domingo, 27 de septiembre de 2009

sintiendo a-mar

(81ª parada)
"Ahí está el mar, grande y espacioso".
(Salmo 104: 25)


Sólo conozco dos formas de fabricar bronce. Una: alear cobre y estaño. Dos: fundir sol y piel. Ahora que terminó el verano (aunque nos regalen este veranillo en miniatura del día del arcángel) ya sólo nos queda el recurso de los metales... pero difícil olvidar, al contemplar dermis tostadas, lo relajantes que fueron las horas pasadas al borde del océano.
Me place visitar la playa en los momentos, días o lugares en que se ve más arena que carne, cosa difícil tantas veces. Ocupar un espacio-sobre-toalla a considerable distancia del visitante más próximo me ha convertido en compañero de surfistas meciéndose sobre olas demasiado bajas para bailarlas, aves marinas cada vez más acostumbradas a tolerar la presencia humana, aunque sin dejar nunca de respetar la tácita orden de alejamiento, y jubilados que se pasean apresuradamente, como quien llega tarde a una cita, de un extremo a otro del arenal, siempre sobre la línea difusa de espuma en que el mar lame a la tierra sin descanso.
Por cierto... que, en todas las oportunidades que he tenido este verano, no he dejado de fijarme con sorpresa en que si usted arroja un número indeterminado de seres humanos sobre una playa, notará que al cabo de un tiempo presentan una inexplicable tendencia a pasearse de un lado a otro sobre el filo que separa arena y agua, convirtiéndolo en improvisada avenida principal, bulevar deforestado o calle mayor playera, con sólo el capricho de la marea como única condicionante urbanística. Espero que algún científico estudie y encuentre explicación a tan curioso fenómeno. Lo mismo ya está investigado y se ha publicado alguna conclusión, pero (de ser así) yo desconozco lo que se haya dicho al respecto.

Echaré de menos al mar, esa amante cálida de abrazo frío y salado. En estas latitudes norteñas, el Atlántico tiene sus pocos meses en que es cariñosamente accesible. Luego, fuera de temporada, gusta tornarse en apto sólo para valientes. Dichosos ellos.
Echaré de menos sumergirme otra vez más en el líquido amniótico del útero de Gaia, en el caldo frígido de la vida terrícola.
Y recordaré, como no podía ser de otro modo, igual que se recuerda el elemento disonante (la casa pintada de verde en medio de las encaladas, la oveja blanca en medio del rebaño de las de lanas parduzcas, la nube solitaria en un cielo ciánico, la palmera en el desierto...), el único día de densa niebla que disfruté en una recogida playa de la bahía. Allí, en las fronteras del reino de las algas, con el salitroso frescor húmedo sobre la piel desnuda y perdido en una inmensidad blanca que hacía eterno el mar, onírica la luz y misteriosa la extensión de la duna, grabé inmarcesible en mi memoria la imagen más bella que podía regalarme la amante azulada.

Y es que hay mares que aman como mujeres. Y al revés.

Ahora te quiero,
como el mar quiere a su agua:
desde fuera, por arriba,
haciéndose sin parar
con ella tormentas, fugas,
albergues, descansos, calmas.
¡Qué frenesíes, quererte!
¡Qué entusiasmo de olas altas,
y qué desmayos de espuma
van y vienen! Un tropel
de formas, hechas, deshechas,
galopan desmelenadas.
Pero detrás de sus flancos
está soñándose un sueño
de otra forma más profunda
de querer, que está allá abajo:
de no ser ya movimiento,
de acabar este vaivén,
este ir y venir, de cielos
a abismos, de hallar por fin
la inmóvil flor sin otoño
de un quererse quieto, quieto.
Más allá de ola y espuma
el querer busca su fondo.
Esta hondura donde el mar
hizo la paz con su agua
y están queriéndose ya
sin signo, sin movimiento.
Amor
tan sepultado en su ser,
tan entregado, tan quieto,
que nuestro querer en vida
se sintiese
seguro de no acabar
cuando terminan los besos,
las miradas, las señales.
Tan cierto de no morir,
como está
el gran amor de los muertos.
......................................(Pedro Salinas)

domingo, 20 de septiembre de 2009

vital information resources under siege

(80ª parada)
"(...) se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón ha quedado lleno de oscuridad".
(Carta de Pablo a los Romanos, cap. 1: 21)

Antes, unas cuantas palabras que me sirvan para quitar las telarañas de silencio acumuladas en estos días... Es posible que cierta fatiga mental se haya apoderado de mis ganas de escribir. No me parecía poder encontrar un anhelado sosiego en el ejercicio de ir soltando letras y palabras desde el interior, con más o menos sentido. Pienso que llevo demasiado tiempo siendo espectador de un ejercicio insano de invertidos y errátiles algoritmos del razonamiento, una especie de mundo al revés, de impúdicos paseos patas p’arriba. Un estado de cosas donde lo blanco es negro y lo negro verde amarillento, donde los grises se pueden adaptar a cualquier tono de la gama cromática, a gusto y sin más condición que la conveniencia. Asisto pasmado al ensalzamiento de ciertos totalitarismos por algunos que se dicen intelectuales demócratas. Contemplo con asombro la implementación de planes E en medio de un desierto de oportunidades e ilusiones, sustituyendo unos oasis por otros al coste de la única arena que queda disponible. No deja de asquearme la constante demonización del semejante, el discurso absurdo, la demencial casa por el tejado, la desconsideración solapada o manifiesta, el ninguneo a todos los humillados hasta la indefensión del argumento más sencillo, el recurrente ytúmás, el silencio vergonzante de los que venden sus gargantas y aparcan sus consignas hasta una ocasión más rentable, la palmadita en espalda ajena que se cambiará por cuchillada en la propia, la sinrazón como método...
Difícil combatir tanto despropósito. Y más difícil aún cuando se pierden hasta las ganas de combatir.

