen de preocuparse, porque para ello deberían haber empezado a considerar preocupante la existencia de Dios, algo incoherente para un creyente. Sin embargo, la no existencia de Dios sí sería un motivo de preocupación para ellos. Si un creyente asume que Dios es como un padre que le cuida y le protege, decirle que Dios no existe es como decirle que está huérfano. Pues nada, me presento en un orfanato y digo: Está probado que no tenéis padre, así que tranquilos: dejad de preocuparos y a disfrutar de la vida. Suena un tanto extraño, ¿no?
Es cierto que hay “creyentes” que han dado la sensación de vivir preocupados por la existencia de Dios. Sinceramente, los considero falsos creyentes (igual que puedan existir falsos ateos). Han sido quienes han podido transmitir a otras personas su propia idea de un Dios que se goza en la destrucción, los castigos, el ensañamiento, las prohibiciones, el servilismo y no sé cuántas cosas más por el estilo. Un Dios que sí es como para estar preocupado. Bien, están en su derecho. Cada cual está en el derecho de creer personalmente lo que prefiera sin que los demás tengan que leerle la cartilla. Pero es importante que cada uno considere en privado hacia dónde le llevan sus propias creencias. Hay realidades ineludibles ("probadas") que no queda más remedio que aceptar (o, mejor, que es conveniente aceptar), pero no tiene sentido elegir creer en lo que nos hace desgraciados o infelices, sea en la línea que sea: creer o no creer en esto o en aquello, consumir o no consumir esto o aquello, pensar o no pensar en esto o en aquello.
A pesar de todo, seguirá siendo un derecho inalienable, aunque (como ya nos tiene acostumbrados) la aplastante maquinaria de la publicidad no se dé por enterada.
En fin... no sé... que es lunes y me apetecía reírme de mi sombra ;P

Las viñetas han sido tomadas de Obélix y Compañía (de Goscinny y Uderzo).

miércoles, 18 de marzo de 2009

involución

(68ª parada)
“Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”.
(Epístola del apóstol Pablo a los Filipenses, cap. 4: 12)

Hay palabras que, dada la particular cosmovisión que se ha ido imponiendo en nuestra sociedad, no gozan de la mayor de nuestras simpatías. Es más, aun diría que son unas auténticas proscritas o que llegan a producir algún tipo de alergia emocional. Una de esas palabras está en el título. El pensamiento neodarwinista la ha convertido en una intrusa de la lengua. Otra palabra con matices similares sería arrepentimiento (es difícil encontrar hoy en día a alguien que diga: “me arrepiento de tal cosa”… lo normal es escuchar: “no me arrepiento de nada”) y que también está siendo desterrada por esa aversión a todo lo que suene a espiritual que se ha ido desarrollando con la previsibilidad y precisión de los movimientos pendulares. Y qué decir de otras palabras como regresión, retroceso y algunas más por el estilo... Es curioso, pero si yo dijera (simplemente) “volver”, esta palabra no produciría prácticamente ningún tipo de reacción. Ahora bien, “involución” o “arrepentimiento” no dejarían en ese estado de neutralidad a casi nadie. Y, sin embargo, el significado es casi el mismo: Involucionar, referido a un proceso biológico, político, cultural, económico, etc., significa retroceder, volver atrás. Y arrepentimiento es una palabra que tiene su correspondencia en la griega metanoia (algo más que un simple cambio de opinión o de forma de pensar), cuyo significado literal denota una situación en que, a lo largo de un trayecto, ha tenido que volverse del camino errado en el que se transitaba para tomar otra dirección correcta.

Bueno, y todo esto ¿a qué viene?

