"(...) de igual forma que ni una sola hoja se torna amarilla sin el silente conocimiento del árbol todo,
tampoco el malvado puede hacer el mal sin la oculta voluntad de todos vosotros".
(Khalil Gibran, "El Profeta")
Esta mañana, al ver lo que había pasado en un cuenco con manzanas que tenía en la cocina, he recordado esas cosas que de niño me decían los mayores. Resulta que una de las manzanas (así, de repente, sin previo aviso) ha decidido suicidarse y en su afán autodestructivo se ha llevado a otras tres por delante. Hay quienes no saben quitarse de en medio sin salpicar al resto.
Supongo que hay manzanas camufladas entre las demás como lozanas piezas de fruta y que, valiéndose de ese disfraz, consiguen que las metamos en casa junto a las otras ignorando que son portadoras del maligno e invisible virus que altera los sufijos y que las lleva de tener una saludable personalidad a centrarse en su personalismo, transforman su integridad en integrismo y, no contentas con ello, piensan que su mejor actividad es dedicarse al feroz activismo de seguir extendiendo la plaga.
Pues eso. Arrojadas a la basura las cuatro bajas de la mañana, me quedé con los ecos de aquellos pensamientos lejanos (ya se sabe, el metafórico ¡ten cuidado: una sola manzana podrida estropeará a todas las del cesto! y otros por el estilo). A veces, me ha dado por pensar por qué no son las manzanas sanas las que recuperan a la enferma... y más estando en mayoría. Por qué resulta más fácil destruir que construir. Por qué la palabra "crítica" se aplica e interpreta mayoritariamente en forma negativa y no positiva. En definitiva, por qué (¡oh, momento friki!) el reverso tenebroso de la fuerza parece tener siempre más poder de convicción (e incluso de acción) que la propia fuerza.
Preguntas que se antojan de difícil respuesta.
Haciendo memoria, visualizo una conversación con un conocido, hace ya más de de una década. Hablábamos de las relaciones que se establecen en los grupos de personas y me decía este amigo que, básicamente, cuando se producen tensiones en el grupo, se manifiestan dos tipos de relaciones muy diferenciados: las de tipo cadena y las de tipo cuerda.
En las de tipo cadena, el fallo de un solo eslabón lleva al colapso de todo el conjunto. Si las tensiones hacen sucumbir a uno de los miembros del grupo, la reacción del resto es dividirse a ambos lados del que ha caído.
Por el contrario, en las de tipo cuerda, todos los miembros se comportan como fibras que, entrelazadas, actúan en equipo y responden conjuntamente arropándose unas a otras. Si las tensiones provocan el fallo de una de las fibras, esto no causa necesariamente la rotura de la cuerda puesto que las fibras están dispuestas paralelamente, en plan mosqueteros: todos para uno y uno para todos. Es más, en las relaciones tipo cuerda sí que se puede recuperar al miembro que ha fallado.
Me pareció una idea bien fundamentada, esta de mi amigo. Quizás es por eso que han pasado los años y todavía no he olvidado sus palabras.
Una cosa me resulta evidente: mis manzanas estaban en cadena. Y eso ha terminado con cuatro de ellas.