¿Y qué hay en la raíz? ¿Cómo usamos la cabeza? ¿Asistimos a una nueva involución del homo sapiens, esta especie tan dotada de raciocinio que acaba sucumbiendo bajo el peso de sus propios razonamientos? No todos los productos de la mente humana, sus pensamientos, son de carácter racional. El problema resulta en querer venderlos como tales. Hay asuntos abstractos, creativos, artísticos, espirituales... que también bullen con fuerza en la mente humana y que son más difíciles de encasillar como productos de la razón. Quien quiera hacerlo se encontrará con extraños resultados. Desde hace ya varios lustros, las palabras del título de este post son las que sirvieron, si mal no recuerdo, para nombrar a los virus informáticos. Conceptual y formalmente, se utilizó la misma palabra del campo de la biología, aunque en realidad se trata de la sigla v.i.r.u.s. de la citada expresión en inglés, que significa: recursos de información vital bajo asedio. Y, a manera de virus, otras formas de 'razonar' también están intentando constantemente asediar la fortaleza de la razón.

Muchas de las situaciones que tanto me han alarmado últimamente pertenecen a esa colección de casos en que se quiere dar pátina de razonable a lo que no es tal. Se trata de una especie de intrusismo de lo irracional en el campo exclusivo de lo racional. Siempre es un argumento poderoso, el de la razón ('si no compartes mi razón -la razón-, es porque eres irracional, por tanto quedas desacreditado'). Y, aunque hay asuntos que deberían abordarse desde una razón limpia de apasionamientos, al final también sucede que son los apasionamientos los que se pretenden razonar. Algunos dicen que el corazón tiene razones que la razón no entiende. Será porque hablan idiomas diferentes o presentan postulados irreconciliables. Pero, tranquilos todos, que siempre hay algún iluminado capaz de reconciliar lo irreconciliable.

Sirva como ejemplo (y saliéndome por la tangente, en ese estilo escapista-parabólico que tanto me agrada) el principio que subyace en la locución latina post hoc ergo propter hoc. Podría ser el elemento racional de todas las supersticiones. El significado de la expresión es algo así como "después de esto, luego a consecuencia de esto". Es decir, una fórmula para afirmar que si un acontecimiento ocurre después de otro, entonces el segundo es una consecuencia del primero. Una aplicación errónea de causalidad, porque asocia correlación coincidente con causalidad. Es cierto que una causa siempre precede a su consecuencia (o a su efecto), pero no es una conclusión acertada asociar dos sucesos como causa-efecto basándose únicamente en esta circunstancia. Es una forma de crear silogismos absurdos utilizando proposiciones correctas pero incorrectamente relacionadas. Sobrarían ejemplos de grueso calado u otros del agrado de conspiranoicos de todo signo... pero, como no quiero generar mayor desazón, me remito a un ejemplo más inocuo: que los niños comiencen a ir a la escuela poco antes del equinoccio de otoño no quiere decir que el inicio de las clases provoque el equinoccio. Recuerdo una divertida viñeta en un blog de Alberto Montt <se puede ver aquí> donde también se recurría a esta correlación espuria.
Y tenemos la vida salpicada de gatos negros, pasos bajo escaleras, espejos rotos, saleros derramados, primeros pasos con pies izquierdos... ritos interminables con sus contra-ritos de invulnerabilidad a la catástrofe, la maldición o la desgracia. Además de herraduras, patas de conejo, tréboles de cuatro hojas y demás amuletos, tenemos la camisa de la buena suerte, los pantalones de ligar, la gorra de triunfar... Todos ellos símbolos de una asociación que sólo lo es en nuestra cabeza. Porque podré pensar que aquel día en que ganó el equipo de mis amores fue por esta causa: a la vez que me persignaba hasta tres veces, me senté en el estadio al lado de un señor con corbata roja mientras que yo llevaba un reloj de correa azul en la muñeca derecha. Pero que yo repita ese ritual cada día de partido no garantizará una victoria, porque hay una absoluta falta de conexión real causa-efecto. Sólo es una paparrucha cuyas condiciones intentará recrear exactamente el supersticioso de turno con precisión de entomólogo, como si de un experimento científico se tratase. Pero, a fin de cuentas, sólo es una paparrucha.
Y, como ejemplo por excelencia de paparrucha, de elemento irracional llevado absurdamente al campo del razonamiento, no puedo evitar hacer mención al horóscopo. Es asombroso con qué frecuencia le llegan a preguntar a uno el consabido "¿de qué signo eres?" (o, si se enteran de que has nacido, por ejemplo, un 27 de mayo, ya te espetan eso de que "ah, eres géminis...") y empiezan a decirte cómo eres y cómo no eres, sin conocerte de nada. En caso de equivocarse, siempre les queda eso de recurrir al fácil escapismo del ascendente. El caso es que parezca racional lo irracional.