Simplemente, me encontraba ordenando mis libros, pasándolos de un sitio a otro (de la mesilla a las estanterías, de unas estanterías a otras…) y tuve la agradable sorpresa de reencontrarme con La metamorfosis de Franz Kafka. Tengo muy buen recuerdo de ese pequeño libro. Tan pequeño (en extensión) que me viene a la memoria haberlo leído completo por primera vez en las escasas tres horas del trayecto en tren de Coruña a Vigo (sí, en el regional que hace un montón de paradas). Es un libro que me gusta mucho aunque no he vuelto a leerlo con asiduidad como me sucede con otros libros que también me tienen enamorado. De él me queda, más bien, la idea interiorizada de que, en ocasiones, la mejor forma de avanzar es dando un paso hacia atrás. Es cierto que cada cual puede sacar su particular interpretación de la extraña historia que sucede con Gregor Samsa. Sin ir más lejos, buscando en la socorrida wikipedia, encontré esta frase: La metamorfosis es un relato abierto a múltiples interpretaciones, de hecho, en su libro The Commentator's Despair (La desesperación del comentarista) Stanley Corngold da cuenta de más de 159 interpretaciones. ¡Uf, casi nada! ¡Más de una por página impresa!
Y, como se dice tantas veces: la primera impresión es la que cuenta, lo que sí puedo decir es que, cuando cerré el libro después de esas pocas horas de lectura, tuve la sensación de que Kafka estaba delineando con una precisión admirable la estupidez del género humano cuando se resiste a avanzar dando un paso atrás. Lo que nos gusta complicarnos la existencia… Trataré de explicarme.
Antes de nada, si alguien no ha leído el libro y prefiere sacar sus propias conclusiones sin sentirse mediatizado por las ajenas, le recomiendo que se salte este post y, de momento, espere al siguiente. O, mejor, que lea el libro (que se lee rapidito) y genere sus ideas personales antes de volver aquí.
Siguiendo con La metamorfosis: No saco demasiadas conclusiones de un Samsa convertido en insecto y todas las cosas que le suceden (me parece anecdótico), excepto el hecho de que Kafka expresa cómo alguien puede sentirse oprimido y alienado por otras personas que ni agradecen ni aprecian ni se aprovechan realmente de su entrega voluntaria en vida. Pero es muy curioso ver todos los cambios que se producen en esa familia tras la muerte del insecto Gregor Samsa, y que están relatados en poquísimo espacio, en relación a la extensión total del libro (aunque para entenderlos hay que haberse leído el resto del relato, por supuesto). En pocas palabras: resulta que tenemos a la típica familia burguesa acomodada (cabalgando sobre una línea difusa que separa a los ricos de la clase media de los pobres de la clase alta) y que mantiene ese nivel de vida gracias a los ingresos que proporciona el esfuerzo de Gregor (que se siente como un auténtico esclavo para que su familia pueda vivir así), pero esto no les produce satisfacción porque ven continuamente amenazado ese estatus con la posibilidad de una caída hacia estratos inferiores y, por tanto, se sienten embarcados en una tensión, inquietud, frustración y desazón constantes. Y tanto es así que ni se muestran agradecidos con Gregor ni le expresan consideración por todo lo que hace por ellos. Sin embargo, sucede que al final desaparece el pobre Gregor (quien les proveía para sus vanidades) y, a partir de ahí, el cuadro que se presenta es mucho mejor. La familia vive con más alivio y entusiasmo, se dedican a tareas que les producen más satisfacción… y todo ello a costa de reducir sus pretensiones, de rebajar su inapropiado nivel de vida. En suma, de involucionar. Pero ¿era necesaria la muerte de Gregor Samsa para llegar a esa conclusión? ¿Por qué solemos situarnos casi siempre al límite de nuestras supuestas posibilidades? En fin… ya se sabe: quien más tiene, más quiere. Nunca un paso atrás. Nunca arrepentirse de nada.