Porque lo racional es lo siguiente: Lo primero, que las constelaciones zodiacales son convenciones aleatorias. Es una forma de asociar en la bóveda celeste, en un mismo plano, estrellas que están separadas unas de otras descomunales distancias, muy diferentes entre sí desde el punto de vista del observador. Se han llamado constelaciones zodiacales a las que ocupan la franja de la bóveda celeste en la zona de los 18º a ambos lados de la eclíptica, exceptuando (no sé por qué) a Ofiuco (entre Escorpio y Sagitario), que ocupa un arco de la eclíptica mucho mayor que el de Escorpio y que fastidiaría ese número 12 tan coqueto para las constelaciones zodiacales, a cambio del malaventurado 13. Además, y aunque cada signo del zodiaco tiene una duración de un mes en el calendario, cada constelación es de muy diferente extensión en la bóveda celeste. En la Antigüedad, dividieron la franja zodiacal a partir del punto γ (gamma, el punto equinoccial de primavera) en 12 signos de 30º cada uno y a cada signo le dieron el nombre de una constelación. A medida que la Tierra y otros cuerpos celestes van cambiando de posición, el Sol, los planetas y la Luna se proyectan en el zodiaco: en un año, el Sol cruza todos los signos al desplazarse sobre la eclíptica. Sucede lo mismo con la Luna y el resto de planetas. Hace unos dos mil años, en tiempos de Hiparco, el punto γ se hallaba en la constelación de Aries; pero, por la precesión de los equinoccios, desde entonces se ha desplazado unos 30º y ahora se halla en la constelación de Piscis. A diferencia de lo que afirman todos los horóscopos, actualmente, en el periodo comprendido (por ejemplo) entre el 21 de mayo y el 21 de junio, el Sol no se halla en Géminis, sino en Tauro.
Así que, si alguien cree que a mí me toca leo por haber nacido un 10 de agosto, que cambie el chip y me trate de cáncer. A ver cómo me reajusta todo el discursito sobre cómo soy y cómo no soy, porque si cáncer es lo mismo que leo (hasta ahora parece que sí lo estaba siendo, a falta de opiniones en contra), o mucho me temo que todo esto no es más que una gran patraña o me parece que todas esas características tan exclusivas de cada signo son mucho más comunes y compartidas de lo que aparentan.

Quizás algún día aprendamos también que las corazonadas del corazón no tienen por qué ser explicadas por la razón. Así nos libraremos de mucha monserga inservible.

domingo, 30 de agosto de 2009

episodios de la guerra entre la calidad y la cantidad

(79ª parada)
"Mejor es lo poco bueno con justicia que abundantes ganancias sin derecho".
(Libro de los Proverbios, cap. 16: 8)

Alguien podrá decirme que exagero por usar la palabra "guerra" en el título. Sí, es una palabra muy fuerte. Pero, en primer lugar, no debiéramos subestimar la enorme influencia que los panoramas bélicos han ejercido en el desarrollo de nuestras sociedades: después de cada gran conflicto se puede observar un salto tecnológico, ideológico, económico, social... que no responde a la línea continua que cabría esperar en condiciones normales. En estos escenarios de guerra literal también se han librado intensas batallas entre la calidad y la cantidad.

Recuerdo haber leído, por ejemplo, acerca de la diferencia de concepción entre dos vehículos acorazados que participaron en la Segunda Guerra Mundial: el M4 Sherman y el Panzerkampfwagen ausf. VI Tiger. El blindado alemán era una máquina terrible de extraordinarias prestaciones para el combate. Una de las crónicas de la contienda mundial relata cómo, el 13 de junio de 1944, cerca de un importante nudo viario al sur de Bayeux (en la Normandía francesa), un solitario Tiger comandado por el capitán Michael Wittman (quien en apenas 9 meses había destruido 119 carros rusos en el frente soviético) fue capaz de desbaratar, en pocas decenas de minutos y sin sufrir daños, una larga columna de blindados y acorazados del 4º de caballería "County of London", integrada por 20 carros de combate, 4 cazacarros, un carro de mando, 14 transportes de tropas y 14 Bren Carriers. Por otra parte, el M4 producido por la maquinaria bélica estadounidense no brilló por sus dotes excepcionales pero fue un carro discreto que se convirtió, en el curso de poco menos de 4 años y con un total de más de 48.000 unidades salidas de las fábricas, en el medio de combate más difundido y utilizado por el ejército de los USA. Una de las consecuencias de su inferioridad en combate respecto a los Tiger alemanes es que se pueden distinguir claramente los dos diferentes puntos de vista con que se enfocó la producción bélica por los alemanes y por los norteamericanos. Los primeros fueron constructores de máquinas soberbias, pero comparadas con las americanas quedaban a nivel artesanal: poco más de 1.300 Tiger contra 48.000 Sherman. Los segundos, en vez de buscar la perfección desperdiciando energías para el esfuerzo bélico, se contentaron con algo que fuera bueno, aunque no excelente, pero en gran cantidad. Los manuales de los carristas decían: "Para enfrentarse a un Tiger hacen falta cuatro Sherman, con la perspectiva de perder tres". No se trató sólo de una disparidad de potencial industrial, sino de un verdadero encuentro entre la vieja mentalidad de los industriales europeos, semejante a la de comienzos del pasado siglo, y la de los industriales americanos, más elástica y ya proyectada hacia el futuro.

Este episodio de la guerra entre la calidad y la cantidad, del que acabamos de ver tan sólo uno de los numerosos ejemplos existentes, finalizó con la buena noticia de la victoria de los aliados sobre los totalitarismos del Eje, pero dejó un nuevo panorama en que la superproducción y su consecuencia natural, el consumismo feroz, iba a ser la nueva tendencia de las sociedades occidentales. Y en ello seguimos. Los intereses económicos, que priman la cantidad sobre la calidad para hacer llegar casi todo lo producido por las empresas hasta prácticamente el último de los (potenciales) consumidores, son demasiado fuertes como para imaginar que esta tendencia pueda revertir. Lo peor de todo es que el planeta, a nivel global, está pagando el alto precio de mantener este estado de cosas. Personas como Annie Leonard nos han ido hablando de todo ello, como ya dejé constancia AQUÍ.

Al margen de las cosas materiales que se pueden producir, la calidad y la cantidad también son variables presentes en otras actividades humanas como, por ejemplo, la EDUCACIÓN. Por decir algo, la masificación en las aulas se ha tenido como un factor que va en detrimento de la calidad de la enseñanza. Hasta es posible que la multiplicación de contenidos merme la profundización en valores elementales ...pero esto es otro cantar: no sólo se educa en las escuelas. Hay multitud de diversos factores que también influyen en el complejo panorama de las políticas educativas a día de hoy. Demasiado complejo como para animarme ahora a hincarle el diente, aunque sólo fuera en la superficie...

Quizás me resulte algo más ligero y, por tanto, más apetecible para una calurosa noche de verano como ésta, comentar algo de lo que sucede en el marco de la lucha cantidad-calidad con los contenidos de la televisión pública. Se nos dijo que la televisión pública (ésa que utiliza parte de los impuestos ciudadanos para seguir funcionando) tenía metas de entretenimiento (cada vez más, si se puede incluir el aburrimiento como una forma de entretenimiento) y de educación (cada vez menos y, en particular, si el adoctrinamiento va sustituyendo a la educación con la que no puede identificarse ni en un ápice). Pues hay que ser un tanto crédulo para asumirlo. Me viene a la mente un tiempo en que, siendo aún un crío, apenas podíamos ver dos cadenas. Los canales autonómicos llegaron mucho después y las cadenas privadas aún más tarde... Y, por aquel entonces, el horario de emisión no era continuo. Uno podía pasarse horas contemplando parásitos por la radiación de fondo o cartas de ajuste (quizás 'contenidos' de mucho más nivel que algunas de las emisiones que se pueden ver hoy en día). Es posible que, al ser tan reducida la cantidad de programas emitidos, se planteara un dilema en la encrucijada de dos caminos:
- Como hay muy poco con lo que comparar, cualquier cosa que se emita será acogida sin demasiada crítica, así que no hace falta afinar mucho la calidad de los contenidos.
- Ya que no hay demasiadas horas de parrilla televisiva que rellenar, se puede hacer un esfuerzo para que los contenidos sean todo lo buenos que se pueda. A fin de cuentas, talento y dedicación son dos pilares para mejorar la calidad de la producción y, a igualdad de talento, la dedicación puede ser mayor, con más tiempo disponible, al estar el trabajo concentrado en menor cantidad de programas.

En el escenario actual, ¿qué sucede con ambos caminos? Por un lado, demasiada programación con la que comparar debería ser un aliciente para mejorar la calidad de los contenidos. Por otro lado, con tantas horas que rellenar no hay posibilidad de mantener los niveles de dedicación de antaño y no hay por qué presuponer que ahora exista mayor talento para mantener una calidad aceptable.
No hace falta decir que los términos "televisión basura" o "programación basura" son propios de las últimas etapas (las de la programación continua y la multiplicación de cadenas). Y hasta se han justificado con otro invento más: los "índices de audiencia". Pues eso: si emiten tal telenovela, cierto talk-show, ese bodrio infumable, aquel lo-que-sea... es, simplemente, porque el público lo ve mayoritariamente. Hasta cierto punto, no sé si es que el público está hipnotizado, lobotomizado o sus sentidos cauterizados, si es que interesa que se vean ciertas emisiones en lugar de otras por aquello de los panem et circenses (con lo que un mayor consumo respondería a una desmesurada oferta en esas direcciones), o si es que definitivamente ya no se puede confiar más en el espíritu humano, que prefiere dormitar cuando asoman la belleza, la inteligencia, la excelencia... y, en cambio, elige recrearse con las banales historietas de intrascendentes personajes anónimos.

Ya que me puse apológico hace un par de entradas, repito autor y género. Y que, como siempre, cada cual saque sus conclusiones.

El asno y su amo ·····(fábula de Tomás de Iriarte)

Quien escribe para el público, y no escribe bien, no debe fundar su disculpa en el mal gusto del vulgo

···«Siempre acostumbra hacer el vulgo necio
de lo bueno y lo malo igual aprecio;
yo le doy lo peor, que es lo que alaba».
···De este modo sus yerros disculpaba
un escritor de farsas indecentes;
y un taimado poeta que lo oía,
le respondió en los términos siguientes:
···«Al humilde jumento
su dueño daba paja, y le decía:
'Toma, pues que con eso estás contento'.
Díjolo tantas veces, que ya un día
se enfadó el asno, y replicó: 'Yo tomo
lo que me quieres dar; pero, hombre injusto,
¿piensas que sólo de la paja gusto?
Dame grano, y verás si me lo como'».

···Sepa quien para el público trabaja,
que tal vez a la plebe culpa en vano,
pues si, en dándola paja, come paja,
siempre que la dan grano, come grano.