¿Sabemos vivir en la abundancia y también en la necesidad? Eso mostraría verdadera sabiduría. Cuando las cosas van sobre ruedas, es muy posible que todos sepamos conducirnos con bastante pericia. Y, si no es así, tampoco se notan demasiado los fallos. Pero ¿y cuándo las cosas no vienen tan bien dadas? Alguien dijo: En los días de calma, incluso las veletas parecen tener personalidad. Estoy seguro de ello. Pero se desatan las tempestades y todos demuestran de qué pasta están hechos y sólo unos cuantos consiguen salir airosos.
Es posible que involución o arrepentimiento sean palabras que no caen muy simpáticas. Pero es muy posible también que se encuentren en todos los manuales básicos de supervivencia. Será porque quizás hayan salvado muchas vidas de la infelicidad crónica..

viernes, 27 de febrero de 2009

más obras

(otra vez en el "dique seco")

...es lo que pasa por elegir una plantilla con fallos de diseño (y no saber o no ser capaz de resolverlos, que ésa es otra ;D)

una vez más: perdonen las molestias.

ACTUALIZACIÓN (5 de marzo):
Doy por terminados los trabajos de remodelación de la plantilla. Es algo curioso, pero después de tropecientas plantillas probadas, voy y me quedo con la que ya tenía cuando empecé este frenesí plantillero. Como le decía a Aurora (de primeros pinitos, y que me ha echado una mano con eso de los códigos html, css y C.S.I. ;P), apenas un baño en lejía para dejarla blanca y algunos retoques para personalizarla un poco... pero sigue siendo la misma Minima Lefty Stretch de hace unas semanas.
¿Qué ha sucedido? Pues que me ha sido imposible compatibilizar la apariencia para (¡sólo!) dos navegadores: cuando cosía algo en Internet Explorer (versión 7), se me descosía en Firefox (versión 3) y viceversa... (para otras versiones de los mismos navegadores debería de estar siendo la misma gaita) O bien una columna se caía abajo de todo, o los colores no coincidían, el tipo de letra ni te cuento... ¡desastroso! Así que me vuelvo al redil de lo malo conocido.
En fin, que está bien cuidar el aspecto, pero un blog no es para gastar más tiempo en el continente que en el contenido. Y ya llevo desconectado con "asuntos administrativos" demasiado tiempo para mi gusto.

Quiero agradecer a toda la gente que me ha dado apoyo logístico o anímico en estos días de reforma, con sus consejos, dedicación, pistas, comentarios... Todo es muy bienvenido.
Gracias a Aurora y a Avellaneda por las cuestiones técnicas, y a Carmen, Estrella Altair, samuel, Sara, SIB, Siberia, Tormenta y Yuria por sus comentarios y ánimos. A todos los demás, gracias por vuestra paciencia. Y no quiero olvidar la inestimable ayuda de mi amiga Bea, a quien no encontraréis en la lista de la izquierda, por más que le haya insistido en que comience su propia bitácora (a puntito estuvo ;P)

Y, ahora, a seguir pa'lante.

domingo, 22 de febrero de 2009

cuando cuentes cuentos cuenta cuántos cuentos cuentas

(67ª parada)
"Los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados".
(2ª Epístola de Pablo a Timoteo, cap. 3: 13)

La última Gran Guerra nos ha dejado infinidad de lecciones, algunas en positivo y numerosas en negativo. Muchas de estas otras lecciones se siguen llevando a la práctica con una eficiencia a prueba de cualquier forma de duda o desaliento. Una de ellas se refiere al poder de la propaganda (que ya hemos llevado, incluso, a los límites de la propaganGa).

Los métodos en que se practicó la propaganda de Estado en los años de 1939 a 1945 han sido de lo más variado, aun con muchas coincidencias entre los dos bandos enfrentados (como no podía ser de otra forma): desde bombardeos masivos e indiscriminados sobre la población civil (tanto por parte de las potencias del Eje como por parte de las potencias aliadas) hasta "inocentes" programas radiofónicos con mucho sentido del humor que trataban de minar la moral de los civiles o de los ejércitos. La llegada de Winston Churchill a este terreno se vio influida, muy posiblemente, por el hecho de que, entre sus numerosas experiencias, también figurara la del periodismo. Sea como fuere, el propio Churchill fue quien subrayó por primera vez la función insustituible de la guerra psicológica. Había dicho que "la moral de la población civil es un objetivo de guerra", y este eslogan fue el punto de partida de la propaganda inglesa.