Por último, y como un testimonio más de la guerra calidad-cantidad en el campo de la educación de los más jovencitos, dejo un vídeo. De cuando la factoría Disney nos regalaba cosillas de las que se podía aprender...

fragmento de la película: “Donald en el maravilloso mundo de las matemáticas”

lunes, 10 de agosto de 2009

cuadragenario

(78ª parada)
"Cuando tenía ya cuarenta años, Moisés tuvo el deseo de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. (…) Al oír tal declaración, Moisés huyó y vivió como extranjero en la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos. Y cuarenta años después, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en el fuego de un arbusto que ardía".
(Libro de los Hechos de los Apóstoles, cap. 7: 23,29-30)

Con una palabra tan fea, ¿no es normal que luego se hable de "crisis de los 40"? ¡Claro… una palabra que comienza por cuadra no podría traer buenos aromas! Igual que cuadragésimo (por más que se usen indistintamente, no se debe confundir con cuarentavo: aquél puede ser un numeral ordinal o partitivo; pero éste sólo es partitivo, nunca ordinal). Y lo digo por el cuadragésimo aniversario que me ha endosado este 10 de agosto. Aunque quiero insistir en lo de "cuadra", porque a esta edad pocas cosas hay que cuadren, ni uno está ya como para cuadrarse ante nada… Hay unas pocas más canas (entre la negra cabellera) y unas pocas menos ganas (de que esa cabellera se la tomen a uno sin venir a cuento con "verdades por decreto").
Ya nos lo decía Sócrates: "Sólo sé que no sé nada". Y no es que el griego tratara de desprestigiar todo sistema educativo (idea que tomo de otra viñeta de Quino). Simplemente, que la edad lo va desautorizando a uno frente al conocimiento de las cosas seguras de un modo alarmante. Dicen que seguros son los impuestos y la muerte… ¡pues que les den a ambos! Estamos en la zona gris, donde lo seguro es más bien escaso. Lo más seguro es la creciente capacidad de hacerse preguntas que quedarán sin respuesta. De lo más trivial a lo más trascendente…

...trivial, como por ejemplo (y sin afán de resultar provocador): ¿Cuándo y de qué manera hemos llegado entre todos a conseguir que la vida, nuestro mundo, sea algo tan complejo, injusto, demencial, vacío, absurdo, aterrador, desolado, incoherente…?
...trascendente, como por ejemplo (y sin afán de resultar provocador): ¿De qué rayos está hecho ese garabato tan cambiante y que a veces se ve flotar en el ojo, escapando a saltitos de la mirada?

Preguntas que ni en otros cuarenta años se podrían resolver. Al contrario, esos cuarenta años acumulados a los anteriores traerían nuevas y más complejas preguntas. Todavía más triviales y todavía más trascendentes.

Pero baste a cada día su propio afán. El de hoy era celebrar el recién adquirido título de cuadragenario, que ya me hace un poquito mayor de lo que dice el padre de Mafalda, debatiéndose entre los 39 y los 40 (¡ah, qué tiempos! jajaja).

Cumplir años... Moisés, el del texto de arriba, llegó a los 120 (40 formándose para ser faraón en Egipto, 40 pastoreando rebaños en Madián y 40 peregrinando en el desierto de Sinaí); pero tal y como escribe su sucesor, Josué, al final del libro del Deuteronomio: "Moisés era de ciento veinte años de edad cuando murió; pero sus ojos seguían viendo y no se extinguió su fortaleza". Y, lo mejor, es que en sus ciento veinte años de edad aprendió a ser el hombre más humilde que se conocía sobre la faz de la tierra. Una de las cosas más grandes que se pueden hacer en la vida.
Cumplir años es mucho más que ir agotando números o que cambiar de calendario aún otra vez. Más bien, es un momento especial en que se le brinda a uno la oportunidad de agradecer por tantas cosas vividas, recibidas y ofrecidas; de agradecer por lo maravilloso de todo lo que ha sido concedido en tan sólo 365 días. Y es lo que pienso hacer hoy.

Por eso, no se me ocurre agobiarme por ver un 40 a mi lado.
Son sólo números, no es lo importante.

jueves, 30 de julio de 2009

pataletas gallináceas


(77ª parada)

“Había en esa ciudad un hombre muy rico llamado Zaqueo, jefe de los cobradores de impuestos, que quería conocer a Yeshúa.
Pero no podía verlo a causa de la multitud, porque Zaqueo era de baja estatura”.
(Evangelio según Lucas, cap. 19: 2-3)

Si yo quisiera criticar la arquitectura de Peter Einsenman o de Frank Gehry (por ejemplo), ni destacaría el gusto por lucir pajarita de uno ni la enorme nariz del otro. Hay mejores argumentos. Si yo quisiera criticar la política de Aznar o de Zapatero (por ejemplo), no haría referencia ni a bigotes ni a abdominales, ni a parecidos con famosos humoristas británicos. Hay mejores argumentos. Si yo quisiera criticar la labor periodística de Jiménez Losantos (por ejemplo), nunca aludiría ni a su característica dislalia ni a otros rasgos de su fisonomía. Hay mejores argumentos.
Podría seguir, pero creo que está clara la idea que quiero destacar. Normalmente, he considerado una vileza que alguien se ensañe en cuestiones físicas de una persona, o en otras de similar rango (que, precisamente, no se pueden elegir: vienen 'de fábrica'), para denigrar aspectos de su actuación personal que nada tienen que ver con aquéllas (y que sí se eligen: éstos no vienen 'de fábrica', se fabrican). Es una forma ventajista de atacar a alguien, porque se lanza el dardo en la dirección en que el agredido es absolutamente incapaz de defenderse. ¿Acaso Zaqueo (el del texto introductorio) tenía la culpa de ser bajito? Ese defecto suyo hacía que recaudara montones de ácidas burlas de sus conciudadanos de Jericó, cuando el tema de fondo (y principal) era su colaboracionismo con el invasor romano. Si Zaqueo hubiera sido alto y fuertote hubiera sido igualmente odiado por su condición de publicano, pero habría escapado a una atmósfera de escarnio injustificado. Quien, por ejemplo, padezca a un jefe inepto podrá desahogarse llamándole (no a la cara, por supuesto, que no están los E.R.E.s para bromas) cosas como calvorota barrigudo o qué sé yo. Pero en el convencimiento de que ni la alopecia ni la obesidad son las causas de su ineptitud. He conocido a calvos y a gordos que son todo un portento.

Tenemos un problema cuando sentimos tal aversión por alguien que demonizamos todo lo que es o representa esa persona. Es difícil que alguien encarne el mal al 100%. Igual que es difícil todo lo contrario. Recuerdo una anécdota que me contaron hace mucho de una ancianita que siempre tenía algo bueno que decir de cualquier persona, por poco merecedora que se la considerase de un elogio. Una vez, alguien le espetó: “Usted sería capaz de decir algo bueno hasta del mismísimo diablo”. La viejita, pensativa, le responde: “Bueno, debe de tratarse de alguien con la virtud de una constancia inquebrantable, porque ir por ahí siempre haciendo el mal sin cansarse…”.
Denigrar cada aspecto de quien no goza de nuestra simpatía es negar la posibilidad de reconocer algún mérito en cualquiera de sus acciones. Lo cual es de una cerrilidad recalcitrante. Y es también una muestra por parte del denigrante de que su juicio antepone los propios apasionamientos a una argumentación razonada. Insano ejercicio mental.

Como muestra de este tipo de actitudes, que tan necesario es desterrar de la práctica de las artes, de la política, de la ciencia y de cualquier otra actividad humana, me viene a la mente una fábula de Tomás de Iriarte con la que ir concluyendo esta breve parada veraniega.

.
.
.
.
.
.
.
.
El cuervo y el pavo
Cuando se trata de notar los defectos de una obra, no deben censurarse los personales de su autor
.
.
Pues, como digo, es el caso
(y vaya de cuento)
que a volar se desafiaron
un pavo y un cuervo.

Al término señalado
cuál llegó primero,
considérelo quien de ambos
haya visto el vuelo.

«Aguárdate -dijo el pavo
al cuervo de lejos-.
¿Sabes lo que estoy pensando?
Que eres negro y feo.

Escucha: también reparo
-le gritó más recio-,
en que eres un pajarraco
de muy mal agüero.

¡Quita allá, que me das asco,
grandísimo puerco!
Sí, que tienes por regalo
comer cuerpos muertos».

«Todo eso no viene al caso
-le responde el cuervo-,
porque aquí sólo tratamos
de ver qué tal vuelo».

Cuando en las obras del sabio
no encuentra defectos,
contra la persona cargos
suele hacer el necio.

miércoles, 15 de julio de 2009

otra vuelta de tuerca

(algo que celebrar…)

Sí, ya sé… Si tienes en cuenta el actual ritmo de publicación, entiendo que me digas que ha pasado muy poco tiempo desde la última parada. Habrá quien ni la haya leído todavía, pero no te preocupes, que no va a borrarse.
Hoy estoy aquí porque quiero celebrar algo que me parece importante… Todo sigue en movimiento, todo sigue dando vueltas, como cuando aprietas o aflojas una tuerca... ¿Qué a qué viene esto? ¿No me digas que te has olvidado?

¡¡Hoy cumples dos años!! Todavía recuerdo aquel 15 de julio de 2007 en que comenzaste dando tu primer pasito, dubitativo, casi tembloroso… Y mírate ahora: creo que ya eres mayor de edad. No sé cuándo un blog se hace mayor de edad, pero tú me demostraste que ibas por ese camino cuando, hace justo un año hoy mismo, te abandoné por un tiempo que se hizo más corto de lo que yo tenía planeado. Sentí que querías seguir andando, aunque fueras tú solo, y me llamabas para que siguiera a tu lado. Y decidí que tenía que ser así, y me planteé volver a tu lado inmediatamente. Por un momento pensé que ya no eras sólo una parte de mí, sino que yo empezaba a ser también una parte de ti. Es difícil de explicar. Pero por eso sigues aquí, cumpliendo años.

Cuando abriste tus ojos al ciberespacio, procuré instalarte en un blogobarrio donde te sintieras bien cómodo. Los vecinos eran excepcionales. Y también sus vecinos, así que pronto hicimos muy buenas migas. Éramos como una familia bien avenida. Gracias a ti, ellos me acompañaron en un momento complicado de mi vida, de ésos de electroencefalograma-plano. Pero con los ánimos que recibí a través de ti, todo eso iba quedando atrás. Tú te propusiste que dirigiera mi mirada hacia algo elevador, la barbilla bien arriba, ¡nada de ir arrastrándose! (lo de reptar, para los reptiles) …y lo fuiste consiguiendo. Pero creo que nada de esto hubiera sido posible sin ellos, sin nuestros queridos amigos de la blogosfera, que ayudaron a caminar el viaje de raindrop. Algunos ya se han marchado y su hueco es imposible de rellenar. Son irreemplazables. Quizás, por eso, no hemos buscado instalarnos en nuevos espacios, sino que hemos proseguido en este lento nomadear (¡qué rayos, vamos a inventar un verbo!) disfrutando aún más de quienes todavía siguen viajando cerca de ti.

Últimamente, me ha dado la sensación de que andábamos un poco achacosos. El ritmo de posteo se ha reducido a prácticamente la mitad en este último año. Fíjate que, en ya dos años, aún no hemos alcanzado las 100 entradas (¡cuando lleguen, habrá que celebrarlo también a su hora!). Aunque esta sensación está lejos de la realidad. Simplemente, hemos acelerado un poquito el ritmo de marcha y por eso hemos parado menos. Pero estamos decididos a seguir adelante otro año más, en compañía de quienes sigan en marcha. Mi única pretensión es que tus palabras no tengan eco. Sí, deja que te explique… ¿Qué es el eco? Pues eso, que no quiero que tu voz rebote contra una pared o contra las montañas y que te llegue tal cual, hasta extinguirse. Lo que me gustaría es que tu voz fuera siempre ampliada, enriquecida, mejorada por las voces de nuestros amigos, siempre en campo abierto. ¡Ajá! Sabía que, así, lo entenderías. Porque, reconócelo, eso es lo que más vida te da.