Pero se me ocurre pensar que Sir Winston Churchill apenas parecería un aficionado a la sombra del ministro de Propaganda del Tercer Reich. Joseph Goebbels ha sido, en realidad, el ideólogo por excelencia del propagandismo por excelencia (valga la redundancia): la crème de la crème en materia de propaganda, vamos. Durante la guerra, aplicó dos métodos diferentes de la mano de dos colaboradores sucesivos: Dietrich y Fritzsche. Dietrich dirigió una primera fase de "propaganda optimista", hasta que cayó en desgracia ante Goebbels a medida que Alemania se embarcaba en la "guerra total" y, por tanto, era necesario que la propaganda psicológica siguiera nuevas pautas. Así, Fritzsche ocupó el lugar de Dietrich y es a quien se le puede atribuir la paternidad de la "propaganda pesimista". Goebbels llamó "la fuerza del miedo" al método de Fritzsche. Pero ambas formas de propaganda no hacían sino seguir fielmente los patrones del ministro y, curiosamente, el periódico El Correo Gallego publicó el mes pasado un artículo acerca de estos patrones y que me viene muy bien para explicarlo. En la versión digital se conserva parte del más extenso artículo de Xurxo Fernández que vio la luz en papel.

Como da la sensación de que nuestros políticos ya se conocían al dedillo todo esto desde hace mucho y que lo saben llevar muy bien a la práctica en su hacer cotidiano, no me queda más que reproducir aquí ese fragmento para que sirva de reflexión acerca de en qué fuentes parecen estar bebiendo quienes nos gobiernan o quieren gobernarnos (porque, igual que en la guerra, aquí tanto "el Eje" como "los aliados" practican estos puntos con maestría). Hay quien piensa que en el amor y en la guerra todo vale. Los hay más audaces que piensan que en cualquier circunstancia todo vale. Bueno, pues yo debo de estar entre los más mojigatos, porque pienso que no hay ninguna circunstancia en la que todo valga.

La forma en que una gran cantidad de políticos se comportan ahora, no es ni mucho menos nueva. El problema está en qué mentes podridas urdieron este tipo de pautas y los efectos que provocaron en millones de personas. Aprendamos de la Historia, porque cualquier parecido de lo pasado con lo presente NO es mera coincidencia.


Goebbels, hoy más actual que nunca -EL CORREO GALLEGO- (25.01.2009) Xurxo Fernández

Lean los once puntos de la propaganda nazi, en cuyo origen estaría Adolf Hitler, pero que solo un cerebro privilegiado como el de Goebbels sería capaz de ejecutar.
Hace poco, en esta misma palestra, les mostrábamos un testimonio realmente impresionante. Hablábamos de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del III Reich y uno de los mayores y más controvertidos genios del siglo XX. Su especialidad, la desinformación. Una consecuencia humana y profesional lógica de todo lo sabido hasta la fecha en materia de servicios de espionaje (algo en lo que, como muchos de ustedes recordarán, fue pionero Felipe II).
Para mostrarles un ejemplo de su capacidad de manipulación, les ofrecíamos un extracto de uno de sus discursos más famosos: Hacia la Guerra Total. Hoy nos proponemos continuar con el mismo tema. Y para ello hemos recuperado otros textos significativos del hombre de confianza de Adolf Hitler. He aquí, sin más, su último testimonio, escrito poco antes de su suicidio en el búnker berlinés en el cual, al menos teóricamente, murieron los principales líderes nazis:

Expreso mi resolución irrevocable de no abandonar la capital del Reich aunque caiga, y de terminar antes junto al Führer una vida que para mí personalmente ya no posee ningún valor si no puedo ponerla al servicio del Führer y a su lado.