Tengo que darte las gracias. Has conseguido que estos dos años cruzando el desierto hayan sido los dos años más largos y, a la vez, los dos años más cortos de toda mi vida. Y, definitivamente, indelebles.

domingo, 12 de julio de 2009

de las uniones y de las fuerzas

(76ª parada)
"El pequeño vendrá a ser por mil, y el menor, un pueblo fuerte".
(Libro del profeta Isaías, cap. 60: 22)

- Fíjate en ese chavalín de ahí…
- ¿Cuál?
- Ése, el que lleva la camiseta del *****.
- ¿Y qué pasa con él?
- Nada. Fíjate el nombre que lleva a la espalda. ¿A quién pretende engañar? Jajajaja Y, sin embargo, me he fijado en que se mueve como él, intenta jugar con su mismo estilo, incluso gesticula como él y hasta protesta como él… Pero no entiendo por qué, en lugar de poner su propio nombre y aspirar o conformarse con un estilo propio, ha preferido adherirse a uno ajeno. Y, además, teniendo que pagar unos cuantos euros por haber elegido precisamente esa camiseta…
- Nada nuevo. Sobre la afición de los seres humanos a hacerse ídolos de cualquier cosa que les impresione, qué te voy a contar.
- Ya, claro.
- Y, luego, también está esa otra costumbre de devorar todo aquello que se desea alcanzar, como hacían algunos antiguos guerreros con los cuerpos de sus enemigos para conseguir apropiarse de su fuerza y poderes… Ellos practicaban el canibalismo ritual, pero como este chaval no puede zamparse a su ídolo, pues trata de absorberlo por otros medios: se viste como él, actúa como él… la finalidad es la misma. Este mocoso se comporta como aquellos guerreros que te digo, porque piensa que adoptando su identidad puede llegar a convertirse en algo parecido a su estrella.
- Aquí creo que estás forzando un poco la nota.
- Es posible. Pero el subconsciente de la humanidad está tan lleno de cosas extrañas que puedo permitirme la licencia. Mira, por ejemplo, cómo se sigue vendiendo la carne de los toros que se sacrifican en las corridas. A mí me parece una aberración. No creo que, después de haber sido maltratado hasta morir, la carne de ese bicho sea muy apta para el consumo. Estará envenenada por las toxinas que habrá generado el propio animal a causa del terror y de la agonía que se le ha provocado hasta su último aliento.
- No encuentro la relación.
- Bueno, supongo que ancestralmente esa carne se comía para asimilar la fuerza del toro y reafirmar la superioridad del hombre sobre el animal, como si también fuera un guerrero. ¡Bueh, una superchería…!
- ¿Y qué quieres, que la tiren?
- Y yo qué sé… Que hagan lo que quieran con ella. Pero yo no me la comería. Además, aborrezco las corridas de toros.
- Yo también. Pero eres tú el que ha sacado el tema.
- Vale. Pues rebobino… A propósito, fíjate en el chaval: apenas lo han tocado y mira el teatro que está haciendo en el suelo jajajaja ¿A quién me recuerda?
- Oye, ya que ha salido antes el tema de las camisetas y los jugadores de fútbol, ni te cuento las polvaredas mediáticas que se están levantando últimamente con el asunto este de los fichajes, los jugadores, sus precios y sus salarios…
- ¿Por?
- ¡Por qué va a ser, hombre! Por la burrada de millones que se están gastando en fichar a unos tíos que no hacen más que pegar patadas a un balón.
- Sí, una tontería como cualquier otra. Lo que no entiendo es por qué afectan unas tonterías desproporcionadamente más que otras.
- Bueno, ya. Pero porque haya otras cosas indignantes, eso no quiere decir que esta otra no lo sea también.
- Sí, claro. Pero se insiste mucho en esto en concreto, mientras que no deja de ser un mirar para otro lado.
- No te entiendo.
- Es como cuando intentas que un gato mire algo: tú señalas ese algo con el dedo, pero el gato nunca mira a lo que señala el dedo. El gato se queda mirando la punta del dedo. Pues aquí sucede lo mismo.
- Una vez más, consigues que me pierda en tus razonamientos…
- A ver si consigo explicarme… pero, por favor, no te quedes mirando la punta del dedo.
- Já-já, muy-gra-cio-so…
- Jejeje Es brooooma, no te enfades. Te cuento: ahora parece como si los culpables de la situación económica internacional fueran los clubes de fútbol. Bueno: algunos clubes de fútbol, que gastan montones de dinero que deberían destinarse a otros fines.
- Y esto último es cierto, ¿no? A veces pienso que es una completa injusticia que los bancos presten dinero para fichajes, pero no lo presten para permitir el desarrollo de pequeñas y medianas empresas, por ejemplo.
- Y si eso es una injusticia, ¿quién es el responsable de esa injusticia?
- Pues no sé… Los bancos, los clubes de fútbol…
- Apunta más a la base.
- ¿Quiénes?
- Empieza por los aficionados. ¿Cómo crees que se pagan esos fichajes? Ahí tienes una muestra: mira esos críos con esas camisetas. Y eso es sólo la punta del iceberg. Es curioso que se critique hasta la saciedad algo en lo que tantos y tantos acaban participando… ¿No es una contradicción?
- Oye, que a mí el fútbol tampoco me va mucho y tengo que sufrir las consecuencias de esta situación.
- Eso es lo de menos. Que te guste o no el fútbol, quiero decir. Sus tentáculos cubren una muy extensa superficie: medios de comunicación de masas, publicidad, merchandising, nuevas tecnologías… Al fin, todo líder de masas ha descubierto que una de las claves para alcanzar un progreso en la dirección que se desee está en que la unión hace la fuerza. Esto en manos de un buen líder, que ha entendido en qué consiste el verdadero liderazgo, es una pasada. Pero el mismo principio puesto en manos de un líder que sólo busca su propio provecho o el de sus favoritos es una desgracia.
- ¿Por?
- No tienes más que fijarte en cómo temen los dictadores al poder que hay en cada persona. Su primer objetivo consiste en anular ese poder, arrancando de cada individuo sus libertades intrínsecas, sus derechos innatos… La unión de todos esos (en apariencia) pequeños poderes acaba resultando ser un poder extraordinario. Pero en democracia también se puede intentar controlar el poder de las masas, a la manera de los peores tiranos.
- ¿Cómo?
- Si piensas un poco, se te pueden ocurrir unas cuantas maneras… No voy a insistir por ahí. Pero hay una clave común: a mí se me ocurre que con un pequeñito pellizco que se extraiga de cada uno, se puede llegar a alcanzar un total descomunal al servicio del poder. Mira, volviendo al caso del fútbol: si durante todo un año, la media de lo que se ha gastado un aficionado de un club de fútbol en asuntos relacionados con su club llegara a los 10 euros (un día, compras un partido en pago-por-visión… otro día, vas al estadio… otro día más, compras una bufanda o una camiseta…) y si ese club es tan poderoso que cuenta con (pongamos un número) diez millones de aficionados en todo el mundo, las matemáticas no engañan cuando me dicen que todos los aficionados han aportado cien millones de euros a las arcas del club en ese año. Vale, los números están puestos sólo como ejemplo… Es una forma facilona de contar las cosas, la realidad es algo más compleja: habría que descontar gastos, por ejemplo. Pero el principio es el mismo.
- Ya, pero cuando aprieta la crisis económica, la gente no está para gastar el dinero en estas tonterías.
- ¿Tú crees? Yo pienso que es todo lo contrario. Cuando las cosas van mal, la gente lo que quiere es gratificarse con esas tonterías que le sacan de una penosa realidad. Esto es lo triste del asunto.
- Bueno, me recuerda eso que leí en una ocasión que un típico indicador de tiempos de crisis económica es el aumento en las ventas de lápices de labios.
- Cierto. No sé si se conoce la relación entre una cosa y la otra, pero siempre parece cumplirse esa correspondencia. ¿Será una válvula de escape? Bien, pues los panem et circenses que valían para los romanos siguen valiendo para los que vivimos después de la caída del Imperio Romano.
- No hemos cambiado nada, ¿eh?
- Parece que no. La publicidad, por ejemplo, nos enseña a despreciar el valor de las cosas pequeñas… Quiero decir: que nosotros, consumidores, despreciemos el valor de lo ínfimo, para que las empresas a las que promocionan vayan amasando la suma de esas pequeñeces hasta obtener beneficios gigantescos. ¡Ellos no desprecian nada!
- ¡Uy, sí! Mucho me cabrea la típica frase: “por un miserable euro…”, o esas otras en que te dicen: “por sólo quince (por ejemplo) euros al mes…”. Y lo dicen con todo el morro del mundo.
- Sí, “sólo”. Pero tú multiplica y verás. Hay compañías que hasta parecen aprovecharse de ese desprecio por lo pequeño. Te estafan una mínima cantidad por un aparente error, descuido o lo que sea, de modo que tú no estés dispuesto a pelear por tan poca cosa. A ver quién está dispuesto a mover cielos y tierra para recuperar “un miserable euro”. Pero si consigo birlar un euro a un millón de pardillos me encuentro con la jugosa cantidad de un millón de euros. No es mal pellizco, ¿eh? Pues el mecanismo es siempre el mismo.
- Así se acaban pagando los fichajes de fútbol y cualquier cosa.
- Cualquier cosa que quiera la mayoría de la gente. Lo que se esté dispuesto a financiar es lo que será financiado. Es así de simple.
- Imagina, entonces, que una mayoría de la gente estuviera dispuesta a dar sus “miserables” 10 euros para otras causas, como apadrinar a niños de países subdesarrollados, o a construir infraestructuras para lanzar el progreso de zonas pobres, o a mejorar las condiciones de los más desfavorecidos…
- Sí, y luego voy yo y me despierto.
- Oye, no te burles, que lo digo en serio.
- Sí, y yo. Mira ahí, en la cafetería del parque. Está hasta arriba, como siempre. Y luego dicen que hay crisis. Já.
- Bueno, que la gente tiene derecho a tomarse un cafecito o una cervecita sin estar pensando siempre en los grandes dramas de la vida.
- Ya… y, mientras tanto, delante de la cerveza, a arreglar el mundo sin arrimar el hombro… que es más fácil criticar y protestar que arremangarse. Es más sencillo echarle las culpas al fútbol, a las multinacionales o a lo que sea, antes que reconocer que esos grandes enemigos no hacen más que recolectar las fuerzas que nosotros les entregamos voluntariamente.
- O inconscientemente.
- Vale. No cambia las cosas.
- Pues no.
- Mira: el chaval ya está otra vez retorciéndose en el suelo…