Estas son las últimas palabras que escribió Goebbels, en el codicilo al testamento de Hitler, redactado el 29 de abril de 1945. Todo ello escrito en su diario del año 1945 –durante mucho tiempo dado por perdido, como el resto de sus diarios–. Recientemente, ese y otros muchos documentos se han reflejado en un libro que se completa con el testamento de Adolf Hitler, la última carta de Goebbels a su mujer, Magda, y a su hijo primogénito, así como con los dos discursos que leyó el almirante Karl Dönitz por la radio, el primero tras la muerte del dictador y el último para anunciar la rendición incondicional de Alemania.


Pero veamos otras cosas. Por ejemplo, los principios de la propaganda, especie de peculiar decálogo, manejado en todo momento por el famoso ministro de Hitler:

1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".

4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5. Principio de la vulgarización. "Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental que realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar".

6. Principio de orquestación. "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad".

7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.

Como verán, resulta, aún hoy, decididamente escalofriante. Pero, para acabar por hoy, conviene señalar que esa claridad meridiana, de una dureza pétrea y una frialdad polar, ya era patente en su famoso discurso de la Guerra Total (que publicamos hace unas semanas):

— "¿Quieren ustedes la guerra total? "
(Clamor: "Sí, sí, sí" - Aplausos)
— "Si fuera necesario, ¿quieren ustedes una guerra más total y más radical que lo que hoy no podríamos ni siquiera imaginar?"
(Clamor: "Sí" Aplausos)...



En fin. Me suena demasiado conocido.


caricatura de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich
(Grupo Kukryniksy, Galería Tretiakov, Moscú)

sábado, 21 de febrero de 2009

close2u reformado

(parada... ¡no!: más bien, "dique seco")

Aunque tenía la intención de eliminar este post provisional, voy a dejarlo como vestigio de la transformación, lavado de cara o como quiera que se le pueda llamar a un cambio de plantilla de un blog.

Todo empezó con un comentario en el último post, que fue la confirmación de que no sólo a mí las lecturas en close2u empezaban a jugar malas pasadas a la vista... El fondo negro es muy elegante y todo eso, pero el bailoteo de letras blancas (y, no sé por qué, engordadas por blogger) ya empezaba a hacérseme muy molesto. Así que cambio la elegancia del negro por la sencillez del blanco. Como de críos: la pizarrita negra por la veleda blanca.
No ha sido fácil, por dos motivos: por un lado, lo que cuesta cambiar las cosas y más cuando ya está todo colocado y ni le prestaba mucha atención... por otro lado, encontrar una plantilla que me guste ha sido imposible. Después de revisar unas cientoypico, no he encontrado una que me gustara de verdad: ésta tiene unos colores que vaya-vaya... buf! ésta ni de coña... a ésta no hay quien le meta mano en el editor... ésta se rompe por aquí... ésta se rompe por allá... ésta es muy hortera... a ésta le sobran esas florecitas... bueno, y así con más de 100. Al final encontré una un pelín pasable (luego tuve que ensancharle las columnas, que no me entraba nada), pero de fondo blanco. Teniendo en cuenta que había pensado todas las imágenes, colores de textos, etc. del blog para fondo oscuro (y mejor, negro-negro), me di cuenta de la paliza que tengo que darme para readaptar todos los contenidos si quiero que no canten. Me lo tomaré con calma.
De momento, se me ha ocurrido que he talado (¡sólo virtualmente, eh!) todo el bosque que tenía antes y que tan oscura me dejaba la pantalla, para reservar únicamente un solo arbolito con su banquito al pie para hacer las paradas. Y luz por todas partes. Claridad y sencillez, para que todos esos árboles de antes no me impidan ver el auténtico bosque que quiero que sea close2u.

Espero que, a pesar de todos los cambios (y, en cuanto a lectura, precisamente gracias a ellos), os sintáis cómodos en el que sigo diciendo que es vuestro refugio de viajeros, vengáis de donde vengáis. Todos bienvenidos.

Gracias